Mirtha, la gran periodista – 20 de marzo 2017

Así es este país de imprevisible. Una de las mejores periodistas de este país, no es periodista.
Es increíble que una mujer que ya pasó los 90 años sea una de las mejores periodistas y entrevistadoras de la televisión argentina. Por supuesto que hablo de “La Chiqui”, hablo de Mirtha Legrand. Y destaco su edad porque demuestra que tiene una lucidez, una memoria y una capacidad de comprensión digna de la envidia de mucha gente más joven. Es una superdotada. Una extraterrestre, como le dijimos ayer en su mesa. Esto demuestra que ni siquiera hay que estudiar periodismo para destacarse en este oficio maravilloso. Si estudian, mucho mejor, por supuesto. Siempre tener una mejor formación intelectual ayuda a destacarse en todos los órdenes de la vida. Pero Mirtha que es conductora y actriz de nacimiento comprendió lo más importante de un buen periodista: la mirada crítica. No casarse con nadie. Ella aprendió a separar sus ideas y opiniones del servicio que presta en la televisión entrevistando a figuras importantes y entre ellas al presidente de la Nación, Mauricio Macri.
En su momento, cuando Mirtha entrevistó a los Kirchner le dijo sin pelos en la lengua: “¿Sabe lo que dice la gente? Que se viene el zurdaje”. El sábado a la noche en la Quinta de Olivos, Mirtha tuvo el coraje de decir lo que piensa y de preguntar a fondo. Ella también fue sincera cuando dijo que había apoyado a Macri y que es antikirchnerista porque ama la libertad y odia el autoritarismo. Y los Kirchner, tanto Néstor como Cristina, lideraron los gobiernos más corruptos y que más se dedicaron a perseguir voces disidentes con un formidable aparato del estado que pagamos todos.
A Mirtha le dijeron y le hicieron de todo. Se metieron con su vida personal y hasta con su hijo fallecido. Vieja, gorila, oligarca fueron insultos en vivo y en directo a través de la mal llamada Televisión Pública y muchos de ellos pronunciados por actores como Federico Luppi que en otros momentos iba a esos encuentros a difundir sus obras de teatro o películas. Los K llegaron a incitar a que escupieran su imagen pegada en una pared. No fue la única por supuesto. Pero Mirtha, Lanata, Magdalena, Longobardi fueron, por solo nombrar a los más populares, el blanco de un ataque y de un plan sistemático para quebrar sus convicciones, intimidarlos y generar autocensura. En muy pocos casos lograron callar a los periodistas independientes. En general un grupo de los más valientes ejerció, como Mirtha el periodismo desde su ADN más profundo que es ser fiscal del poder y abogado del hombre común. El que se comporta como un chupamedia de cualquier gobierno o de cualquier poder, deja de ser periodista y se convierte en un propagandista. Y ese es otro oficio.
Por eso me pareció muy atinada la columna de Gonzalo Abascal en Clarín. Porque puso en un pedestal, como un ejemplo a seguir a Mirtha y porque la comparó con los obsecuentes que se pusieron la camiseta partidaria y solo defendieron a Cristina y jamás buscaron la verdad que es nuestra principal misión.
¿Se entiende? No quiero cargar las tintas con Hernán Brienza porque no me gusta patear al caído. Y tengo entendido que no tiene trabajo y que está amargado porque no lo convocan ni de los medios ultrakirchneristas. Pero lamentablemente fue el que presentó en un par de actos a un evidente delincuente serial como Amado Boudou y fue el que le puso la alfombra roja a Cristina para que luciera su inteligencia suprema. Así no es el trabajo de periodista. Y eso que Brienza era de los buenos. Fue profesor de mi hijo. Es un hombre formado en el pensamiento nacional y popular de Jauretche y aunque no comparto su mirada ideológica, como historiador, escribió un par de buenos libros. Pero se dejó seducir por un gobierno. Disfrutó de tres o cuatro trabajos en el estado o en empresas para estatales. Y puso la militancia por encima del periodismo. Y ya se dijo mil veces. Es muy bueno que una personal milite y se comprometa con la política. Pero el militante y el periodista tienen objetivos distintos. El militante busca instalar “su” verdad y sumar adhesiones a sus ideas. El periodista trata de buscar “la verdad” o lo más aproximado a la verdad con la mayor honestidad intelectual posible. Y después, si quiere y le da el cuero, puede opinar sobre esa información que debe ser certera. Nosotros los periodistas no defendemos candidatos ni funcionarios. Los miramos siempre con sospecha y distancia. Nosotros defendemos valores. Los míos son la democracia, la división de poderes, la libertad, la justicia social, los derechos humanos, la educación pública, la honestidad y la ética, la excelencia y el progreso social.
Mirta a los 90, sin ser periodista de profesión, hizo una gran entrevista. Áspera pero respetuosa. Le preguntó de todo y sin pelos en la lengua. Y eso le hizo bien a los ciudadanos que pudieron ver a un Macri más auténtico, sin tiempo para editar nada ni para mentir en relatos épicos como los que hacía Cristina con sus actos. Macri mostró temple y respeto por la opinión del otro cuando se bancó que Mirtha le dijera: “Yo creo que ustedes no ven la realidad” y que le hablara del crecimiento de la pobreza, los apagones, de la desilusión de muchos argentinos que, según ella, empezó con los tarifazos, de los errores que cometen y del mal asesoramiento de Durán Barba.
Hasta Página 12 que fue y sigue siendo el boletín oficial del cristinismo , puso en su página web “Macri contra las cuerdas”, según registró Abascal. La gran diferencia es que el mundo no se cayó. Que nadie va a escrachar a Mirtha ni 6,7, ni 8 veces, que no le van a quitar la publicidad oficial a sus programas y que los grupos de tareas de las redes sociales no la van a descalificar ni injuriar por hacer bien su trabajo de entrevistadora a un presidente.
Es apasionante confirmar que la renovación necesaria en el periodismo no tiene que ver con la edad. Porque muchos de los pibes para la liberación que intrusaron el periodismo serían incapaces de plantear ni una sola crítica a Cristina o hacerle media pregunta que no se complaciente. El periodismo premia a los que no se dejan domesticar. Cristina parió un grupo de alcahuetes que quemaron en el altar de la obsecuencia sus posibilidades profesionales y ofendieron este oficio, el más maravilloso del mundo, como decía García Márquez.
Se ganó todos los premios habidos y por haber. Los “Martín Fierro” de Oro y Platino, entre cientos. Hizo 36 películas, 11 obras de teatro, tres series y un par de programas de radio. Es idolatrada en Cuba y Rusia. Aquí divide aún más la grieta política. Pero el sábado demostró que es una gran periodista. Sin ser periodista. ¡Prendete a la Chiqui. Prendente al periodismo!

Embajada Israel x 25 – 17 de marzo 2017

Hoy se hizo el acto central en reclamo de justicia a 25 años del atentado terrorista a la embajada de Israel. Hace tres años, ahí había un gigantesco globo ubicado en la esquina de Arroyo y Suipacha que decía: Acá había vida.
Parece que pasó un siglo pero hoy, después de un cuarto de siglo la consigna es hacia adelante: “Paz sin terror”. Es lo que la inmensa mayoría de los argentinos de todos los credos y todas las ideologías ansiamos construir: paz sin terror. Convivencia sin odio ni muertes. Diálogo sin violencia. En definitiva para decirlo con palabras de Domingo Faustino Sarmiento: civilización sin barbarie.
Las manos dibujan ese símbolo. Una con los dedos en “ve” que es el símbolo de la paz y también del número 2. Y la otra mano abierta con la palma como diciendo “para con la beligerancia”. Y esa muestra los cinco dedos que, con los dos dedos de la otra, integra, emblemáticamente, el número 25.
Hoy, como todos los años, como un alarido de dolor, a las 14:50 sonó la sirena con conmueve y convoca. El día del horror multiplicado, mi hijo Diego tenía apenas dos añitos y estaba en pijama jugando en un living de Caballito con sus primas de Córdoba. Hasta en ese barrio se sintió como temblaba la tierra en ese terremoto de sangre y muerte provocado por los terroristas. Unos cuantos años después, fuimos a recorrer ese lugar con mi hijo. Me sentía con la obligación de contarle que había pasado aquel día en que sus juguetes se sacudieron en medio de sus juegos de niño. Con la intención de perseguir la memoria, la verdad y la justicia le cuento lo que pasó el día que pisamos juntos ese lugar sagrado convertido en un cementerio colectivo.
Allí va:
- Papá, ¿Por qué me trajiste a esta plaza?
- No hijo…. esto no es una plaza.
- ¿A no? ¿Y esos árboles? ¿Y esos pájaros? ¿Y esa especie de lago que rodea este inmenso espacio vacío?
- Tenés razón, hijo. Parece una plaza pero no es una plaza. ¿O no ves que no hay hamacas ni toboganes?
- No entiendo… pá.
- Vení… vení …hijo, dame la mano. Vení… caminemos juntos por esta plaza que no es una plaza y yo te explico. Este es un lugar para mantener viva la memoria. Vos no te podes acordar porque hace 25 años, apenas tenías dos, pero aquí, en este lugar, la embajada de Israel desapareció de la faz de la tierra. Si… si algo parecido a lo que pasó en las Torres Gemelas en Nueva York: sin aviones pero con el mismo odio.
Uno va caminando lentamente de la mano con su hijo y es como si recorriera esos gigantescos descampados a los que quedaron reducidos algunos de los más tristemente célebres campos de concentración del nazismo. Uno camina por el silencio y hace equilibrio en el aire mientras siente que se le adhieren al corazón dolores interminables que le estrujan el pecho. No es para menos. Aquí en este suelo porteño de Arroyo y Suipacha hace 25 años había 29 vidas que ya no están.
Aquí hace 25 años se cometieron 29 asesinatos en un segundo. Porque todo tardó un segundo. El tiempo que uno tarda en pestañear les alcanzó a los asesinos masivos para terminar con la vida de 29 personas. La pentrita y el TNT hicieron estallar la vieja casona por los aires y millones de pedazos de la embajada de Israel volaron como papeles quemados que luego bajaron hecho polvo y escombros para sepultarlo todo.
Nadie entendió porque el mundo se cayó encima de esos 29 seres humanos.
¿Quién se atribuye el poder sobrenatural de decidir quiénes deben morir y quienes no? ¿Quiénes son los fanáticos terroristas que arrancaron para siempre la respiración de 7 viejitas que sobrevivían sus últimos días en el hogar que está al lado de la parroquia, al frente de la embajada? ¿Eran conscientes que había 200 chicos en la escuela? ¿Supieron qué mataron al cura párroco? ¿Tendrán conciencia o el odio les clausura la sensibilidad eternamente y los convierte en robots, talibanes y blindados?
Hace 25 años que Buenos Aires se transformó en Manhattan o en Kabul o en Atocha o en Beirut. El corazón de esta ciudad desarmada y con la guardia baja fue apuñalado por la espalda. Fue el anuncio brutal de todo el terror que se venía en una Argentina que ya no sería la misma. Porque dos años después la tragedia se multiplicó en la AMIA. Otro anuncio: el olvido es el primer paso hacia la impunidad y la impunidad es una tragedia que vuelve.
Hoy no hay un solo responsable. No hay culpables. Ni un detenido ni una pista. Nada. Solo duelo y luto. La causa judicial está tan muerta como aquellas 29 personas que mató la bomba. No sabemos pero sospechamos que tipo de fascista puso la bomba. Pero si sabemos quién mató la causa. Los que no investigaron. Los que trataron el tema con desidia, negligencia, desprecio por el dolor, falta de voluntad política y también – porque no decirlo – con complicidad.
Pero la luz inevitablemente triunfará sobre las tinieblas. Igual que hace 2.000 años cuando fue destruido el templo de Jerusalem y quedó intacto el candelabro de siete brazos. Igual que hace 25 años cuando se arrodillaron las paredes de la embajada pero quedó intacta la gigantesca araña que iluminaba el salón principal. Milagros de la luz en su doble condición de dar vida, dar a luz y de encontrar la verdad, echar luz, iluminar algo, descubrir.
La esperanza de justicia es lo último que se pierde. Mientras tanto las lágrimas del dolor se empecinan en tatuarse en nuestros brazos como los crueles números del holocausto.
- Papi, te quedaste callado. Se te humedecieron los ojos. ¿En que estabas pensando?
- No… nada, hijito. Pensaba si entendiste porque esto es mucho más que una plaza?
- Si Papá. Creo que entendí: es como un jardín donde crece la memoria. ¿No?
Exactamente eso. Un jardín de la memoria donde crece la vida y donde la muerte y el odio tienen prohibida la entrada por los siglos de los siglos… Amén.

Tránsito criminal – 16 de marzo 2017

¿Hasta cuándo le vamos a seguir llamando accidentes a los siniestros viales? ¿Hasta cuándo vamos a seguir produciendo tragedias horrorosas en las rutas argentinas con esa mezcla explosiva que es la ausencia del estado y la soberbia imprudencia que tenemos al manejar? ¿Hasta cuándo vamos a sacrificar vidas de nuestros hermanos en el altar de la locura por llegar tan rápido que no llegamos nunca? ¿Hasta cuándo seguirá esta epidemia colectiva de no tomar conciencia de que choques en las calles y en las rutas hay en todos lados, pero en pocos países tienen la brutalidad y la cantidad de víctimas fatales que se producen en nuestro país? Ojo con este tema. Porque Argentina sigue ocupando los primeros lugares en muertos en siniestros viales. Y los gobiernos tienen mucho por hacer pero los ciudadanos también tenemos muchas responsabilidades y culpas en todo esto.
¿Cuántos muertos más son necesarios para demostrar que muchas rutas están colapsadas?
Corremos de atrás a los problemas ¿Hasta cuándo vamos a permitir que cualquier persona irresponsable maneje un colectivo, una camioneta o un camión? ¿No comprendemos que tiene un arma en la mano? Qué ponen en peligro su vida y la de la gente que transporta. Es indignante que muchos choferes de micro vayan escuchando música con auriculares o hablando por celular o borrachos o agotados por el cansancio. Las dos últimas experiencias fueron nefastas: en el micro que salió de Mendoza hubo 19 muertos. En el de Santa Fe, fallecieron 12 personas.
El informe del Instituto de Seguridad y Educación Vial dice que aumentaron un 25% en un año la cantidad de víctimas fatales en estos accidentes en las calles y rutas. ¿Escuchó bien? Creció un 25%. En un año. Es que falta educación vial. Cómo nos falta educación en todos los niveles. Son datos que asustan. Según la fundación “Luchemos por la vida”, en nuestro país mueren por estas causas un promedio de 7.300 personas por año. Son más de 20 por día. ¿Sabe cuántos mueren en Suiza? 282. Y en España, 1.700.
Y hay algo más terrible. La mitad más uno de los que pierden la vida son menores de 30 años. Y el día donde ocurren más tragedias es el domingo.
¿Estamos todos locos? ¿Hemos perdido los mínimos reflejos solidarios? ¿Tan poco nos importa el prójimo? ¿Quién será el próximo? Uno se estremece de dolor de solo pensar en la cantidad de familias destruidas que quedan. Y eso que no contamos los que sufren heridas graves que los dejan fuera del mercado laboral. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿No nos alcanzó con el drama y las enseñanzas que nos dejó la tragedia del colegio Ecos? ¿No aprendemos más del dolor? ¿No cerramos más nuestras heridas? No terminamos de llorar a unos que ya vienen otros.
Insisto; ¿Hasta cuándo? ¿Qué nos pasa? ¿Cuánta sangre hace falta para calmar nuestro vértigo suicida?
¿Sabías que en uno de cada tres accidentes participa una moto y que el 67 % de las lesiones son en la cabeza? Y todavía hay que renegar con los que se creen piolas y no usan cascos ni se ponen el cinturón de seguridad. Hay un culto a la fatalidad, a la irresponsabilidad, a ese sentimiento de impunidad, de que a nosotros nunca nos va a pasar, que es más propio de los adolescentes que de las personas maduras.
Es verdad que hay situaciones producto de la fatalidad o el destino. A veces hay fallas mecánicas. Pero en la inmensa mayoría de los casos la culpa es nuestra y no se la podemos colgar a nadie. Un 3% de los peatones habla y un 2% manda mensajes mientras cruza la calle. ¿Nunca vio a un motoquero o a un ciclista mandar un mensaje mientras hace equilibrio sobre las dos ruedas y pasa el semáforo en rojo? Cuando vemos nuestro comportamiento parece que no hay más muertes de puro milagro.
Hoy Chano chocó de nuevo. Hablo de Chano Charpentier, el líder de Tan Biónica y pienso, ¿Y cuál es la noticia? Si este irresponsable choca a cada rato. Muchas veces porque se pierde por el alcohol y las drogas que consume. ¿Se acuerda cuando chocó 8 autos y después se llevó puesto un portón? Los vecinos lo bajaron de la camioneta y le dieron una paliza que lo mandó al hospital.
Esta vez el control de alcoholemia le dio cero. Pero tenía la licencia de conducir vencida. Pregunto: Chano, con los antecedentes que tiene, ¿debe tener carné o por lo menos hay que prohibirle que maneje? Aunque sea hasta que se cure. Porque es un peligro para él y para los ciudadanos que lo rodeamos.
Hacen falta mejores señales. Y más campañas y educación vial desde la escuela porque es educar para la vida. Así como los argentinos sentimos orgullo por tantas cosas maravillosas que tenemos, de la misma manera tenemos que sentir vergüenza por ser uno de los países del mundo con más siniestros y más muertos. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que las rutas sean trampas mortales en las que nos metemos porque creemos que a nosotros nunca nos va a pasar nada? Manejamos como somos. Manejamos como vivimos. A mil por hora, con gran individualismo. Nos importa un carajo de los demás. Es una forma de mostrar nuestros valores culturales o mejor dicho la falta de esos valores. El día del desastre con el Indio Solari en Olavarría murieron 25 personas en las rutas del país. Una de ellas fue la madre de uno de los pibes que estaba en el recital y con el que había perdido contacto. ¿Hasta cuándo vamos a subestimar tanto a la muerte y despreciar tanto a la vida? Eso me pregunto en estos días terribles y desgarradores. ¿Hasta cuándo el tránsito criminal? Los siniestros viales. ¿Hasta cuándo vamos a apostar al tránsito suicida? ¿Hasta cuando?