Justicia para delincuentes – 5 de febrero 2019

Vamos a decirlo de arranque y con todas las letras. Hay jueces y fiscales que están al servicio de los delincuentes de todos los tamaños. Desde rateros como los motochorros hasta millonarios como Amado Boudou. Su tarea principal es liberarlos lo antes posible. A contramano de toda lógica, siempre buscan el artilugio que les permita favorecer a los victimarios y humillar por segunda vez a las víctimas. Algunos lo hacen a cambio de coimas y son unos ladrones peores que los ladrones que salpican con su mugre de corrupción a otros hombres de justicia que son honrados y de excelencia profesional.
Otros lo hacen por miedo y por pereza. Les da “fiaca” trabajar e investigar a fondo y/o sienten pánico ante la mínima posibilidad de que el delincuente en libertad, o alguno de sus familiares o cómplices se tome venganza.
Pero existen los fanáticos y militantes. Los que tienen como jefa de operaciones a Cristina Fernández de Kirchher y como líder espiritual al ex integrante de la Corte, el doctor Eugenio Raúl Zaffaroni.
Ellos justifican su simpatía por los pistoleros por una cuestión ideológica: creen o dicen creer que esos malandras son víctimas de un sistema capitalista injusto que los empuja afuera de la ley. Esto no significa que los que abren puertas de las cárceles y cortan las cadenas de las esposas no reciban también coimas a cambio de su trabajo sucio.
No digo todos porque el que generaliza discrimina, pero la mayoría integra la mal llamada Justicia Legítima. Es la agrupación kirchnerista liderada en su momento por la doctora María Laura Garrigós de Rébori o por Alejandra Gils Carbó. Ellos creen igual que Cristina y Diana Conti que la justicia debe ser elegida por el voto popular y es una de las propuestas que tienen para reformar la Constitución si llegan a gana las elecciones en octubre. Ellos están convencidos además que Cristina, casi todos sus familiares, casi todos sus ministros y casi todos sus secretarios se hicieron mega millonarios porque son unos genios de las finanzas y que la justicia los persigue por su ideología. Hablan de los pobres y se hicieron magnates. Se llenan la boca con la redistribución de la riqueza y la redistribuyeron entre ellos.
Justicia Legítima que debería llamarse “Injusticia ilegítima” no tuvo vergüenza en emitir un comunicado en solidaridad con la jueza Patricia Susana Guichandut. No quiero entrar en detalles técnicos porque sería muy cansador. Pero en términos generales y a grandes rasgos todos los ciudadanos saben lo que hizo la jueza Guichandut.
A la velocidad de la luz liberó a dos motochorros. Así no hay policía que alcance, se quejó el presidente Mauricio Macri. Estoy recaliente, explotó el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. “Hay que hacerle juicio político a la jueza”, propuso Miguel Angel Pichetto. El revuelo se armó por varios motivos. Ninguno de estos muchachos estuvo más de 24 horas preso. No vaya a ser que se sientan estigmatizados. Ambos tenían antecedentes y hasta condenas por otros delitos. Uno salió antes de que la víctima haya podido hacer el trámite en la empresa y comprar otro celular. Uno es uruguayo y el otro colombiano, pero eso es lo de menos. Aunque ambos deberían ser extraditados lo antes posible. Abrimos las puertas y nuestros brazos generosos a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo patrio, dice el Preámbulo de la Constitución Nacional. Todos los que quieran trabajar honradamente para forjarse un futuro son bienvenidos. Pero los que cometen delitos no se pueden quedar un minuto más en nuestra patria. La jueza Guichandut demostró lo que es. A uno le puso 700 pesos como una especie de probation. Insólito. Lo único que falta es que le haya preguntado que más puedo hacer por ustedes muchachos queridos. La jueza ni pensó en las víctimas. En lo que perdieron con el robo y en que podrían haber perdido la vida con un balazo o una puñalada o perder una pierna como le sucedió al turista canadiense que ni siquiera se resistió.
Otra jueza apeló a un argumento insólito y provocativo para que Amado Boudou pueda caminar libremente por las calles, eso sí, con el pequeño inconveniente de tener que utilizar una tobillera electrónica. Todo no se puede, amado Amado, le habrá dicho la jueza que dijo que como ya está condenado, no hay peligro de que obstruya la investigación. Tienen la cara de piedra. Son rápidos para los mandados que les piden los amigos. A los enemigos ni justicia. Pero a los amigos, todo. Si no está condenado no puede estar preso precisamente por eso: no hay condena. Si está condenado no puede estar preso precisamente por eso: no puede obstruir la investigación. Desde los generales del kirchnerismo hasta los ladrones de gallinas, nadie debe estar preso. Por suerte hay una instancia superior que en los próximos días va a analizar esta decisión y es muy probable que Boudou vuelva a la cárcel con pitos y cadenas.
Esto deberían analizarlo los votantes. Además de la economía también están los que combaten de verdad al delito y lo que miran para otro lado incluso en situaciones gravísimas como estafas, crímenes, narcotraficantes, enriquecimientos colosales, asociaciones ilícitas para saquear al estado como la que lideró Cristina o simplemente en hechos menores como los motochorros que, por lo general, roban a chicos y a mujeres indefensas.
Hay muchos jueces y fiscales ejemplares, valientes, honrados y de gran capacidad intelectual pero estos otros dinamitaron la credibilidad de la justicia que ya venía muy deteriorada. Por eso la doctora Elisa Carrió, habla de : “la visceral impunidad que hiere gravemente a la República”. No tienen derecho. No hay derecho. No se ajustan a derecho. Es una burla a todos los ciudadanos de a pie, de carne y hueso, que hacen esfuerzos descomunales todos los días para trabajar honradamente, para educar a sus hijos y para pagar los impuestos feroces que, entre otras cosas, mantienen al Poder Judicial.
Hay un texto del jurista brasilero Ruy Barbosa de Oliveira que dice asi: “ “De tanto ver triunfar las nulidades, de tanto ver prosperar la deshonra, de tanto ver crecer la injusticia, de tanto agigantarse los poderes en manos de los malos el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra, a tener vergüenza de ser honesto”.
Es una vergüenza del tamaño del estado. Los ciudadanos honestos están hartos de que la impunidad les escupa en la cara. Son delitos de lesa indignidad. Injusticia ilegítima y está todo dicho.
Que todos paguen por lo que hicieron. Si todos quedan en libertad no tendremos futuro. Porque si no se condena a los corruptos se castiga a los honestos. La señal hacia la sociedad es terrible: sigan robando muchachos que no pasa nada.
La impunidad es un veneno mortal para las democracias. Es una invitación a cometer delitos. La República no existe sin justicia. Por eso hay que poner el grito en el cielo.
En su oración a la justicia, María Elena Walsh dice: “Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza/ a los justos humillados/no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora /porque ya es hora.
Ya es hora.
Muchos creen que el cristinismo es la etapa infantil del peronismo. Yo creo que intentó ser la versión chavista, y fue la más caprichosa, corrupta y autoritaria. La que quiso instalar un discurso único y apropiarse de los medios de comunicación y de los tribunales. En dos palabras: la que reflotó aquella vieja consigna nefasta que decía: “Al enemigo, ni justicia”.
La escuela de Zaffaroni envenenó parte de los tribunales y de las aulas donde se enseña ese derecho torcido. Basta de derecho torcido por los zaffaronianos. Basta de injusticias e inseguridad. Basta de ladrones de estado. Basta de jueces que trabajen para los delincuentes. Basta.

Los 70 años de Guinzburg – 4 de febrero 2019

Malena Guinzburg tiene razón: su viejo, se murió muy joven. Ella, que es su heredera en todo el sentido de la palabra, dijo que por eso, estuvo mucho tiempo enojada con la vida. O con la muerte. Tan joven se murió Jorge que ayer hubiera cumplido 70 años. Estaría en la plenitud de su humor, sagacidad y creatividad. Insisto porque no se puede creer: recién hubiese cumplido 70 años y ya hace 11 que se murió.
Recuerdo perfectamente aquel día maldito en que las lágrimas sepultaron a las carcajadas. Ya pasaron 11 años y todavía no lo podemos creer. Aquel día sentí que alguien le había clavado una puñalada por la espalda a la risa.
Veo los viejos programas de la tele, Peor es Nada, Mañanas Informales o la Biblia y el Calefón y creo que todavía está ahí, que se fue a Japón a ver a su viejo y glorioso equipo de Vélez. Con Jorge Guinzburg murió mucho más que uno de los periodistas, humoristas y conductores de televisión y radio, más creativos, divertidos y talentosos de este país. Sus malditos pulmones lo traicionaron. Los mismos “fueyes” que le serruchaban la respiración convertida en asma. Esa asma que lo llevó a vivir a Córdoba, para recuperarse con el aire libre y fresco de la sierras. Esa traición todavía nos sigue doliendo. Benjamín y Eugenia, sus padres, soñaron con que la Capilla del Monte cordobesa le abriera las puertas de su respiración.
Recuerdo su bigote poblado, su audacia para preguntar y abrir cabezas para dinamitar la solemnidad. Su solidaridad efectiva junto a Carlos Bianchi uno de sus ídolos y amigos con el que tenían una fundación para hacer el bien sin mirar a quien. Instaló para siempre la pregunta zafada de “como fue tu primera vez” y convirtió en horario central las mañanas televisivas. Inventó una nueva fuente de trabajo.
Tengo mucho que agradecerle a Jorge Guinzburg. Igual que todos los argentinos y un poquito más porque fue el primero que me convocó para trabajar en radio en Buenos Aires. Qué tiempos aquellos. Qué manera de reírnos adentro y afuera del estudio. Después del programa nos íbamos al bar de al lado, en la avenida Santa Fé a tomar café y a seguir de joda. Le hacíamos la vida imposible a la negra Elizabeth Vernacci que ya era una locutora fuera de serie. Jorge bastoneaba con olfato periodístico y picardía y siempre le faltaba el respeto al micrófono. Cuando venía el informativo hacíamos una pelea colectiva parecida al pogo que después instaló en la tele con Mañanas informales. Era guapo el petiso. Se plantaba confiado en sus conocimientos de yudo. Todavía recuerdo las fotos de su época de hippie, cuando era uno de los genios de Satiricón, con los bigotazos de mexicano y el pelo larguísimo. “La noticia rebelde” que revolucionó la manera de hacer periodismo por otros medios. La que cambió el lenguaje y permitió que las voces de la calle tuvieran su lugar además de las voces del diccionario como diría Serrat. Extrañamos tanto a Jorge. Esa inteligencia para la réplica que rompía la barrera del sonido. En la radio, jugábamos a ver quién era más pollerudo y clasificábamos a los entrevistados en dos bandos: los que invitaríamos a comer un asado y los que no. Su cara de chico travieso. Aquí en radio Mitre tuvo momentos memorables.
Nunca lo vi tan feliz como el día que casó con Andrea Stivel. Era su fiesta de casamiento y él nos hacía divertir a nosotros, los invitados. Estaba profundamente enamorado de esa mina que lo deslumbró en el viejo canal 7 y que lo duplicaba en altura. Desparejos en los centímetros. Muy parejos en las neuronas y el amor. Extrañamos tanto a Jorge. Su epitafio debería decir como el de Tato Bores, “Cómico de la Nación”. A veces me pregunto que hicimos los argentinos para merecer un castigo tan feroz. Porque se nos mueren demasiado jóvenes los que más alegrías nos despiertan. Jorge, Tato, Adolfo Castello, Fernado Peña, Carlos Abrevaya, Daniel Rabinovich, el negro Roberto Fontanarrosa, el otro gran negro y rosarino, Alberto Olmedo. Lo extrañamos más todavía en estos tiempos donde necesitamos más risas que nunca. Jorge fue taxista y vendedor de carteras de cuero y cinturones. Durante la dictadura se exilió en las agencias de publicidad. Escribió radio para Cacho Fontana y tele para Tato. Todos grandes entre los grandes.
Joaquín Sabina, el gran amigo de Guinzburg lo recordó con unas palabras muy emotivas: “Desde el principio Jorge me apoyó invitándome generosamente a sus variados programas de televisión, abriéndome su casa y haciéndome el incomparable regalo de su humor, su cultura y su inteligencia. Como todos los sabios, empezaba por reírse de sí mismo, para ya luego reírse de todo lo divino y lo humano. Era un lujo estar con él. Tanto que desde que se fue, hace ya once años, falta algo muy importante en mi Buenos Aires querido: su compañía, su hospitalidad y su ejemplo. Porque charlar con él, o ir a alguno de sus programas o cenar en su casa era una auténtica fiesta, una de las mejores maneras porteñas de ser feliz. Para mí el Petiso fue, y sigue siendo hoy, insustituible”.
Sabina supo regalarle una Cortina genial para uno de sus programas más exitosos. Lo definía bien a Guinzburg y a su trabajo.
Si, el que te “jedi” la primera vez, falló,
si no sales en la foto,
si tu “jermu” se rajó,
busca en el control remoto,
la Biblia y el calefón.
