Cristina, corrupta de estado

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Los jueces lo explicaron con toda rigurosidad en más de 1.600 páginas de fundamentos. Pero lo central es que Cristina fue condenada a 6 años de cárcel porque, puso “al estado al servicio de la consumación del delito”. Esto permite llamar delincuente a la vice presidenta que, según el escrito conocido hoy, mantuvo “relaciones económicas promiscuas con Lázaro Báez”, con el que además, hizo “todo tipo de acuerdos espurios”. Eso dice el expediente. No es una opinión de un periodista. El robo que les produjo a todos los argentinos supera los 80 mil millones de pesos, solo en esta causa.

Por eso Cristina quedará tristemente célebre  en la peor historia argentina como una malandra de estado. La primera vice presidenta en ejercicio condenada por corrupción. Claro que ahora vendrán las apelaciones de ambos lados. Los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola insistirán con su pedido de 12 años de prisión por ser la jefa de una asociación ilícita dedicada a saquear al estado, acusación que compartió uno de los jueces del tribunal.

Todos los magistrados coincidieron en que hubo una planificación y sofisticación “magnífica” y que fue probada “una extraordinaria maniobra fraudulenta” y que Cristina “tuvo un interés manifiesto sobre el plan criminal”. Por eso la condena incluye inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos”. Fueron 12 años de latrocinio donde, de acuerdo al documento, “el principal objetivo fue el beneficio económico de Néstor y Cristina Kirchner”.

Otro párrafo importante dice que el “Lawfare” alegado por la rea “fue una coartada”. Siempre estuvo claro. Ese invento absoluto de que fue y es perseguida por ser mujer o por sus ideas, no resiste un segundo frente a la magnitud de las estafas que cometieron. Y de la catarata de pruebas que existen. Nadie robó tanto durante tanto tiempo como los Kirchner.

La condena por corrupción a Cristina implicó derrotar dos de los principales venenos del estado de derecho: la impunidad y el miedo. Son dos tóxicos poderosos.

La impunidad que tanto desesperó a Cristina, produce una erosión tremenda en la confianza de los ciudadanos en el sistema. Con toda razón, la gente que trabaja honradamente y cumple la ley, siente que los poderosos pueden hacer cualquier cosa y que nunca sufren las consecuencias. Esa idea de que nunca pasa nada y que nadie paga por los delitos que comete, estalló por los aires.

Y el miedo, el pánico, es el componente más reaccionario que puede tener una sociedad. El temor nos saca lo peor de nosotros. Hace que mucha gente se arrodille y pierda su dignidad. Quedó grabado a fuego aquel consejo de Cristina de que había que tenerle miedo a Dios y un poquito a ella.

Hoy los únicos que le temen a Cristina son sus propios soldados y talibanes. Algunos por convicción política, otros por dinero y muchos porque sin ella no podrían ganar  ni una elección en el consorcio de su edificio. El terror que provocaba Cristina en amplios sectores de la justicia, se evaporó.

La democracia no se terminó. Lavó parte de su mugre. Condenó a la mujer más poderosa y la que más daño le hizo a la República Argentina. Y lo hizo con ella en funciones. Nunca antes había ocurrido eso en la Argentina. Los libros de historia recordarán aquel 6 de diciembre de 2022 como el día en que la impunidad y el miedo fueron derrotados y la República dio un paso más en su consolidación. Funcionó la división de poderes. Funcionó la independencia de la justicia. Las operaciones asquerosas, los aprietas e intimidaciones cayeron en saco roto. Fracasó estrepitosamente el operativo para blanquear la figura de Cristina. Los diarios del mundo lo dicen con claridad. Con todas las garantías constitucionales, la dos veces presidenta de la Nación, fue condenada por ladrona. La Ladrona de la Nación, como dicen los hashtag en las redes sociales. Se hizo justicia.

No hubo pelotón de fusilamiento. Hubo un tribunal de jueces designados durante su presidencia, al igual que el fiscal Luciani. Ninguno tiene militancia política. Todos tienen más de 25 años de trabajo en tribunales. Se cayó a pedazos la falsedad del Lawfare y de la mafia o la dictadura jurídico mediática. Se confirmó el ADN de la democracia: nadie está por encima de la ley.

No hubo 17 de octubre ni conmoción espontánea en la sociedad. La justicia confirmó lo que todos sabíamos hace mucho. Cuando Néstor Kirchner murió, Cristina se hizo cargo de la conducción política, pero también, de la administración del sistema de coimas y retornos, del dinero sucio de la corrupción y del lavado. Es incomprensible la voracidad y la codicia sin límites. La cleptocracia que lideró Cristina enriqueció ilegalmente a toda su familia, a sus secretarios privados, a sus empresarios testaferros y socios y a muchos funcionarios de sus gobiernos. Yo le llamo bulimia de poder y de dinero. Obsesión descontrolada, “éxtasis”, como confesó Néstor abrazando un caja fuerte con angurria pornográfica.

El peronismo entró en un estado de asamblea permanente. ¿Seguirán atados al ocaso de Cristina? ¿Aceptarán seguir secuestrados por una lideresa que los llevó al paraíso del poder pero que, ahora, los lleva al infierno de la cárcel? Hay una frase legendaria de un intendente del Conurbano: “A los compañeros los acompañamos hasta la puerta del cementerio, pero no nos enterramos con ellos”. Veremos.

Una Cristina descontrolada, temblorosa y contra las cuerdas anunció que no va a ser candidata a nada para que la metan presa si quieren. Fue su primera reacción. Ahora inventaron otra mentira: dicen que está proscripta y es no es cierto. Puede presentarse como candidata al cargo que ella quiera.

No hubo grandes movilizaciones, solamente modestos apoyos callejeros que fueron una ostentación de debilidad. Cristina se está quedando cada vez más sola con su núcleo duro que cada vez es más duro y más chico.

La buena noticia es que si la mayoría de los argentinos sabemos procesar lo que pasó, tal vez hayamos logrado un nuevo Nunca Más. Un nuevo contrato social. En el 83 se le dijo Nunca Más a los golpes de estado y a la utilización de la violencia armada. Ojalá este 2022 y 2023 quede grabado a fuego como el Nunca Más a los ladrones de estado. De nosotros depende.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre