El peor momento de Moyano – 15 de febrero 2018

Hugo Moyano está en el peor momento de su vida sindical. Pero el gobierno haría muy mal en subestimarlo. Sigue siendo el dirigente con mayor poder de daño y capacidad de movilización y armó un potente sistema de alianzas con Cristina, la izquierda dura y el Papa Francisco.
Hugo Moyano acaba de recibir un gancho a la mandíbula por parte de la justica pero se prepara con todas su fuerzas para dar la madre de todas las batallas contra el presidente Mauricio Macri. Sabe que se terminó la franela. Que llegó la hora de la pelea y que es “a suerte y verdad”. Es de vida o muerte política.
Macri necesita derrotar a Moyano para avanzar con todos los cambios en la legislación laboral y Moyano y Cristina necesitan derrotar a Macri para salvarse de la cárcel y mantener o multiplicar sus respectivos liderazgos.
Esta es la gran novedad de la vida política argentina. Los demás, por ahora, no juegan. Están en la tribuna mirando este choque colosal de planetas que se avecina. En la práctica, hay solo dos grandes coaliciones. La polarización es muy clara. Estás de un lado o del otro. Una la lidera el presidente Macri y María Eugenia Vidal y la otra el concubinato entre Cristina y Moyano.
¿Con qué armas cuenta cada sector? ¿Cuál es el arsenal de votos, ideas, aliados y simpatizantes que acumula cada grupo?
Macri tiene la legalidad y la legitimidad de un amplio triunfo electoral muy reciente. Cambiemos sacó más de 10 millones de votos, ganó en las 5 provincias más grandes y venció a Cristina en lo que fue la tercera derrota de un peronismo que está en la mayor crisis desde su fundación. Aquí jugó un rol clave la persona con mejor imagen del país que es Vidal y la que más votos sacó que es Graciela Ocaña y la más valiente y honesta denunciadora de la corrupción: Elisa Carrió. También reportan a ese frente democrático la inmensa mayoría del radicalismo con gobernadores exitosos como Alfredo Cornejo o Gerardo Morales y liderazgos parlamentarios como el de Mario Negri y con alguien que brilla por su ausencia: Ernesto Sanz.
En la otra esquina del ring también hay mucho músculo y experiencia. Cristina es la opositora que más votos obtuvo pero que, a su vez genera una gran división en el justicialismo y el mayor rechazo entre amplios sectores de la sociedad. Su imagen negativa es alta, pero no tan alta como la de Moyano que solo es muy querido por los camioneros.
Ambos corren serios riesgos de perder su libertad producto de causas de corrupción, enriquecimiento ilícito y lavado. La justicia avanzó mucho más con Cristina que tiene cuatro procesamientos y un pedido de prisión preventiva pendiente, pero Moyano empezó a padecer una suerte de tsunami que viene de tribunales.
Lo más grave fue la orden impartida por el doctor Néstor Barral para que se levante el secreto fiscal y bancario tanto de Moyano padre, como de su hijo Pablo, su actual esposa Liliana Zulet y sus hijos Valeria y Juan Manuel. Esta resolución del juez federal de Morón habilita al Banco Central y a la AFIP para que aporten toda la información disponible que pueda ser útil para probar el lavado de dinero del que se acusa al clan Moyano. En las próximas horas llegarán cataratas de documentación al escritorio del magistrado. Son datos y cifras muy delicadas y sensibles. Las cuentas personales, el dinero blanqueado (dicen que los hijos de Zulet blanquearon un millón de dólares cada uno, tan jóvenes y tan exitosos), los movimientos de las empresas del holding Zulet-Moyano que son proveedores casi exclusivos del gremio en obras y construcciones como el Sanatorio Antártida, material sanitario y medicamentos, uniformes y hasta una compañía de seguridad privada.
La diputada Graciela Ocaña a la que Moyano agredió verbalmente con un misógino insulto de “cucaracha” ante el silencio del colectivo “Ni una menos”, denuncia un modus operandi. Dicen que todas las prestaciones son sobrefacturadas, sin licitación alguna ni compulsa de precios y que ese dinero hizo enriquecer a las empresas familiares y dejó en bancarrota a la obra social y al sindicato. Eso se llama vaciamiento, corrupción y lavado de dinero. Con los números, resúmenes de cuentas y movimientos bancarios y fiscales eso se podrá probar.
Una de las acusaciones que el juez investiga es si ese dinero negro fue utilizado para comprar bienes como varias mansiones en Parque Leloir, por ejemplo.
Hay otros dos jueces que tienen bajo la lupa a los Moyano.
Gabriel Vitale, de Lomas de Zamora que lleva la causa por asociación ilícita, estafas y lavado con entradas para el fútbol y otros negociados en el club Independiente. El principal testigo es el jefe de la barra brava, el patotero y mafioso de Bebote Alvarez.
El tercer juez es Claudio Bonadio. El instruye la causa que Ocaña promovió en el 2011 y amplió la semana pasada por desvío de fondos en la obra social.
Se viene la marcha multitudinaria con la que Moyano piensa defenderse y compartir la jefatura de la oposición con Cristina. La ex presidenta aporta dos gremios kirchneristas que movilizan a mucha gente muy organizada: el incomprensible Sergio Palazzo, de la Bancaria y el impresentable Roberto Baradel, de los docentes. Sería muy interesante conocer si la mayoría de los bancarios y los docentes están de acuerdo con esta postura tan intransigente y cuántos de ellos, de clase media, votaron a Mauricio Macri. También engrosarán la movida con dinero, colectivos, banderas y militancia los intendentes ultra K del conurbano y, por supuesto, La Cámpora. Al final de las largas columnas se ubicarán los partidos de izquierda más radicalizados, algunos de los cuales sorprendieron por su apuesta a la violencia callejera en los últimos tiempos y los movimientos sociales bendecidos por el Papa Francisco. Son los que dicen Bergoglio cumple, Grabois dignifica. Este asesor y amigo fraternal del Papa es el que más confianza recibe del Santo Padre. Desplazó de ese lugar privilegiado a Gustavo Vera, Guillermo Moreno y al Caballo Suárez que no podrá concurrir a la marcha porque, por ahora, está preso. Hay varios que van a faltar por el mismo motivo: El Pata Medina, Marcelo Balcedo, Luis D’Elia y Fernando Esteche entre otros habituales participantes de este tipo de intentos antidemocráticos.
Ya le dije que Cristina y Moyano, juntos son dinamita. Y que lideran el club del golpe más que del helicóptero. Sus voceros más descarnados son el descontrolado doctor Zaffaroni y la agresiva e insultadora serial Hebe de Bonafini a quien el Papa acaba de comparar por escrito con Jesucristo. Sorpresas te da la vida.
Moyano y Cristina están en el momento más complicado de sus vidas políticas. Sin embargo, en la calle, codo a codo, son mucho más que dos. Y ambos son el principal muro de contención para evitar que el presidente Macri termine su mandato constitucional en el 2019. Están espalda contra espalda desafiando a la justicia y a la democracia. Macri y María Eugenia Vidal también se apoyan mutuamente porque saben que se juegan mucho más que una paritaria o una reforma laboral.
Esta lucha es por ver quién manda. A ver, a ver quién dirige la batuta, dicen los canticos. No hay pulseada institucional y republicana más importante que esta. Es la posibilidad de saber si los argentinos vamos a superar la principal asignatura cívica que tenemos pendiente. ¿Podrá un presidente no peronista terminar su mandato en tiempo y forma, algo que no ocurre desde hace 90 años o nuevamente el peronismo en sus distintas variantes se proclamará como el único que puede gobernar este bendito país? Veremos. Moyano y Cristina van por todo. La única verdad es la realidad. Y en la cancha se ven los pingos.

Los días del amor – 14 de febrero 2018

Es muy bueno que haya un día del amor de pareja. Hoy, los enamorados debemos celebrar con todo el corazón, las neuronas y el cuerpo. Es cierto que todos los días hay que regar esa plantita maravillosa que es el amor, pero no es malo que un día nos dediquemos por entero al otro. Hay cientos de definiciones de amor. Y uno va cambiando con la edad y con el paso del tiempo. Yo creo que el amor es esa pasión que uno siente por el otro o la otra que hace que lo extrañe mucho y que quiera compartir muchas cosas con él o con ella. Pero eso no alcanza. La piel es fundamental pero no alcanza. El fuego encendido de los cuerpos y el aliento feliz y agotado de la cama debe tener otros dos componentes, según mi humilde criterio. Uno debe ser el admirar al otro. Tenerle un gran respeto por lo que es como persona o como profesional. Por su capacidad intelectual por su actitud solidaria y generosa, por su apuesta al progreso y al esfuerzo de la pareja. Y le agrego algo más. Para mantener vivo ese amor, creo que hay que hacerse el bien uno al otro. Es bueno pensar en uno, en lo que le gusta en su propia satisfacción. Nadie puede hacer feliz al otro si primero no es feliz. Pero hay que ver siempre como podemos expresarle al otro o la otra que estamos pensando en el o en ella. Que la tenemos presente y que vamos siempre a tratar de hacer algo que la haga más feliz, que le genere más placer, que la haga sentir mejor como mujer o como hombre. Esa ida y vuelta es el secreto de la duración de una pareja. Los mimos, los besos, el sexo, el compañerismo, el compartir esfuerzos, llantos y alegrías siempre fortalece la pareja.
De todos modos no hay una fórmula científica y por eso es tan apasionante e inquietante. Hay siempre un toque mágico, inexplicable. Hay algo que enamora que te hace temblar las piernas cuando la vez. Que te sacude el alma cuando te mira con ganas. Que podes pasarte horas hablando de algún tema y horas callados, mirando el futuro o un paisaje conmovedor.
Todavía recuerdo a mi primera novia. Estaba en quinto grado de la escuela Ortiz de Ocampo de la calle Salta. Hicimos un asalto. Susana tenía el pelo rubio y largo hasta la cintura. En el Wincofon sonó la ternura de Salvatore Adamo cantando “mis manos en tu cintura” y yo cerré mis ojos y me sentí volar. Jamás me atreví a decirle nada. Yo había llevado bebidas y las chicas, comida. Era un asalto de aquella época y yo la recuerdo como el día de mi primer amor aunque ella no lo supo nunca. Baile todo el tema con las manos transpiradas y colorado como un tomate.
Después vino el tiempo del caradura que se animaba a todo. Jamás olvidaré la piel cetrina de Alicia y sus ojos de miel que parecían convertirla en siciliana. Con ella cantamos y bailamos a un Leonardo Favio que decía “ding, dong, son las cosas del amor, yo subía y ella bajaba/ la miré y me miró”.
O Laura, la hermosura de su mirada de cielo con la que me quise casar. Fui capaz de viajar todos los fines de semana a Buenos Aires donde se había mudado. Iba en tren barato de bolsillos flacos de estudiante y sufrí como un loco cuando ella se casó con alguien menos soñador pero con una mejor posición económica que le dio muchas seguridades y tres hijos. Nuestro tema era Mamy Blue en la penumbra de los boliches. O Sandro, hablando de penumbras.
A todas les escribí poemas. O textos cargados de sentimientos. Está claro que las palabras, siempre fueron mi forma preferida de comunicarme, de expresar lo que siento y pienso.
Me volvió loco la Mirta que cantaba a Vinicius y con su afrolook y pantalones naranjas superajustados me cantaba al oído que “tus brazos precisan los míos y los míos, precisan los tuyos”. No pudo ser.
En los 70, la universidad combativa y las marchas callejeras me empujaron a los brazos de Celina. Era una partisana de apellido italiano y orgullo cordobés. Hincha de Agustín Tosco y los camperones verdes de la militancia. La dictadura acechaba, había que tomar decisiones para sobrevivir y huimos hacia Buenos Aires. Previamente nos casamos. Seguramente demasiado rápido. Éramos muy duros para la política pero demasiado blandos para la convivencia. Hoy miro a aquel Alfredo y lo veo con una inocencia y una falta de experiencia terrible. Pero empecé a ganarme la vida muy de abajo, en la revista Goles, mientras dormíamos con un colchón en el piso en un departamento de Floresta que casi no tenía muebles. Pero había letra y música de Tejada Gómez y Silvio Rodríguez.
Después viví tiempos de separado más zarpado y fui picoteando por distintas flores. La calle Corrientes me deslumbraba y tuve mucho de ese amor fugaz del toco y me voy que es amor pero no tanto. Esos son amores de madrugadas y calenturas pero no un amor de todo el día. Son esos ásperos entreveros de sábanas a los que suele cantarle Joaquín Sabina.
Con Silvana, la psicoanalista de Lugano, me casé y viví durante 24 años. Entramos a la fiesta con Sting que cantaba “Si la amas, déjala ir”. Apenas la ví en un recital, supe que iba a ser mi futura segunda ex esposa. Es una gran madre de Diego y nadie vive tanto tiempo con alguien si no lo respeta y valora.
No le cuento como me funciona el corazón ahora porque todo está naciendo con fuerza y no quiero violar la intimidad de algo y alguien que crece y que quiero cuidar entre algodones. Estamos en la etapa de la siembra pero ya estamos disfrutando de la cosecha como si nos hubiéramos conocido de toda la vida.
A esta altura creo que cada amor tuvo su identidad. Cada amor fue un espejo de mis momentos, mis sueños, mis fracasos y mis éxitos. Yo ya no soy el mismo que fue feliz con aquellas otras mujeres. Ni el que dejó de serlo y se fue en busca de otros susurros. Tal vez no cambié el fondo de mi mirada ni mi ADN de la vida. Pero fui modificando las formas de aproximarse a la vida y al amor. Uno cree que sabe pero no sabe bien que es el amor. Sospecha. Siente cosas en el cuerpo y aproximaciones en las ganas. Y siente envidia y admiración por el amor de pareja de sus amigos. De Jorge y Verónica, del Turco y la China, de Santiago y Patricia, del Doctor y Ana. Llevan años juntos y se aman como el primer día. Eso prueba que se puede.
Hoy creo que lo que más se parece a lo que siento lo escribió, cuando no, Daniel Salzano para Jairo.
Se llama “Los enamorados” y dice que se miran de frente,
caminan despacio, se besan de lado,
se tocan el pelo,
se cuentan los dedos,
se besan las manos.
Los enamorados…
Inventan proezas,
desatan pasiones,
murmuran promesas,
adoran la vida,
comparten helados.
Los enamorados…

Los enamorados,
son cuerpos sagrados,
oigamos el himno que cantan callados,
no me dejes nunca, no me dejes solo,
no me dejes, teneme apretado
decime amor mio, decilo de nuevo,
te quiero te quiero, que el mundo se acabe y empiece de nuevo.
Los enamorados, se miran de frente,
caminan despacio, se besan de lado,
ocupan el mundo, se prestan el alma,
los enamorados…
evitan las luces, dominan la noche,
abarcan estrellas, señalan planetas,
estiran las manos …. y
al final estallan, se apuntan,
se juegan, se afloran,
se abejan, se abren,
se cierran se bailan,
se juran, se viaban de lengua ,
de ojos de lado, se acunan,
se miman, se doblan, se triplan,
se llaman, se citan,
se loban, se lunan,
se celan se adoran,
los enamorados…
Brindo por todos los enamorados y les deseo que ese amor no se termine nunca. Brinde por eso hoy. Es el día del amor.

Día mundial de la radio – 13 de febrero 2018

Hoy es el día Mundial de la Radio. Las Naciones Unidas dicen que “sigue siendo el medio de comunicación más dinámico, reactivo y atractivo que existe”. También plantea que tuvo la inteligencia de adaptarse a los cambios tecnológicos y utilizarlos a su favor para sumar “nuevas formas de interacción y participación” democrática por su diversidad de voces y opiniones.
Se eligió el 13 de febrero porque ese día se fundó la radio de la ONU. Hoy es el día mundial de la radio y esa participación de los oyentes hizo que me pidieran una vez más la columna donde trato de explicar cuál es la magia de la radio. En agosto la radio cumplirá 98 años en Argentina y esta querida radio Mitre celebrará sus primeros 93 añitos.
¿Qué me dice? Son veteranas que están muy jóvenes.
El tiempo pasa. La radio es esa cultura de la Spica con olorcito a cuero para escuchar los goles en la oreja y monitorear a los relatores de la mano de mi viejo. O la Tonomac Platino Siete Mares que fue la primer internet que tenía dial en lugar de mouse y que nos permitía navegar por un mundo que nos devolvía interferencias y frituras en todos los idiomas. O ese suave calorcito que largaba la válvula por los parlantes de la radio Capilla de la abuela. O el walk man clavado en las orejas en pleno supermercado o el radio despertador que nos acribilla con la temperatura y en su momento con los hectopascales. ¿Se acuerda? O la que viaja en el auto y es compañía en la ruta o en laburo, o la que está en el living como si fuera la tele o en la cocina como si fuera el microondas o en el baño, ¿Por qué no? Mientras nos enjabonamos las noticias.
Hoy la radio es cada vez más un ícono en la red de redes que con un click en el celular te permite saber desde Lieja en Bélgica que calle está cortada y que semáforos no funcionan en el centro de Buenos Aires. La primera vez que llevé a mi hijo a una radio miró medio aburrido para todos lados y con sabiduría infantil dijo: “Pá: esto no es una radio, esto es un edificio”. ¡Cuánta razón tenía Dieguito en aquella época¡¡¡
Hay algunos que confunden la radio con el lugar físico en donde funciona. Con estas paredes llenas de historia. Con estos micrófonos que no perdonan. Con esa luz roja que tanto temo y que tanto quiero, con aquella vidriera que nos muestra operador al Pepo Colodrero y a veces a Dana o Lucas o Juampi, Gaspar y Emanuel, Javier y Mauricio desde Mar del Plata y tantos otros. Ellos nos lanzan luces de advertencia y nos dicen, ojo que venimos. Atrás hay otros compañeros que producen todo lo que va al aire. Allí está Mariana Torres Day, Juan Etchegoyen, Nacho Cámara, Marina Bianco, Andy López y sus twiters y la mirada sabia de Marta Lamas.¿Eso es la radio?
Algunas sillas, una mesa, la ceremonia del mate. ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho inmobiliario.
Entonces, ¿Qué es la radio? La posibilidad de transmitir palabras y músicas a través de ondas hertzianas, micrófonos, ecualizadores, una consola de sonido, casseteras, compacteras, mini disc y compus que despachan publicidades grabadas, una antena gigantesca, híbridos y del otro lado un aparato más grande o más chico que recibe todo eso. Dígame la verdad, ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho electrónico.
Y entonces, ¿Qué es la radio? ¿Porque se habla tanto de ella? ¿Por qué algunos tontos la tratan como una hermanita menor si está por cumplir 98 años de vigencia absoluta a pesar de tanto cambio tecnológico, tanto mail, tanto tuit, celulares o cámaras HD? ¿Por qué sigue ocupando un lugar tan destacado, creíble e irremplazable? Ni el cine ni la tele ni la poderosa internet pudieron con la radio. Todo lo contrario, la radio se sirvió de todos ellos para llegar antes y mejor. Para ser más radio.
La radio es como la cigarra de María Elena Wash. Tantas veces la mataron, tantas desapareció, a su propio entierro fue y sin embargo esta aquí, resucitando.
Muchas veces la gente que visita la radio sale un poco desilusionada como mi hijo aquella primera vez. Seguramente espera ver decorados, tarimas, escenografías, telones, noticias viejas, risas nuevas, disfraces, dragones y hasta algún que otro mago. Pero no. No encuentra nada de eso. Solamente unas cuantas personas en el centro de una habitación hablándole con gestos y ademanes a un fierrito que no sabe, no contesta. Los que no hablan en ese momento hacen todo en cámara lenta y se mueven como si la gravedad no existiera. Parecen locos que caminan por la luna. Juegan a dígalo con mímica, escriben grande en los papeles los nombres muy famosos o muy desconocidos de los entrevistados y tratan de leer los portales en la notebook o sin que el papel haga ruido y se escape por el micrófono.
Evidentemente la radio no está allí. El edificio, la tecnología y las personas no alcanzan para hacer una radio. Muchos señores amantes de la razón pura creen que sí. Creen que con todo alcanza y sobra y se equivocan. Los que piensan así no tienen una radio. A lo sumo un gigantesco altoparlante, un altavoz que llega lejos. Eso tienen… pero de ninguna manera tienen una radio.
Para definir una radio es condición fundamental haber leído el principito para comprender que lo esencial es invisible a los ojos. Es el único lugar donde no hacer falta ver para creer. La radio se completa con la imaginación de ambos lados. Desmiente ese dicho de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Acá es al revés. Si hay una verdadera radio, ojos que no ven, corazón que siente mucho. Por eso quien visita una radio no ve nada importante pero allí hay cosas importantes. Por eso la radio se escucha, pero sobre todo, se siente. La radio es esa carta pidiendo ayuda para una familia inundada que genera una catarata solidaria. Es esa convocatoria a la esperanza que hacemos con la buena noticia. ¿Usted ve la solidaridad y la esperanza? Por supuesto que no, pero la siente. La puede palpar y compartir. Igual que la alegría que desborda cuando nos equivocamos y nos tentamos o alguien nos cuenta que recibió esa ayuda y esa hermandad que pedimos al aire. Ese nudo en la garganta que se siente acá, ese cosquilleo en el pecho que mezcla las risas y el llanto, ¿Cómo se llama ese clima intangible? Radio, eso se llama radio.
La radio es esa señora que pide un bolero de aquella época porque es su aniversario de casamiento y quiere homenajear al hombre que la acompaña desde hace tantos años y le cocina un guisito de ternura, compra un vino especial y la mujer que al amor no se entrega no merece llamarse mujer. ¿Cómo se llama ese clima romántico? Radio, ese clima se llama radio.
Sin estas cosas usted tendrá muy buena información, o el coraje de una opinión jugada pero no tendrá radio. La radio es la que siempre llega primero, es la primera versión del periodismo que a su vez es la primera versión de la historia. Por eso la radio hace historia todos los días.
Sin esos climas, sin esos temblores, sin esas fantasías, usted tendrá algo honorable y muy útil tal vez, pero que no se llamará radio.
La radio es Cacho Fontana o Antonio Carrizo, Bravito o Badía. La radio es Mareco y el negro Víctor Brizuela y Fioravanti o el Gordo Muñoz. La radio es Pepe Eliaschev y Néstor Ibarra.
La radio es Mitre informa primero y las gargantas de oro de Trichi y Marcelito Elorza. Las risas, los PNT y las campanitas de las voces privilegiadas de las locutoras y locutores. Eso es la radio. Un equipo de radio, un verdadero dream team que me acompaña con Marcela Giorgi, Federico Andahazi y Sergio Gendler. La radio es el aire libre que todos respiramos. La radio es estar en el ring side de la vida como dice Magdalena Ruiz Guiñazú. Es un lugar de riesgo y audacia para caminar por el alambre. La radio es el teatro de la mente o el teatro sin imagen como me dijo ese genio del Negro Hugo Guerrero Martinheitz.
A esta hora exactamente hay millones de aparatos encendidos buscando una radio, sintonizando un síntoma, un aroma, un color en las ondas. Cuando esos aparatos encuentran una radio difícilmente se vayan. La consideran un miembro más de su familia. La quieren y la insultan. Discuten con ella, la abrazan, piden temas musicales, piden que le pasen sus mensajes, protestan, elogian, piden soluciones que no tenemos, aportan ideas. La gente interactúa con la radio como con ningún otro medio. Van y vuelven. Pasan de receptores a emisores. De oyentes a auditores. Miran la radio conmovidos como quien mira la vida.
Fernando Bravo, uno de sus reinventores dijo que la radio es en vivo y en directo, va a domicilio, es gratis, no se suspende por mal tiempo y está atendida por sus propios dueños.
Cuando uno encuentra una radio se da cuenta de inmediato. Porque lo siente acá. En el pecho y sabe que es un lugar en el corazón y en el cerebro donde se cruzan la emoción, la imaginación y la solidaridad.
Eso es la radio. O por lo menos creo que en esa radio creo. En ese milagro cotidiano llamado radio.