Corrupción K, hasta la tumba – 4 de octubre 2018

La realidad del robo del siglo kirchnerista supera cualquier ficción. Escuche bien, por favor: Un testigo aseguró que Máximo Kirchner comandó un operativo para sacar 40 bolsos llenos de dinero del Mausoleo de Néstor, antes de que se produjera un allanamiento de fuerzas federales. No se trata de un rumor que contó alguien en privado. Es una declaración formal bajo juramento que hizo Danilo Adolfo Penissi ante el juez Claudio Bonadio.
¿Quién es Penissi? Un hidrógrafo que fue jefe del departamento de Obras Civiles de la municipalidad de Rio Gallegos. Esto figura en el expediente.
Penissi denunció que ante la versión de que desde Capital se venía un allanamiento al mausoleo, se inventó primero un allanamiento provincial con la excusa de buscar drogas y que hizo la policía santacruceña para disimular, La realidad es que sacaron más de 40 bolsos cargados de dinero del Mausoleo donde descansan los restos de Néstor. Todo el operativo estuvo a cargo de Máximo Kirchner y Rudy Ulloa Igor, el ex chofer de Kirchner devenido en millonario. También participó el secretario personal de la ex presidenta, el hoy arrepentido, Fabián Gutiérrez. Penissi agregó que Cristina llegó esa noche y que supone, que fue para supervisar todo el repugnante operativo. Ocultaron los bolsos en la mismísima Casa de Gobierno y en el local del Casino Club, propiedad de Cristóbal López. Si fuera una novela podría llamarse: “Ali Babá y los 40 bolsos”. A esta altura se encontraron bolsos en todos lados menos en la localidad de El Bolsón, capital simbólica del kirchnerismo. Bolsos por aquí, bolsos por allá: en el avión presidencial, en la Rosadita de Puerto Madero, en el departamento de Recoleta de Cristina, en los baúles del auto de Roberto Baratta que conducía Oscar Centeno y ahora, superando todas las fantasías, en el cementerio. Esto vendría a desmentir el dicho popular que asegura que “la mortaja no tiene bolsillos”. Néstor, después de muerto, como un Cid Campeador de la corrupción, seguía rodeado de dinero sucio e ilegal aún después de muerto.
Según el expediente que mostraron anoche nuestros colegas de TN en “A Dos Voces”, Penissi recordó que hizo esta denuncia en su momento ante el juzgado de la doctora Valeria López Lestón, pero todo cayó en saco roto. O en bolso roto. No sabía que la magistrada era prima de Néstor Kirchner.
Penissi confirmó otros hechos que todos sospechábamos. La provincia de Santa Cruz compraba materiales de construcción que pagaban todos los ciudadanos con sus impuestos. Sin embargo gran parte, iba a parar a manos de Lázaro Báez. Así se construyó el casino de Cristóbal o el edifico de Austral Construcciones. De confirmarse esto, esos inmuebles deberían expropiarse y pasar a manos del estado para que les otorgue un fin social, alguna escuela o un hospital porque fue pagado con el dinero de los contribuyentes. Le hacían firmar que recibía 500 bolsas de cemento y solo le entregaban 50. Se robaban el 90%. Lo mismo con el hierro. Figuraba en el remito que eran varias toneladas y efectivamente, descargaban algunas varillas.
No termina de asombrarme la magnitud del robo más sistemático, descarado y en todos los rincones, que hicieron tanto Néstor como Cristina. No hay en la historia democrática nada comparable en voracidad y codicia. Millones y millones que Néstor se llevó, literalmente, a la tumba.
Penissi también escuchó que Néstor Kirchner, cuando ya era presidente, le preguntó al intendente de Rio Gallegos si ya habían trasladado las cajas fuertes del Banco Hipotecario.
Como si esto fuera poco le recuerdo que el juez Sergio Torres está investigando quien pagó el Mausoleo de Néstor Kirchner. Hasta ahora se calcula que costó alrededor de 4 millones y medio de pesos y que fue un regalo de Lázaro Báez a su amigo, socio, cómplice y patrón. Pero todo está flojo de papeles. Todo es oscuro y sospechoso como todo lo que ocurre económicamente alrededor de este concubinato para la mega corrupción entre la familia Kirchner y la familia Báez.
El juez necesita hacer algunas preguntas. ¿Quién le pagaba mensualmente a los obreros y quien compraban los materiales que son carísimos? ¿Hay algún recibo al respecto? Por ahora no sabe no contesta. ¿Se habrán usado fondos públicos? ¿No tuvieron escrúpulos ni en el momento de un entierro? ¿Aprovecharon también para robar en el momento de la muerte de Néstor? Todo está en la etapa de investigación.
En un momento, Cristina cerró el Mausoleo porque Lázaro se cansó de pagarle al personal de seguridad y de mantenimiento.
No quiero faltarle el respeto a nadie y mucho menos a una persona que está muerta y no puede defenderse. Pero también creo que la muerte no hace buenas ni angelicales a las personas públicas que, en vida, fueron dañinas. Y creo que Néstor Carlos Kirchner, fue el autor intelectual y material del plan sistemático para saquear al estado argentino y responsable de un gobierno autoritario que quiso instalar el chavismo en la Argentina.
Creo que ese faraónico mausoleo donde descansan sus retos es el símbolo máximo de la herencia que dejará el kirchnerismo en nuestro país. Más que una construcción de homenaje funerario es un monumento a la corrupción y a la desmesura, dos de las características del oficialismo que nos gobernó durante más de 12 años. Corrupción porque ese gigante de 11 metros de altura, de una hermosa piedra negra llamada pórfido patagónico con tecnología de punta para su seguridad, fue edificado, donado y custodiado por Lázaro Báez.
El interior donde los restos de Néstor deberían descansar está hecho de piedra volcánica. Tiene vidrios antitumulto y cámaras de seguridad en HD que se puede controlar a distancia por internet. De hecho dice que Cristina lo hacía desde la Casa Rosada o la Quinta de Olivos y ahora desde su banca de senadora por la minoría de la provincia de Buenos Aires.
Por eso sostengo que el Mausoleo es un monumento a la corrupción, más allá del dolor genuino que expresan sus seres queridos y que yo respeto. Pero también creo que el mausoleo es un homenaje a la desmesura. Semejante autocelebración estalinista no la tienen ni Perón ni Yrigoyen, ni Alfredo Palacios y mucho menos Raúl Alfonsín, gente que hizo grandes aportes a la justicia y la libertad en nuestro país. Además Néstor no era un exhibicionista. Una de sus escasas virtudes era la austeridad, o mezquindad según dicen sus enemigos. Pero no quería ni ropa cara ni zapatos de lujo ni relojes o autos exclusivos. Nobleza obliga, Néstor nunca hizo alarde de su riqueza incalculable. Ese estilo es más bien de su viuda, es Cristina la que no se conforma con lo sencillo o lo cotidiano. Ella si le da mucho valor a la elegancia y la majestuosidad. Ella milita desde siempre en la agrupación Luis Vuitton para la Liberación y Rolex o muerte. Se podría decir que Cristina lo hizo. O que Lázaro lo hizo. Pero la justicia todavía no sabe quién lo pagó. Estoy seguro que fuimos todos nosotros. Los impuestos de los argentinos en lugar de volver al pueblo fueron a parar a los bolsillos de los Kirchner. Y también a su tumba.

Cambiar el nombre del CCK – 3 de octubre 2018

Su nombre completo es Byron Vinicio Suquilanda Valdivieso. Es ingeniero y legislador en Ecuador con mandato hasta el 2021. Nació en Macará la provincia de Loja que limita con Perú. Creo que los argentinos le debemos decir gracias. Fue el que presentó el proyecto de ley para que sea removido el monumento a Néstor Kirchner que está en la puerta de la sede de la Unasur en Quito. Su moción fue aprobada por amplia mayoría, 72 votos a 30. Y su discurso nos debería dar vergüenza ajena porque entre sus argumentos dijo que la estatua del ex presidente argentino “era una apología de la corrupción rampante”. Pidió sacar esa imagen para preservar la dignidad del pueblo ecuatoriano y porque no era un buen mensaje para la educación de los chicos de ese país.
Es todo un símbolo que representa lo que está pasando con el derrumbe ético de Cristina y sus cómplices en los tribunales argentinos. Y aquella decisión de entronizar una imagen de Néstor por parte de Rafael Correa también fue un síntoma de época. Los funcionarios más chupamedias de Cristina cantaron en la ciudad del centro del planeta: “Somos la gloriosa juventud peronista”, y la presidenta los acompañó junto a Hebe de Bonafini, Sergio Urribarri, Carlos Zannini y Nicolás Maduro, entre otros. Cristina se detuvo en los dedos de bronce de Néstor, “más finitos y más largos” que los de ella. Hoy esa imagen es patética. Jurásica. Rinde el culto a la personalidad al jefe de la asociación ilícita más grande que se haya organizado en democracia para saquear al estado.
Esto generó que en varios rincones de nuestra patria, florecieran exigencias de ciudadanos comunes o de funcionarios para cambiar los nombres de calles, plazas y retirar otros monumentos de Néstor que se diseminaron como nunca antes con otro ex presidente. Hoy todo está más claro y es una ofensa a los argentinos decentes, a los ciudadanos honrados, designar cualquier lugar público con el nombre del más grande de los corruptos junto a Cristina.
Por lo pronto volvieron los reclamos de reemplazar el nombre del Centro Cultural Kirchner. La placa que se colocó en su inauguración está firmada por toda la banda estafadora liderada por Cristina, coordinada por Julio de Vido, bendecida por Teresa Parodi y ejecutada por José López. Opino que esa placa hay que dejarla como emblema de la caradurez y la impunidad. Hoy el debate y la polémica es que nombre más, abarcador, ecuménico y democrático se le puede poner y que nos represente a todos los argentinos. Algunos dicen María Elena Waslh, otros Centro Cultural del Bicentenario, otros hablan de la contracara de Néstor, alguien de una honradez a prueba de bala (menos la que lo suicidó) de René Favaloro. Es un debate no urgente pero es un debate que nos debemos dar. La historia y los iconos no son cuestiones menores. Son expresiones de los anhelos de la población y banderas de lucha por un país más igualitario, más honrado y menos autoritario.
Lo cierto es que todo esto va tomando forma legal. Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, llegó a un consenso con diputados y senadores para impulsar una ley que rebautice ese edificio maravilloso que supo albergar al viejo Correo Central.
Seguramente se va a impulsar después que se apruebe el delicado tema del presupuesto del 2019 y que finalicen las jornadas del G-20. Pero ya están claros los contenidos de esa futura ley. La medida más trascendente, de absoluta justicia y razonabilidad, es que los monumentos y edificios públicos nacionales deberán esperar 20 años después de la muerte de cualquier persona para designar o denominarlos con su nombre y apellido. Le recuerdo que Néstor murió el 27 de octubre de 2010 y por lo tanto faltan 12 años para que ese requisito se cumpla.
Otra cláusula del proyecto es que el nombre contribuya a la unidad nacional y no a la división de los argentinos y que sea controlado por una comisión parlamentaria y que sea 15 años retroactiva.
Fue tan grande la intención chupamedia que se identificaron más de 180 lugares que fueron bautizados con el nombre y apellido del ex presidente fallecido. El periodista Leonardo Míndez abrió un sitio llamado irónicamente “Ponele Néstor a todo” y fue recibiendo información y fotografías realmente insólitas. Aparecieron con ese nombre calles, plazas, escuelas, rotondas, centros culturales, esquinas, clubes, piletas cubiertas, paso bajo nivel, albergue estudiantil, una mesa de café, un centro genético, un aeropuerto y hasta la facultad de periodismo de La Plata.
Aparecieron memes en internet que proponían ponerle el rostro del ex jefe de estado a los billetes de 500 euros que el tanto popularizó o a un pabellón de la cárcel de Ezeiza donde están gran parte de sus socios, testaferros y funcionarios.
El proyecto de Lombardi prohíbe expresamente designar esos sitios con nombres de integrantes de gobiernos de facto o que hayan atentado contra la democracia o el orden constitucional: César Milani, abstenerse.
La reacción popular y su correlato en los consejos deliberantes, cambió el panorama producto de los 6 procesamientos, 4 elevaciones a juicio oral, dos pedidos de prisión preventiva y un desafuero de Cristina Fernández. Apareció entonces un bolso colgando de la estatua de Néstor en Rio Turbio. Se vandalizaron algunos monumentos con pintadas que hablaban de la corrupción y el latrocinio. Se presentó un proyecto para quitar de Las Cuatro Plazas en Rosario un busto de Néstor, en Morón se logró en la plaza San Martin, con mayoría del Consejo Deliberante. Las dos represas que se habían bautizado “Néstor Kirchner y Jorge Cepernci” fueron designadas “Complejo Hidroeléctrico La Barrancosa- Condor Cliff”.
Hace un par de meses, hubo una avanzada para colocar el nombre de Gustavo Cerati en lugar de “Centro Cultural Kirchner” que todos llaman “CeCeKá” y la senadora por la minoría de Unión Ciudadana, Cristina Fernández responsabilizó al presidente Mauricio Macri de esa movida y le preguntó: “¿Con que derecho y con qué cara?”, se atrevía a proponer eso. Aunque parezca mentira, la remodelación del CCK tuvo sobre precios. Otro símbolo. Todo un mensaje. Alguien debería abrir un sitio en internet que proponga: “Que nada se llame Néstor”. Dentro de 12 años hablamos. Pero por ahora, que nada se llame Néstor.

Vamos a extrañar a Menchi – 2 de octubre 2018

Vamos a extrañar a Menchi. Por suerte quedan sus trabajos magistrales y su gallardía flotando en el adiós con música de Duke Ellington.
Lo recuerdo caminando sigiloso por la vieja redacción de Clarín. Con su delantal gris o azul, como si fuera un mameluco, las manos entrelazadas atrás de su cintura, el pelo engominado y sus anteojos tan enraizados. Era un duende que navegaba entre el ruido de las máquinas de escribir y los linotipos que venían del taller. Hace poco, confesó que extrañaba aquella música de la fábrica de noticias. Todos le decíamos maestro. Su talento había trascendido las fronteras. Publicó sus trabajos en el New York Times y en Liberatión, solo para nombrar dos medios. Había conversado con Jorge Luis Borges, seguramente de su amor por el jazz y el tango. Supo ilustrar a Julio Cortázar sobre Henri de Toulouse Lautrec y recibir un premio de la Fundación del Nuevo Periodismo de manos del mismísimo Gabriel García Márquez. Cuando el año pasado le dieron el Konex de Brillante fue rodeado y aplaudido por todos sus compañeros del diario. Jamás voy a olvidar que el día que me casé y me regaló una de sus creaciones con plumín y tinta china que siempre estuvo en una pared central de living de mi casa. Parecía metido hacia adentro, pensativo e irónico pero era muy feliz tocando el clarinete. Tenía varios y para comprar el primero tuvo que recurrir al ex presidente Jorge Battle que le salió de garante. Escuchaba a Gardel o al Gordo Troilo y disfrutaba las melodías de Charlie Parker y Benny Goodman. Su máxima alegría era la docencia en el atelier glorioso de San Telmo donde había una luz de otro planeta y aroma a colores y a lápices.
Menchi era muchas cosas. Fotógrafo, un artista plástico descomunal, poeta, caricaturista, pero yo lo quiero guardar en mi memoria como un periodista. Fue un editorialista demoledor sin utilizar palabras. Por algo era el presidente de la Academia Nacional de Periodismo. Fue el dibujante de la libertad.
Me dolió en el alma cuando la presidenta Cristina Elisabet, en ejercicio de sus facultades mentales, con alto grado de altanería autoritaria descalificó al Menchi como “un cuasi mafioso”. Nada menos que a Sábat, uno de los personajes de los medios y la cultura más queridos en el ambiente por su honestidad brutal, su austeridad franciscana y su espíritu solidario y democrático. Cuando Cristina y Néstor se apropiaban de las casas de los que no podían pagar las cuotas durante la dictadura en una clara actitud usurera, Sábat se jugaba la vida publicando caricaturas de Videla y Massera manchados de sangre o de un ínfimo, insignificante Bignone sentado en un sillón de Rivadavia gigantesco. Hace poco, en una entrevista dijo: “Miro los dibujos que hice durante la dictadura y creo que es un milagro estar vivo”.
Sabat es admirado y amado por todos. Aquel dibujo de las curitas cruzando la boca de Cristina no eran un deseo de censura: eran una expresión del hastío que producía Cristina hablando hasta por los codos todos los días y por cadena nacional. Cristina fue prepotente e injusta pero también ignorante. Creo que ni sabía quién era Sabat. Pero lo que más me dolió fue el silencio cómplice y cobarde de los artistas y periodistas kirchneristas que si sabían quién era Menchi. Su silencio fue patético.
El retrato que hizo de Nisman fue estremecedor. Su cara limpia en blanco y negro y un chorro de témpera roja saliendo de un agujero en su cabeza.
Sabat fue corajudo, humilde, uruguayo y argentino hasta los huesos y nos dejó una obra maravillosa. Decía que cada dibujo le llevaba 80 años para hacerlo porque durante todo ese tiempo estuvo aprendiendo a dibujar. Entraba en éxtasis no con una caja fuerte porque nunca le sobró el dinero. Lo podían los cuadros de Diego Velázquez y Goya.
Pasó por el diario El País de Montevideo, La Opinión y Primera Plana de Jacobo Timerman y en 1973 echó anclas en Clarín. Ganó el premio Moors Cabot que otorga la escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.
Uno de sus grandes logros fue haber dejado esos cigarrillos negros que él llamaba petardos y no utilizar teléfono celular. Los correos electrónicos recién los leía a la noche. Nunca nadie lo vió exaltado o fuera de sí.
Dicen que se murió dormido. Por suerte no tuvo que sufrir a sus 85 años.
Hoy en el adiós, me gustaría enviarle un abrazo solidario a Blanca su esposa y a sus dos hijos, Alfredo que sigue su camino en el diario La Nación y a Rafael.
Dicen que ayer se fue del diario como todos los días. De riguroso traje y corbata. Entregó su dibujo y le preguntó al editor: “¿Te sirve?”. Saludó la foto que presidía su escritorio, la de Rogelio García Lupo, el Pájaro, otro periodista admirado por su honradez y capacidad intelectual. Uno de sus últimos trabajos fue una caricatura de Julio Blanck que murió hace menos de un mes. Lo dibujó con alas, como a Gardel y a tantos hombres y mujeres que el admiraba y quería. Tal vez hoy este en el cielo con su gente querida, comiendo un chocolate, escuchando música de Piazzola, leyendo a Fernando Pessoa, pintando con acuarelas y peleando como siempre por la libertad. Es que se ganó el paraíso. Chau, Menchi querido. Fue un lujo haberte conocido. Fuiste un viento puro en este país. Te vamos a extrañar. Chau Menchi, dibujante de la libertad.