Alberto manchó la investidura presidencial

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El juez cerró la causa, pero la investidura presidencial de Alberto quedará manchada de inmoralidad de por vida. El magistrado Luis Mirabelli homologó el acuerdo al que habían llegado Alberto y Fabiola con el fiscal y, por tres millones de pesos, sobreseyó a ambos. Archivó el expediente de la humillante Fiesta clandestina de Olivos y listo. Si te he visto no me acuerdo.

Esto es de una gravedad institucional inusitada. El presidente no deja macana por cometer. Todos los días se pega tiros en los pies y aumenta el rechazo social en las encuestas. No pega una. Es claramente el peor presidente de la historia democrática. Pero en este caso, el daño a su figura es infinitamente superior. Porque tiene que ver con la condición humana y la dignidad. Lo han dicho con toda claridad dos personas intachables: Daniel Sabsay y Juan José Canmpanella.

Desde el conocimiento profundo del derecho, el prestigioso constitucionalista, Daniel Sabsay afirmó textualmente: “Alberto pretende arreglar con dinero el espanto de la fiesta de Olivos. Infringe su DNU. El fiscal que acepta, desconoce la violación al principio de igualdad ante la ley. Quien tiene dinero, en adelante, podrá comprar una sentencia. Los pobres deberán cumplir con pena de prisión”. Esto lo tuiteó antes de conocerse el fallo del juez Mirabelli que se veía venir.

Desde el sentido común y el compromiso republicano y cívico, el director de cine, Juan José Campanella dijo: “Utilizaré mi derecho como ciudadano para decir que el país jamás tuvo un pusilánime tan miserable de presidente. Un ¿hombre? Que desaprovecha toda oportunidad de mínima redención”.

Con esta decisión, que multiplica la bronca y la indignación de quienes no pudieron despedir a sus seres queridos que fallecieron durante la cuarentena, queda sin investigar el abuso de poder, el incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos, entre otros delitos cometidos por el Presidente.

El juez habló de reparación y puso en un pie de igualdad a los ciudadanos comunes acusados por violar la cuarentena con el jefe del estado que fue el que violó los decretos que el mismo había firmado. En la vergonzosa entrevista radial donde habló de las retenciones, el presidente se justificó diciendo que “los funcionarios, incluso los presidentes, tienen los mismos derechos que los ciudadanos. Utilicé un derecho que tengo como ciudadano y no una prerrogativa como Presidente”.

Es como si Alberto fuera Presidente en algunos momentos y en otros no. Es presidente, solo cuando le conviene. El cumpleaños fue en la quinta de Olivos, donde residen los Presidentes. Ocurrió mientras todos los argentinos estaban guardados en sus casas bajo amenazas de castigos, realizadas por el propio presidente. Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago.

Ahora Alberto y Fabiola tienen un plazo de 10 días para depositar el dinero en la cuenta del Malbrán. Han dicho que se no tienen ese monto y van a pedir un crédito que, por supuesto, será otorgado a la velocidad de la luz.

Algunos dirán: ¿Qué le hace una mancha más al tigre? Pero la investidura presidencial quedará sucia hasta que termine su mandato. Porque esto es solo el final de una serie de mentiras y actitudes despreciables.

Cuando la periodista Guadalupe Vázquez mostró la foto, la prueba del delito, trataron de instalar que era un fotomontaje y que el hecho no había existido. Después, Alberto le echó la culpa a su mujer: “Fabiola convocó a un brindis que no debió haberse hecho”, dijo en un acto.

Algunos invitados circularon con un certificado trucho. La extinción de la acción penal generó un escándalo que impacta directo en la credibilidad del Presidente que no para de caer en todas las encuestas.

Hay un testimonio demoledor que debería hacerle caer la cara de vergüenza al Presidente. Son sus propias palabras: “Y a los idiotas les digo, lo mismo que vengo diciendo desde hace mucho tiempo, la Argentina de los vivos que se zarpan y  pasan por sobre los bobos, se terminó, se terminó. Acá estamos hablando de la salud de la gente. No voy a permitir que hagan lo que quieran. Si lo entienden por las buenas, me encanta. Si no, me han dado el poder para que lo entiendan por las malas. Y en la democracia, es que terminen frente a un juez enfrentando lo que hicieron”.

¿Qué pensará el Presidente cuando ve este material de archivo? Pregunto: ¿En  qué grupo se auto percibe? Entre los idiotas, los bobos o los vivos? ¿Es de los que se zarpan? ¿O de los que no entienden que es un tema de salud? ¿Usted, Presidente, lo entendió por las buenas? Parece que no. Lo debería entender por las malas, es decir, tal como lo plantea usted, debería dar explicaciones frente a un juez y no comprar su sobreseimiento con dinero prestado.

Diego Maradona instaló aquella frase, “yo pagué pero la pelota no se mancha”.

Alberto no pagó, solo pagará dinero, y manchó la investidura presidencial”. Hay que encender las luces de alarma. Como arquero amateur que es debería saber que no tiene que meter adentro las pelotas que van afuera. Su soledad y falta de capacidad es aterradora. Y muy inquietante. Ya van dos veces en una semana que les pide a periodistas que le repitan la pregunta porque se la olvida. Llamó a un acto para fortalecer su figura y relanzar su gobierno y se consiguió todo lo contrario. Salió más débil, con una coalición más fracturada. Arrancó su gestión diciendo que iba a ser el presidente de los 24 gobernadores y al acto de la UOCRA fue solo Sergio Uñac, el mandatario de San Juan que, encima, al día siguiente fue al acto de La Cámpora en Mendoza. No se le cae una idea. No consigue un solo objetivo. Va a contramano del sentido común. Vive haciendo exhibición de debilidad. Cuando ponga los tres millones, después de pagar, recibirá un daño irreparable en su historia personal y política. Y en su credibilidad. El presidente no tiene quién le crea. Y eso no se compra con dinero.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre