El Peronismo en el Triángulo de las Bermudas

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Los peronistas podrían decir con toda razón, “éramos pocos y parió la abuela”. En medio de una acefalía en su conducción y con graves divisiones internas, Alberto Fernández, el peor presidente de la historia, salió a cruzar a Cristina. En forma lapidaria dijo muy suelto de cuerpo, que si le hubiera hecho caso a Cristina, “Argentina hubiera estallado en mil pedazos”. A confesión de partes, relevo de pruebas.

Primero, una aclaración: nunca hay que subestimar ni dar por muerto al peronismo. Sigue siendo el partido del poder en Argentina hasta que se demuestre lo contrario.

Pero tampoco hay que ser un gran analista político para registrar que el justicialismo está en uno de los peores momentos desde su existencia. Hoy está encerrado en un Triángulo de las Bermudas que lo podría hundir de cara a las elecciones del año que viene. Los vértices son una especie de tren fantasma: Cristina porque está presa por mega corrupción de estado y no puede ocupar ningún cargo electivo de por vida. Y los restantes, son dos de los peores ministros de Economía que tuvo este bendito país: Axel Kicillof y Sergio Massa.

Los problemas del justicialismo son innumerables, de todo tipo y factor y muy difíciles de resolver, sobre todo si se suspenden o directamente se derogan las PASO, es decir las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.

Vamos por partes.

Lo de Cristina ya se dijo cien veces. Está condenada, en prisión domiciliaria, con tobillera y está impedida en forma vitalicia de ocupar un cargo en el estado. Todo esto es absolutamente legal y fue confirmado por la Corte Suprema de Justicia. No hay discusión posible. Robó todo desde el estado y en consecuencia no puede volver, bajo ninguna circunstancia, a ese lugar. No hay declaración de la ONU, ni del Papa ni de Putin que cambie esta realidad. Por más presentaciones que hayan hecho sus abogados.

Sin embargo, Cristina no se rinde y busca cualquier atajo para poner palos en la rueda. Quiere instalar que puede ser candidata a presidenta en una interna partidaria y luego, ante el impedimento legal, bajarse y dejar a su compañero de fórmula en el primer lugar. Siempre apela a las trampas.

Hablan de Gerardo Zamora, Sergio Uñac y algún otro ex gobernador de muy bajo nivel de conocimiento. Eso genera tensión y mucha confusión hasta último momento. Cristina siempre fue hábil para ejercer el mal y sabe que así puede recuperar su capacidad de designar a un candidato que le prometa darle un indulto o una amnistía si llega a la presidencia.

Axel Kicillof es el mejor aparece en las encuestas, con todas las pinzas que hoy hay que tomar a las encuestas. Pero viene trabajando para eso, tiene poder porque gobierna la provincia de Buenos Aires que expresa el 40% del padrón nacional y está tejiendo una red de alianzas con muchos intendentes.

De hecho hay una docena que se proponen como candidatos a gobernador. Pero ninguno tiene demasiadas posibilidades. Y Máximo Kirchner, el príncipe heredero de la reina Cristina, mucho menos. Es el que mayor imagen negativa tiene, está peleado con Kicillof y dentro de 11 días va a enfrentar en el banquillo de los acusados junto a su madre, acusaciones llenas de pruebas por organizador de una asociación ilícita y por lavado de dinero en la causa Los Sauces.

Dejó los dedos pegados por todos lados. Game Over.

Cristina tiene en la mira al “chiquitín Kichi”, como ella lo rebautizó, porque no se atreve a ir a visitarla y porque en las tribunas dice muy poco y nada. Habla de “injusta detención” y no de “proscripción” como ella ordena a sus militantes.

Es un dilema para Kicillof. Cristina sigue siendo el sol del sistema: si Axel se aleja mucho, puede perder los votos de sus fanáticos y si se acerca demasiado, se puede quemar y quedar pegado a una delincuente condenada.

Como les dije, la gestión no es una de las cartas ganadoras de Kicillof. Como gobernador reelecto surfea una provincia que es un baño de sangre por la inseguridad, que tiene rutas destruidas y que demuestra una política populista igual o peor que la de Cristina.

Además, a todos se le están acabando sus amigos: los Castro en Cuba, Chávez y Maduro en Venezuela y dentro de poco, Lula en Brasil y Pedro Sánchez en España.

Como ministro hizo un daño terrible a la economía. Se hizo el revolucionario flojo de papeles y condenó a la Argentina a pagar fortunas por los manejos nefastos que hizo con la re estatización de YPF.

El estancamiento fue brutal, con un déficit fiscal de hasta el 8% del PBI, caída de reservas en el Banco Central, inflación alta y con cepo cambiario. Incluso llegó a la barbaridad social y estadística de no querer medir la pobreza porque, dijo, que “era estigmatizante”. Se acuerda?

Y si hablamos de economía y falta de transparencia, llegamos al otro vértice del triángulo de las Bermudas: Sergio Tomás Massa. Fue el peor ministro del peor gobierno de la historia de Alberto Fernández.

Todavía no se avanzó lo suficiente en el tema SIRA (Sistema de Importaciones de la República Argentina). Fue una red coordinada en forma absolutamente discrecional con Matías Tombolini y Guillermo Michel, entre otros. Las autorizaciones para que los importadores pudieran acceder al tipo de cambio del dólar oficial a través del Banco Central denunciaron pedidos de coimas. Esa causa la llevan adelante el juez Ariel Lijo y el fiscal Franco Picardi.

En otros temas Massa fue igualmente horroroso. Asumió con el 78,5% de inflación y se fue con 142,7%. Devaluó un 22% después de las PASO de 2023 lo que llevó al dólar de 139 pesos a 365. Y el dólar blue llegó a 925 pesos. Y como si esto fuera poco, las reservas netas del Banco Central sufrieron un rojo de más de 7 mil 400 millones de dólares. Estos disparates populistas e irracionales llegaron a la cumbre con lo que se llamó el plan platita, un manotazo de ahogado que le permitió ganar la primera vuelta de las elecciones pero ser derrotado por Javier Milei en el balotaje.

El costo fue una emisión monetaria equivalente a 13 puntos del PBI, un verdadero delirio.

Hace unos días, Gabriel Rubinstein, el ex vice ministro, fue tan crítico que dijo que, en una eventual segunda vuelta entre Massa y Milei el año que viene, votaría por el actual jefe de estado. Tarde pero seguro.

Esta realidad muy complicada del peronismo que nadie conduce, habilita que marginales con pocos votos pero pensamientos extremos,

incluso antisemitas como Luis D’Elía o Santiago Cúneo, estén al salto por un bizcocho. Hablo también de Juan Grabois o Guillermo Moreno, patoteros de alma. Grabois tiene un procesamiento confirmado por la toma del Instituto Nacional Juan Domingo Perón.

Moreno, que intervino en su momento el INDEC a punta de pistola, hoy está condenado a dos años de prisión en suspenso por amenazas coativas por la causa Papel Prensa y a dos años y medio más por la causa de peculado. Al igual que Cristina, Moreno tiene inhabilitación absoluta y perpetua para ejercer cargos públicos. Sin embargo se pasea levantando la voz y el dedito en los canales adictos. La Corte Suprema de Justicia, en octubre del año pasado dejó firmes ambas sentencias.

Todo indica que el 17 de octubre, será una muestra de esa fractura expuesta. Los cristinistas harán un acto en San José 1111 y los de Kicillof irán a La Matanza. Sería como el día de la deslealtad.

Estas verdaderas tormentas feroces acechan al barco del peronismo rumbo al 2027. Generan desesperación en los militantes más obsecuentes y los lleva a planteos golpistas de “salir a romper todo”.

No se puede asegurar que el barco se vaya a hundir. Siempre han sabido navegar en mares turbulentos. Pero tienen por delante al Triángulo de las Bermudas. Y eso no es poco.

Editorial de Alfredo Leuco en LN+