La falopa de Ishii

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Según el diccionario de la Real Academia Española, “falopa” significa “estupefacientes, sustancia que produce efectos estimulantes”. La segunda acepción es “dosis de una droga”. El eterno intendente de José C. Paz, Mario Ishii, cometió un sincericidio que va a tener que explicar ante la justicia pese a que hoy no se presentó. Se nota que no sabe cómo explicar lo inexplicable. Su abogado, lo defendió ante los medios diciendo que no fuma ni bebe. Mirá vos. También les dá besitos a los niños en campaña. Ishii dijo que no está dispuesto a renunciar, pero sus palabras, también nos permiten analizar la relación del cristinismo y los caudillos del conurbano con el narcotráfico, con la parte más delictiva y mafiosa de la política.

Vamos a los hechos, a la información dura y pura. En una discusión con choferes de ambulancias que le estaban haciendo un reclamo sindical, Ishii, enojado por la falta de colaboración, les enrostró que el tenía que cubrirlos cuando vendían falopa en las ambulancias. Cuando el video filmado por un celular trascendió, Ishii y varios de sus defensores mediáticos dijeron que le habían sacado de contexto sus palabras, que habían editado las imágenes. Bad Information. Mentiras. El video completo lo muestra utilizando, no en una, sino en dos ocasiones, la palabra “falopa”. Textualmente el cacique paceño dice: “Cuando se mandan una cagada, que me venden falopa yo los tengo que cubrir, no los rajé todavía cuando me estaban vendiendo falopa en las ambulancias.

Ojo al parche, porque los tengo anotados para rajar”. No hay que ser semiólogo para entender lo que quiso decir. Hay una clara confesión de que fue, por lo menos, encubridor de un delito grave como es la distribución de droga. Con el agravante de que se hizo o se hace en ambulancias que son propiedad del municipio y que pagan los ciudadanos. Y digo por lo menos, encubridor porque en las dos veces utiliza el pronombre personal “me”. “Me venden falopa” o “me estaban vendiendo”.

Es raro. Otra vez el diccionario dice que esa palabra “designa a la persona que habla”. No dice “venden falopa o estaban vendiendo falopa”. Dice me venden falopa. No quiero hacer sicología barata, pero está claro que al señor feudal que reina hace 21 años en el distrito no le preocupa demasiado que haya tráfico de droga en las ambulancias. A confesión de partes, relevo de pruebas. ¿Qué recibe a cambio? ¿Lealtad? ¿O le dan una parte de las ganancias? ¿O es el dueño de ese negocio criminal?

Ishii hoy mandó a su apoderado para notificarse ante la Unidad Fiscal Nro 9 de Delitos Complejos de San Martin, que el doctor Miguel Ángel Viera Miño abrió un expediente por el delito de encubrimiento agravado, según la figura del Código Penal. Entre sus modestos defensores ante el periodismo, se destacan los argumentos de Sergio Berni. Dijo casi lo mismo que Carlos Bianco, el jefe de gabinete del gobernador Kicillof, o Mario Secco: “Que lo sacaron de contexto”. Lo grave es que Berni, cuando tiene un rato libre después de la tele, la radio y los diarios, tiene como responsabilidad principal, combatir a los delincuentes en general y a los narcos en particular.

La provincia de Buenos Aires, está especialmente atravesada por los robos y los crímenes producto del tráfico de estupefacientes. Las bandas de narcos han diseminado el terror y en varios distritos, tienen un gran poder porque han prostituido a la policía, la justicia y los dirigentes políticos. Berni debería haber dicho: “Es grave lo que dijo Ishii. No descarto ninguna hipótesis y creo que hay que investigar a fondo, hasta las últimas consecuencias”. Aunque sea para la tribuna. Aunque sea como parte del stand up que hace ante los medios donde actúa de Rambo del subdesarrollo. Pero ni siquiera tuvo esa hipocresía. Dijo que Ishii tiene mucha experiencia y gestión en el municipio como si eso explicara algo y que “le parece que fue una mala expresión y que no tienen nada que ver con la realidad”. ¿Cómo sabe Berni eso? ¿Hizo una investigación express en media hora? La señal que dio el principal responsable de la seguridad de Buenos Aires fue casi de complicidad. Fue muy comprensivo. Demasiado. Tal vez esto tenga que ver con otras oscuridades que tiene la relación de Mario Ishii con Cristina y con su soldado, Sergio Berni.

Vamos al archivo. Vamos al barro pestilente de los servicios de inteligencia y las operaciones sospechosas.
Hace 5 años, Antonio Stiuso, el capo de los espías, primero idolatrado y luego expulsado por Cristina, en el expediente, citó a Mario Ishii. Dijo que dos años antes, “Cristina le pidió que se lo saque de encima a Stiuso”. Datos para recordar. A Stiuso, en uno de los operativos más extraños de los últimos tiempos, el grupo Halcón, de la policía bonaerense le asesinó a uno de sus más íntimos colaboradores. Entraron a su quinta en La Reja y le metieron 4 balazos al Lauchón Viale que alcanzó a herir a un policía con su pistola Glock 40. ¿Guerra narco? ¿Asesinato por encargo? ¿Aviso a Stiuso para que se dejara de apoyar al fiscal asesinado Alberto Nisman? Todo sumamente sospechoso y jamás aclarado. Recuerdo también el papel nefasto que jugó Sergio Berni la noche en que apareció muerto de un balazo en la cabeza el fiscal que horas después iba a denunciar a Cristina por encubrimiento a los terroristas que volaron la AMIA en el Congreso de la Nación? Pisoteó la sangre derramada. Literalmente. Berni y otros de los que llegaron rápidamente al departamento de Nisman, convirtieron en un chiquero el lugar del hecho. Y eso, por supuesto, siempre dificulta las investigaciones.

Le cuento esto porque fue notable como Berni salió a defender a Ishii. Y porque cuando detuvieron a un narco uruguayo llamado Gustavo Collado Correa, tenía entre sus pertenencias una credencial de asesor de Mario Ishii. El intendente más parecido a Gildo Insfrán, se despegó y dijo que había que condenarlo con todo el peso de la ley.
Y digo que es parecido a Gildo, el estadista que Alberto Fernández puso como ejemplo, porque hace 21 años que maneja José C. Paz con el mismo criterio clientelar. Ese distrito es el segundo, después de La Matanza con más planes sociales. Además, tiene 5.500 empleados en el municipio donde apenas hay una sola industria. Su maquinaria electoral es poco menos que invencible. No hay cloacas, agua ni pavimento, pero sacó casi el 60 % de los votos en las últimas elecciones. En el Consejo Deliberante hace lo que quiere. De los 24 ediles, solo 7 son de la oposición.

Tiene un aspecto bonachón que refuerza ataviado siempre con ponchos federales. En su despacho tiene colgada una espada de samurái, los antiguos guerreros del Japón Feudal. Era una elite militar que gobernó el país por cientos de años. Ishii sigue su ejemplo de eternización en los cargos. Es nieto de un inmigrante japonés que se dedicó a la floricultura. Fue muy pobre en su niñez pero al igual que la mayoría de sus compañeros, se hizo rico con gran velocidad. Tiene frigoríficos y una empresa de exportación e importación con sede en uruguayana. Otra cuestión difícil de explicar. Fue leal a todos: a Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina.

Con Alberto, tiene poca y nada relación. El Partido Justicialista no salió formalmente a defenderlo pero tampoco le pidió la renuncia como hicieron los dirigentes del radicalismo. Diputados nacionales también exigieron un pronunciamiento del kirchnerismo al respecto. Mario Negri comparó con una pregunta la tarea de Cristian Ritondo en el gobierno anterior, con la actual: “¿Derribar bunkers de droga o proteger a los dealers? Parece una decisión moral muy simple. Alvaro de Lamadrid denunció que la peor “herencia del kirchnerismo fue la instalación definitiva de los narcos en Argentina”.

Ishii hoy está bajo la lupa. Es un personaje difícil de clasificar. Hace poco denunció que si no hay una contención económica del estado, vamos a asistir a un estallido social. En su momento, armó varias listas en otros distritos y eso generó bronca con varios de sus pares. A su lista la llamó “678” y en su momento cuando Francisco de Narváez derrotó a la boleta encabezada por Néstor, Scioli y Sergio Massa, anunció que iba a salir a cazar traidores entre sus pares.

Que digan que fue tergiversado o sacado de contexto es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Que digan que quiso decir medicamentos o psicofármacos es otra farsa pero aunque así fuera, hay que decir que también es delito, vender medicamentos en forma clandestina o ilegal. Pero lo más agresivo vino de parte de un diputado provincial massista como Jorge D’Onofrio, presunto especialista en temas de seguridad. Dijo que “repudiaba la bajeza de quienes sacan una frase de contexto y la dan vuelta, perpetrando una calumnia asquerosa”. ¿A quién se refería D’Onofrio? ¿A los periodistas que difundieron un video escandaloso? Resulta que Ishii dijo que encubrió a los que vendían falopa en ambulancias y la culpa es del mensajero.

Mario Ishii dijo lo que dijo. Y por eso dbe estar en el banquillo de los acusados .En esta Argentina de las mafias de la corrupción política, parece que lo único que puede generar algún escándalo es la honestidad. Ishii, Berni y Kicillof deben recordar que se les puede mentir a pocos, mucho tiempo. O a muchos, poco tiempo. Pero no se puede mentir a todos, todo el tiempo.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre