Cristina abraza a Maduro y calla por Nahuel Gallo: la doble vara K más vigente que nunca

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Cuando la ideología pesa más que defender a un argentino inocente secuestrado hace un año. La defensa explícita al dictador venezolano contrasta con su silencio absoluto sobre el secuestro del gendarme argentino.


Mientras Nicolás Maduro permanece detenido en Estados Unidos y enfrenta un proceso judicial que podría derivar en una condena histórica, vuelve a quedar expuesta una de las contradicciones más profundas del kirchnerismo: el silencio absoluto sobre Nahuel Gallo, el gendarme argentino secuestrado por el régimen chavista hace más de un año, frente a la rápida defensa política del dictador venezolano tras su captura.

Nahuel Gallo, integrante de la Gendarmería Nacional, fue detenido de manera arbitraria por fuerzas de seguridad venezolanas en una zona fronteriza y desde entonces permanece desaparecido del sistema judicial, sin debido proceso, sin información oficial y sin acceso consular pleno. Su caso fue denunciado por organismos de derechos humanos y por la familia, pero nunca recibió un respaldo firme y sostenido por parte del kirchnerismo duro.

En contraste, tras la detención de Maduro por fuerzas estadounidenses, Cristina Fernández de Kirchner rompió el silencio en redes sociales para denunciar una supuesta “persecución imperial” y defender al líder chavista, a quien calificó como víctima de una operación política. No hubo, sin embargo, una sola mención al gendarme argentino secuestrado, ni un reclamo público al régimen que lo mantiene cautivo.

El contraste no es menor. Mientras un ciudadano argentino sigue preso sin garantías en Venezuela, la expresidenta eligió alinearse, una vez más, con el poder autoritario antes que con una víctima concreta de ese mismo sistema. La omisión no es casual: forma parte de una alianza histórica entre el kirchnerismo y el chavismo, basada en afinidades ideológicas y conveniencias geopolíticas.

Durante años, Venezuela fue presentada como un modelo a seguir por sectores del kirchnerismo, incluso cuando ya acumulaba denuncias por violaciones sistemáticas a los derechos humanos, persecución a opositores y detenciones arbitrarias como la de Gallo. La Argentina estuvo peligrosamente cerca de transitar ese mismo camino, con un Estado cada vez más cerrado, intolerante a la crítica y dispuesto a relativizar la ley.

La captura de Maduro y la condena judicial de Cristina Kirchner, hoy con prisión domiciliaria e inhabilitación para ejercer cargos públicos, marcan un punto de inflexión simbólico en la región. No resuelven todos los problemas, pero envían una señal clara: la impunidad ya no es eterna, ni siquiera para quienes se creían intocables.

En ese nuevo escenario, el caso de Nahuel Gallo vuelve a interpelar a la dirigencia política argentina. El silencio ya no es neutral: es una toma de posición. Y mientras algunos siguen defendiendo dictadores desde X, un gendarme argentino continúa esperando que alguien, del lado correcto de la historia, exija su libertad.