Alberto: mentiras, cobardía y degradación

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El presidente Alberto Fernández perdió el juicio, más allá de su desastrosa gestión en la economía y la pandemia. A su fracaso como gobernante, le sumó una exhibición obscena de los peores disvalores que puede tener un ser humano. Hablo de las mentiras dichas con cara de piedra, de la cobardía para empujar al abismo a su pareja y de la degradación personal que fue acompañada por Aníbal Fernández y los para periodistas Horacio Verbitsky y Antonio Fernández Llorente.

Todos se hundieron en el pantano de la violencia de género. Lapidaron y humillaron, de diversas maneras, tanto a Fabiola Yañez como a la periodista Guadalupe Vázquez ante el silencio del colectivo feminista de artistas y militantes que, a esta altura, perdió todo tipo de credibilidad por mirar la realidad, solamente con un ojo.

Alberto juró por su hijo. No hay antecedentes en la historia política de semejante planteo. Dijo que no conocía al empresario taiwanés que se quedó hasta las 2.58 horas de la mañana en Olivos y que en los días siguientes, fue beneficiado con negocios con el gobierno.

Alberto sembró sospechas sobre un amigo muerto. Dijo que no podía saber si Mario Meoni, como ministro de Trasporte, recibió al novio de una amiga de Fabiola que él conocía solamente como “El Chino”.

Alberto quiso engañar a todos los argentinos cuando, frente a las cámaras dijo que solo hubo reuniones de trabajo en Olivos.

Alberto le hizo decir a algunos periodistas que la primera foto era falsa. Utilizó el mecanismo del off the record para darle pescado podrido a cronistas, por lo menos ingenuos.

Alberto no pidió perdón ni disculpas. Esas palabras no estuvieron en su tono falsamente compungido cuando no tuvo más remedio que reconocer lo que había ocurrido. Encima, dijo que fue un brindis. Otra mentira. Ningún brindis dura 5 horas. Por momentos da la sensación que Alberto se siente tan impune, tan por arriba de los mortales, que no sabe ni mentir. No sabe hacer bien ni el mal.

Alberto “entregó a su compañera en la primera de cambio, con el solo objetivo de salvar el pellejo”. Esta acusación gravísima fue realizada por escrito, por Sergio Berni, un soldado de Cristina. Fue porque el presidente dijo que su “querida Fabiola” había organizado su fiestita de cumpleaños.

Pero no fue el único que disparó fuego amigo. Víctor Humo Morales, el relator del relato, dijo que “esta vez la oposición tenía razón”. Hebe de Bonafini, otra dirigente talibán de Cristina dijo que le pareció “repugnante lo que hizo el presidente. No es un error, se burló de nosotros. La gente está muy enojada”.

Luis D’Elía, furioso, se quejó porque no pudo velar a su madre. Nadie podrá decir que estos personajes son antikirchneristas.

Aníbal Fernández salió a defender a Alberto y lo tiró debajo de un camión. Su violento lenguaje fue terriblemente machirulo y troglodita. Frente a la opción de que Alberto se haya enterado del festejo en el momento de soplar las velitas, se preguntó que tendría que haber hecho Alberto: “¿cagarla a palos o pegarle dos piñas?

Aníbal es reincidente en este tipo de comentarios perversos. Ha sido feroz al calificar a Graciela Ocaña como “bestia, alcornoque, inútil” y en su momento dijo que le confiaría sus hijos a Barreda, quien asesinó a su esposa, suegra y dos hijas.

Horacio Verbitsky y Antonio Fernández Llorente, empleados mediáticos del cristinismo extremo, pusieron su lupa examinadora en la mensajera y no en el mensaje y encima, se metieron en su vida privada. Lo que Guadalupe Vázquez, de LN + denunció con valentía y capacidad periodística, confirmó la primera foto exhibida por Eduardo Feinman en la misma pantalla. Ambas pruebas fueron la manera de demostrar el ocultamiento tramposo de Alberto. El ex jefe de inteligencia de Montoneros, actual espía informal de Cristina, y vacunado vip, abandonó su participación en el periodismo profesional con una nota atada con alambres, sin fuentes, e intentando desprestigiar a la periodista con la bajeza de “botonear” sus afectos privados.

Por el mismo camino vigilante y al servicio de sus patrones K, Antonio Fernández Llorente apuntó contra la vida personal de Guadalupe.

Apelaron el peor de los mecanismos de los autoritarismos: quisieron ensuciar a la periodista para quitarle gravedad a su denuncia profesional.

Está claro que Alberto Fernández perdió el juicio, la credibilidad y será la justicia la que le aplique la condena correspondiente por violar el decreto que el mismo había firmado. Amenazó a los argentinos con aplicarles todo el peso de la ley. ¿Se acuerda?

Habló de los idiotas, y prometió que la Argentina de los vivos que se zarpan y pasan sobre los bobos, se terminó… si lo entienden por las buenas, me encanta, si no, me ha dato el poder para que lo entiendan por las malas”.

Surgen varias preguntas después de que el periodista que firma “gonziver” en Twitter,  Eduardo Feinmann y Guadalupe Vázquez, le hayan sacado la careta al presidente. ¿De que lado está Alberto? ¿De los Vivos o de los bobos? Alberto  también debe decidir que si no entiende por las buenas, el daño que hizo y se hizo, va a tener que entenderlo por las malas y dar explicaciones  en los tribunales y bancarse el castigo.

Basta de impunidad para las mentiras, la cobardía y la degradación de Alberto. En estos temas y en la gestión del gobierno, ante la mayoría de la gente, el presidente, perdió el juicio.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre