Messi tiene lo mejor de los argentinos

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Cuando Messi levanta sus dedos y agradece al cielo, lo está haciendo con su abuela que insistía en todos los clubes que dejaran jugar a ese pibe que era rechazado por ser tan chiquito y tan frágil. Lo ninguneaban hasta que veían a ese nenito, fabricar magia y goles sobre el césped.

Y pensar que hay pequeños burgueses fashion, de Argentina y de otros países, que se auto perciben progres, de muy frágil formación intelectual, que acusaron a estos Lionel y sus muchachos de “desclasados” y otro tipo de barbaridades, solamente por no compartir las ideas ni la ética del ladri progresismo kirchnerista. Un caradura lo amenazó diciéndole que lo iban a ir a buscar cuando terminara el gobierno de Milei. Amenazó a Messi. ¿Se dan cuenta del despropósito?

Los K se robaron hasta los 50 respiradores que Messi donó en la pandemia. Ni reconocieron el fuerte aporte económico que hizo para vacunas o el día que puso de su bolsillo los sueldos de tres meses que no cobraban los empleados de AFA. Por eso lo aman. Por eso lo levantan hasta el cielo para que se vaya acostumbrando a esos paraísos.

La inmensa mayoría de nuestro pueblo está sumamente agradecido con Messi y sus muchachos. Salvo las sectas de autoritarios y corruptos. Y los chicos que lo adoran y quieren ser como él. Afuera y adentro de la cancha. Fui periodista deportivo pero no quiero hablarle del mejor futbolista de todos los tiempos. Quiero hacerle un humilde homenaje a un ciudadano ejemplar llamado Lionel Andrés Messi. Ayer anunció su retiro de la selección argentina con un video que lo pinta de cuerpo entero.

Las imágenes lo dicen todo y la canción Brindis de Soledad Pastorutti parece escrita para su epopeya. La imagen de ese nenito con dificultades de crecimiento soñando jugar en la selección nacional. Inyecciones, tratamientos interminables. La Sole dice “seguir creciendo y esquivando las rutinas, seguir soñando en un rincón, seguir creyendo que hay un Dios/ que me endereza de un tirón la puntería”. Esa puntería que estremecía a los arqueros del mundo. Siempre Messi fue detrás de sus sentimientos. Con un esfuerzo titánico para vivir con su padre en un hotel en Barcelona. Lejos de su gente. Por eso el tema dice “cada tanto muero y aquí estoy, porque los días se nos van, quiero cantar hasta el final”. Y cantó y nos hizo cantar goles y magias casi hasta los 40 años. Messi de las multitudes agradecidas por tanta alegría.

Habla de tropezar y levantarse, de volver a intentar siempre. Es una de sus enseñanzas. Uno de los mensajes que deja a nuestros jóvenes sin levantar el dedito ni hacerse el que lo sabe todo. Pero Messi es muchísimo más que un futbolista. Es, fue y será un formador de comportamientos a su imagen y semejanza. La familia como principal estandarte. Siempre: sus viejos, sus tíos, sus hijos, la maravillosa Antonella por la que fue capaz de jugarse en la timidez sin temor a caer en offside. El esfuerzo y el sacrificio para lograr con puro mérito la excelencia. Nada le fue fácil. Pero puso su corazón en los estadios. No dejó de aprender ni de enseñar ni un solo minuto. Diciendo sin decir que lo que se gana fácil, se va fácil. Siempre fue respetuoso, un caballero. El único insulto que se le conoce en público fue “Bobo”.

Casi una ingenuidad para decir “Andá pa allá, bobo”. Y eso que lo taladraron a patadas. Nunca fingió golpes. Nunca se tiró para trampear al árbitro. Jamás se dejó utilizar por ningún proyecto político. Una de sus gambetas más famosas fue cuando eludió a Wado de Pedro que fue a caretear al aeropuerto. En cada triunfo posteaba una imagen del equipo. En cada derrota apelaba a una foto propia. Se hacía cargo, ponía el pecho. No arrugó nunca, ni adentro ni afuera. Por eso hablo de ciudadano ejemplar. Jamás se drogó. No se le conoce ni una borrachera. Cero escándalos. Armó un grupo de amigos en la selección y recibió con cariño a los nuevos que llegaban. Con ese capitán de mil batallas nos volvimos a ilusionar y no nos defraudó. Campeón del mundo en Qatar. Cerró todas las grietas y nos unió a casi todos. Jamás olvidaremos ese país entero que salió a las calles con alegría celeste y blanca. Volvimos y fuimos millones.

Los argentinos, envueltos en nuestra bandera transformada en camiseta, celebramos la alegría comunitaria. Levantamos nuestros brazos y nuestra autoestima. Cantamos y bailamos por el triunfo deportivo y también por la esperanza de una selección argentina de fútbol que, si lo sabemos aprovechar, nos puede marcar el rumbo de los valores que debemos recuperar. Con el sol de sus pies alados, fuimos familia. Fuimos un pueblo en movimiento inspirados por jugadores que estuvieron a la altura de las circunstancias históricas. Lionel se instaló en la gloria del recuerdo, en la conciencia colectiva. En el Olimpo de los elegidos. Nos llenó el alma. Fue la ilusión argentina de fútbol con su comandante y pudimos soñar una utopía ciudadana. Una nación donde se fomente lo mejor de nosotros y de nuestros viejos. Donde nadie afloje a la hora de empujar para adelante. Valorando el talento descomunal y la experiencia de Lionel Messi, un conductor que nos llevó de la mano. Liderazgos positivos. Nada tóxicos.

Sirven de ejemplo para los pibes que los juntan en figuritas y sueñan con calzar sus botines. Son los padres que llenan el registro civil bautizado a sus hijos con nombres inolvidables como Lionel. Adoro esa manera de comprobar que todos somos útiles y necesarios si jugamos en el puesto adecuado y si interactuamos con honradez y desprendimiento. Como el genio de Messi que diseñó varias obras de arte colosales en la final mejor jugada y más dramática de la historia. Lo digo siempre para todos los órdenes de la vida. Para el fútbol y la ética política. No arrodillarse ante nadie. Pero tampoco hacer arrodillar a nadie. Todos somos iguales ante la ley y en un campo de juego.

La carta de despedida de Messi, nos hizo correr frío por la espalda. Nos dijo que la decisión le duele en el alma. Que su felicidad es que los argentinos podamos sentirnos orgullosos a través del fútbol. Y confiesa que se vació. Que ya no tiene más para dar. Y finalmente le agradece a Dios por hacerlo argentino. Lionel Messi, nacido en Rosario. No habrá ninguno igual. No habrá ninguno. Messi vivirá eterno en el corazón de los argentinos.

Editorial de Alfredo Leuco en LN+