El comandante Verbitsky – 13 de febrero 2019

El líder judicial del cristinismo extremo es el ex juez Eugenio Raúl Zaffaroni. Pero no tiene mucha calle. De hecho hoy cometió un sincericidio cuando confesó que “Stornelli debería apartarse de la causa por razones de transparencia”. Una chicana si se me permite: Si Zaffaroni con el humo que hay sobre Stornelli dice que debería apartarse, con las cataratas de pruebas y testimonios sobre el colosal enriquecimiento de Cristina y su banda deberán ir todos a prisión perpetua. Zaffaroni dice que está “alarmado” porque en esa investigación “se juega nuestro destino nacional”. En realidad se juega la libertad o la cárcel para Cristina y su estado mayor de la corrupción. Y finalmente, Zaffaroni en un delirio sin igual dice que ante una crisis, “este gobierno podría meter presa a Cristina”. Los que apretaban y extorsionaban jueces a carpetazos y coimas, eran los K. Tal vez Zaffaroni cree que todos son de su misma condición.
Pero lo más importante es que
Horacio Verbitsky perpetró una nueva operación sucia como jefe de inteligencia informal de Cristina Kirchner. Está más claro que nunca que el comandante Verbitsky tiene como único objetivo blindar de impunidad a Cristina para evitar que vaya a la cárcel y que pueda volver al poder y llevar adelante la revolución chavista con la que sueñan.
Justo en estos momentos que está más claro que nunca que ella fue la jefa de la corrupción, la que reemplazó en ese lugar a Néstor cuando murió.
En la desesperación y ante las pruebas y evidencias tan contundentes, los grupos de tareas K dedicados a hacer operaciones sucias de poca inteligencia, resolvieron ensuciar a los que llevan adelante las investigaciones o a los periodistas independientes. Carlos Stornelli fue víctima del comandante Horacio Verbitsky, del juez de la Campora, Alejo Ramos Padillla, del pauta traficante Diego Gvirtz y del espía eterno, Rodolfo Tailhade y otros personajes que se mueven en la oscuridad y la mentira. Zaffaroni prácticamente confesó ese objetivo.
A Cristina ya no la pueden defender porque las pruebas y testimonios son abrumadores. Pasaron entonces a la fase dos, la que varios de estos mismos personajes también hicieron contra otro fiscal, Alberto Nisman: extorsionar e injuriar con falsedades absolutas y algunas muy burdas.
Una vez más, fue Elisa Carrió la que lo advirtió el jueves 7 de febrero. Lo anticipó con precisión en un tuit. Y el viernes 8, Horacio Verbitsky diseñó la estrategia mediática y puso la firma en una operación que fogonearon Roberto Baratta desde la cárcel y Eduardo Valdés desde la calle. Hay escuchas que lo certifican y muestran a un Baratta casi desesperado. Cambió mucho desde que era la mano ultra derecha de Julio de Vido y patrullaba la ciudad recolectando las coimas de todos y todas. Participaron varios personajes nefastos de los suburbios de los servicios de inteligencia como Marcelo D’Alessio y Carlos Zelcovicz. Valdés, uno de los puentes más sólidos entre el Papa y Cristina le dice en la escucha a otro preso, Juan Pablo Schiavi, que iba a haber novedades en el operativo “Puff a Stornelli y el otro ( por Bonadio) que se van a ir a la concha de su madre”. Que lenguaje soez para un amigo de Bergoglio.
Verbitsky, siempre fue considerado un mercenario del espionaje infiltrado en el periodismo profesional. Se formó en inteligencia durante su paso por Montoneros y según la investigación de Gabriel Levinas, durante la dictadura “fue un doble agente” y por eso no se exilió ni corrió peligro su vida.
Verbitsky, lanzó la primera piedra contra Stornelli. Pero seguramente van a venir otras falsedades hacia otros personajes. El fin justifica los medios. Por eso Horacio Verbitsky tiró su credibilidad a los perros. Fue el autor intelectual del fracaso más grande del concubinato entre el cristinismo y los organismos de derechos humanos cooptados por la ex presidenta. Verbitsky puso la piedra fundamental de un castillo de naipes que se derrumbó en el caso de Santiago Maldonado. Su falta de profesionalismo y poco interés por la verdad y su desesperación por atacar a Macri lo llevaron a eyacular precozmente un título legendario que quedará en la historia del falso periodismo: “Macri ya tiene su primer desaparecido”. Así tituló su comentario del 7 de agosto en Página 12. En la bajada agregaba que era “el primer” desaparecido de Macri y que Santiago Maldonado fue “detenido en Esquel por la gendarmería”. Esto que le digo es la más pura verdad. Puede ir a Google y poner los datos y va a poder leer la nota completa. Enseguida en su propia nota, el para-periodista, pero ahora en su carácter de presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales informó que esa otrora prestigiosa ONG “pidió la intervención del Comité Contra la Desaparición Forzada de Personas de las Naciones Unidas”. El Verbitsky de Página 12 tuvo la primicia del Cels del que es presidente.
El segundo paso de la monumental operación fracasada fue Cristina que tuiteó textualmente: “Su hermano me cuenta que testigos vieron que la Gendarmería lo rodeó, y lo golpearon y lo subieron a una camioneta de esa fuerza”.
El tercer paso de la mentira que terminó de vaciar la confianza en las entidades humanitarias con camiseta de Cristina fue la rueda de prensa que ofreció Estela Carlotto sentada al lado de Verbitsky, esta vez como presidente del Cels. La presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo dijo sin ponerse colorada: “Que tenemos un detenido desaparecido en Democracia, señor Macri”. Ni detenido, ni desaparecido, señora Carlotto.
Todos saben ahora como terminó esta farsa montada por Verbitsky, Cristina, Estela y otros personajes menores y payasescos de ese esquema que llegaron a decir que “a los muchachos de la gendarmería se les había ido la mano y Maldonado se les había quedado en la tortura”. No entiendo como estos mentirosos seriales y mercenarios pueden seguir hablando con tanta liviandad por la tele después de semejante brutalidad.
¿Pedirá licencia en el Cels? ¿Presentará la renuncia? Porque convirtió al CELS en una unidad básica del cristinismo. Era un organismo que, en su momento, fue ejemplo de rigurosidad, equilibrio y pluralismo”? Había militantes socialcristianos, independientes y no solamente kirchneristas.
Ahora, todo el mundo sabe la verdad que Verbitsky intentó traficar.
Santiago Maldonado no fue detenido ni desaparecido. Lo único forzado fue la versión de los mapuches más violentos que inventaron una ficción que incluyó hasta binoculares que luego desaparecieron como por arte de magia.
Maldonado, según el informe oficial de 55 de los peritos más prestigiosos del país y de todas las partes, no tuvo golpes, ni lesiones cortantes ni penetrantes y que murió ahogado en el lugar en el que estuvo más de 70 días en el agua. No fue arrastrado y su cuerpo no fue manipulado. Es más, algunos de los testigos si fueron manipulados y van a tener que pagar ante la justicia por falso testimonio. Y es posible que alguno sea acusado de abandono de persona seguido de muerte y de haber obstaculizado el accionar de la justicia.
Entre los 55 peritos estaban varios de los más prestigiosos del mundo como integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense. Hay que desenmascarar al verdadero Verbitsky que se dice periodista de investigación y no publicó una línea sobre los robos y estafas de Cristina, Néstor, Máximo, Boudou, De Vido Lázaro, Jaime, José López y siguen las firmas. Por eso digo que fue el principal encubridor de la mega corrupción de estado K. Porque durante el menemismo fue un certero investigador y durante el kircherismo en el que milita, fue el comandante de la impunidad para Cristina y sus cómplices.
Ya sabemos quién es Verbitsky. Ex integrante del aparato de inteligencia de Montoneros. Buchón y colaborador de la Fuerza Aérea durante la dictadura y el terrorismo de estado, según la denuncia de Gabriel Levinas en su libro titulado “Doble Agente”. Ahora reconocemos sus mentiras infames. Es un personaje antidemocrático que siempre fue más Topo que Perro.

Cortázar, a 35 años – 12 de febrero 2019

Hoy se cumplen 35 años de la muerte de Julio Cortázar. Es la mejor ocasión para repetir una y mil veces:
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto los argentinos a Julio Cortázar que en paz descanse. Murió en Paris donde eligió vivir. Una leucemia analfabeta le fue erosionando su cuerpo pero su corazón ya venía muerto desde la muerte de su gran amor, de Carol Dunlop, su tercera esposa con la que hoy comparte el cielo y la tierra en el cementerio de Montparnasse.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto. En la literatura, es decir en el placer y el goce por la belleza pura y en la política, es decir en el compromiso solidario con los más débiles y los buscadores eternos de utopías y de la igualdad entre los hombres.
Los libros fueron su tabla de salvación. La posibilidad de seguir flotando aún en las tormentas más terribles. En su casa de la infancia de Banfield, se encerró a leer día y noche cuando su padre los abandonó para siempre, sin decir una palabra. A escribir día y noche, también se encerró en su casa de la madurez en Paris cuando América Latina empezó a desgarrarse en su alma. Nunca dejó de ser un cronopio que sólo perseguía su regocijo personal. Vos sabes, le dijo a Fernández Retamar, en una carta de 1967, que el almidón y yo, no hacemos buenas camisas. Era tierno y tenía un sentido del humor maravilloso. Disfrutaba de la metafísica de Macedonio Fernández porque se reía a carcajadas. El realismo socialista siempre le resultó aburrido, pesado, decía que en esos casos la ideología mataba a la literatura y que llegó a sentir horror por esos escritores de la obediencia debida.
Julio Florencio Cortazar tenía cara de chico aún en sus 69 moribundos años. Y era un chico a la hora de escribir como un cronopio que buscaba lo lúdico. Siempre el juego. En su niñez imaginaba animales mitológicos para sorprender y sorprenderse y apostó siempre a lo fantástico, a esa dimensión alucinante de la realidad más cotidiana. La supo encontrar y la supo contar.
Con Borges compartió muchas más cosas de lo que los militantes políticos literarios de los finales del 60 podían imaginar. Porque era una de las tantas antinomias, como se decía entonces. Borges o Cortázar. El reaccionario de derecha o el amigo de la Cuba de Fidel y el Chile de Salvador Allende. Borges o Cortázar, como una segunda vuelta de la batalla entre Boedo y Florida, era discusión apasionada en las universidades y los bares. Sin embargo, ambos amaron profundamente los laberintos, el tango, el jazz y las muchachas de ojos verdes como La Maga. Ambos fueron tozudos antiperonistas y quisieron morir fuera de la Argentina. Y allá están sus restos, más cerca entre sí que de nosotros. Y en lo que para muchos fue una señal mágica, Borges fue el editor del primer cuento de Cortázar en la revista “Los anales de Buenos Aires”.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto. Y los periodistas de mi generación lo amamos porque metió de prepo el lenguaje de la calle en la alta literatura. Porque todos alguna vez intentamos imitarlo sin el menor de los éxitos, porque todos alguna vez lo leímos con el mayor de los placeres.
Primero fue un revolucionario de las letras y después de las ideas. Fue un antes y un después de la barba. Primero sacudió la estructura de la novela con Rayuela. Hoy una edición original en buen estado se puede comprar por 30 mil pesos. En 1963, puso al lector en un pié de igualdad con el autor. Le permitió que cada uno eligiera su propia novela en esa maravillosa caja china que fue Rayuela, con una novela dentro de otra, con ese rompecabezas para jugar, siempre jugar con el ingenio y las neuronas y sobre todo con el lenguaje al que lo dio vuelta como una media una y mil veces. El año que viene, más precisamente el 27 de marzo, en el marco del Congreso de la Lengua que se va a realizar en mi querida Córdoba, se presentará una nueva edición conmemorativa de Rayuela preparada por la Real Academia Española, la Academia Argentina de Letras y la editorial Alfaguara. Ahí se incluye la reproducción del “Cuaderno de Bitácora”, con las notas de Julio para la escritura de la novela. Va a tener textos complementarios de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Adolfo Bioy Casares y Mario Vargas Llosa, entre otros.
Cuando viajó a Cuba se conmovió al ver un pueblo haciendo la revolución y su vida cambió. Y los personajes y los puntos de vista en sus libros, también. Con el Che Guevara, en su “Libro de Manuel” hizo una crítica dura a los dogmáticos de la guerrilla y ya que estamos en ese libro imperdible digamos que el protagonista se llamaba Marcos y que por eso el subcomandante zapatista de Chiapas se bautizó con ese nombre. En homenaje a Cortázar que, de estar vivo, dijo que apoyaría la causa que fue casi pacifista de los zapatistas y que hoy está casi extinguida, con el mismo entusiasmo con que apoyó a los sandinistas en esa Nicaragua tan violentamente dulce, antes de que Daniel Ortega la amargara y malversara con una dictadura feroz y corrupta de un señor que incluso abusó sexualmente hasta de su hija.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto.
Hoy Clarín publica una hermosa foto de Julio que tomó Dani Yako en diciembre de 1983. Sus ojos vivaces detrás de unos lentes gigantescos y el cigarro en su boca lo integran al paisaje de una calle bien porteña. Julio había vuelto después de una década.
Su inclaudicable y corajuda lucha por denunciar a la dictadura argentina y reclamar por los desaparecidos porque sentía al país lejano como su “Casa Tomada”, como esa pesadilla que escribió de un saque, con todos los fuegos el fuego. Cortázar sí que dio vuelta al día en 80 mundos y en su último round tuvo “62 modelos para armar”. Nunca olvidó el susto que se pegó a los 9 años cuando robó un libro de Edgar Allan Poe para leerlo ni el placer que sintió cuando tradujo toda su obra. Julio Cortázar fue un grande, uno de los padres eternos de nuestra literatura. Sus cuentos tienen la impronta de dos de sus ídolos, de Charlie Parker y de Justo Suarez. La cadencia y el torrente que improvisa del saxofonista del jazz y la habilidad para esquivar y la dureza para pegar del boxeo del Torito de Mataderos. Una vea, Julio publicó una nota sobre el arte del pugilato en las páginas de El Gráfico.
Queremos tanto a Julio. Le debemos tanto. Por dos motivos fundamentales. Porque todos sus textos son una incitación a la libertad y una apología de la belleza.

Cristina, la jefa de la corrupción – 11 de febrero 2019

En estos días se desató un verdadero tsunami contra Cristina. La cantidad de información y documentación que aportaron los arrepentidos ante la justicia dejaron desnuda a Cristina. La tienen acorralada. Ya nadie puede dudar que “fue la jefa de una asociación ilícita destina a enriquecerse con el saqueo del estado”, como lo definieron en los expedientes los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques. Está claro que cuando Néstor se murió, ella asumió la conducción política de su espacio pero también la gerencia administrativa de coimas, lavado y mega corrupción de estado. Nunca se cometieron tantos delitos, por tanto dinero y por tanto tiempo. Los Kirchner batieron todos los records de bulimia por el poder y por el dinero y produjeron los 12 años de mayor corrupción de la historia argentina y, probablemente, del mundo. Laura Alonso, que conduce la Oficina Anticorrupción, dice que están en Olimpo junto a los mayores cleptócratas del mundo. Al lado del matrimonio dictatorial de Filipinas, Ferdinando e Imelda Marcos.
Cada vez que un arrepentido del entorno más cercano habla, aparece con más claridad el mecanismo de relojería del sistema de recolección de coimas. Hay revelaciones asombrosas: escondían los billetes físicos en la casa de María Ostoic, la madre de Néstor o los sacaban afuera con sociedades fantasmas y con bancos en guaridas fiscales. Hoy se están buscando alrededor de 500 millones de dólares. Y una parte importante se va a poder recuperar. La compra de propiedades y negocios de alta gama en Estados Unidos no los muestra muy antiimperialistas que digamos. Mucho menos cuando de las dos propiedades que compraron en el emblemático Plaza Hotel de New York, en la Quinta Avenida hay una que costó 13 millones de dólares y es de un lujo digno de un jeque patagónico. En ese lugar estuvieron los Rolling Stones, Los Beatles y celebridades como Truman Capote. Pero lo que hace temblar a Cristina y su banda es que hay dos fiscales norteamericanos investigando a fondo toda esta operación escandalosa. Para equilibrar y potenciar su empatía con las revoluciones chavista y castrista, no se privaron de comprar un loft de pesca en Cuba. Seremos como el Che, les faltó decir.
Manzanares vomitó que Los Sauces era la inmobiliaria con solamente dos clientes, Lázaro y Cristobal y que Hotesur dueña del Hotel Alto Calafate con habitaciones vacías ficticiamente llenas eran para recibir los retornos de la obra pública y lavar dinero. Gerardo Ferrerya, el ex capo de Electro ingeniería era el tercer empresario que tributaba mucho, pero directamente a Néstor y Cristina. El resto pasaban por Julio de Vido, Roberto Baratta, Daniel Muñoz, su ruta del dinero K.
También se hicieron muchas inversiones de los dólares robados al pueblo en empresas farmacéuticas, de insumos hospitalarios, de transporte y Ricardo Barreiro, otro secretario que pasó de jardinero a millonario, fue otro gran testaferro.
Hay algunos caraduras y fanáticos K que todavía dicen que se trata de mentiras y de una persecución política a Cristina. Le llaman “la causa de las fotocopias” y dicen que, poco menos, la inventó la CIA y Clarín. Pero la causa en realidad, debería llamarse “De los arrepentidos”. Los cuadernos de Oscar Centeno fueron la guía turística que llevó a descubrir a los funcionarios más ladrones, a los empresarios más cómplices y a los jueces más venales. Ahora las pruebas demoledoras e irrefutables son los testimonios de tanta gente de confianza de los Kirchner que se juega la vida y dice la verdad.
Manzanares reconoció que el ex juez Norberto Oyarbide les recomendó fraguar un peritaje para dejar libres de culpa y cargo a Néstor y Cristina en menos de lo que canta un gallo. Y pensar que este juez de pacotilla, emblema de la corrupción, llorando, llegó a decir que lo habían “agarrado del cogote”.
Ni hablar de la coima de diez millones de dólares que le pagaron al juez Luis Rodríguez para que frenara el encarcelamiento de Daniel Muñoz. Los billetes los llevó Miguel Plo, el ex abogado de Pochetti que también está preso.
Rodríguez fue denunciado por Elisa Carrió y ahora nuevamente por Guillermo Lipera, presidente del Colegio de Abogados. Lo acusan de todo: de haber copiado en el examen para juez, de tener objetos de admiración al nazismo en su casa y de ser un delincuente que tenía tarifado su juzgado. Ahora hay un testimonio de lo asegura. Por eso debería ser destituido lo antes posible por el Consejo de la Magistratura.
¿Alguien puede creer que la CIA o Macri pueden convencer a estos personajes de que cuenten toda la verdad y nada más que la verdad? Son colaboradores y cómplices que tienen años de historia junto al matrimonio K. Estamos hablando de Víctor Manzanares, el contador, de Carolina Pochetti, la viuda de Daniel Muñoz,el secretario privado y de mayor confianza de Néstor, de Claudio Uberti, Juan Manuel Campillo y Ernesto Clarens que manejaron las finanzas y el ocultamiento del dinero de Néstor y Cristina. Todos apuntan al matrimonio de magnates pingüinos. Hasta José López los mandó al frente y dijo que tenía miedo a Cristina por lo vengativa que era. Pochetti dijo que Muñoz le decía “la loca” a Cristina.
Está más claro que nunca que ella fue la jefa de la corrupción, la que reemplazó en ese lugar a Néstor cuando murió.
En la desesperación y ante las pruebas y evidencias tan contundentes, los grupos de tareas K dedicados a hacer operaciones sucias de poca inteligencia, resolvieron ensuciar a los que llevan adelante las investigaciones o a los periodistas independientes. Carlos Stornelli fue víctima de Horacio Verbitsky, como comandante, del juez de la Campora, Alejo Ramos Padillla, del pauta traficante Diego Gvirtz y del espía Rodolfo Tailhade y otros personajes que se mueven en la oscuridad y la mentira. A Cristina ya no la pueden defender porque las pruebas y testimonios son abrumadores. Pasaron entonces a la fase dos, la que también los mismos personajes hicieron con Alberto Nisman: extorsionar e injuriar con falsedades absolutas y algunas muy burdas.
Las causas siguen su curso y dentro de 15 días Cristina tendrá que afrontar por primera vez un juicio oral por corrupción por entregar fortunas de obra pública a Lázaro Báez a cambio de sobre precios, retornos y coimas. En realidad, Cristina tiene varios procesamientos y juicios orales y con dos pedidos de prisión preventiva. Pasará más tiempo en el banquillo de los acusados que en su banca de senadora por la minoría en la provincia de Buenos Aires.
La Oficina Anticorrupción acaba de pedir que Cristina y sus hijos vayan a juicio oral por el lavado de dinero en los hoteles, cosa que Manzanares confirmó como absolutamente cierta.
El juez Claudio Bonadio citó a los tres jefes de gabinete, Aníbal Fernández, Jorge Capitanich y José Manuel Abal Medina y a 92 intendentes entre los que están emblemáticos cristinistas como Francisco “El Barba” Gutiérrez y Francisco Durañona. Unos enviaban fondos para saneamiento y medio ambiente y otros los gastaban en campaña electoral o se lo llevaban a su propio bolsillo.
Simultáneamente hay que decir que Cristóbal López ya debe 13 mil millones de pesos que utilizó para comprar medios de comunicación y propaganda en lugar de pagar impuestos al combustible que retenía y no devolvía en forma ilegal. El y su socio, Fabián de Sousa, alquilaban propiedades y departamentos en Puerto Madero y el hermano de Fabián, oh casualidad, es el dueño de dos departamentos del edificio de Uruguay y Juncal donde vivía Cristina y Néstor.
El tsunami de información y documentación que aportaron a la justicia los arrepentidos de la máxima confianza de Cristina la tienen acorralada. Atrapada y sin salida entre la posibilidad de volver al poder por la urnas o ir a la cárcel por la verdad y la justicia. Del pueblo argentino depende.
Hay una gran diferencia entre los que protagonizaron el robo del siglo, instalaron el autoritarismo chavista y dejaron una bomba social y económica terrible y los que intentaron desactivarla sin éxito, pero que no persiguieron a nadie ni robaron sistemáticamente. Otra vez: del pueblo argentino depende.