Si te mete cuernos la ciudad,
si agoniza el rey del carnaval,
si te privatizan parte del corazón,
vacunate contra el miedo,
vamos a hacerte el humor
con Charly, Diego y Olmedo,
la Biblia y el calefón.
Si no juegas nunca de local,
si te ríes para no llorar,
si el “laburo” ingrato te afanó la ilusión,
no necesitas permiso,
vamos a hacerte el humor
con el flaco y el petiso,
la Biblia y el calefón.
El petiso, Jorge la peleó hasta el final con mucho coraje pero se murió, se nos murió. Era nuestro Woody Allen. Tenía apenas 59 años. Ayer hubiera cumplido 70 años. Nadie pudo reemplazarlo.
Todavía no puedo creer como la vida se deja arrebatar tanta felicidad por la muerte. Jorge Guinzburg brilló por su presencia y ahora brilla por su ausencia. Que en paz y en carcajadas descanse.

Feliz cumpleaños, María Elena – 1 de febrero 2019

Un día como hoy nació una de las figuras más luminosas de la cultura argentina. Su talento hizo que, como todos los grandes, cada una de sus creaciones siga tan vigente como el primer día. Parecen escritas ayer, dice quien escucha o lee los textos que con una orfebrería brillante escribió María Elena Waslh. Hoy es un gran día. Hoy sería el cumpleaños de María Elena. Igual que ocurre los mejores vinos, su herencia literaria se va añejando con mayor exquisitez. La cantaron Jairo, Joan Manuel Serrat y Mercedes Sosa, entre otros. La celebraron y la disfrutan varias generaciones que saben que muchas veces nuestro bendito país es el mundo del revés.
Su patria chica fue Ramos Mejía. Se formó en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y su legado es muy superior a los 20 discos que grabó y a los 50 libros que esculpió. Su fragua fue diversa y multicultural. Se mezcló desde muy chica en la sabiduría de los cruces de un hogar con inleses, irlandeses, andaluces y criollos.
A los 14 años publicó su primer poema. Sus textos aparecieron muy tempranamente en revistas que dirigían dioses del olimpo de la palabra como Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo. Nada de lo humano le fue ajeno. La educación divertida para los chicos, la lucha por el lugar que merecía la mujer, el combate contra todo tipo de autoritarismo y discriminación.
Hace días que estamos asfixiados por el barro nauseabundo de la corrupción de Cristina y su banda. Hace días que “los cuadernos las coimas K” nos envenenan la vida y la esperanza. Hace días que vengo haciendo editoriales sobre este tema y seguramente voy a seguir porque se trata de la investigación más importante de la historia sobre la colosal asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado.
Meter presos a todos los integrantes de la mafia que radiografían los cuadernos de Centeno y lograr que devuelvan el dinero nos ayudará a refundar la República. Pero de vez en cuando necesito salir de semejante oscuridad repugnante. Iluminar los días para rescatar las ilusiones. Hoy le quiero hablar de otros cuadernos. De la magia de María Elena Walsh que parió para todos, su primer libro de poemas llamado: “Otoño imperdonable”. Es una gran posibilidad de respirar aire puro. Y salir aunque sea por un rato de ese túnel miserable de los que le roban al pueblo. Tal vez aquella canción del Jacarandá que María Elena escribió para Palito Ortega, comunique rápidamente su espíritu, sus ojos azules, su desprecio contra todo tipo de solemnidades y almidones, su lucha a favor de todas las libertades como buena defensora de los derechos de la mujer de la primera hora.
Por eso apeló a todos sus instrumentos: la poesía, la canción, las columnas de opinión, los cuentos, el teatro, la sátira, la literatura infantil, sus denuncias a los autoritarismos, el music hall. El gran amor de su vida, Sara Facio, aportó materiales desconocidos y reveladores.
Dicen que cuando María Elena murió, se elevó al cielo como una bandera de libertad. Por eso, si me permiten, me gustaría decirles que yo no creo demasiado en su muerte. Ni en la de María Elena ni en la muerte de la libertad. La historia demuestra que son llamas que arden para que la vida sea vida. Y que no se apagan jamás.
Yo le creo más a ella cuando dice que tantas veces la mataron, que tantas veces se murió y sin embargo está aquí resucitando. En eso creo. En que ella volverá y será millones de benditas mujeres de esta tierra que nos seguirán ayudando a ser felices y a pensar. No tengo dudas de que María Elena sigue estando al lado nuestro cada vez que la necesitamos para que navegue por nuestra conciencia y nos ayude a ver lo mejor y lo peor de nosotros. Ese fue, es y será siempre el gigantesco aporte inagotable de María Elena. A su talento para bordar letras y melodías o para darle a las palabras alas y colores como decía José Martí, le agregó esa capacidad para decir las cosas de frente, sin pelos en la lengua, con la polémica y el coraje en el bolsillo.
Por eso revolucionó el lenguaje. Porque fue la primera en no tratar a los chicos como si fueran tontos. Fue la primera en sacarle ese protocolo severo a las canciones, en hablar jugando, en cantar divertido, en crecer con sonrisas. Por eso Manuelita con su nueva estética y su vieja ética quedó grabada a fuego en el corazón de las multitudes. Un día María Elena se marchó, igual que Manuelita. Tuvo dos viajes que la refundaron. Fue a Estados Unidos invitada por Juan Ramón Jiménez aquél de la literatura inolvidable de “Platero y yo”. Y a Europa de la mano de Leda Valladares para huir de un peronismo que le sonaba autoritario y para armar un dúo inolvidable de vidalas, de bagualas y de vinchas. En París se enriqueció “lícitamente”. Su sensibilidad y su espíritu se multiplicaron interactuando con George Brassens, Jaques Brel, Charles Aznavour, Ives Montand, Pablo Neruda y la mismísima Violeta Parra. Fue su propia serenata para la tierra de uno, una de las canciones más hermosas que se han escrito sobre estas tierras y sobre estas pasiones inmigrantes y criollas que en ella se mezclan. ¿Se acuerda? ¿Me permite?
“Porque me duele si me quedo/Pero me muero si me voy/Por todo y a pesar de todo, mi amor/ Yo quiero vivir en vos.
¿Me deja seguir?
“Por tu decencia de Vidala/ Y por tu escándalo de sol/Por tu verano de jazmines, mi amor/ Yo quiero vivir en vos…
¿Qué maravilla, no? Por el idioma de infancia, por tus antiguas rebeldías.
Casi nadie modeló la ternura y la ironía para hacerla belleza como ella. Siente lo que pasa, presiente lo que pasará. Mucho antes de que los dictadores argentinos inventaran la desaparición forzada de personas escribió: “Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui/Sola y llorando/Cantando al sol como la cigarra/ después de un año bajo la tierra/ igual que sobreviviente que viene de la guerra.
Descubrió el ADN de nuestro país cuando habló del Reino del revés. Nadie baila con los pies. Un ladrón es vigilante y otro es juez. Esa editorial cantada por todos la escribió hace casi 60 años y parece que fuera hoy.
Si hasta los trabajadores del INDEC, aprovecharon su melodía en su momento para quejarse cuando Guillermo Moreno los intervino porque dos más dos empezaron a ser tres.
Un día sacudió a la temible y blindada dictadura militar desde Clarín con un texto que pasó a la historia. ”Desventuras en el país jardín de infantes”, se llamaba. Y fue un golpe cultural demoledor al golpe militar. Y vino la democracia y vino Alfonsín que le ofreció un lugar en la política y otro en la tele junto a María Herminia Avellaneda. Y vino el peor de los dramas de 6 letras pero innombrable. Y ella le puso el cuerpo y las agallas para agarrar al cáncer a cachetadas y a los gritos. Lo maltrató, lo expulsó de su cuerpo, lo mantuvo a raya fuera de sus límites. Vade retro satanás. Y se puso de pié nuevamente, como La Cigarra. Y todos los argentinos dimos gracias a la desgracia y a la mano con puñal porque la mató tan mal y siguió cantando.
Feliz cumpleaños María Elena. Bendito el día que naciste. Y ella nos hizo los regalos.
María Elena nos hizo mejores a todos. Nos hizo más felices y pensantes. Nos hizo más chicos y más grandes. Nos hizo más alegres y llorones. María Elena de la palabra, María Elena de la conciencia, María Elena de la decencia. Una vida militando en la imaginación no es poco. Una vida militando en la libertad lo dice todo. María Elena, nos hizo más y mejores argentinos, si eso es posible. Por eso está en el cielo de la argentinidad: con Borges, Gardel y Atahualpa Yupanqui.
Hay que recoger su nombre y llevarlo a la victoria. Para que los cuadernos de Centeno queden sepultados en el olvido y sus protagonistas presos. Y para que los cuadernos de María Elena se repartan como pan caliente por las calles. Y tal vez así, algún día dejemos de ser un país jardín de infantes lleno de corruptos y golpistas.