De Venezuela a Santa Cruz – 5 de abril 2017

Lo invito a reflexionar con una ucronía. Según la Real Academia Española, ucronía es la reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos. Por ejemplo, que hubiera pasado si ganaba Daniel Scioli las elecciones. Con datos, antecedentes y análisis se puede pensar que habría podido ser y no ha sido.
Porque el que ganó fue Mauricio Macri y sacó casi 13 millones de votos. Pero atento a lo que está pasando en Venezuela y en Santa Cruz podemos sacar algunas conclusiones acerca de lo que nos salvamos los argentinos.
Venezuela era el lugar a donde Cristina nos quería llevar. Y Santa Cruz es el origen del mal, la cuna y el laboratorio donde surgió este nefasto experimento llamado kircherismo.
El chavismo sumergió a Venezuela entre los países más pobres y con menor libertad. Entre Chávez y Maduro lograron que la criminalidad en las calles convirtieran a ese país en uno de los más inseguros del mundo y con más inflación. Hoy no hay insumos básicos, ni comida ni papel higiénico, ni nafta pese a que la tierra venezolana alberga una de las reservas de petróleo más importantes del planeta. Con autoritarismo y militares en las calles fueron censurando a los periodistas y erosionando la democracia hasta llegar a este autogolpe que va y vuelve sin rumbo ni racionalidad. Chávez y Maduro lo hicieron. Cristina lo quiso hacer.
Santa Cruz es la imagen patética de un populismo autoritario y corrupto que destruyó la provincia después de que la dinastía Kirchner la gobernara durante más de 25 años. Néstor, Cristina, Alicia y Máximo manejaron el poder con mano de hierro y sometieron a todo el mundo durante décadas. Desde el gobierno nacional enviaron toneladas de dinero que en muchos casos terminaron en los bolsillos de Lázaro Báez, Cristóbal López y la familia presidencial. Los resultados son alarmantes. Ministerios y reparticiones públicas tomadas o rodeadas por jubilados y maestros que no cobran y a los que se les ofrece miseria como aumento. Siete veces menos que lo que ofrece a los docentes María Eugenia Vidal. Los alumnos ruegan que empiecen las clases. La economía está colapsada. Se vivió una jornada vergonzosa porque la gobernadora Alicia Kirchner estuvo encerrada en la casa de gobierno y recién puso salir a las 4 de la madrugada. Los manifestantes habían bloqueado todas las puertas. El poder político se había derretido frente a la falta de capacidad y sensatez.
La diferencia es que a nadie se le ocurrió llevar un helicóptero ni decir que Alicia es asesina o dictadora como si hicieron los kirchneristas a la Plaza de Mayo. Hay que decir con todas las letras que la desesperación de los trabajadores los llevó por caminos antidemocráticos que no se pueden tolerar. Nadie tiene derecho a derrocar o destituir a una autoridad elegida por el voto popular. No importa si es Alicia Kichner o Maurico Macri. El que gana las elecciones tiene que manejar el estado hasta que pierda las elecciones y sea reemplazado como manda la Constitución Nacional. Pero este caso sirve para medir las distintas reacciones de los Yasky, los Baradel y las Hebe de Bonafini que no dicen una palabra de Alicia Kirchner y tratan de dictador a Mauricio Macri. Para colmo Alicia no le puede echar la culpa a la herencia recibida porque el Frente para la Victoria viene gobernando hace más de dos décadas y media. A esta realidad dolorosa quedó reducido el proyecto kirchnerista. Aca no le pueden echar la culpa ni al imperialismo norteamericano ni a los medios hegemónicos ni a Macri. Néstor, Cristina, Alicia y el príncipe heredero Máxima fueron y son dueños y señores de Santa Cruz. Son poco menos que señores feudales, ladri progresistas que se enriquecieron en forma atómica mientras sumieron a la provincia en la miseria más terrible.
Y ahora viene la ucronía. Si hubiera ganando Daniel Scioli, la Argentina sería una mezcla dolorosa y horrorosa del chavismo venezolano y el kirchnerismo santacruceño.
Seguramente a esta altura, Daniel Scioli no sería presidente. Ya hubiera sido destituido acusado de tibio por las huestes de La Cámpora. Hoy Carlos Zannini hubiera asumido la jefatura del estado y Cristina sería la reina eterna que tanto soñó.
Si hubiera ganado Scioli lloverían
los carpetazos y las amenazas a jueces como Claudio Bonadio y Julián Ercolini o fiscales como Gerardo Pollicita o José María Campagnoli. Alejandra Gils Carbó hubiera ingresado a la Corte Suprema como presidenta en nombre de una justicia legítima con igualdad de género.
Si Scioli hubiera ganado las elecciones, Lázaro seguiría ganando licitaciones truchas, devolviendo coimas monumentales y alquilando propiedades y habitaciones de los hoteles de los Kirchner. Diego Gvirtz sería Secretario de Medios, Raul Rizzo o Andrea del Boca ministros de Cultura y Horacio Verbitsky ministro de Justicia.
Si Daniel Scioli le hubiera ganado a Mauricio Macri, el canciller sería Luis D’ Elía y Fernando Esteche el jefe de la policía nacional y popular. Elisa Carrió y Margarita Stolbizer estarían presas en Ezeiza acusadas de conspirar contra la revolución kirchnerista inventando denuncias. Ocuparían las celdas de Lázaro y Ricardo Jaime. Victor Hugo Morales sería el director de canal 7 y Oscar Parrillitudo volvería a manejar a los servicios de inteligencia con perdón de la palabra inteligencia. Las autoridades de Irán nos recibirían con los brazos abiertos y el fiscal Alberto Nisman hubiera sido asesinado nuevamente en forma simbólica con un balazo en su prestigio.
Si Daniel Scioli hubiera ganado las elecciones Martín Sabbatella estaría rogando que no lo dejen afuera y que le tiren un hueso, como hace ahora y Juan Manuel Abal Medina no sería un traidor sino un soldado fiel de la causa cristinista. Clarín hubiese sido expropiado y rebautizado como “El Descamisado” y se le levantaría un monumento a Mario Eduardo Firmenich, el jefe de Montoneros, cerca del de Juana Azurduy para que estén juntos dos revolucionarios que se levantaron en armas para emancipar la Patria Grande.
José Luis Gioja y Omar Viviani, el rompecoches, estarían aplaudiendo en la primera fila todas las cadenas nacionales y Vladimir Putin nos hubiese enseñado periodismo desde la televisión rusa y la bolivariana de Telesur.
Tal vez Catherine Fullop y Juan José Campanella no recibirían la visa de trabajo en Estados Unidos y Jorge Todesca estaría en el banquillo de los acusados torturado intelectualmente por Guillermo Moreno. Alberto Pérez realizaría una muestra de su colección de cuadros en el Centro Cultural Kirchner y se le pondría el nombre de Indio Solari o Ignacio Copani el teatro general San Martín.
Pero no debemos ser Todo Negativos. No todas hubieran sido malas noticias si Scioli hubiese llegado a la presidencia de la Nación: por suerte, Aníbal Fernández sería el gobernador de Buenos Aires y habría fiesta en el hampa y carnaval en los carteles de la droga y el lavado.
Paremos con esta pesadilla. Por suerte la ucronia es lo que pudo ser y no fue. Pero Venezuela y Santa Cruz nos recuerdan que no hay que bajar la guardia. Que gritan vamos a volver y no a devolver en todos los actos. Que como siempre la historia y el destino lo construyen los ciudadanos. En la calle, en los gremios, en las universidades pero sobre todo en las urnas. Las urnas no son como las armas. Nunca las carga el diablo.

CFK, la jefa de la banda – 4 de abril 2017

Ya no será la arquitecta egipcia ni la exitosa abogada. Ahora Cristina es la jefa una banda delictiva. De acuerdo al procesamiento que le dictó el juez federal Claudio Bonadío, la ex presidenta lideró una asociación ilícita dedicada a cobrar coimas y lavar dinero a través de la sociedad familiar llamada “Los Sauces”, pero que podríamos llamar coloquial y chicaneramente “El cártel K” o “La mafia de los pingüinos”. El magistrado aseguró que estos delitos están agravados por la habitualidad, también la embargó por 130 millones de pesos y le prohibió salir del país. Este tercer procesamiento podría haber sido con prisión preventiva porque habitualmente es lo que le ocurre a quienes son acusados de ser los jefes de una asociación ilícita. De hecho otro ex presidente peronista que Cristina voto siete veces, Carlos Menem, por la misma situación fue inmediatamente llevado a prisión. Pero en este caso, parece que el juez privilegia el hecho de que la ex jefa del estado se ajusta a derecho y se presenta ante la justicia cada vez que es convocada.
Pero aquí no termina el tsunami judicial y político que se descargó sobre Cristina. Sus hijos Máximo y Florencia también recibieron los mismos procesamientos, por idénticos motivos, y los mismos embargos y la misma prohibición de abandonar la Argentina.
Se podría decir que toda la familia está acusada de ser jefes de una asociación ilícita. No hay demasiados antecedentes en la historia de los tribunales de algo semejante. Máximo y Florencia perdieron la virginidad en el plano de los procesamientos. Es la primera vez que están en esa condición tan grave y donde peligra su libertad ambulatoria.
Como si esto fuera poco, ni siquiera le pueden echar la culpa Néstor, su marido muerto. Todos estos delitos, según el minucioso escrito de 392 páginas del juez, fueron cometidos desde el 2008, es decir, después de la muerte de Néstor Kirchner. Y encima, el mejor amigo, socio, cómplice y testaferro de la familia, Lázaro Báez también fue procesado en este caso como organizador de la asociación ilícita por lo que todos se arriesgan a ser castigados a una pena no excarcelable porque la mínima es de cinco años de prisión. ¿Se da cuenta de la gravedad institucional y política que tiene todo esto? Es que la familia no puede explicar el funcionamiento de esa inmobiliaria trucha que no tenía empleados, solo un jardinero y que prácticamente tenía solo dos clientes: Lázaro y Cristobal que sumaban el 80% de la facturación. Le pagaban alquileres muy por encima del mercado como una manera de retornarle el favor de los negocios sucios y por eso después tenían que lavar el dinero. Pero encima de todo esto, casi no hay un papel, un contrato, un recibo, algo que justifique legalmente lo que embolsaron ilegalmente. Se cebaron con la impunidad. Se creyeron eso de Cristina eterna y pensaron que se iban a jubilar en el gobierno. De lo contrario es imposible semejante codicia y bulimia por el dinero y semejante truchada para dejar los dedos pegados y pruebas de la infamia por todos lados.
Hasta Romina Mercado, la hija de la gobernadora Alicia, también fue procesada igual que su empleador Cristóbal López, en este caso como miembro de la banda pero no como jefe.
Seguramente ahora van a apelar pero el escrito de Bonadío y la investigación del fiscal Carlos Rívolo, es de una rigurosidad difícil de rebatir. Por eso intervinieron judicialmente varias empresas. Para encontrar la punta del ovillo de una trama compleja destinada a que no haya transparencia en ninguna operación.
Máximo, el príncipe en jefe de La Cámpora, está muy comprometido. Firmó cheques extraños y balances flojos de papeles. Cuando esta causa vaya a juicio oral serán claves los testimonios de Fabian de Souza, Osvaldo Bochi Sanfelice, seguramente el primer testaferro y socio de Néstor y Máximo, el contador Víctor Manzanares y el escribano Ricardo Albornoz que dieron fe de las malversaciones y las bendijeron con sus firmas.
Están acusados de haberse robado montañas de dinero de todos los argentinos vía coimas del negocio del juego y la obra pública.
Finalmente, Bonadío le dio un empujón hacia el abismo legal a Cristina y su bandita, como ella definió a los justicialistas que ya no la quieren ni la respetan. Argumentó que esta causa debe sumarse a la investigación del caso Hotesur y otros negocios de infraestructura que llevan adelante Ercolini y el fiscal Gerardo Pollicita. Estos magistrados también procesaron a Cristina con acusaciones muy similares: Banda dedicada a saquear el estado para su enriquecimiento.
Dice Bonadio que entre estas causas existen conexidad subjetiva y objetiva y los casos deben ser acumulados. Tal vez en un futuro juicio oral se armen una megacausa porque todo confirma una matriz única de estafas perpetradas por los mismos delincuentes.
Todo este balde de desprestigio vergonzoso le cayó a Cristina el mismo día en que el fiscal Eduardo Taiano citó como testigo a su superior, la procuradora Alejandra Gils Carbó para que diga bajo juramento si tenía resuelto remover al fiscal Alberto Nisman de la fiscalía de la AMIA, cosa que aceleró el regreso desde Europa del fiscal muerto de un balazo en la cabeza. Esto también involucra directamente a Cristina en la causa que más temor le despierta y que la obliga a comportarse como culpables y encubridora de los terroristas iraníes que perpetraron el atentado más grave de la historia al hacer volar la AMIA por los aires y asesinar en el mismo instante a 85 personas.
Hay que recordar que en su reciente viaje a Estados Unidos, al fiscal Taiano le dijeron: “usted está investigando un asesinato”.
No corren buenos tiempos para Cristina y su tropa. La multitudinaria convocatoria del sábado tuvo múltiples consignas pero un par que unificaban a todos: “Argentina, sin Cristina” y “No vuelven nunca más”.
Encima, Santa Cruz, después de más de 25 años de gobiernos kirchneristas es una provincia fundida, asediada por jubilados, docentes y estatales y al borde del colapso institucional. Recién esta madrugada la gobernadora Alicia Kirchner pudo salir de su despacho porque la casa de gobierno estaba rodeada de manifestantes. Esa actitud desesperada no se puede compartir porque se trata de un delito y de un intento desestabilizador. Pero nadie llevó un helicóptero ni calificó de dictadora o asesina a la gobernadora como si hicieron los kirchneristas con Mauricio Macri.
El modelo nacional y popular tuvo hoy su día más negro. Las últimas escuchas en las que podemos conocer mejor la lógica de conducción de Cristina la muestran vengativa cuando le dice a Parrillitudo que la mate a Margarita Stolbizer o cuando dice que Macri y Tinelli son dos estúpidos. Y al mayordomo eterno, las escuchas lo deschavan como un pobre muchacho incapaz de decir otra cosa que “Si Cristina” que repite como un loro lo que ella dice. Por eso el chiste del genial Rolo Villar no es tan chiste. Dijo que a Parrillitudo le dicen “dieta de la naranja, chupa media a la mañana y chupa media a la tarde”. Parrilli no es tonto. Sabe a quién le chupa las medias. Sabe que Cristina, como dice Bonadío, es la jefa de la banda.

La democracia en marcha – 3 de abril 2017

El jueves pasado, en este mismo espacio de la columna editorial yo le dije textualmente:
Ojalá haya mucha gente en las marchas de todo el país. Ojalá las plazas desborden de ciudadanos. Para que los conspiradores tomen nota. Y para que el gobierno también tome nota. Los dirigentes que no dirigen no son dirigentes. Son burócratas a sueldo incapaces de levantar utopías de cambio. Son tibios que la historia vomitará. Como dice la biblia.
Ahora que ya sabemos que la demostración popular del sábado fue de una magnitud extraordinaria conviene sacar algunas conclusiones. Quiero creer que alguien en el gobierno y en los partidos que integran la coalición Cambiemos estudiará el fenómeno para descubrir porque se equivocaron tanto. Porque subestimaron tanto la conciencia ciudadana y cívica. Porque se manejaron con tanto temor y especulación frente a una expresión que se veía venir de carácter histórico.
No hay demasiados antecedentes en la historia argentina de un gobierno que desalienta y boicotea una manifestación de respaldo al sistema democrático y republicano que levanta las mismas banderas que el presidente Mauricio Macri trata de instalar. Según el diario Clarín, un alto funcionario se preguntaba en reserva quien había “sido el boludo al que se le había ocurrido hacer una marcha un sábado a las 18 horas, con 100 mil personas en un recital de música y 50 mil en la cancha de Boca”. No conozco quien ese alto funcionario pero me lo imagino. Ahora la pregunta debería ser al revés: ¿Quién fue el boludo que dijo semejante boludez? Si presenta la renuncia sería un gesto de grandeza y reconocimiento de su metida de pata.
Ocultaron la marcha, la ningunearon. Ni un solo dirigente político del PRO, del radicalismo ni de la Coalición Cívica convocó con entusiasmo e ideas a las plazas de la Argentina. Peligrosamente verticalistas, se lavaron las manos, miraron para otro lado y sacaron un comunicado más lavado que dinero de Cristina y Lázaro. Que quede claro que nosotros no organizamos nada, decían temblando de temor al fracaso por una posible comparación con las 5 marchas de opositores profesionales que tuvieron que enfrentar y que en casi el 80 % de los casos convocó a las mismas personas con distintos ropajes.
El contenido de la marcha fue sublime. Las grandes consignas lo decían todo: “ Baradel/ déjate de joder”. Y las dos que a mi más me representan: “Argentina/ sin Cristina” y “No vuelven nunca más”. Había hartazgo por el asedio al que grupos antidemocráticos y autoritarios sometieron al sistema. Había hartazgo por los insultos y agresiones de Hebe de Bonafini al presidente que casi nadie contestó con firmeza. Había hartazgo de los cortes de puentes, calles y hasta el Metrobus con muchachos violentos con caras tapadas y palos amenazantes en las manos. Cada vez que una parte importante del pueblo se pone el movimiento por su propia decisión y sin que nadie lo obligue, la historia del país pega un salto cualitativo. Es un empujón anímico. Es un nivel de conciencia muy superior a la comodidad de hacerse los valientes tuiteando en las redes sociales.
Tal vez el cantito más popular fue autocelebratorio: “Si- se- puede”. Es la preferida del gobierno. Pero muchos dirigentes oficialistas no creyeron demasiado que si se podía. Y, sin embargo, se pudo.
Fue una marea de argentinos, envueltos en los colores celestes y blancos que se convirtieron en la reserva de un sistema pluralista, pacífico, dialoguista, que busque mayor igualdad y que destierre a los golpistas y a los corruptos. No fue una marcha a favor del gobierno. Fue a pesar del gobierno y para bancar el sistema democrático.
Macri nunca debe olvidar que ganó con siete millones y medio de votos que no son estrictamente propios. Fueron 5 millones y medio los votos duros amarillos del PRO que sacó en las primarias. Al final le ganó a Scioli con casi 13 millones de votos.
Es decir que hubo siete millones y medio de argentinos que no fueron sus votantes de la primera hora, pero que lo votaron para derrotar al cristinismo felpudo de Scioli y con esperanza de que cumpla lo que prometió. Por ejemplo unir a los argentinos. Y eso solo se logra extirpando el cáncer de la intolerancia cristinista y derrotando en las urnas a su tropa.
La democracia de las multitudes también se movilizó en apoyo a los jueces valientes que van para adelante y que no van a parar hasta que Cristina y varios de sus socios, amigos y testaferros vayan presos y devuelvan la fortuna inconmensurable que les robaron a los más pobres de la Argentina.
En la autocrítica que Cambiemos debe realizar hay algunas figuras que deben tener un capítulo especial. Empiezo por Marcos Peña para no rozar la investidura presidencial. Sigo con Elisa Carrió que dijo sin pelos en la lengua, como siempre, que el gobierno no necesitaba de manifestaciones. El viernes lo comenté y hoy lo repito: Carrió es una de las dirigentes más honradas y valientes de estos tiempos. Es una implacable gladiadora por la transparencia y la honradez. Eso la hace imprescindible. Es la conciencia crítica del gobierno. Vale oro. Pero dicho esto, no se puede ocultar que tiene serias dificultades para la construcción de escenarios políticos. De hecho, en muchos años, no pudo edificar un partido poderoso. Varios de sus mejores cuadros se le fueron porque abusa del individualismo y el personalismo. La política necesita liderazgos pero es una producción colectiva.
El radicalismo, con Mario Negri a la cabeza también tiene que reflexionar que les pasó. ¿Viven demasiado encerrados en las internas palaciegas por los espacios de poder? Quienes supieron poner en valor las multitudes que parieron a Yrigoyen y Alfonsín no pueden descartar jamás el legítimo y emocionante instrumento de la movilización y menos carecer del olfato político para registrar que piensa y que necesita gran parte de su propio público.
Por eso creo que una reflexión autocrítica de Cambiemos sería la frutilla del postre de este éxito rotundo que tuvo el gobierno con miles y miles de ciudadanos que les dijeron: “Vayan adelante con firmeza, muchachos. No arruguen”.
Imagino un texto breve pero sincero firmado por macristas, radicales y lilitos que empiece con dos palabras: “Perdón y gracias”. Perdón por no haber sido capaces de interpretar el tsunami de gente que se venía y que reclamaba conducción y orientación. Y gracias porque no hicimos lo suficiente para merecer esto. Una parte importante de los argentinos, tal vez alrededor del 50%, no quiere que vuelva Cristina ni su banda de ladrones y patoteros, quiere una democracia de disensos y consensos sin agresiones ni injurias y quiere un gobierno atento que deje de castigar a los que lo votaron con tarifazos y falta de sensibilidad social.
Hay miles y miles de ciudadanos anónimos que maduraron mucho más que varios funcionarios y políticos. Son los que sufrieron de verdad las persecusiones del ladriprogresismo chavista. Merecen el reconocimiento Luis Brandoni, Federico Andahasi, Juan José Campanella, Fernando Iglesias, entre muy pocos artistas e intelectuales que comprendieron la magnitud del fenómeno y salieron a bancarlos públicamente con nombre y apellido aun en contra del partido al que pertenecen o al gobierno que votaron. Insisto: el que no construye su destino se tiene que aguantar que se lo construyan otros.
Hoy el listón esta más alto. Los que quieren tener el honor de conducir los destinos de la Argentina deberán ser personas honestas, sensibles, audaces y capaces intelectualmente. Pero básicamente, parafraseando a monseñor Angelelli, deberán tener un oído en el pueblo y otro en la Constitución. Quien quiera oir que oiga.