Nuestra oyente más calificada y popular, cumple 99 años. Nuestra querida Mirtha Legrand mañana cumplirá 99 años. Por lo tanto ingresará en el año de su centenario. Tiene una lucidez asombrosa, digna de estudio para los médicos. Y hace 5 años que no comparte esta celebración con sus dos hermanos del alma.
Hace un lustro que en la cabecera de la mesa familiar no están ni su gemela, Goldy ni Josesito. Mirtha define a ella como “mi otra mitad” y a él, siempre le tuvo un cariño y una admiración inmensos. Ambos brillarán por su ausencia. Y Mirtha los llorará porque los extraña y aceptará las felicitaciones de rigor. “Goldy decía que cumplís años o te morís” y yo prefiero cumplir años, remata con sabiduría la gran diva de la televisión argentina. Debutó a los 14 en una película legendaria como “Los martes, orquídeas”.
Mirtha, la chiqui, seguirá a la tele en la que vivió durante 57 años con el programa que más tiempo estuvo en el aire. Ya hizo la temporada de Mar del Plata que tanto disfruta. Recibirá el cariño de su hija Marcela y de los nietos y bisnietos. Yo digo que Mirtha cumple y Legrand dignifica porque todos le dicen Chiquita y ella es grande en todos los sentidos de la palabra. Grande de verdad. A Mirtha no se le pasa una. Parece una mujer interminable. Eterna. Cumple 99 años, es bisabuela y tiene el cerebro y la mirada de una piba. Es un caso único en el mundo. Lleva 57 años con su programa de almuerzos que un día firmó, temblorosa y carismática, con Alejandro Romay y Samuel Yankelevich, el fundador de la dinastía.
Se fue Rosa María Juana Martínez Suárez de su querido pueblo santafesino de Villa Cañas y hoy es la diva máxima de la tele, la Chiqui de las pantallas, la pachamama del mundo del espectáculo. Siempre se viste con modistos argentinos, es madrina de cuanta obra solidaria lo necesite y se pasó la vida promocionando a sus pares, los actores argentinos y a Mar del Plata como plaza teatral. No para de leer, de sonreír y de vivir intensamente cada minuto.
Tiene una memoria de elefante. Se acuerda de los nombres de todos sus colaboradores y nunca se quiere ir al corte porque mientras esa luz roja esté encendida en las cámaras ella está ejerciendo su felicidad del trabajo. Mi madre se llenaba de orgullo y felicidad cada vez que yo iba al programa de Mirtha. Alguna vez le mandó saludos a la Esther y le mandó un termo con su nombre de regalo. Eso no lo olvidaré nunca.
La Legrand debutó en el cine con Nini Marshall y compartió escenarios y estudios de filmación con Luis Sandrini, Mariano Mores, Ángel Magaña, Juan Carlos Thorry, Tato Bores, Palito Ortega, Susana y Tinelli, entre muchas otras figuras. Sin embargo, en este país imprevisible, una de las mejores periodistas, no es periodista. Mirtha es una de las más incisivas entrevistadoras de la televisión argentina. Es una superdotada. Una extraterrestre. Esto demuestra que ni siquiera hay que estudiar periodismo para destacarse en este oficio maravilloso. Si estudian, mucho mejor, por supuesto. Siempre tener una mejor formación intelectual ayuda a destacarse en todos los órdenes de la vida. Pero Mirtha que es conductora y actriz de nacimiento comprendió lo más importante de un buen periodista: la mirada crítica. No casarse con nadie. Ella aprendió a separar sus ideas y opiniones del servicio que presta en la televisión entrevistando a figuras importantes y entre ellas, a todos los presidentes de la democracia recuperada en 1983.
En su momento, cuando Mirtha entrevistó a los Kirchner le dijo sin pelos en la lengua: “¿Sabe lo que dice la gente? Que se viene el zurdaje”. ¿Se acuerda? Ella también fue sincera cuando dijo que había apoyado a Macri y que es antikirchnerista porque ama la libertad y odia el autoritarismo. Incluso, en su momento, dijo que estaba en contra de la despenalización del aborto aunque respeta todas las opiniones. Ella dijo que es católica y que son vidas humanas que desaparecen, que se van. Los Kirchner nunca la tragaron. Tanto Néstor como Cristina, lideraron los gobiernos más corruptos y que más se dedicaron a perseguir voces disidentes con un formidable aparato del estado que pagamos todos.
A Mirtha le dijeron y le hicieron de todo. Se metieron con su vida personal y hasta con su hijo fallecido en 1999 y con Daniel Tinayre, el gran amor de su vida que había muerto varios años antes. Vieja, gorila, oligarca fueron insultos en vivo y en directo a través de la mal llamada Televisión Pública y muchos de ellos pronunciados por actores como Federico Luppi que en otros momentos iba a esos encuentros a difundir sus obras de teatro o películas. Los K llegaron a incitar a que escupieran su imagen pegada en una pared. No fue la única por supuesto. Pero Mirtha, Lanata, Magdalena, fueron, por solo nombrar a los más populares, el blanco de un ataque y de un plan sistemático para quebrar sus convicciones, intimidarlos y generar autocensura. En muy pocos casos lograron callar a los periodistas independientes. En general un grupo de los más valientes ejerció, como Mirtha el periodismo desde su ADN más profundo que es ser fiscal del poder y abogado del hombre común. El que se comporta como un chupamedia de cualquier gobierno o de cualquier poder, deja de ser periodista y se convierte en un propagandista. Y ese es otro oficio.
A los 99 años está un pedestal, como un ejemplo a seguir, sobre todo si a Mirtha la comparamos con los obsecuentes que se pusieron la camiseta partidaria y jamás buscaron la verdad que es nuestra principal misión. Nosotros, los periodistas no defendemos candidatos ni funcionarios. Los miramos siempre con sospecha y distancia. Nosotros defendemos valores. Los míos son la democracia, la división de poderes, la libertad, los derechos humanos, la educación pública, la honestidad y la ética, la excelencia y el progreso social. Ella fue áspera e incisiva en una entrevista con alguien al que votó y quiere como Mauricio Macri. Hasta Página 12 que fue y sigue siendo el boletín oficial del cristinismo, puso en su página web “Macri contra las cuerdas”. La gran diferencia es que el mundo no se cayó. Nadie escrachó a Mirtha ni 6,7, ni 8 veces, no le quitaron la publicidad oficial a sus programas y los grupos de tareas de las redes sociales no la descalificaron ni la injuriaron por hacer bien su trabajo de entrevistadora a un presidente. Y eso antes, era moneda corriente entre los pingüinos.
Es apasionante confirmar que la renovación necesaria en el periodismo no tiene que ver con la edad. Porque muchos de los pibes para la liberación que intrusaron el periodismo serían incapaces de plantear ni una sola crítica a Cristina o hacerle media pregunta que no sea complaciente. El periodismo premia a los que no se dejan domesticar. Cristina, con el asesoramiento de Horacio Verbitsky (a) el “vacunau traidor” parieron un grupo de alcahuetes que quemaron en el altar de la obsecuencia sus posibilidades profesionales y ofendieron este oficio, el más maravilloso del mundo, como decía García Márquez. Mirtha ganó todos los premios habidos y por haber. Los “Martín Fierro” de Oro y Platino, entre cientos. Hizo 36 películas, 11 obras de teatro, tres series y un par de programas de radio.
Es idolatrada en Cuba y Rusia. Aquí divide aún más la grieta política. Instaló una frase cargada de sabiduría que dice así: “Como te ven te tratan. Si te ven mal te maltratan y si te ven bien te contratan.” Pero además demostró que es una gran periodista. Sin ser periodista. Mirtha, feliz 99 años. Que disfrute de su ingreso al centenario. ¡Prendéte a la Chiqui. Prendéte a la verdad.
Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre















