Spinetta x 70 – 23 de enero 2020

El rapero estadounidense Eminem lanzó su undécimo álbum de estudio, que incluye el tema Stepdad basado en una pista de Ámame Peteribí, una canción del Flaco Spinetta editada en el disco “Pescado 2” de 1973. “Está muy bueno el track de Eminem, obviamente es un sample que fue usado de manera legal y con autorización de la familia, ¡súper orgulloso de que Pescado siga rompiéndola siempre!”, tuiteó Dante Spinetta, compositor e hijo del Flaco.
Que gran regalo y homenaje para un día como hoy. Porque un día como hoy, pero de 1950 nacía Luis Alberto Spinetta. Hoy sería el cumpleaños número 70, de ese flaco eterno que estas en los cielos, santificado sea tu nombre. Hoy flotará en el aire libre el espíritu de El Marcapiel, que en 1988 en el trabajo “Tester de violencia”, nos marcó a fuego el cerebro con ese compromiso de que “todo lo daría/ todo, menos el sol/ Solo quiero sentir la enseñanza/ que da tu amor”.
Hace un par de años, uno de los regalos fue la reedición de aquel primer álbum de “Los Socios del Desierto”, acompañado de un libro de fotos inéditas de Eduardo Martí, conocido como Dylan, fotógrafo personal de Spinetta, amigo de fierro y padre de Emmanuel Horvilleur, el 50 % de Illya Kuryaki con Dante Spinetta, la prolongación creativa de la sangre. Hoy es imposible pensar que aquel disco se grabó en 1995 y recién se editó dos años después porque para las discográficas no era negocio publicar 33 obras del genio de la guitarra y la poesía del rock nacional.
Me gustaría repetir que después de tanta mugre y corrupción conviene abrir las ventanas de nuestras cabezas y dejar que ingrese la luz y el viento fresco de la esperanza. Respirar un poco después de tanta podredumbre. Recordar una excelente noticia que nos ayudó en su momento. ¿Se acuerda?: por votación de los vecinos, el paso bajo a nivel de Avenida Congreso en el cruce con las vías del ferrocarril Mitre fue bautizado “Luis Alberto Spinetta”. Un homenaje de los vecinos de Villa Urquiza a un vecino ilustre que hasta su productora llamada “La Diosa Salvaje” había instalado en la Iberá al 500. Barrio, barrio, como le gustaba decir al flaco. Barrio de medialunas casi caseras en los boliches, de árboles añosos que respiran ecología y salud. Hoy hay un mural extraordinario en la pared del túnel con la tapa de 30 trabajos musicales de Spinetta. Alegran la vista, celebran la vida. No me arrepiento de haber seguido minuto a minuto las noticias de los corruptos que envenenan la democracia. Pero también creo que hay que buscar un pulmón que nos saque de la asfixia.
Ese pulmón creativo se llama Luis Alberto Spinetta. Hoy, el día de su cumpleaños es el día del músico argentino. Está todo dicho. Es una ley que se votó por unanimidad en 2014.
Ya se lo conté alguna vez. Yo era un chico de la música comercial de Palito, el Club del Clan y los demás hasta que un compañero del secundario, el loco Bernabeu, me dijo: ”escucha esto, boludo. Avivate”. Era aquel disco entrañable de Almendra con la lágrima y la sopapa en la tapa. Esa lágrima que hoy es un emblema de lo que sentimos. Por esa puerta de Almendra entré a la música progresiva, descubrí a Manal y a Los Gatos. No sabía que estaba asistiendo a un parto de la historia porque estaba naciendo el rock nacional.
Extrañamos tanto al flaco. Flaco, flaquito tu falta nos descoloca, nos hace tambalear. Es que fuiste un cimiento de mi generación. En tus letras nos hicimos adictos a la poesía y al contenido.
Flaco, flaquito, muchacho ojos de papel, quédate hasta el alba. Me aprendí de memoria aquellas canciones. Me hicieron más culto, más feliz, me dieron mejores herramientas para levantar minas y barricadas en la universidad de los 70. Me lucía recitando a Neruda o a Tejada pero también citando el simbolismo de Rimbaud o el teatro de la crueldad de Antonin Artaud al que convertiste en la obra maestra de nuestro rock. Elevaste a la música popular a aquel poeta maldito y eso que eras un pibe de 23 años entusiasmado con la primavera camporista de Perón y del Tío. Y eso que el militantismo cerrado de la época asociaba el rock con una expresión del imperialismo yanky. Yo jugaba al seductor cantando pícaro y pornográfico, susurrando al oído a las muchachas que me gusta ese tajo y realmente me gustaba. Descubrimos un mundo de belleza, un yacimiento de estética y de ética. Porque seguramente ese es tu legado: se puede ser Gardel sin participar del show frívolo de la figuración y el caretaje. A lo mejor fuiste un poco menos notorio pero mucho más notable. Creciste con nosotros pero nunca quisiste sentar cabeza. Ni transar. Obsesivo hasta el martirio, mortificado por todos los dolores. Siempre el perfil bajo, siempre lejos de las luces de la de la falsedad. Fuiste un gigante amasado con ética y estética.
Flaco, flaquito, te extrañamos. Odio ese cigarrillo que te asesinó. Ese océano de tabaco en donde te ahogaste igual que Sandro. Yo se que a esta hora Ana no duerme preocupada por Fermín. Que Foucault no tiene quien le escriba. Confieso que después de Pescado Rabioso, en algún momento te me fuiste haciendo Invisible. Empecé a perderte por culpa de mis dogmas blindados. Pero te recuperé cuando Charly rezó por vos. Siempre jugando el Superclásico de las antinomias argentinas. ¿Charly o Spinetta? Los dos, carajo. ¿Desde cuándo hay que elegir entre dos genios?
Creo que hubo una despedida en un estadio y no nos dimos cuenta. En la cancha de Vélez tocaste hasta que te sangraron los dedos. Ese recital interminable hasta el amanecer en comunidad. Estabas alegre, incansable, rodeado de la multitud y de tus amigos. No se terminaba nunca. “No te mueras nunca”, te gritaban los muchachos.
Flaco, flaquito, te extrañamos. Fuiste la conciencia crítica del rock. Una suerte de guía espiritual por los caminos de la honradez. La última vez te ví, estabas poniendo el cuerpo solidario como siempre. Con los padres y las madres y los hermanos de los que murieron en la tragedia del colegio Ecos al que fue tu hija Vera. Empujando siempre. Poniendo tu nombre para convocar más y mejor. Componiendo una canción sobre ese drama llamada “8 de octubre”. Usando tu chapa para los demás. Para calmar en algo si eso es posible a los padres del desgarro. Hasta en el comunicado donde confirmaste que el cáncer te estaba acorralando aprovechaste para decir que pertenecías a la agrupación “Conduciendo a conciencia” y rogaste que en las fiestas no chupara el que tenía que manejar. Fijate cuanta sabiduría había en tu mensaje en contra de descontrol de la cerveza y las sustancias prohibidas. Villa Gesell es un ejemplo de como la fiesta del baile se puede convertir en un minuto en un cementerio callejero con un pibe asesinado a patadas.
Hoy, tu apuesta a la salud tiene una potencia inigualable. En la madurez, solías decir que lo verdaderamente transgresor en estos tiempos de cólera, era andar sobrio por la vida, sin drogas y sin alcohol encima. Para poder respirar los aromas de las muchachas y las esperanzas callejeras. Hoy bien vale la pena apostar a tu mirada no pacata pero sensata, no careta pero humanística.
Se quedaron con nosotros para consolarnos Litto Nebbia y Moris y te esperan para una gran zapada Pappo y Tanguito. Nosotros no tenemos consuelo, Flaco, flaquito. No nos queda otra que cantar en voz baja, que despedirte con una plegari, como si fueras un niño dormido que quizás tenga flores en su ombligo.
Flaco flaquito, gracias por ayudarnos a respirar en momentos de tanta contaminación. Quizás te sientas gorrión esta vez, o tus dedos se vuelvan pan, barcos de papel sin altamar. Flaco flaquito, que nadie te despierte, que te dejen seguir soñando en libertad.
Que hoy tu cumpleaños número 70 sea una fiesta del talento y la cultura. Que todos tus amigos se toquen el corazón cuando toquen tus canciones. Flaco, flaquito. Nos marcaste a fuego en la identidad. Nos marcaste la piel para siempre. Y todas las muchachas pasaron a tener pechos de miel. Todas las muchachas…

Lerner al Colón – 22 de enero 2020

En otras épocas del fútbol, cuando las tribunas eran más ingenuas y pacíficas, cuando un jugador metía un golazo, la hinchada gritaba: “Al Colón… Al Colón”
Era un reconocimiento máximo a la belleza. Era algo merecedor de ese templo de la cultura y la estética. Hoy el Colón sigue siendo símbolo de excelencia en el planeta. Y en ese teatro con la mejor acústica del mundo, cantará Alejandro Lerner que, encima, en un rato va a estar con nosotros en este estudio para charlar un poco de todo. Lerner al Colón. Absolutamente merecido. Un espacio de lujo para que entregue sus canciones clásicas, pero en versión sinfónica. El año pasado cerró con un Luna Park lleno. El símbolo de la cultura popular lo ovacionó de pie. Ahora arranca el año en el Colón, el símbolo de una cultura más elaborada. Es que Alejandro juega en todos los puestos. Le queda a medida cualquier traje musical.
El 8 de febrero, Lerner estará en el Colón y eso es una fiesta para todos los sentidos. Hay que aprovecharlo porque después se va a una larga gira por los Estados Unidos.
Alejandro, como siempre dio en la tecla y no solo de su maravilloso piano fileteado en argentino y custodiado por la estampita de don Osvaldo Pugliese. Contó que cuando murió la negra Mercedes Sosa, se le estrujó el corazón como a todos los argentinos, se le hizo un agujero negro en el alma y recordó tantos escenarios compartidos con ella cantando entre otras cosas ese himno contra la impunidad llamado “Indulto”.
Lerner confesó que esa tarde, en un bar junto a Marcela, su mujer, la inspiración le bajó a borbotones una canción que tituló “Carta por la dignidad del hombre”. Allí dice muchas verdades con formato de poema. Allí aparece el mismo Lerner que respira junto a su pueblo y utiliza su sensibilidad para ser una suerte de cronista de la historia. Describe realidades tan universales que se transforman en clásicos. Ese tema parecía haber sido escrito ayer. En uno de sus párrafos Alejandro dice: “Que hubo algunos que se han ido/ con los bolsillos vacíos/respirando dignidad/Mientras que otros se han llenado/ de todo lo que han robado/ pese al hambre popular.”
Todos pensamos en José López y su “Monasterio de Planificación”, como dice Jorge Fernández Díaz. O directamente en los Kirchner. Pero eso corre por nuestra cuenta. Alejandro es un hombre comprometido con el sufrimiento y la esperanza de los argentinos, pero es ajeno a las camisetas partidarias.
Apareció intacto el Lerner auténtico. El mismo que tiene una historia y una trayectoria que me gusta recordar.
Villa Gesell era otra cosa. No era el domicilio de la tragedia de un asesinato a patadas de un pibe a la salida de un boliche. Villa Gesell era otra cosa. Por esa época, era el imperio del rock naciente. Los pelos largos, el aroma a pachuli, las guitarras de madrugada, arena y sexo. Por la calle 3 iba caminando un tal Alejandro Lerner. Vio a un gringo barbudo pegar unos afiches en los postes de la luz que invitaban al concierto de esa noche. ¡Cantaba León Gieco, señores! Pegaba los afiches, también León Gieco. Todo a pulmón, podría decirse, pero esa es otra historia. Se pusieron a charlar porque estaban hechos de la misma melodía. En poco tiempo, Lerner era el pianista invitado en el disco “La banda de los caballos cansados”. Fue como su bautismo. Esa esquina de la historia hizo que Lerner, igual que León, se transformara en uno de los musicalizadores más certeros de varios de los momentos históricos de los argentinos. Un día Malvinas nos desgarró el alma. Y “La isla de la buena memoria” de Alejandro nos hizo comprender mejor que no hay guerra que se gane, que las guerras se pierden todas: “Madre, me voy a la isla, no se contra quién pelear; tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá./Qué haré con el uniforme cuando empiece a pelear,/con el casco y con las botas, ni siquiera sé marchar”.
Hoy este juglar profundo de las cosas que nos pasan afuera y adentro de nuestro corazón, este señor con cara de pibe que tiene una sensibilidad especial para radiografiar a sus hermanos es padre de dos hijos como Luna y Tomas a los que define como “su sentido, su identidad”. Cree profundamente en Dios pero no se siente un Dios aunque lleva años de cantar la justa. Se dio todos los gustos porque es pianista, cantante, compositor y productor. Sabe lo que hace de ambos lados del mostrador. De la creatividad y de la industria. Siente la orgullosa influencia de monumentos del tamaño de los Beatles o Elthon John. Estuvo codo a codo en los escenarios con Paul Anka, Tom Jones, o Celine Dion y nuestro Miguel Cantilo con los dedos en vé, Piero del alma o Sandra Mihanovich de la solidaridad activa. Cantaron sus canciones desde Luis Miguel a Mercedes Sosa pasando por Armando Manzanero. El amor y la realidad. Mi piel y mis ideas. La pareja y la sociedad, como dos caras de una misma moneda. Nada de lo humano le fue ajeno. El indulto de Carlos Menem quebró el espinazo de la memoria y Alejandro no pudo con su genio y puso nuestra angustia en contexto: “Porque después de tanto llorar /los veo salir de nuevo/ Porque no habrá perdón /porque no habrá consuelo/de qué sirve el castigo /sin arrepentimiento”.
Era su plegaria por:” los que han sufrido/ y por los que no están/ Por los que se han ido a ningún lugar”.
Buscó su destino en Estados Unidos y eso le sirvió para encontrar la excelencia del jazz y la orquestación. Cuando estuvo parado al lado de Santana sintió que gran parte de sus sueños de elefante se habían concretado. Y pensar que después se fue de gira con él. Era como tocar con un emblema, con una estatua de sinfonías.
La vida le dio sorpresas a Lerner. Miguel Abuelo y Cachorro López lo convocaron para integrar la reencarnación de Los Abuelos de la Nada a principios de los 80. Alejandro prefirió tomar el camino de solista y recomendó para ocupar ese lugar a un pibe que recién empezaba, un tal Andrés Calamaro. Lerner nadó contra la corriente y nació un salmón.
Se le hizo difícil mantenerse en ese viaje, sin saber a dónde iba, en realidad. Todo a pulmón fue su emblema para proclamar que “difícil se me hace/mantenerme con coraje/ lejos de la transa y la prostitución.
Alejandro Lerner dijo muchas verdades y destruyó muchos dogmas anquilosados. Fue profundo y provocador al decir que defendió su ideología, buena o mala pero suya, tan humana como la contradicción.
Su estatura humana la demostró un día de luto parado frente al cadáver de Juan Alberto Badía. Sintió la necesidad de cantar “Let It Be” de los Beatles como despedida. Y todos se sumaron para dejarlo ser con el corazón en llagas.
Y finalmente ese himno a la posibilidad de caerse y levantarse que es la virtud más humana. Esa apuesta al esfuerzo y a no bajar los brazos jamás que tanto no sirve en los momentos más duros. Si un texto justifica a un artista, Alejandro, con “Volver a empezar” tiene el olimpo asegurado. Sobre todo cuando propone que “No se apague el fuego/ queda mucho por andar/ y que mañana será un día nuevo/ bajo el sol… para volver a empezar.
Un auténtico Lerner para volver a empezar. El que le canta al amor y a sus amores. El que canta a la lucha y a los que luchan. Un Lerner auténtico para seguir diseminando canciones como semillas por toda la Argentina. Un Lerner que merece un Teatro Colón, porque mañana será un día nuevo/ bajo el sol… para volver a empezar.

CFK quiere que Alberto libere a los presos – 21 de enero 2020

Estamos asistiendo al primer choque fuerte entre Cristina y Alberto. La ex presidenta, en silencio, envió a todo su estado mayor a atacar a Alberto. Todos con el mismo discurso, presionaron con contundencia a Alberto para que libere a todos los detenidos por corrupción que ellos califican, insólitamente como “presos políticos”.
Se produjo una rebelión en la granja del oficialismo. Alberto dijo que “no es un presidente con presos políticos” y que hay “detenidos arbitrarios” que fueron perseguidos por cuestiones políticas. No es lo mismo. Presos políticos son aquellos que están privados de su libertad y no tienen proceso abierto. Eso es típico de las dictaduras. Y estos ladrones fueron puestos tras las rejas por la justicia democrática con todas las garantías, el derecho a defensa y las apelaciones que consideren necesarias.
“No hay presos políticos en mi gobierno”.
Esa es la bandera de Alberto. Se supone que esa debería ser la línea de todo el gobierno. Pero en un caso inédito, el mismísimo Eduardo “Wado” de Pedro, que es su ministro del interior, salió a contradecir a su jefe. Un tuit donde ratificó su lealtad a La Cámpora, le alcanzó para pedir la libertad de Milagro Sala y ratificar que “si hay presos políticos”. Es raro porque en general, cuando en un tema tan grave y delicado, se opina tan distinto, el subordinado de inmediato, presenta la renuncia. O el propio presidente le saca tarjeta roja y lo eyecta del gabinete. Pero acá no pasó nada. Alberto se tragó el sapo.
Es que no fue una expresión solitaria y descolgada de Wado. Fue parte de un grupo de tareas que actuó coordinadamente para desafiar a Alberto. “Fuego amigo”, le llamaron algunos. Otro que tiró y pegó fue el senador Oscar Parrilli. Es casi el alter ego de Cristina, una especie de mayordomo que está para lo que Cristina ordene. Si Parrilli abre la boca es porque Cristina se lo ordena. Y Parrilli también dijo lo mismo: “No tengo dudas de que hay presos políticos”.
Hebe de Bonafini tiene un peso simbólico. Es la voz extrema de Cristina. La que puede decir todas las desmesuras que Cristina no puede. La presión sobre Alberto, en este caso fue feroz. Lo conminó, en una carta pública, para que diga, de que lado está: con la justicia corrupta o con los presos políticos.
¿Qué hizo Alberto? La invitó a almorzar a la casa rosada y hablo con ella durante dos horas. ¿Hizo gala de su capacidad negociadora o dio el brazo a torcer? Veremos. Por ahora Alberto puso una foto y un tuit tratando de bajarle el tono al apriete.
Ricardo Forster, ex Carta Abierta y hoy, integrante del comité de asesores intelectuales de Alberto, tampoco se calló: “Milagro Sala y Boudou, son presos políticos y tienen que estar libres”. El filósofo, no incluyó a Julio de Vido, tal vez por pudor y tampoco explicó cuál es el mecanismo por el que habría que liberar a Milagro y Amado. Que lastima que los periodistas que los entrevistan no le preguntan. ¿Qué proponen como solución a esta presunta injusticia? Un indulto. ¿Quieren que Alberto pague el costo de utilizar una herramienta monárquica que encima no borra los delitos cometidos? ¿Ese nivel de desgaste pretende para un presidente recién asumido? ¿Sería un indulto generalizado? De Vido, Jaime, José López, el Pata Medina, el Caballo Suárez, Lázaro Báez también serían indultados? ¿Quién decide cual delincuente debe ser indultado y cuál no? ¿Cristina, Alberto u Horacio Verbitsky?
Lo pregunto porque el interrogatorio al que Verbitsky como jefe de la inteligencia informal de Cristina sometió al Alberto no tiene demasiados antecedentes. Con una soberbia típica de un perro guardián de Montoneros y un perro faldero de Cristina, Verbitsky calificó a Gerardo Morales de “carcelero” de Milagro Sala. Y con su trato confianzudo, interpeló a Alberto. Claramente no fue una entrevista. Fue un intento de que Alberto repita las palabras y asuma las ideas del ex soldado de Firmenich. Verbitsky no hace preguntas. Son imposiciones apenas disfrazadas.
Otro operador de la batalla de Cristina contra Alberto, se llama Víctor Hugo y logró darle micrófono para que se defendieran tanto a Boudou como a Milagro Sala en forma simultánea. Pobre Julio de Vido, no es tan cool y sale poco por la radio. Pero la última vez fue suficiente para mandarle el mismo reclamo y exigencia a Alberto: “Esta claro que este gobierno se siente cómodo con nuestra detención”. Lo dijo desde su prisión domiciliaria, en su lujosa mansión de un barrio cerrado de Zárate donde también tienen propiedades Máximo Kirchner, Fabián de Souza y el Bochi Sanfelice. De Vido fue directo a los bifes. Se quejó porque “el gobierno no está haciendo nada para que Amado y yo recuperemos la libertad”. Este muchacho, gerente del cártel de los pingüinos, ministro de coimas y lavado, tampoco explicó que es lo que quiere que Alberto haga por ellos. ¿Una amnistía generalizada, tal vez? ¿Una ley especial a medida de los corruptos de estado más grandes de este país desde el regreso de la democracia?
Tal vez Verbitsky propone directamente lo mismo que hicieron en los 70. Convocar a una manifestación, abrir de prepo las puertas de las cárcel al grito de “A la lata/ al latero/ libertad a los compañeros” y sacarlos en andas como si fueran ángeles honestos y revolucionarios gracias al indulto de Héctor Cámpora quien era presidente en ese momento.
De Vido perdió todos los filtros. No soporta que lo hayan entregado. No puede creer como Cristina le soltó la mano y jamás lo visitó ni lo saludo ni le mandó una tarjeta de navidad. Nada, Cristina no dijo ni mu, no emitió ni un tuit, ni un sonido gutural por De Vido y por ninguno de los corruptos presos. Y eso que en voz baja todos dicen que robaron para la corona de la reina Cristina. De Vido denunció que “es increíble que habiendo un gobierno del mismo signo político, el vicepresidente de hace 4 años está preso. Como mínimo debería estar en prisión domiciliaria junto con sus hijos y familia”.
Se refiere a Amado Boudou que está condenado por la Casación. El robo de la fábrica de billetes tuvo como resultado una condena de más de 5 años y 10 meses pero todavía le faltan dos causas muy graves y llena de pruebas: el enriquecimiento ilícito y el robo que le hizo al pueblo pobre de Formosa con una coima de 2 millones de dólares que cobró con complicidad con sus socios y con el señor feudal, Gildo Insfran.
Como si esto fuera poco, Alberto tiene una inquina especial con Boudou. No solo porque cree que su cancherismo irresponsable, fue el comienzo de la decadencia del gobierno de Cristina. También porque con un plumazo y una conferencia de prensa, volteó al jefe de los fiscales de entonces, Esteban Righi, “El Bebe” a quien Alberto considera su maestro del derecho.
Milagro Sala es indefendible. El Tribunal Superior de Justicia ratificó su condena a 13 años que cumple, con su tobillera electrónica, en su casa del barrio Cuyaya. Su condena es en concurso real por fraude en perjuicio del estado y extorsión y como jefa de una asociación ilícita. Todas las instancias confirmaron su condena. Lo único legal que le queda es recurrir a la Corte Suprema de Justicia.
Milagro no solamente es culpable de robar 60 millones de pesos que iban a las cooperativas para construir viviendas populares que nunca se hicieron. ¿Se acuerda? Se las llevaban en bolsos llenos dinero, directamente por la caja de los bancos y las subían a las camionetas.
En estos temas se juega la independencia del poder judicial, la división de poderes y el respeto a la República. Hay más de 100 ex funcionarios que están procesados y testimonios de ambos lados con empresarios que confesaron el pago de retornos y coimas producto de sobre precios. ¿Qué van a hacer con esos testimonios? ¿Los van a prender fuego? ¿O los van a declarar nulos por mal procedimiento de los jueces? De todas maneras se viene una hecatombe legal y una vergüenza ajena monumental.
Así como nadie fue tan duro como Alberto en sus críticas contra Cristina, ahora es el cártel de los pingüinos cristinistas los que salen con los tapones de punta contra Alberto por el tema de los presos. No fue algo que se le escapó a uno. Estamos hablando del propio ministro del interior, Wado de Pedro, de Parrilli, Bonafini, Forster, Verbitsky, Víctor Hugo, Amado Boudou, Milagro Sala y Julio de Vido. Alberto está entre la espada y la pared.
Lo que Cristina quiere es una fantasía de cumplimiento imposible. ¿Cómo hacer para que se esfumen en el aire tantas pruebas y testimonios de su corrupción?
No puede liberarlos porque hay causas en trámite. Solo le queda el camino de reformar urgente la justicia, ampliar los miembros de la corte y consolidar la mayoría en el Consejo de la Magistratura para poner a todos los jueces en comisión y tirar por la ventana a los que investigaron a los K y entronizar a los de Justicia Legítima. Si eso se hace a paso redoblado y a tambor batiente, de prepo y violando todas las normas, estaríamos cayendo en el chavismo más extremo. No sabemos si Alberto quiere quedar en la historia como el indultador serial o el Chavez del Sur. Suponemos que no.
Pero nunca se sabe. La vida te da sorpresas.