Papelón Justicialista – 11 de abril 2018

Cristina fue la persona que más daño le hizo a la Argentina en democracia. Lideró el régimen más corrupto y autoritario desde 1983 y, como si esto fuera poco, llevó al peronismo a la crisis más grave de su historia. Cristina siempre despreció al justicialismo aunque por conveniencia, varias veces supo disfrazar bien ese rechazo visceral. Para empezar, Cristina no votó al justicialismo ni en 1973. Eligió la boleta de Abelardo Ramos y luego, con ella y su marido en el poder de Santa Cruz, utilizaron los símbolos partidarios y se colgaron 7 veces de la boleta electoral de Carlos Menem, al que luego defenestraron como la inmensa mayoría de la sociedad. Después fueron cobijados por Eduardo Duhalde que hizo presidente a Néstor y le aportó medio gabinete y una crisis muy compleja que ya estaba encaminada hacia una salida no traumática. Pero al poco tiempo, otra vez la traición. Calificaron a Duhalde como un padrino mafioso digno de Marlo Brando y Francis Ford Cóppola y lo tiraron por la ventana. En realidad, Cristina siempre despreció el partido Justicialista y lo ninguneó todas las veces que pudo y sometió a la esclavitud a gobernadores y legisladores que agacharon la cabeza por fondos para sus provincias o para sus bolsillos. Por la plata baila el mono.
Poco a poco desde el poder, fue minando la voluntad de intendentes y gobernadores para sembrar las listas de muchachos de La Cámpora que se convirtieron en un grupo sectario que actualmente oficia como una suerte de guardia pretoriana de la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero que varias veces perdió el juicio.
El golpe de gracia se lo dio al justicialismo en las últimas elecciones. Hizo una maniobra insólita que solo ella entendió y por su capricho feroz, armó otro partido, Unidad Ciudadana porque no se animó a ir a una interna contra Florencio Randazzo, por ejemplo. Eso potenció la confusión entre las filas de los peronistas y la agrupación de Cristina se fue haciendo cada día más sectaria y verticalista. Al partido lo congelaron y enviaron a dos dirigentes muy dóciles a conducirlo: a José Luis Gioja y Daniel Scioli. Eso generó todo tipo de contradicciones. Le cuento una: el vicepresidente del Partido Justicialista, Daniel Scioli, se convirtió en diputado nacional por las listas de otro partido, Unidad Ciudadana. El presidente, Gioja, fue enviado a suturarse el orto por Cristina y ni esa humillación pudo sacar un gesto de dignidad de un ex gobernador sanjuanino que ahora no tiene simpatías ni siquiera en su provincia.
El PJ fue transformado en una cáscara vacía. En un sello de goma.
Más allá de esta decadencia hay que decir que el peronismo es un recuerdo que trae votos, como dijo Julio Bárbaro. Por eso hay un grupo de dirigentes jóvenes que gobiernan municipios y provincias, que quieren armar algo nuevo, un partido de centro, que sea republicano, que abandone la corrupción y el patoterismo y que se ubique ideológicamente lejos de Macri y de Cristina. En ese debate y en esa discusión hay que inscribir la serie de reuniones, marchas y contramarchas que estamos viendo por estos días.
En medio de ese proceso, una jueza designada por el peronismo y amiga de los peronistas, tomó una decisión insólita que merece que el Consejo de la Magistratura estudie su posible destitución o pase a retiro. María Romilda Servini mediante un texto confuso, hiperpolitizado y lleno de cuestiones no judiciables designó a Luis Barrionuevo como interventor. No se explica cuál fue el motivo de nombrar a Barrionuevo, un dirigente desprestigiado y que genera más división y rechazo que posibilidad de normalización partidaria. En estos casos extremos, cuando se interviene un partido, se nomina a alguien de prestigio ético y académico y respetado por todos los sectores como podría ser el doctor Alberto García Lema, por ejemplo.
Que quede claro. La jueza Servini cometió un despropósito y un desatino tan grande que quedó al borde de su final como magistrada. No creo que el gobierno de Macri haya tenido algo que ver con esto. Más bien parece un pase de facturas interno de la jueza que insisto, fue designada por el peronismo y que tiene muchos amigos peronistas.
De todos modos a ese incendio producido por la jueza, tanto Gioja como Barrionuevo y otros peronistas le arrojaron nafta. Bravuconadas, desorientación, acusaciones tiradas a la marchanta, aprietes e insultos produjeron un culebrón tragicómico que hundió más al partido ante la mirada del ciudadano común.
Esto me lleva a la pregunta del millón. ¿Se imagina que hubiera pasado en este bendito país si Scioli ganaba las elecciones? ¿Cuánto hubiera durado sin ser destituido por Zannini y La Cámpora? ¿Cuán cerca estaríamos de ser la Venezuela chavista más podrida que madura? ¿Se hubiese investigado algún caso de la mega corrupción? ¿Quedaría algún juez independiente? ¿Hubieran sobrevivido los periodistas y los medios independientes?
El peronismo busca su destino. Tiene que renacer de las ruinas en la que lo dejó Cristina. En ese sentido lo que dijo el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey fue demoledor: “El Pejota sufrió el síndrome de Estocolmo y se enamoró de su secuestradora”.
La democracia necesita un peronismo renovado. Que levante sus mejores banderas de justicia social y que entierre para siempre el robo organizado y la violencia, que pelee con buenas armas por llegar al gobierno pero que si pierde deje gobernar. No hay democracia sin alternancia. Hay dirigentes jóvenes que están en esa tarea que se hace cuesta arriba por la presencia de Cristina. Es que el peronismo hoy no tiene un candidato tan taquillero como ella. Lo tiene que construir y eso lleva tiempo. Pero tampoco tiene un candidato que, como ella, garantice la división del peronismo y por lo tanto la reelección de Macri.
Más allá de las chicanas, que Barrionuevo no es afiliado, que hoy hubo una apelación por la intervención o el delirio de que esto es obra de Macri y tiene que ver con lo que le pasó a Lula en Brasil lo cierto es que si el peronismo sigue en manos de estos dirigentes tiene un futuro negro. Se pelean por la llave de un local partidario. Si no escuchan las nuevas demandas de la sociedad de mayor transparencia y democracia republicana, van a discutir por quien lleva el cajón del muerto hasta el cementerio.
Gioja y sus muchachos irrepresentativos dicen que incluso van a ir a la Corte Suprema y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para denunciar que quieren proscribir el peronismo. Un despropósito gigante. Sus muchachos cantaban ayer: “Que papelón/ que papelón/ un quema urnas/ es el interventor”. Hacían referencia a un episodio real que ocurrió en Catamarca.
Es cierto que hay una frase del general Perón que trata de justificar estas peleas a los gritos y muchas veces a los tiros. Dice que los peronistas con como los gatos, por los gritos, parece que se están peleando pero en realidad se están reproduciendo. Este no parece ser el caso. En los resultados electorales está la única verdad que es la realidad. Cristina perdió tres elecciones seguidas. Y en la provincia de Buenos Aires, otrora un bastión del peronismo, en las últimas elecciones parlamentarias, Cambiemos ganó en 108 de los 135 distritos. Es un dato. Cristina, tal como hizo con muchas cosas, se apropió del peronismo y lo vació. Lo disecó. Lo dejó en terapia intensiva. Ahora la vida del Partido Justicialista es de pronóstico reservado. Es patético. Cristina lo hizo. Y Macri lo disfruta.

Houssay y la ciencia – 10 de abril 2018

Le pido perdón por la impertinencia a todos los docentes argentinos, pero si yo fuera maestro hoy les hablaría a los chicos (aunque sea durante 5 minutos) sobre la vida y obra de Bernardo Houssay. Hoy es el día mundial de la Ciencia y la Tecnología y, en Argentina, se celebra en honor a Houssay que nació un 10 de abril como hoy pero de 1887 y que en 1947 logró el premio Nobel de medicina.
Y como si esto fuera poco motivo, un día como hoy, pero de 1934, falleció Cecilia Grierson, la primera médica argentina, higienista y educadora.
Por eso le digo, que si yo fuera docente me gustaría exorcizar (aunque sea por un rato) tanto Cristóbal López corrupto y tanto Lázaro Báez y Cristina, socios para la gran estaba nacional.
Me gustaría contrarrestar tanta desesperanza y desilusión que anda por ahí, reptando entre nosotros. Y la mejor manera es que se conozca la historia de un compatriota que fue mucho más que un ejemplo. Fue un milagro.
Me pararía al frente del aula y diría que el doctor Bernardo Alberto Houssay fue mucho más que el argentino que ganó el premio Nobel de medicina y el primer latinoamericano de la historia en ganarlo en esa especialidad.
Ese día histórico en que recibió el anuncio, Houssay estaba trabajando en su humilde laboratorio junto a su discípulo Luis Federico Leloir quien con el tiempo, también recibiría el Nobel pero de Química. Fue toda una señal.
Houssay era un niño con talento especial. A los 13 años terminó el bachillerato, a los 17 se recibió de farmacéutico y a los 23 de médico. ¿Escuchó bien? A los 13 el secundario, a los 17 fue farmacéutico y a los 23 médico y con diploma de honor. ¿Qué más se puede agregar? Su cerebro era un océano de neuronas y su corazón estaba construido con toneladas de sentimientos humanitarios.
Bernardo Houssay se dedicó a lo que él llamaba “El patriotismo práctico”, mucho más eficiente que los discursos y las escarapelas. Se dedicó a la investigación y a la docencia. Era austero como todos los grandes. Nunca tuvo auto y con un sueldo modesto mantuvo a su familia de siete integrantes. Nació y murió pobre. En sus épocas de estudiante y trabajador, caminaba 100 cuadras por día porque su familia no tenía unas chirolas para el colectivo.
Tuvo un rechazo visceral por el autoritarismo y por eso tuvo problemas en 1943 cuando el gobierno militar dispuso expulsar a todos los profesores de la universidad que habían firmado un manifiesto anti oficialista y el, por supuesto, lo había firmado.
Con disculpas por mi ignorancia, me gustaría decirles que el Premio Nobel lo ganó porque estableció la relación entre la acción de las hormonas y la glándula hipófisis. Dicen los que saben que, a partir de ese momento, comenzó a entenderse el cuerpo humano como un sistema que se auto regula.
Pero lo más importante es que fue un genio celeste y blanco que nos llenó de orgullo. Por su decencia y por su docencia; por su humildad y por su amor a la ciencia. Estaba convencido que ningún país progresa si no tiene investigación. Y por eso fue el inspirador de la creación del Conicet, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, organismo del que fue su primer presidente hasta su muerte en 1971.
Nació en una casa del barrio porteñísimo de Almagro un día como hoy. Sus padres, Clara Lafont y Alberto Houssay eran dos de los 20 mil franceses que vivían en esta bendita ciudad que, por esa época, tenía una población de 437 mil habitantes, incluyendo Flores y Belgrano que recién habían sido cedidos por la provincia de Buenos Aires.
Al joven Bernardo le trajo problemas su incansable lucha antifascista y, repito, en 1943 lo expulsaron de todos sus lugares de trabajo junto a otros 150 profesores que repudiaron el lugar que los nazis tuvieron durante el gobierno en ciernes de Juan Domingo Perón. También es cierto que sus posturas conservadoras y contrarias al gremialismo estudiantil le generaron muchas polémicas y algunos disgustos. Houssay estaba convencido que la universidad debía ser el centro de la actividad intelectual superior y que por eso cumplía un papel social de la jerarquía más elevada. Los claustros eran sagrados. Un templo del conocimiento y la innovación. Una vez dijo que la función de la universidad “consiste en crear conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar a la inteligencia y formar hombres más selectos por su cultura, excelencia académica y capacidad”. En su museo se pueden ver cartas amarillentas de las mentes más brillantes del planeta que luego de hacerle alguna consulta, terminaban el texto diciendo: Un abrazo para usted y otro para el doctor Leloir”.
El joven Bernardo fue back del equipo de rugby de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina. La Unión de Rugby le debe a Houssay que las actas de la institución se hayan empezado a escribir en castellano, porque hasta la incorporación de su club, se redactaban en inglés.
Desde el punto de vista científico el doctor Houssay tuvo todos los reconocimientos posibles, además del Nobel. Fue miembro honorario de las Academias de Ciencias más prestigiosas del mundo como las de Madrid y Nueva York. Tuvo cientos de propuestas para irse a trabajar al exterior pero, él, siempre contestaba lo mismo:
– La ciencia no tiene patria. Pero el hombre de ciencia, si la tiene. No acepto ir a los Estados Unidos y no pienso dejar mi país porque aspiro a luchar para contribuir para que alguna vez lleguemos a ser potencia mundial científica de primera clase.
Si se levantara de su tumba ahora, creo que se volvería a morir, pero de vergüenza ajena.
El día que recibió el Nobel por su descubrimiento de la hormona reguladora del azúcar y al ver que el periodismo argentino estaba muy censurado por el peronismo, dijo que esa distinción era un tiro por elevación al gobierno argentino. Lo dijo con mucha ironía:
– No hay que confundir las cosas pequeñas como Perón con las cosas grandes como el Nobel.
Se imaginan que de gorila y oligarca para arriba, le dijeron de todo. Pero no tenía pelos en la lengua, tenía coraje para decir lo que pensaba y por eso yo lo admiro tanto.
Sus pasiones eran el laboratorio, la cátedra, la justicia y la libertad.
El día que cumplió 80 años, un periodista le preguntó:
– ¿Se siente viejo, doctor? Y él contestó:
– Solo es viejo quien no ve cosas nuevas todos los días.
Su vida es un testimonio pero también un espejo en donde mirarnos. Es un amuleto contra la Argentina trucha de los chantas, los corruptos y los autoritarios que tanto mal nos hizo a los argentinos durante tanto tiempo.
La memoria del doctor Houssay es un talismán al que tenemos que aferrarnos para construir un país mejor para nuestros hijos. Con más ciencia y menos ignorancia. Con más austeridad franciscana y menos frivolidad. Con más decencia y menos corrupción. Un país que se ponga de pié y sea admirado en el mundo. Como el doctor Bernardo Houssay, que ojalá nos ilumine.

Lula y Cristina – 9 de abril 2018

Lula está preso y Cristina está libre. Lula, por ahora está preso y Cristina, por ahora está libre. Esa es la principal diferencia entre varias que tienen las realidades políticas de ambos ex presidentes.
Lula está preso por decisión del riguroso juez Sergio Moro que lo acusa de haber recibido un departamento en Guarujá como dádiva para favorecer un negociado.
Cristina está libre por indecisión de una desprestigiada justicia argentina que va y que vuelve, porque tiene tres tipos de magistrados: los corruptos, los militantes y los honestos.
La propia Elisa Carrió, que es implacable, dijo que no creía que Lula fuera un gran corrupto en el sentido de que no se probó que haya tenido un enriquecimiento ilícito descomunal. Ella y mucha gente creen que Lula habilitó o miró para otro lado frente a un aceitado sistema de corrupción generalizado que manchó a casi toda la dirigencia política de Brasil.
Cristina y Néstor fueron los jefes de una asociación ilícita criminal dedicada a saquear al estado y a enriquecerse personalmente de forma sideral.
Lula utilizó o fue utilizado básicamente por dos empresas monumentales, Petrobras (la estatal más grande de América Latina) y Odebrecht (la compañía privada más corrupta del mundo) y su partido, el de los Trabajadores, fue la herramienta de distribución de coimas a casi todos los legisladores.
Cristina y Néstor, inventaron un par de empresarios como Lázaro Báez y Cristóbal López a los que enriquecieron para enriquecerse ellos por los retornos que recibieron o porque directamente fueron sus socios, empleados o testaferros. Una vez muerto Néstor, la corrupción de estado centralizada, se le fue de las manos a Cristina y el robo fue generalizado. Casi todos los ministros y un gran número de funcionarios nacionales, provinciales y municipales se hicieron millonarios de la noche a la mañana con el dinero de pueblo.
Lula nació en la pobreza extrema, hijo de padres analfabetos, se ganó la vida como lustrabotas y desde la dirigencia sindical en San Pablo fundó la central obrera más grande de occidente y un partido político de izquierda diverso donde conviven desde socialdemócratas y cristianos hasta trotskistas. “Somos una agrupación socialista de extrema democracia”, supo definir Lula. Estuvo preso durante la dictadura y siempre defendió los derechos humanos.
Cristina y Néstor fueron dos abogados que en Santa Cruz, hicieron su primera pequeña fortuna al quedarse con las propiedades de gente que no podía pagar sus cuotas, en una clara actividad usuraria durante el terrorismo de estado al que no enfrentaron de ninguna manera. No presentaron ni un habeas, mientras muchos de sus compañeros se jugaban la vida defendiendo presos políticos. Y una vez en el estado, en la municipalidad de Rio Gallegos o en la gobernación de Santa Cruz, armaron un esquema de cleptocracia que mantuvieron y multiplicaron desde la presidencia de la Nación.
El Partido de los Trabajadores no perdió ninguna elección nacional desde que llegó al poder y sacó a más de 30 millones de brasileños de la pobreza. Lula dos veces fue presidente y Dilma Rousseff fue destituida por un delito muy poco claro y con una forzada mayoría parlamentaria.
El Frente para la Victoria fue desalojado del poder por la soberanía popular de las urnas. El cristinismo perdió tres elecciones consecutivas y empujó al peronismo a la peor crisis de su historia. Cristina dos veces y Néstor gobernaron casi con la suma del poder público y no hubo ninguna maniobra extraña para destituirlos. Fue la democracia la encargada de renovar la conducción de la Argentina.
Julio Bárbaro dice que Lula y Cristina no se asemejan en nada: “Él es la expresión de la conciencia popular de los humildes, como Perón y ella, de las clases medias de izquierda y los derechos humanos”.
Lula está en la cárcel y aunque se considera un preso político perseguido por su gran tarea social de ayuda a los más necesitados, acató la decisión después de unas horas en donde miles de brasileños fueron a darle su apoyo y su cariño.
Cristina fomenta y espera una sublevación popular, un 17 de octubre, para el caso de que ella fuera detenida. Se refugió en sus fueros parlamentarios para no cumplir la prisión preventiva y sigue operando en la justicia para dilatar todas las causas gravísimas que tienen y en las que tiene 6 procesamientos.
Entre las diferencias y similitudes que hay entre Lula y Cristina, hay que decir que si el brasileño se presenta a las elecciones de octubre seguramente va a ganar la primera vuelta con mucha comodidad, según dicen todas las encuestas. En cambio, si Cristina se presenta en los comicios del 2019 es una garantía de reelección de Mauricio Macri al enfrentar a un peronismo dividido que no termina de digerir el sapo de Cristina.
Lo más peligroso y preocupante para la democracia de la región es que en Brasil un sector de la población defiende a cara descubierta las dictaduras militares. Un candidato de ultraderecha y discriminador como Jair Bolsonaro, es el segundo en las encuestas. Y el jefe del Ejército tuvo la caradurez de presionar para que Lula fuera detenido. Lamentablemente ese general llamado Eduardo Villas Boas no fue detenido inmediatamente como debería por su incitación al golpismo y su salvaje participación en temas que no le competen.
Lula tuvo el apoyo de populistas autoritarios y corruptos como los ex presidentes Rafael Correa o Cristina pero también de ex jefes de estado socialistas democráticos y probadamente honrados como Ricardo Lagos y Pepe Mujica.
Cristina fue definida en la sinceridad que da la intimidad por el Pepe Mujica como “esta vieja terca que es peor que el tuerto”. Y Ricardo Lagos cortó relaciones con los Kirchner cuando Néstor lo engañó con el tema del gasoducto a Chile y le produjo una dura crisis energética a Chile.
Las uñas de Odebrecht llegaron a la Argentina donde pagaron coimas o propinas como le dicen en Brasil por 35 millones de dólares. El procesado más importante por esta causa es Julio de Vido. Era el gerente del cartel de los pingüinos que se robaron todo. Hoy está preso por otra causa pero en la que involucra a la empresa de Brasil también hay que anotar a Daniel Cameron y a quien todo el mundo señala como el intermediario y portador del dinero sucio, Jorge “El Corcho” Rodríguez. Fue por la ampliación de gasoductos que no se terminaron, con licitación a la medida de Odebrecht donde se pagaron sobreprecios por 800 millones de dólares. En otra causa, la del soterramiento del tren Sarmiento, varios caminos conducen a la empresa de Angelo Calcaterra, el primo del presidente Macri.
Tanto en Brasil como en Argentina instalaron las famosas grietas que dividen a la sociedad y la cargan de odio. Un operador aeronáutico diciendo que tiren esa basura por la ventana al avión que transportaba a Lula hacia Curitiba es solo un botón de muestra.
Carrió dijo que Cristina debería ir presa por la asociación ilícita que montó y por los procesamientos que tiene en varios delitos que podrían asimilarse a traición a la patria.
Lula tuvo definiciones humanas, sensatas y populares hasta que le llegó la tentación por el dinero ilegal. En su mejor momento, cuando dejó el poder con 87% de imagen positiva y sin destruir el sistema macro económico que había dejado Fernando Henrique Cardoso, pudo sacar a alrededor de 30 millones de compatriotas de la pobreza y sin grieta decir que democracia es que mi pueblo coma cinco veces al día y no que coman una vez cada cinco días.
Eso me dijo en un reportaje. O que su proyecto político es que ningún brasileño tenga que agachar la cabeza ante ningún poderoso. Fue una estrella planetaria durante varios años y gobernó al quinto país más importante del mundo por territorio y población.
Lula superó un cáncer de garganta y Cristina tuvo varios problemas de salud.
En eso estuvieron iguales.
La diferencia, por ahora, es que Lula está preso y Cristina está libre. Insisto: por ahora.