La patria, sin corruptos ni golpistas

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A las dos de la tarde de un día como hoy, pero de hace 204 años, empezaba a funcionar el Congreso de Tucumán que sancionaría nuestra gloriosa y ansiada independencia. Presidía la sesión el representante de San Juan, Francisco Narciso Laprida. El acta original, firmada por todos los miembros del Congreso fue redactada en el libro de actas que se ha perdido. Algunos historiadores consideran que fue depositado en 1820 en la Legislatura de Bueno Aires, de donde fue robado. Tal vez haya sido toda una señal de nuestro karma cleptocrático. Tal vez. Pero hoy, mejor, honremos a la patria de los ciudadanos honestos y democráticos. Los que en multitud en gran cantidad de calles y plazas, están reclamando contra las mafias y por la Republica. Por esta República, la República Argentina.

Jorge Luis Borges lo sintetizó con su genialidad: Nadie es la patria. Todos lo somos. La patria es el primer misterio inapelable. Se ama una tierra como propia y se quiere volver a sus entrañas…Una de los textos más bellos y profundos que leí sobre la patria le pertenece a Julia Prilutzky Farny, una poetisa ucraniana, naturalizada argentina. Dice así: “Allí donde partir es imposible/ donde permanecer es necesario/Donde nunca se está del todo solo / donde cualquier umbral es la morada/ Allí donde se quiere arar y dar un hijo/ Allí donde se quiere morir… allí está la patria”.

Hoy, a 204 años de la declaración de la Independencia hay una pregunta clave: ¿Qué significa ser independiente hoy? ¿Cuál es el contenido patriótico y ciudadano del día de la independencia nacional? Si nos miramos en el espejo de aquellos hombres hay que decir que el apellido de la independencia es la libertad. Y que hoy más que nunca deben ser los pilares de una sociedad mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

Un país mejor, más justo, más igualitario, con menos pobres y desocupados y con más honradez y diálogo. Un país en el que solo queden afuera los corruptos y los golpistas. ¿Es tan difícil comprender lo simple? Millones de argentinos de buena voluntad quieren construir ese país. Con el respeto sagrado a la división de poderes para no pisotear la Constitución que es nuestra Biblia laica. Eso es independencia. No depender de nadie, no ser cliente de nadie y no dejarse extorsionar por nadie. No arrodillarse ante nadie y no hacer arrodillar a nadie. Salir a la calle a trabajar, a estudiar, a protestar como el banderazo de hoy o simplemente a pasear con nuestras familias y que no tengamos miedo de ser asaltados en pleno día o a que desvalijen nuestra casa mientras no estamos. Eso también es independencia. Opinar con respeto absolutamente de todo, con independencia de criterios, sin tutelajes ni censuras y sin que te manden la AFIP o los servicios de inteligencia para castigarte. Y sin que Alberto, Cristina o Cafiero III, te rete o te acuse de formar parte de una asociación ilícita o te diga miserable y canalla.Así de simple y de complejo.

Hoy le rendimos homenaje a  ese Congreso de Tucumán que sancionó nuestra gloriosa y ansiada independencia. Es el día más importante de la patria. El día del parto. El alumbramiento de esto que somos. Es el día más feliz de la historia de los argentinos. Nacimos como Nación. Dimos a luz. Ojalá la patria tenga todos los días felices que le deseamos, cada vez que decimos con orgullo: Feliz día de la patria.

De una vez por todas tenemos que tomar conciencia de la patria que tenemos y ponernos a edificar la patria que queremos. Uno piensa en tantas fracturas sociales que estamos padeciendo y se preocupa. ¿Podremos sintetizar todas esas diferencias para pensar como una Nación? ¿Seremos capaces de respetar la diversidad de las miradas y las verdades sin perder la unidad como patria? ¿Podremos abrazarnos en cada logro colectivo y social como lo hacemos con los triunfos deportivos? Si queremos esa patria, se me ocurren tres compromisos básicos que debemos asumir.

1) Extirpar el cáncer de la intolerancia. Sacarlo de nuestro cuerpo social antes que haga metástasis y se convierta en odio eterno. Comprender que la diversidad de miradas es un activo, que el pensamiento del otro nos hace mejores y que no es un enemigo el que piensa distinto. Debemos disfrutar de ese aprendizaje permanente que es la convivencia pacífica entre nosotros y con otros pueblos del mundo.

2) Ser solidarios hasta que duela, como decía la madre Teresa. Comprender que nuestro vecino es nuestro hermano, nuestro compañero de ruta, la persona con la que debemos edificar, codo a codo, un mejor barrio, una mejor ciudad y un mejor país que lata con orgullo en nuestro pecho. Ojo que no hablo de caridad, hablo de igualar las oportunidades educativas para lograr esa famosa movilidad social ascendente que nos hizo reconocidos en el mundo.

3) Pensar la patria no solo como padre. Como pertenencia. Una patria que no sirva como escudo de los fanáticos y mentirosos. A esos que dicen que hacer patria es matar a alguien. A esos que Dios y la Patria se lo demanden. Que sean expatriados y nunca repatriados. Yo no quiero la patria dividida en adjetivos ni en corporaciones. Que sea la patria de nuestros padres y la de nuestros hijos. Que los patriarcas nos ayuden. Que nos sostengan como lo vienen haciendo desde el origen de la patria en aquella Plaza de Mayo o en la casa tucumana de doña Francisca Bazán.

No sé, si estaremos a la altura de aquellos hombres. Uno piensa en San Martín, Belgrano, Mariano Moreno y en don Martín Miguel de Guemes empujando para el mismo lado de la historia y se estremece. Yo imagino a la patria como un cuenco que se hace con las manos. Todas las manos todas formando un cuenco que contenga los valores esenciales del ser humano. Un continente para la tolerancia, la solidaridad, la justicia, la libertad, la paz. Un cuenco del que podamos ir a beber todos. Que nos calme la sed y que nos alimente la democracia. Que destierre esa mirada cargada de odio que solamente encuentra enemigos entre nuestros hermanos. Que nuestros semejantes beban del mismo cuenco. Que ese cuenco llamado patria sea cada vez más grande y más fuerte. Que contenga a más argentinos. Que nos permita disfrutar del aprendizaje permanente de la convivencia. La patria como cuenco. La patria es algo que nos dio la vida para que la refundemos como utopía. Y utopía significa no rendirse a las cosas tal cual son y luchar por las cosas tal como debieran ser. ¿Se entiende? No hablo de humanizar lo inevitable. Hablo de evitar lo inhumano.. Por eso declaramos solemnemente “a la faz de la tierra” nuestra voluntad de ser “una nación independiente” del rey, de sus sucesores, de la Metrópoli y “de toda dominación extranjera”. Hacía tiempo que lo venían reclamando nuestros padres fundadores. Hoy también deberíamos sembrar más ciudadanos patriotas para cosechar gobernantes más ciudadanos. Hoy deberíamos repudiar con todas nuestras fuerzas la humillación a la que nos somete la justicia adicta y este gobierno que hace todo para dejar libres a los delincuentes de estado. Uno piensa en tantos patriotas por un lado y por el otro, a los malandras que se robaron todo y que nos robaron parte de la esperanza.

Y no hablo solo de Cristina que fue y es la jefa. Hablo de esa lista de los que se hicieron millonarios robando los dineros del pueblo y hoy, en sus casas, son una burla a la gente que no tiene trabajo, que no tiene comida, que tuvo que cerrar su negocio o que ni siquiera tiene agua corriente para lavarse las manos. La corrupción mata. Está clarísimo. Pero no hay que bajar los brazos frente a vergüenzas nacionales como las de Lázaro Báez, Amado Boudou, Roberto Baratta, el Pata Medina, el Caballo Suarez y todo el Cartel de los Pinguinos que abandonaron la cárcel gracias a los antidemocráticos que violan la República todos los días. Eso no es independencia. Eso es dependencia de los peores disvalores del ser humano. El delito, la mentira, la violencia, la intolerancia y el autoritarismo.

Por eso hoy más que nunca la patria nos necesita a todos los argentinos que apuestan a la paz, la democracia, la libertad y las manos limpias pero no limpias para combatir el virus. Limpias porque jamás tocaron dinero ni bienes ajenos.

Hoy más que nunca tenemos que construir esa patria que soñamos. Sin déspotas ni cadenas. Es decir, sin corruptos ni golpistas. ¡¡¡Viva la patria, carajo!!

Columna editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre.