La rendición de la reina Cristina

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Estamos viviendo días históricos. Ocurrió algo inédito. Por primera vez en 20 años, Cristina no pudo imponer a nadie en la fórmula presidencial. Todo lo contrario, le impusieron a ella los nombres de Sergio Massa y Agustín Rossi y tuvo que bajar de un plumazo a Wado, el hijo de la generación diezmada al que humilló frente a toda la sociedad. Cristina demostró, una vez más, que no tiene estómago y es capaz de pactar hasta con el diablo. Y que en función de sus intereses personales por impunidad y de su voracidad de poder, ni le tiembla el pulso si tiene que tirar por la ventana incluso a alguien que quiere tanto como a Wado de Pedro. Eso solo ya es un hecho político de trascendencia. Cristina reculando es una imagen que no habíamos visto. Fue una clara capitulación. Un papelón porque ya estaba circulando el spot de Wado Presidente. Se podría decir que estamos viendo la caída del imperio K o el final de la monarquía patagónica. Es que su poder implosionó. Tuvo que retroceder en chancletas para intentar rapiñar algo de poder. El diario “El Economista”, tituló en su tapa “ Tuvo que elegir entre morir con la propia (Wado) o vivir de lo ajeno (Massa). Eros sobre Thanatos.”. Gran radiografía. Yo agregaría una chicana: Cristina ya tiene experiencia en eso. Siempre fueron amigos de lo ajeno. Chorros, en lenguaje coloquial.

Eduardo van der Kooy, columnista de Clarín también fue contundente: “El día que Cristina se puso de rodillas”. Justo ella, que siempre puso de rodillas a los demás. Es que se terminó el dedo de Cristina. Ahora va a tener que trabajar mucho para levantar el ánimo de sus hijos putativos de La Cámpora que quedaron destruidos después del desprecio que sufrió Wado. Cristina lo usó y lo tiró como eso que ustedes ya saben. Diezmó su autoestima. Los viejos caudillos del peronismo más rancio, entre intendentes y gobernadores, le doblaron el brazo a Cristina y le gritaron falta envido con tres cuatros. La corrieron con la vaina y salieron del secuestro al que Cristina había sometido al justicialismo. Votar a Wado o a Scioli era elegir entre Guatemala o Guatepeor. Probablemente Massa sea peor aún. Ventajero, arribista, vende humo y panqueque es lo menos que le dicen los cristinistas ortodoxos.

Juan Grabois fue menos amable: cagador es la palabra que utilizó.

La falta de capacidad y el capricho de Cristina ya los obligó a votar a grandes revolucionarios como Daniel Scioli en el 2105, Alberto en el 2019 y ahora a Sergio Massa. Ellos que admiran al Che Guevara y romantizan el terrorismo criminal de Montoneros, tienen que militar a un gran amigo de los empresarios más prebendarios, el mercado y los países de occidente. Coherencia, cero. Deberán tragarse otro sapo gigante aunque algún tipo de huida de militantes van a sufrir. Los más ideologizados van a encontrar una manera de engañar a su conciencia. Votando a Grabois, por ejemplo. Asi como en el 73 se utilizaba la boleta de Abelardo Ramos para “votar desde la izquierda al peronismo”. Pero, obviamente, Massa no es Perón. Es el verdugo de los trabajadores, de los jubilados y de las pymes. La mega inflación que algunos estiman podría llegar al 140% dinamita los salarios y todo tipo de planificación de negocios.

De todos modos, creo que se equivocan los que creen que Cristina y sus talibanes sufrieron una derrota definitiva.

Todavía falta. Cristina perdió el viernes la mitad de la batalla. El primer tiempo de este tenebroso partido. Falta la otra mitad y es que sean derrotados en las urnas en la provincia de Buenos Aires. Axel Kicillof representa mucho para el cristinismo en caída libre. Su triunfo le garantiza una especie de aguantadero para todos los ladrones o autoritarios que quieren tener un pizca de poder. Es el lugar desde donde piensan bombardear al próximo presidente si no es Massa o condicionarlo, si llega a ser Massa. ¿Se entiende? Ya empezaron con los primeros actos de Massa. Apoya la candidatura de Federico Otermín en Lomas de Zamora, que responde a Máximo Kirchner y Martín Insaurralde. Y enseguida, un acto en Aeroparque con Cristina al lado, para disfrazarse de alguien preocupado por los Derechos Humanos. Ya se sabe que el corazón de Massa está en otro lado. En los billetes y no en los desaparecidos. Pero hay gente dispuesta a dejarse engañar y sobre todo si se lo pide Cristina.

Lo paso en limpio. Cristina acaba de sufrir su peor derrota. Pero no es definitiva. Será completa si Kicillof pierde en la provincia cuyas listas están tapizadas de candidatos camporistas, empezando por Máximo diputado y Wado senador.

Es insólito que el responsable de la hecatombe económica sea candidato a presidente. Massa generó una inflación por las nubes, sequía de dólares en las reservas, pobreza creciente y empresas que huyen del país.  Pero es lo que hay. Es lo menos malo que tienen para ser competitivos electoralmente. Veremos.

Esto también habilita otra lectura para tener en cuenta: Que Sergio Massa se quedó con todo. Con la candidatura, pero también con el fracaso de la peor gestión de gobierno desde 1983 y con la casi segura derrota electoral. Eso dicen los cristinistas. Será Massa el mariscal de la derrota. Pero se equivocan. La gente tiene memoria y todos saben que Cristina todavía es la jefa del espacio y la que va a pagar los platos rotos.

Entre los grandes perdedores, además de Cristina y  La Cámpora, su guardia de hierro aparecen Scioli que confirmó que tiene menos palabra que un mimo y que se cavó su fosa política. El Movimiento Evita que quedó afuera de casi todo. Tiene gran capacidad de movilización y organización en los barrios, pero Pérsico y el Chino Navarro carecen de capacidad táctica y de análisis político. Siempre terminan sojuzgados por Máximo y/o Cristina. No se atreven a romper.

Esta mitad del año 2023 será recordada como el tiempo en el que Cristina entró en el ocaso. Más temprano que tarde comenzará una nueva era que todavía no tiene líder ni rumbo. Fueron tan grandes los desastres que hicieron en nombre de una falsa izquierda chavista que, como reacción, todos los candidatos que pueden llegar a presidentes, piensan lo contrario. Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta, Javier Milei y Sergio Massa, son, con matices, todos favorables a los negocios y el mercado y el capitalismo y seguros aliados de los Estados Unidos.

Cristina lo hizo. No fue magia. Fue mafia.

El primer acto en el que apareció Wado fue la inauguración de una calesita en sus pagos de Mercedes. Pudimos confirmar que no se trata de la calesita que chocó este gobierno.

Es casi una metáfora de la rendición de Cristina.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre