Secuestrados, desaparecidos y rehenes de Hamas

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El ejército terrorista de Hamas asesinó a sangre fría a más de dos mil personas de 25 nacionalidades y diversas religiones. Arrancaron de sus hogares a familias enteras. Se llevaron a los túneles del horror a más de 200 personas y hay 101 que todavía permanecen desaparecidos y secuestrados. Ocho son argentinos.

 Los hermanos Kfir y Ariel Bibas y su madre Shiri. Los hermanos David y Ariel Cunio que eran sus vecinos. Los hermanos Iair y Eitan Horn y Lior Rudaeff que fue asesinado. Ni siquiera le permitieron a la Cruz Roja establecer el estado de salud de los rehenes o a UNICEF confirmar la identidad de los niños. Aunque, la verdad sea dicha: ni la Cruz Roja ni Unicef lo reclamaron con mucho interés. Miraron para otro lado.

Ayer se cumplió un año de ese día de holocausto. Nunca antes habían asesinado a tantos judíos desde el régimen nazi de Adolf Hitler. Alrededor de 6 mil salvajes terroristas de Hamas invadieron el territorio de Israel y perpetraron una masacre, un pogromo, crímenes de guerra de un odio casi sin antecedentes.

 Entraron desde la Franja de Gaza guiados con información de muchos traidores que, hasta el día anterior, trabajaban y se ganaban la vida en los kibutzim atacados. Pude ver en dos ocasiones la película que tiene mucho material filmado por los mismos asesinos. Me consta que médicos experimentados del hospital Soroka, no soportaron las imágenes de las mutilaciones de los cuerpos, las violaciones de mujeres, las decapitaciones, los seres incinerados y los cadáveres de los bebés recién salidos del micro hondas. Una mueca macabra: de aquellos hornos crematorios de las SS a estos de la vida cotidiana. Prendieron fuego a las casas de los civiles, en su mayoría agricultores que trabajan la tierra en esas granjas colectivas.

Mataron a padres delante de sus hijos y a hijos delante de sus padres. La crueldad multiplicada hasta el infierno. Jamás olvidaré la voz de ese infinito hijo de puta que llamó por teléfono a sus padres y les gritó desaforado y drogado que se sentía orgulloso porque mató a diez judíos con sus propias manos.

Nova fue una fiesta electrónica, a metros de la Franja de Gaza, a cielo abierto que fue organizada a favor de la paz y de la diversidad y la convivencia.

Los jóvenes habían llegado de 25 países distintos. Bailaron hasta la madrugada. Hasta que llegaron los criminales y dejaron el piso sembrado de cadáveres a pura metralla y granadas. Mientras tanto, del cielo llovían misiles en todas las direcciones.

Al principio hubo un repudio importante de la comunidad internacional. Era lo menos que debían hacer. Pero con el correr del tiempo y a medida que Israel salía de su duelo y su sorpresa y ejercía su legítimo derecho a defensa, salieron de su clandestinidad cobarde miles de antisemitas de nuevo tipo. En muchos países de Europa impulsados por islamistas extremos que consideran infieles a quienes no profesan su misma religión. Marcelo Birmajer los bautizó “islamo nazis”. En las universidades de Estados Unidos, sostenidos por la cultura woke y el dinero de Qatar, brotaron imberbes fanáticos que no entienden nada pero que expresaron su odio a Israel y a los judíos. Los partidos de izquierda jurásicos multiplicaron viejas consignas apolilladas que acusan a Israel de ser un estado genocida, gendarme de Estados Unidos y de ocupar territorio palestino. Nada de eso es cierto. Hace 19 años que Israel se retiró de Gaza. No hay ninguna ocupación de un país que es más chico que la provincia de Tucumán y que está rodeado de países árabes de grandes territorios y poblaciones. Estaban a punto de sumar a Arabia Saudita a los acuerdos de Abraham, de paz y cooperación. Por eso el eje del mal que lideran los clérigos chiítas de Irán, ordenaron dinamitar esos entendimientos. Los países con administraciones sunitas como Arabia Saudita y otros como Egipto o Jordania no colaboraron con los terroristas y no recibieron ni un solo ataque de Israel.

Muchos iraníes, libaneses y gazatíes en el exilio o en la oposición política clandestina en sus países, celebraron que Israel haya eliminado a Hassan Nasrallah, el máximo jefe terrorista del planeta.

Celebran y rezan para que Israel termine con la capacidad operativa de Hamas, Hezbollah y el Estado Islámico, entre otros criminales que viven haciendo atentados suicidas y explotando sus chalecos con dinamita en cualquier lugar del mundo. El 7 de octubre fue Israel, pero muchos recibieron ese veneno que borra gente inocente de la faz de la tierra. Hablo de las Torres Gemelas en Estados Unidos, de Atocha en España, de Bataclán en Francia y de la AMIA, la embajada de Israel y el asesinato del fiscal Alberto Nisman en la Argentina. Y solo estoy nombrando los atentados mas conocidos mundialmente.

Por eso es tan acertada la definición de Julio María Sanguinetti, el brillante dos veces presidente de Uruguay: “Israel es la última trinchera de occidente”. Es absolutamente así aunque muchos países centrales quieran mirar para otro lado. El sistema del terrorismo islámico intenta exterminar no solamente a Israel y los judíos, tal como lo confiesa Hamas en su carta fundacional. También tienen como objetivo destruir toda la cultura judeo cristiana y la civilización occidental junto a los sistemas democráticos y republicanos donde haya libertad y respeto irrestricto a los derechos humanos. De hecho Israel es el único estado democrático de la región. Las colectividades LGTB tienen todos los derechos, el 20% de la población es árabe musulmana, hay jueces, diputados y médicos de origen árabe y buenas relaciones de convivencia salvo con los que apuestan al terrorismo.

Después de haber recibido una derrota militar tremenda y el consiguiente quiebre de la autoestima del pueblo, las Fuerzas de Defensa de Israel pasaron a la ofensiva con el objetivo de regresar a sus casas a todos los secuestrados y de desactivar la capacidad de daño de Hamas. Fue una tarea muy difícil porque estos energúmenos utilizan a la población civil de escudos humanos pero esa el objetivo está cumplida casi en su totalidad.

Después fueron por sus cómplices de Hezbollah que llegaron a tirar 50 misiles diarios contra la población civil del norte de Israel. Tuvieron que refugiarse en el centro del país más de 65 mil habitantes. Hasta que Israel, una vez que casi aniquiló a Hamas, se dedicó a este otro frente. En el camino recibió múltiples ataques de cohetería, además de Gaza y el Líbano. Hablo de Yemen, Siria, Irak, ahora Irán y desde el interior de Israel con infiltrados.

La confianza de los israelíes en sus propias fuerzas armadas y servicios de inteligencia comenzó a recuperarse en los últimos meses. Entre otros logros fueron las dos exhibiciones tecnológicas que rechazaron casi el 100 por ciento de los misiles tanto en abril como en estos últimos días.

 La cúpula de hierro, las tres instancias de las corazas Arrow fueron exitosas en derribar miles de misiles, cohetes y drones. La eliminación selectiva del estado mayor de Hamas y de Hezbollah, incluso en Teherán o en el subsuelo de El Líbano, fue un viento de aire fresco para una población que nunca vivió algo igual desde que existe el estado de Israel, fundado en 1948.

La explosión de los beepers ante los ojos o la pelvis de los comandantes de Hezbollah, o el estallido de los walkie talkie, dejó prácticamente sin comunicación a las brigadas terroristas más poderosas de la tierra.

Hoy no parece que haya terminado nada. Es el comienzo de una nueva etapa de la guerra de defensa y por su segunda independencia que sostiene Israel. Pero no hay claridad de como impactará esto en la región y en las potencias amigas de ambos bandos.

Occidente está dando la batalla por su supervivencia aunque gran parte de occidente no lo sepa. Israel está a la vanguardia de ese combate histórico. Lo más importante es que los detenidos, desaparecidos, secuestrados y rehenes en cautiverio, regresen a sus casas. Lo dicen con emoción cantantes de habla hispana, entre otros, Alejandro Lerner y Patricia Sosa:

Vuelve, regrésame a la vida/ regrésame tus risas y tu olor/ regrésame a la vida por favor. De eso se trata.

Editorial de Alfredo Leuco en El diario de Leuco