El terrorismo asesina a la luz

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Anthony Albanese, el primer ministro de Australia, no es inocente. Tiene mucho que explicar sobre la masacre brutal que cometieron dos terroristas en la playa de Sidney.

Ya se habían cometido más de 1.600 incidentes antisemitas y judeófobos en muy poco tiempo. Se habían multiplicado las bombas molotov, las instituciones judías vandalizadas, una sinagoga incendiada, una guardería infantil atacada y… nada. Albanese miró para otro lado, incluso ante el aviso del Mossad de que se habían instalado en Australia una serie de células del terrorismo islámico vinculadas a Isis y a Irán y… nada.

Es más, Albanese, que la juega de progre, le dio un premio a los asesinos de Hamas porque después de los crímenes de guerra del 7 de octubre de 2023, reconoció el estado Palestino.

Albanese nunca le exigió a las fuerzas de seguridad que cuidaran a los miembros de la colectividad judía en Australia ni fustigó a los que multiplicaron el discurso y las acciones de odio racial contra los judíos. Nada. Miró para otro lado.

Incluso Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel le acaba de recordar la advertencia que le hizo el 17 de agosto mediante una carta. Hace 4 meses le dijo que su gobierno estaba fomentando y promoviendo el antisemitismo.

Ahora sí, no le quedó más remedio que decir que estaba consternado y condenar el ataque terrorista contra la colectividad judía que ya produjo por lo menos 15 muertos. Albanese tuvo todos los indicios y los elementos para evitar estos fusilamientos, pero no hizo nada. Las fuerzas de seguridad actuaron tarde y mal. ¿Eso es negligencia, impericia o complicidad?

Se trata del atentado más grave de los últimos 30 años de ese país. Y uno de los más cruentos de los realizados fuera de Israel. Hay más de 35 heridos y varios están peleando por su vida. Estaban en Bondi, la playa más popular de Sidney, bailando y rezando para celebrar la fiesta de Jánuca. No le hacían mal a nadie. Insisto. Rezaban y bailaban en forma pacífica y por supuesto, absolutamente desarmados.

El ministro israelí Itamar Ben Gvir fue a fondo contra el gobierno de Albanese porque “tienen las manos manchadas de la sangre de los asesinos”

Jánuca es la fiesta de la luz, la que pretende iluminar al mundo para que tenga paz, libertad y progreso. La que solo necesita vencer la oscuridad de los que sueñan con un paraíso y por eso asesinan judíos, por el solo hecho de serlo.

El muerto número 16 es uno de los terroristas.

Entre los 15 asesinados, la más joven fue Matilde, de apenas 10 añitos.

Y el más viejo fue Alexander Kleytman, de 87, un sobreviviente del holocausto que fue a buscar una vida sana y en tranquilidad en la Australia que alguna vez fue. Alexander intentó proteger a Larisa, su esposa, también sobreviviente del nazismo, y recibió un tiro en la nunca. Los criminales, padre e hijo, tenían tres armas largas y permiso para portarlas durante 10 años. Se parapetaron en un puente y con la cobardía propia de los fanáticos, dispararon una y otra vez contra la multitud.

También cayó muerto ahí un rabino enviado de Jabad. Fue una cacería. Un baño de sangre. La barbarie en estado puro. Y debe ser castigada con todo el peso de la ley.

Recordé lo que dijo Eli Wiesel, el premio Nobel de la Paz y sobreviviente del hitlerismo: “Pensé que en Auschwitz había muerto el antisemitismo, pero luego comprendí que solo habían muerto judíos”.

Akram es el apellido de los criminales de orígen paquistaní que tenían una bandera de ISIS en su auto y varios explosivos caseros escondidos. El padre fue ultimado por la policía y el hijo, Naveed, está herido en un hospital. Este asesino fue sorprendido por la espalda por un verdadero héroe que lo tomó por el cuello, le quitó su escopeta y lo neutralizó mientras lo apuntaba con la propia arma del agresor.

Ahmad Al Ahmad, así se llama, evitó que fueran asesinadas muchas más personas. Este señor, vendedor de frutas, musulmán, de 43 años, arriesgo su propia vida para salvar a muchos desconocidos. En la refriega recibió dos balazos que no pusieron en peligro su vida, pero que puede perder un brazo.

Ya se juntaron más de 2 millones de dólares australianos en donaciones para agradecer su gesto de arrojo y de solidaridad humana de Ahmad.

Jánuca celebra que hace 22 siglos, valientes macabeos, en inferioridad numérica y con armas precarias derrotaron al poderoso ejército helénico y recuperaron el Gran Templo de Jerusalén. A eso se refiere en presidente Javier Milei cuando habla de que fueron las Fuerzas del Cielo, las que actuaron en ese momento. Se encienden 8 velas porque el candelabro que no tenía aceite para todas, milagrosamente mantuvo todas sus llamas encendidas. Dice la Torá que el milagro no fue que las velas ardieran. El milagro es que alguien se haya atrevido a intentar algo que parecía imposible. Es la enseñanza. Nunca nada está perdido. Siempre hay que luchar hasta el final. Y eso es que lo que está ocurriendo ahora y va a seguir ocurriendo: el judaísmo viene desde el fondo de la historia y pese a ser una ínfima minoría de la población mundial y haber sido perseguido siempre, sigue fuerte, creativo, y apostando a la convivencia y a la diversidad.

Gabriel Ben Tasgal explicó el rol de los gobiernos de izquierda y sus medios de comunicación que han demonizado a los judíos. Llaman a globalizar la intifada y eso es lo que pasó. Puso como ejemplo a España y por supuesto a Australia, entre otros donde el estado permite manifestaciones que proclaman el exterminio de Israel del “rio al mar” y llaman a gasear a los judíos. Eso sedimenta y algunos interpretan que es legítimo ametrallar a los judíos. Mas nazis de izquierda no se consiguen.

Marcelo Birmajer, gran periodista y escritor, compañero de trabajo, posteó un texto genial: “Si te compadeces cuando nos matan, pero te escandalizas cuando nos defendemos, es porque preferís que nos maten”.

Miguel Wiñazki, el brillante periodista y filósofo describió a los terroristas como fanáticos “incubados en el odio, en la propaganda neonazi y en la financiada locura ultra islámica”. Sigue Miguel: “Era un día luminoso. Los siglos pasaron, el odio persiste. El antisemitismo se expande ahora en sociedades opulentas a las que los judíos favorecen con su trabajo y su saber.

Algo resulta insoportable para los asesinos: la luz”.

Es absolutamente cierto: los terroristas son las tinieblas de la muerte. Janucá es la luz del futuro.