Paolo Rocca, el empresario que Milei subió al ring por Vaca Muerta

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En sus redes sociales, el presidente avaló un posteo en el que acusaban al titular de Grupo Techint de intentar derribar al Gobierno en 2025. Cómo nació el conflicto, que parece tener varios capítulos más.


El enfrentamiento entre el presidente Javier Milei y el titular del Grupo Techint, Paolo Rocca, expuso una de las tensiones más profundas entre el nuevo modelo económico del Gobierno y el empresariado industrial tradicional. Lo que comenzó como una disputa comercial por una licitación vinculada a la obra del gasoducto Vaca Muerta–Río Negro terminó escalando a un conflicto político de alto voltaje, con acusaciones cruzadas y repercusión internacional.

Rocca no es un empresario más dentro del mapa económico argentino. Nieto del fundador del holding, Agostino Rocca, asumió el control del grupo en los años noventa y lo transformó en una corporación global con presencia en más de 20 países. 

Bajo su conducción, Techint consolidó su peso en sectores estratégicos como el acero, la energía, la ingeniería y la construcción, con empresas como TenarisTernium y Tecpetrol como principales pilares. Su influencia excede largamente el ámbito empresarial: durante décadas fue un interlocutor clave de todos los gobiernos, desde Carlos Menem hasta Alberto Fernández.

Formado como ingeniero y con estudios en Estados Unidos, Rocca construyó un perfil de CEO técnico, reservado y con fuerte impronta industrialista. Su visión histórica se apoyó en la defensa de la producción local, el desarrollo de proveedores nacionales y un esquema de protección frente a la competencia asiática. Esa postura lo convirtió en una voz poderosa dentro de la Unión Industrial Argentina y en un actor central de las discusiones sobre política energética y productiva.

El choque con Milei se activó por una licitación clave para la fabricación de caños destinados al nuevo tramo del gasoducto de Vaca MuertaTechint perdió el contrato frente a una firma extranjera, lo que motivó una fuerte reacción del grupo, que denunció dumping, uso de insumos chinos y competencia desleal. 

Desde el Gobierno, en cambio, defendieron la adjudicación bajo el argumento de reducir costos y evitar privilegios históricos a grandes conglomerados.

A partir de ese episodio, el conflicto dejó de ser técnico y pasó al plano político. Milei acusó públicamente a Rocca de defender “negocios prebendarios” y de perjudicar a los consumidores para sostener estructuras industriales ineficientes. En sus redes sociales y en actos partidarios, el Presidente llegó a calificarlo como un símbolo del empresariado que “vivió del Estado”, endureciendo un discurso que rompió con décadas de relación pragmática entre Techint y el poder político.

La escalada alcanzó su punto máximo cuando Milei avaló versiones que señalaban que Rocca habría intentado “desestabilizar” a su Gobierno tras las elecciones legislativas de 2025. Según el mandatario, el empresario habría apostado a un deterioro político del oficialismo como represalia por perder contratos estratégicos. Desde Techint rechazaron cualquier maniobra conspirativa, pero el señalamiento presidencial consolidó la ruptura como un conflicto personal y estructural al mismo tiempo.

La disputa trascendió rápidamente las fronteras argentinas. El Financial Times dedicó un artículo al cruce entre Milei y el grupo Techint, interpretándolo como un símbolo de la puja entre apertura económica y proteccionismo industrial. 

El diario británico remarcó que el caso expone las contradicciones del programa libertario frente a empresas que invierten en infraestructura pesada y requieren reglas estables, además de destacar el rol histórico de Rocca como interlocutor privilegiado del Estado argentino.

Para el entorno presidencial, el enfrentamiento sirve como ejemplo de la “batalla cultural” contra lo que Milei define como el capitalismo de amigos. Para el mundo empresario, en cambio, el conflicto enciende alarmas sobre previsibilidad, seguridad jurídica y relación con inversores estratégicos. Rocca, que durante décadas supo adaptarse a gobiernos de distinto signo, aparece ahora como uno de los principales adversarios simbólicos del nuevo rumbo económico.

El desenlace del conflicto no solo definirá el vínculo entre Techint y el Gobierno, sino que también funcionará como termómetro de cómo Milei piensa relacionarse con los grandes grupos industriales mientras avanza con su proyecto de transformación económica.