Villarruel, Patricia Bullrich, los Kirchner y la dictadura

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La vice presidenta Victoria Villarruel es una mujer inteligente y valiosa. Pero debo decir que se equivoca si cree que los militares fueron presos por combatir al terrorismo. Fueron juzgados y condenados en democracia por ejecutar el terrorismo de estado que incluyó, crímenes de lesa humanidad, desapariciones, torturas, campos de concentración, robo de bebes y cuerpos arrojados desde aviones, entre otras aberraciones. Hoy son otras Fuerzas Armadas. Nacidas y criadas bajo la ley la democracia. Y no está mal que se pongan al servicio del mayor desafío que tienen la paz social y las instituciones que son los narco terroristas. Es otro momento histórico. Ya pasaron 48 años del golpe militar que instaló la dictadura más sanguinaria y feroz de nuestra historia, liderada por Jorge Rafael Videla y su banda.

Siempre es bueno ejercer la memoria y relatar los hechos con rigurosidad. Para desarmar tanto relato mentiroso del kirchnerismo.

Lamentablemente, el 24 de marzo de 1976, la sociedad civil no salió masivamente a la calle a defender las instituciones democráticas.

Una gran parte de los argentinos miró para otro lado ante la ruptura del orden constitucional. Eso es grave y hay que recordarlo. Nada justifica que no se resista a un golpe y no se blinde la democracia. Pero, también es cierto que sobraba pánico y hartazgo social frente al desastre económico que había hecho el peronismo e Isabelita y a la macabra competencia de asesinatos que se había instalado entre Montoneros y la Triple A. Todos los días aparecían cadáveres que arrojaban los terroristas de Mario Firmenich y los para policiales fascistas de José López Rega. Ambos levantaban la bandera del peronismo. Y la inmensa mayoría de la sociedad miraba, aterrorizada, semejante orgía de sangre.

Durante la dictadura, apelando a la memoria, recuerdo algunos colaboracionistas que hoy son parte del cristinismo. Horacio Verbtisky, empleado de la Fuerza Aérea y doble agente de inteligencia. Eugenio Zaffaroni, juez durante tres gobiernos militares que no aceptó un solo habeas corpus por los desaparecidos y que redactó un manual militar donde se condenaba a los homosexuales. Y funcionarios como Carlos Tomada o Alicia Kirchner. Todos ellos estuvieron y están al lado de Cristina.

Del lado republicano, recuerdo que algunos intendentes radicales siguieron en sus puestos. Pero ninguno, está hoy en los primeros planos partidarios.

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, con Raúl Alfonsín y Graciela Fernández Meijide, entre otros, el CELS cuando era pluralista y lo conducía Emilio Mignone y las Madres y Abuelas, antes de ponerse la camiseta de Cristina, fueron algunos de los organismos que denunciaron con mayor energía y coraje a los asesinos con uniforme. El Partido Justicialista casi no movió un dedo. La única excepción fue un buen documento elaborado por Deolindo Bittel y Alberto Iribarne cuando vino una delegación de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Todos los luchadores que pedían libertad, aparición con vida y castigo a los culpables en Santa Cruz, recuerdan que Néstor y Cristina Kirchner no abrieron la boca. Y que amasaron su primera gran fortuna en el ejercicio de la usura, y quedándose con las casas de gente humilde que no pudo pagar las cuotas y a favor de una ley de esa dictadura. Es más, peronistas honrados como Rafael Flores y abogados radicales presentaron habeas corpus y mostraron dignidad. Transcurrieron 9 años de democracia, repito: 9 años, con Néstor intendente primero y luego gobernador hasta1992,  y las Madres de Plaza de Mayo no eran bien recibidas y los Kirchner se negaban, incluso a prestarles algún local para que hicieran sus actos.

Esta es la verdad histórica.

Nuestros corajudos colegas de OPI Santa Cruz publicaron un trabajo riguroso donde muestran que Néstor, Cristina y Alicia no hicieron ni una misa, no publicaron ni una solicitada, durante los 24 de marzo hasta 1992.

Hay fotos de Néstor Kirchner, sonriendo junto al general Oscar Guerrero, que había sido sucesor del führer Ramón Camps en la jefatura de la Policía Federal.

Después de Malvinas, la dictadura comenzó a retirarse y para salvar a los genocidas, dictó una nefasta ley de autoamnistía.

El candidato al presidente del Partido Justicialista, Italo Luder, en campaña confirmó que la iba a mantener. Todos pedían derogarla porque era garantizar la impunidad de los criminales. Y no se escuchó una queja ni del matrimonio Kirchner.

Alfonsín juzgó a las Junta Militares con una valentía y una lucidez republicana sin antecedentes en el mundo. Estableció la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, la Conadep que hizo un trabajo histórico y heroico. Daniel Salvador, ex vice gobernador de María Eugenia Vidal fue secretario de la Conadep. Participaron de esa comisión y pusieron el cuerpo mientras las balas todavía picaban cerca, otros radicales como Eduardo Rabossi, Santiago López, Hugo Piucill y Horacio Huarte.

El peronismo en forma institucional y los peronistas en forma individual, se negaron a formar parte de ese gran paso para establecer la verdad y la justicia.

Carlos Menem, el ex presidente fallecido, decretó los indultos, incluso para delincuentes de lesa  humanidad y guerrilleros que todavía no habían sido condenados. Algo absolutamente inconstitucional pero que la historia se encargó de ignorar.

No hay una sola declaración de Néstor ni de Cristina que haya manifestado su oposición a ese indulto. Por el contrario, lo apoyaron y compartieron boleta con el riojano en todas las elecciones siguientes.

Néstor llegó a la presidencia en el 2003, y resolvió utilizar a los organismos de derechos humanos como escudo para  proteger los actos de corrupción. El día que hizo bajar el retrato de Videla, tuvo la caradurez de pedir perdón en nombre del estado que –según dijo- “no había hecho nada en materia de derechos humanos”.

En realidad, los Kirchner y el peronismo no habían hecho nada. Raúl Alfonsín y su gobierno, habían hecho muchísimo. Fue tan salvaje la mentira que Néstor tuvo que pedirle disculpas a Raúl Alfonsín, aunque lo hizo en privado cuando debería haber sido en público.

La realidad es la única verdad, decía Perón. Y le acabo de contar la crónica real de los hechos. Por eso me permito preguntarle a los muchachotes de La Cámpora y a todos los cristinistas.

¿Quiénes son los negacionistas? ¿Quiénes son los que convirtieron en jefe del ejército al general César Milani que fue parte de esa dictadura? ¿Quiénes son los que custodiaron la memoria y buscaron verdad y justicia en los momentos más peligrosos? Me permito decirle que no mientan tanto. Que la gente ya se dio cuenta.

Quien quiera oír que oiga.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre