Falta ética en Cambiemos – 16 de abril 2018

Nadie tiene la bola de cristal para saber cuánto tiempo dura la paciencia social. Es una actitud muy subjetiva, difícil de domesticar o de colocar en una planilla de cálculo. La paciencia de una comunidad es un cuenco que se va llenando de broncas, frustraciones y expectativas no cumplidas y que el día menos pensando se desborda y mancha todo lo que está a su alrededor.
Esta situación ya la padeció Carlos Menem. Mientras la convertibilidad del uno a uno le dio resultados de estabilidad, al presidente lo veían alto y de ojos azules y los argentinos le permitían cualquier barbaridad: jugaral básquet con los Globetroters , volar a 200 km por hora con una Ferrari, cholulear con los Rollings Stones y hasta guardarse algunos vueltos en causas de corrupción. Menem parecía invencible. Nada deterioraba su imagen. Ninguna metida de pata afectaba su relación con la sociedad. Hasta que la economía empezó a mostrar sus primeras debilidades y desembocó en crisis. En ese momento, los ciudadanos recuperaron la memoria y le empezaron a pasar todas juntas las facturas acumuladas. De golpe, Menem cayó en las encuestas y entró en un tobogán, incomprensible para muchos. ¿Qué había pasado? Muchas de las cosas que había hecho antes y que habían sido tomadas como cuestiones transgresoras y simpáticas se transformaron en frivolidades que indignaron a gran parte de los argentinos. Aquel presidente seductor pasó a ser sucio, feo y malo. En muy poco tiempo pasó de ser un hombre astuto a ser un ladrón hecho y derecho. Los problemas económicos habían derribado la compuerta de la paciencia y la tolerancia
Por eso se equivocan los estrategas de Cambiemos. Muy sueltos de cuerpo y con cierta soberbia dicen: “Nada de esto nos afecta. No bajamos casi nada en las encuestas”. No mienten, pero se equivocan. Como todos los que llegan al poder, creen que la popularidad es para siempre. Y la realidad indica todo lo contrario. Un Nicolás Dujovne evasor de 20 millones que tiene parte de su fortuna en el exterior; un Juan José Aranguren que se niega a repatriar los millones de dólares que atesora en el exterior; una Aída Ayala que al parecer favoreció a una empresa en la licitación de la basura; un Luis Caputo que tiene que explicar los extraños vericuetos de empresas off shore, cuentas en guaridas fiscales y roles de testaferros disimulados, un Jorge Triaca que maltrata a una empleada que la tiene negro y encima le da un incomprensible empleo en un gremio intervenido son botones de muestra. Tal vez no sean delitos, pero son grandes manchas en la bandera ética de un gobierno que puso la vara muy alta. Son dilemas nuevos en la Argentina. Al revés de lo que ocurrió durante más de 12 años de kirchnerato. La mayoría de los funcionarios pinguinos llegó pobre al gobierno nacional y se fueron ultra millonarios como nunca en la historia. En el caso de Cambiemos, muchos llegaron ricos, producto de su exitoso desempeño en la actividad privada y varios de los mecanismos que utilizaron, hoy están cuestionados en su transparencia más allá de que la justicia los califique o no como delitos.
El gobierno de Macri debería estudiar la época de Carlos Menem. Y comprender que todas estas actitudes cuestionadas por un sector de la sociedad, si la economía comienza a repetir malas noticias, se transforman en un tsunami que tira abajo hasta las mejores imágenes positivas.
Y la verdad, es que hasta ahora, la mezcla de inflación indomable y los tarifazos están cargando la cuenta del mal humor social, sobre todo entre el núcleo duro de votantes de Macri. El gobierno especula con la división del peronismo, con sus patéticas imágenes donde aparecen algunos de sus peores fantasmas y con el alto rechazo que existe hacia la figura de Cristina. Pero insisto, eso es jugar con fuego. Cristina tiene un 20% de respaldo a nivel nacional y Macri un 37%. Es cierto que Macri está a un par de puntos de ganar una probable reelección en primera vuelta. Pero también es cierto que si aparece un liderazgo nuevo que despierte expectativas puede captar al 43 % que no confía ni en Macri ni en Cristina.
El gobierno debe ser más cuidadoso, más autocrítico para encontrar soluciones económicas y el presidente Macri tiene que tener más firmeza para castigar a los que, sin cometer delitos graves, deterioran la ética del gobierno con actitudes personales incomprensibles.
Debe comprender que lo que la sociedad le tolera al peronismo no lo permite en Cambiemos. Así son las cosas. Así es la realidad y Macri debe operar sobre esa realidad. Debe dar el ejemplo de la virtud y eso va a potenciar su liderazgo. Mirar para otro lado es el peor remedio.
Yo sé que Nicolás Dujovne no es Cristóbal López. El zar del juego, entre otros delitos graves se apropió de 8 mil millones de pesos nuestros que hoy ya superan los 17 mil millones. Y que ese robo lo quieren disfrazar de evasión impositiva. Fue un modus operandi en todas las empresas de Cristóbal que devolvió esos favores con coimas disfrazadas. Esto yo lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el actual ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne haya cometido el delito de evadir 20 millones de pesos y que el blanqueo que hizo este gobierno haya funcionado como una amnistía lo libera de tener que dar explicaciones ante la justicia pero no de dar explicaciones ante la sociedad. Y como si esto fuera poco, el funcionario que tiene la responsabilidad de hacer despegar la producción y el crecimiento en este país, tiene la fortuna de 74 millones de pesos depositada en un banco del exterior. Esto es inadmisible. Y Macri lo sabe. O debería saberlo. Tal vez para el presidente, sea algo comprensible y habitual, pero la inmensa mayoría de los ciudadanos que con paciencia y tolerancia están esperando que baje la inflación y mejore su situación, no lo es. Por ahora tienen tolerancia y paciencia y hasta esperanza y se las están bancando. Pero no tienen un solo amigo que haya evadido 20 millones o que tenga 54 millones en otro país. Hasta Marcos Aguinis acaba de pedir la renuncia de Dujovne. Y nadie lo puede acusar de anti macrista.
Yo sé que Juan José Aranguren no es Julio de Vido. El gerente de la corrupción de estado de Cristina está preso y casi todos los negociados sucios estuvieron bajo su responsabilidad. Fue el autor intelectual y material del asesinato de la energía, entre otros daños que le produjo al estado. Eso yo lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el actual titular de la cartera de Energía, el encargado de dar las malas noticias de los tarifazos que dinamitan el bolsillo del ciudadano común, diga que cuando tenga confianza en el país va a traer el dinero que tiene depositado afuera, me parece de una insensibilidad política que lo descalifica.
Y eso que respeto y valoro mucho a Aranguren. Fue un directivo que llegó muy alto por su capacidad en una empresa multinacional y eso habla de su capacidad intelectual. No tiene ninguna sospecha de corrupción y se bancó como muy pocos empresarios el enfrentamiento con Guillermo Moreno y la locura kirchnerista. Tuvo que afrontar más de 50 juicios. Tuvo coraje y responsabilidad ciudadana. Pero las dos figuras principales de Cambiemos fuera del PRO, lo criticaron duramente: Elisa Carrió y Alfredo Cornejo. Encima hay más de una docena de altos funcionarios que tienen sus ahorros fuera del país.
Yo sé que Aida Ayala no es Milagro Sala. La comandante tupaquera se robó el dinero que Cristina le mandaba para construir viviendas populares, fue patotera y maltratadora con las mujeres especialmente y extorsiva con todos y como si esto fuera poco, hoy se conoce que viajó 80 veces al exterior. Está presa en la mansión que se construyó con el dinero de los más humildes de Jujuy. Eso yo lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que la actual diputada chaqueña Aída Ayala haya direccionado la licitación de la basura a cambio de coimas que surgieron de los sobre precios, es un delito clásico que si existió, debe castigarse con todo el peso de la ley como a los integrantes de cualquier otro partido. Ayala fue la intendenta radical en Resistencia y tuvo que pelear contra los gobiernos nacional y provincial de signo kirchnerista y eso la enaltece. Pero si violó la ley debe rendir cuentas ante la justicia y el Congreso le debe quitar los fueros, tal como ocurrió con Julio de Vido.
Yo sé que Luis Caputo no es Lázaro Báez. El amigo, cómplice, testaferro y/o empleado de los Kirchner batió todos los records de enriquecimiento ilícito del que se tenga memoria. Más de mil vehículos, propiedades por todos lados, estancias con extensiones dignas de los mayores terratenientes, lavado de dinero y cuentas repletas de dólares sucios en Suiza y otros lugares a nombre de sus hijos, lo definen. Más corrupto, imposible. Eso ya lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el Ministro de Finanzas diga que hay una sociedad off shore a nombre de un pariente cercano suyo amerita una investigación judicial y que la Oficina Anticorrupción haya enviado un exhorto a la agencia federal de Estados Unidos que supervisa los mercados financieros. Hay que despejar todas las dudas. Todo tiene que estar más claro que el agua. Y por ahora, no es así.
Yo sé que Jorge Triaca no es José López. Revolear 9 millones de dólares en un convento a la madrugada con una ametralladora a su lado, hizo que López fuera abandonado hasta por sus viejos compañeros del kirchnerismo. Fue operador del cártel del saqueo al estado que lideraron Cristina y don Julio con la obra pública. Un delincuente que robó a los que robaron. Eso ya lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el ministro de Trabajo, nada menos, haya tenido una histórica empleada en negro y la haya maltratado es indefendible. Y que por arte de magia esa señora haya aparecido cobrando un sueldo en la intervención del gremio del Pata Medina no tiene perdón de Dios aunque si de Mauricio Macri y su equipo, el mejor de los últimos 50 años, cosa que en varios casos, también está en dudas.
Y finalmente, yo sé que Mauricio Macri no es Cristina. Ella y su asociación ilícita fue la persona que más daño le produjo a la Argentina. En lo moral, en lo económico, en lo cultural y en lo político. No hay dirigente más corrupta y autoritaria que Cristina. Eso ya lo conozco y lo vivo criticando hace años.
Pero el presidente de la Nación pidió que los periodistas le digan la verdad y el prometió decir la verdad. Y la verdad es que mucha gente está haciendo un esfuerzo descomunal para atravesar este desierto económico porque cree en su promesa de que vamos hacia la tierra prometida de bajar la pobreza y la inflación y aumentar el trabajo y el crecimiento. Esa gente que aprieta los dientes, que se ajusta el cinturón todos los días y que se banca defender al gobierno en todas las discusiones, esa gente merece tener un gobierno impecable, sin una sola mancha en su ética. Y un presidente que no le tiemble la mano a la hora de repartir premios y castigos. Y no vengan con ese verso de que estos grandes empresarios se están sacrificando por nosotros. Acá y en la China, los únicos que se sacrifican son los que más sufren y menos ganan. Y si algún ministro piensa que nos está haciendo un favor a los argentinos, que sepa que ser ministro es un honor y que si no le gusta, nos haga el favor de volverse a su casa. O a su empresa. Hay varios ejemplos femeninos que pueden funcionar como ejemplo en este gobierno. Hablo de María Eugenia Vidal, Elisa Carrió y Graciela Ocaña, entre otros. Se puede hacer política con honradez y no hace falta venir siempre de la actividad privada para ser eficiente.
En Cambiemos puede faltar tiempo o dirigentes capacitados. Pero no puede faltar ética. La paciencia y la tolerancia tienen un límite. Y cuando ese límite se supera, ya es demasiado tarde para lágrimas.

El grito de la República – 13 de abril 2018

Lo peor que nos puede pasar como argentinos es que no haya justicia. Si seguimos por este camino de impunidad para los poderosos, dentro de diez años, Cristina estará disfrutando de sus millones en libertad y sus causas por corrupción estarán durmiendo en el cajón de algunos jueces. Y digo una década porque una de las principales conclusiones de la rigurosa auditoría que se hizo por la justicia federal es que hay 50 causas que se están tramitando hace más de diez años. ¿Escuchó bien? Hay 50 causas que siguen dando vueltas desde hace más de diez años. Es indignante. Absolutamente antidemocrático y republicano. Hay un dicho entre los magistrados que dice: “El tiempo que pasa es la verdad que huye”. Mientras más se demora todo, más complicado se hace impartir justicia y más fácil se hace todo para los delincuentes.
Ahí está el ejemplo de otro ex presidente justicialista, el actual senador Carlos Menem. Fue condenado por el tráfico ilegal de armas en 1995 y todavía estamos esperando la confirmación de casación. Es una vergüenza del tamaño del estado. Y eso es lo mismo que va a pasar con Cristina Fernández de Kirchner si seguimos por este camino de complicidades y negación de justicia. Y con Lázaro Báez que será un empresario próspero en la Patagonia o vivirá la gran vida en Europa o las Islas Seychelles. Y con Cristóbal o Echegaray, o De Vido y sigue la lista de corruptos de estado que saquearon la Argentina y no están condenados.
Ayer, una multitud de argentinos rodearon al palacio de los tribunales para exigir que se termine esta vergüenza. Lo dijo Daniel Sabsay desde el escenario con autoridad de constitucionalista, y lo decían los carteles de la gente común, movilizada y auto convocada por las redes sociales. Eran pancartas caseras, improvisadas con una cartulina y fibra de colores. No había aparatos ni pasacalles gigantes ni nada que bajó de arriba. Era el ciudadano común que pegaba el grito de la República. Que exige que devuelven todo el dinero y que de una vez por todas se apruebe la ley de extinción de dominio para que eso pueda ser una realidad. Están hartos de que la impunidad les escupa en la cara a los decentes. Están con mucha bronca porque se rompen la espalda trabajando de sol a sol para mantener a su familia y pagan hasta el último centavo de impuestos y no pueden creer que estafadores de guante blanco se burlen de nosotros y se roben nuestro dinero. En ese sentido, la salvajada que más protestas levantó fue cuando dos jueces llamados Jorge Ballestero y Eduardo Farah prácticamente consagraron la impunidad de Cristóbal López y sus cómplices. Los pusieron en libertad y encima, les cambiaron la carátula que es como malversar los hechos y convertirse en cómplices de los delincuentes. ¿Por qué lo hicieron? La doctora Carrió dijo que hubo coimas millonarias. Era el rumor de los tribunales. No se pudo probar hasta ahora pero el Consejo de la Magistratura está investigando. Ahora trascendió que ambos jueces están dispuestos a dar un paso al costado. Ojalá. Nadie los quiere. Nadie confía más en ellos salvo los que cometieron delitos de lesa dignidad y convirtieron a los 12 años de kirchnerismo en los más corruptos de toda la historia democrática.
No es casual que la encuesta de la Universidad Católica haya arrojado un resultado demoledor: solo un argentino de cada diez confía en la justicia. Esto demuestra que la justicia tocó fondo y que debe ser reformulada a fondo. Refundada, diría yo. Sabsay, en su nombre y el Colegio de Abogados que preside Guillermo Lipera o de Usina de Justicia que lidera Diana Cohen Agrest hizo algunas propuestas muy concretas al respecto. Que se dupliquen o tripliquen la cantidad de tribunales federales. Sería algo espectacular. No resolvería todos los problemas, pero sería un gran paso adelante. Se lo digo porque según la auditoría, un informe oficial minucioso, dice que solo una de cada diez causas de corrupción llega a juicio. Esta es la prueba más terrible de que la impunidad no es una sensación, es una realidad lacerante del cuerpo social.
Esto significa que no solamente no hay casi ningún culpable. La cuestión es mucho peor: no hay ni juicios. Los expedientes van y vuelven, engordan, se esconden en agujeros negros y, finalmente, no llegan ni siquiera a ser llevados a juicios. Ni los inocentes pueden demostrar que son inocentes. Todo queda en un limbo de silencio y olvido entre telarañas y chicanas presuntamente legales y profundamente ofensivas. Nadie paga por lo que hace. Suele ser gratis robar millones de dólares si están ligados al poder político o económico. Por eso sigue la joda y no se acaba más.
El corrupto juez Norberto Oyarbide, por ejemplo, se jubiló y dejó 12 causas gravísimas y sensibles sin resolver. Eso solo es un botón de muestra. Hay 2.200 causas por corrupción. Hay apenas 12 jueces federales y eso les da un poder inconmensurable. Con la excusa de que tienen mucho trabajo y pocos empleados, pueden frenar o acelerar una causa a cambio de dinero, favores o simplemente por simpatías políticas. Eso no se puede permitir más. Eso facilita a la corrupción. Por suerte no todos los jueces ni todos los fiscales son corruptos. Hay muchos hombres de ley honestos y capaces que deben ser los cimientos de la reconstrucción de una justicia que vuelva a ganarse el respeto y la confianza de todos los ciudadanos.
En la marcha de anoche, una señora tenía puesta la camiseta de la selección argentina y un cartel que lo resumía todo: “Todos los corruptos presos. Sin justicia independientes no hay República”. Otros manifestantes pedían renuncias. Los que simpatizan con la diputada Carrió reclamaban la renuncia del mismísimo presidente de la Corte Suprema, el doctor Ricardo Lorenzetti. Pero la mayoría apuntaba los cañones de sus gritos hacia Zaffaroni, Farah, Ballestero y la mismísima Cristina que es la principal beneficiaria de este sistema decadente y de la creación de la mal llamada agrupación K, Justicia Legítima.
No fueron muchos los legisladores o los políticos que se comprometieron con estas banderas de lucha. Estaban los diputados Waldo Woolf o Marcela Campagnoli y no muchos más. Me cuesta entender que muchos dirigentes super honestos y que siempre han peleado por esta transparencia se hayan borrado en lugar de re presentar, como les corresponde al ciudadano que pone su cuerpo para mejorar la democracia y la libertad en forma pacífica.
Hay un viejo dicho que dice: no se queje si no se queja.
Que devuelvan la plata era el cartel que más se replicó en la concentración. Que los ladrones de estado tengan juicio castigo y condena. Que nadie tenga coronita ni protección. Que todos paguen por lo que hicieron. Si todos quedan en libertad no tendremos futuro. Porque si no se condena a los corruptos se castiga a los honestos. La señal hacia la sociedad es terrible: sigan robando muchachos que no pasa nada. Después denuncian persecución política y abren cuentas en el exterior y sanseacabó. Ningún país con futuro se puede construir así. La impunidad es un veneno mortal para las democracias. Es una invitación a cometer delitos. La República no existe sin justicia. Por eso hay que poner el grito en el cielo.

El milagro de Fellner – 12 de abril 2018

Está claro que Eduardo Fellner, el ex gobernador de Jujuy, es un delincuente. Por acción o por omisión. Según el juez Isidoro Cruz que pidió su detención, es seguro que Fellner cometió un delito. Una de dos. ¿O fue coordinador de la asociación ilícita liderada por Milagro Sala que se robó 1.300 millones de pesos o no cumplió con su deber de funcionario público de denunciar un robo millonario y sistemático que se produjo en sus narices? ¿Se entiende?
Milagro Sala, comandante de la Tupac Amaru está presa, acusada de haber cometido distintos tipos de delitos. Pero en esta “mega causa” de la que hablamos, la acusación directa es que le dieron 1.300 millones de pesos para construir 2.200 viviendas populares que nunca se construyeron. ¿Dónde está esa fortuna entonces? La justicia lo tiene que establecer. Parte puede estar en los bolsillos del estado mayor de la Tupac, otra parte la utilizaron para movilizarse y hacer campaña por Cristina, y se sospecha que otra parte fue utilizada para pagar coimas que silenciaron a funcionarios de gobierno y a autoridades policiales y judiciales.
Los militantes cristinistas que responden a Milagro y la idolatran como si fuera una presa política no escuchan estos argumentos y dicen que es una suerte de Che Guevara con polleras que es perseguida porque ayudó a los pobres y porque odia a Mauricio Macri.
Los militantes justicialistas que trabajaron con Eduardo Fellner dicen que el no tuvo nada que ver con esos fondos sucios y que puenteaban al gobernador. ¿Se entiende? Dice el ex gobernador que Cristina le mandaba la plata directamente a Milagro y que Fellner, la veía pasar? Y agregan que por eso a Milagro le decían la gobernadora.
Por eso le digo que, de una forma u otra el gobernador cometió delito. Porque fue parte activa de la estafa al pueblo pobre de Jujuy o porque fue cómplice con su silencio y su pánico y no denunció esto ante la justicia como era su obligación.
Por eso el juez pidió su detención y la de otros 5 funcionarios imputados que ya están presos. Porque descubrieron que Fellner viajó 17 veces a Panamá y nadie cree que esté muy enamorado del canal por donde cruzan los barcos y sospechan que está extasiado por alguna caja fuerte de dinero de la corrupción que tiene en ese país. Veremos. Lo cierto es que el juez quiere asegurarse que Fellner no se escape ni huya del país. Es un hombre de fortuna al que le sobran los recursos económicos y que tuvo y todavía tiene un poder político importante. Fue dos veces gobernador de Jujuy, presidente del Partido Justicialista a nivel nacional y escuche bien, por favor, presidente de la Cámara de Diputados, es decir que estuvo en la línea de sucesión presidencial. En los últimos años de Cristina casi no se le escuchó la voz. Su temor reverencial a Cristina y a Milagro lo hizo quedarse mudo y lo convirtió en un pelele sin dignidad.
Ahora Fellner debe enfrentar la acusación de ser organizador de una asociación ilícita destinada a defraudar el estado.
Este es el Milagro que Fellner hizo o ayudó a construir con algunos decretos que facilitaron la estafa. Tiene razón el gobernador Gerardo Morales. Está indignado porque Milagro Sala tiene “el privilegio de cumplir su prisión domiciliaria en una mansión construida con la plata del pueblo”. El jefe del estado jujeño dijo que es “vergonzoso” y en su momento, tuiteó una foto de la casa de fin de semana de la comandante tupaquera. Tiene una hermosa pileta de natación, un parque muy grande, dos plantas, quincho y vista al dique “La Ciénaga”. Parece una vivienda del barrio de San Isidro de alguna persona rica y no de una dirigente social que dice defender a los humildes.
Sin embargo, Elizabeth Gómez Alcorta, una de las abogadas de Milagro Sala dice que esa casa “no tiene agua, ni luz ni sanitario y que se trata de una persecución de la justicia de Morales y Macri”. Le recuerdo que Gomez Alcorta fue candidata en la interna del kirchnerismo porteño y sacó apenas un puñado de votos y que, además, es la asesora letrada tanto de los extremistas violentos autotitulados Resistencia Ancestral Mapuche como de algunos salvajes de Quebracho. Todas organizaciones que utilizan la democracia pero no creen en sus valores. Todas personas que apelan a ataques con bombas molotov y en algunos casos apoyan la lucha armada.
El gobernador Morales llamó “burócratas” a los funcionarios de la CIDH y los acusó de vivir “en Washington y no tener idea de la realidad de Jujuy”. Es que argumentaron que la vida de Milagro en la cárcel de Alto Comedero a donde puede terminar Fellner, no tenía las condiciones de seguridad necesarias.
Veremos qué pasa con el ex gobernador. ¿Le darán la prisión domiciliaria también o deberá ir a un calabozo?.
Vale la pena recordar que la comisión de derechos humanos, jamás dijo que Milagro era inocente y tampoco pidió su libertad. No dijo que su detención era ilegal. Sin embargo el jefe de operaciones oscuras del cristinismo, Horacio Verbitsky, calificó de “arbitraria” la detención de Milagro. Conviene subrayar que Milagro Sala, con la justicia independiente y muchos magistrados de origen peronista que hace más de 30 años que están en la justicia, esta presa acusada de asociación ilícita, extorsión y fraude, tentativa de homicidio calificado y lesiones graves. Es decir que no la persiguen por sus ideas. La persiguen legalmente por sus delitos. No es una presa política como dice el Centro de Estudios Legales y Sociales “K”. Es una política presa porque los expedientes están repletos de pruebas e indicios que certifican sus violaciones a la ley y la terrible violencia que ejerció especialmente contra las mujeres.
Ella no está encarcelada de prepo. Todo lo contrario. Milagro Sala esta con prisión preventiva con total apego a la ley que dice que debe aplicarse para el caso en que haya peligro de fuga o que la detenida en libertad pueda obstaculizar la investigación de la justicia. Y Milagro Sala ya demostró más de 20 veces que es capaz de apretar, patotear, amenazar y maltratar a todo el mundo. Y por lo tanto el peligro que la verdad corre es que muchos testigos se atemoricen y cambien sus testimonios.
Cuatro instancias judiciales confirmaron que la prisión preventiva es correcta y es lo que corresponde. El juez, la Cámara de Apelaciones, el tribunal de Casación y el Superior Tribunal de Justicia.
Es la comandante de un grupo de choque con ropa y costumbres castrenses y militaristas que anduvo metiendo miedo a Dios y a María Santísima. Ahora vamos a saber si el ex gobernador Eduardo Fellner era una pieza más que calló y otorgó o tuvo algún tipo de recompensa económica por su complicidad delicitiva.
Las casas no están. El dinero no está.
Milagro Sala tiene un discurso de izquierda pero es maltratadora de los pobres como algunos terratenientes de la alta sociedad. No tiene compañeros de militancia, tiene rehenes.
A esta hora, dicen que Eduardo Fellner está llegando a la provincia para entregarse a la policía y pedir de inmediato su excarcelación con la excusa de que padece una grave afección cardíaca. Tan grave no debe ser desde el momento que estaba en esta ciudad de Buenos Aires asesorando al bloque de diputados del Partido Justicialista. El juez Cruz dice que Eduardo Fellner es un delincuente. ¿La historia lo absolverá? ¿Se hará el milagro de la justicia?