Cristina, la corrupción está escrita

117

Todos los días aparecen testimonios y pruebas documentales de la mayor corrupción de la historia democrática argentina. Todos los días se confirma que los cuadernos de Centeno tienen escrita una verdad irrefutable. Primero Néstor y luego Cristina, lideraron una asociación ilícita desde el gobierno y construyeron una cleptocracia sin antecedentes. Nadie robó tanto durante tanto tiempo.

Hoy le tocó el turno a Héctor Zabaleta, ex gerente administrativo de Techint. Declaró bajo juramento que entregó paquetes con cifras cercanas al millón de dólares a Roberto Baratta.

Fue en la cochera del edificio Catalinas y Baratta ex funcionario y mano derecha de Julio De Vido. Y como si esto fuera poco, aseguró que las fechas coinciden con lo que el chofer Centeno eternizó en sus célebres cuadernos. Era tan grande la impunidad y la voracidad por las coimas de los Kirchner que Baratta se enojó porque le daban pesos y lo amenazó con cortarles el gas si no le daban dólares. La codicia ilimitada y enfermiza se vió reflejada en aquel video en el que Néstor se abraza excitado a una caja fuerte.

Parece mentira pero es la realidad absoluta. Por eso el matrimonio Kirchner y casi todos sus ministros y funcionarios son mega millonarios y no tienen como explicar su fortuna. Le robaron montañas dinero al pueblo pobre de la patria. Cristina está presa bajo detención domiciliaria pero por otra causa, la de Vialidad.

Esta es más grave aún y se estima que la condena será mayor a los 6 años que está cumpliendo ahora con tobillera electrónica. Diego Cabot, uno de los mejores periodistas argentinos, llevó estos cuadernos a la tapa del diario La Nación y conmovió al país.

Su rigurosa investigación había estallado en la justicia con 12 detenidos “en la mayor redada anticorrupción”. Así tituló el diario que además, mostró los cuadernos del chofer Centeno que hoy son las pruebas contundentes.

Alberto Fernández, durante su presidencia, sin que se le cayera la cara de vergüenza, dijo textualmente: “Nunca se encontraron los cuadernos. Solo contamos con fotocopias que, en el mejor de los casos, valen como meros indicios”.

Están los cuadernos. Las pruebas físicas de papel y de cartón. La letra peritada del chofer Oscar Centeno que escribió prolijamente y minuto a minuto, la crónica del robo del siglo en la Argentina. Son cuadernos sin Gloria.

Son los cuadernos que deberían hacerles confesar y pedir perdón a los kirchneristas que pagaron y cobraron coimas monumentales mientras se llenaban la boca hablando de los pobres. El latrocinio está absolutamente probado por las confesiones ante los expedientes de 31 imputados colaboradores con testimonios y pruebas documentales que fueron ratificados por la Cámara Federal que confirmó su validez jurídica.

El fiscal Carlos Stornelli, hizo un trabajo riguroso de 678 páginas, que está repleto de medidas probatorias.

Son 525 entre “oficios a organismos, informes de inteligencia, declaraciones testimoniales, pericias sobre computadoras o memorias telefónicas, allanamientos y lista de vuelos oficiales”, entre otras. Gente de la máxima confianza y cercanía de Cristina, Néstor y Máximo, como su contador Víctor Manzanares y 30 arrepentidos más dieron testimonios de todos los mecanismos del robo y de las coimas y del gigantesco enriquecimiento ilícito. ¿Qué más hace falta para que nadie dude de que Cristina no es inocente ni decente?

Ojalá esta se convierta en una causa emblemática que nos sirva para decir “Nunca Más” a esos crímenes de lesa indignidad. Es solo una utopía republicana. Nada indica que eso vaya a ocurrir en el futuro próximo. Sería una revolución ética. Un antes y un después.

Lamentablemente, todavía estamos en un país con una fuerte instalación cultural del populismo facilista, corporativo y corrupto cuya religión es la trampa y la evasión. Por eso tenemos los dirigentes políticos que tenemos. Son paridos por nuestros riñones, a nuestra imagen y semejanza. No los importamos de Japón. Viven entre nosotros.

Por eso a Cristina solo le interesa apropiarse de la justicia y desde allí lograr su impunidad, un indulto, una amnistía y saciar su sed de venganza. La estafa de los pingüinos buitres tiene dimensiones monumentales. Y en muchos casos, está probado que ese dinero sucio e ilegal iba a tres lugares básicamente: a la quinta de Olivos, al departamento de Juncal y Uruguay y a la casa de María Ostoic, la madre de Néstor. Se sintieron tan impunes que dejaron los dedos pegados por todos lados.

Está claro que cuando Néstor se murió, Cristina, asumió la conducción política de su espacio pero también la gerencia administrativa de coimas, lavado y mega corrupción de estado.

Todos los caminos de la corrupción conducen a los cuadernos de Cristina. Está escrito.

Editorial de Alfredo Leuco en LN+