Kirchner y Chávez, ladrones de la Plata Grande – 17 de septiembre 2018

Néstor Kirchner y Hugo Chávez quisieron quedar en la historia como San Martín y Bolívar, los próceres de la Patria Grande.
Pero a medida que se conoce información más detallada de las corrupciones colosales que Néstor y Chávez cometieron, van rumbo a convertirse en el Gordo Valor y La Garza Sosa, los ladrones de la Plata Grande.
Los presuntos libertadores de América en realidad se hicieron millonarios, como los estafadores de América, porque se quedaron con mucho dinero de los argentinos y venezolanos más pobres.
Se llenaron la boca hablando en contra del Fondo Monetario, el imperialismo y los banqueros. Pero se llenaron los bolsillos de los dólares sucios producidos por la cleptocracia que instalaron en ambos países.
Hoy el colega Daniel Santoro revela en el diario Clarín una maniobra y solo una, de las muchas bicicletas financieras ilegales que ejecutaron el Gordo Chávez y la Garza Kirchner. Y la información no fue aportada al expediente judicial por la CIA. El que contó todos los detalles fue Claudio Uberti, en su declaración cómo arrepentido. Estamos hablando del gerente de las coimas de los peajes en las rutas y los peajes en el concubinato con Venezuela. Néstor y Hugo tuvieron relaciones carnales pagas. Y con sus respectivas muertes, dejaron países infectados de mentiras, latrocinio y autoritarismo que luego Nicolás Maduro y Cristina, sus sucesores, terminaron de dinamitar.
No se olvide: La solidaridad latinoamericana del chavismo nos otorgó prestamos usurarios de dinero a tasas del 15 % que nos perjudicaron muchísimo. Le recuerdo que el “sanguinario” FMI nos cobra el 4,5%. Más de tres veces menos.
Los negociados de Julio de Vido con el petróleo y los barcos que nadie sabe cuántos fueron ni cuanto nos costaron. Esa parte de la corrupción todavía no se investigó. Don Julio, como si fuera Don Corleone, desde la cárcel amenaza a los arrepentidos que están diciendo la verdad y les dice traidores y ortivas. Tiene miedo de quedarse en la cárcel durante toda la vida.
Y falta investigar las coimas que hubo que pagar con la maquinaria agrícola.
Insisto con el tema: Claudio Uberti, el que deschava al chavismo, era la pieza clave de lo que se conoció como lo embajada paralela. Uberti era un títere de Julio de Vido, el gerente general del robo sistemático y gigantesco que hicieron los presidentes Néstor y Cristina Kirchner.
Hay que recordar la valentía del embajador de entonces, Eduardo Sadous, que denunció estos y otros delitos y que fue perseguido por eso.
Por ejemplo, en el 2004 se había creado un fideicomiso entre Caracas y Buenos Aires para el intercambio de fuel oil por productos industriales en un banco suizo. Fue tan grave la ilegalidad que luego, por diversas denuncias, el UBS, cerró esa escandalosa cuenta.
Hay que recordar que Aníbal Fernández con su obsecuencia eterna, mintió al decir que Guido Antonini Wilson no había estado en un acto en la Casa Rosada. O la Casa Robada, a esta altura. ¿Se acuerda? Después un video del canal del estado mostró la presencia de Antonini en la sede del gobierno y lo desmintió en la cara dura de Aníbal. Era aquel avión, fletado por Enarsa y pagado por todos los argentinos, que trajo una valija de 800 mil dólares que fue descubierta en la aduana por María Lujan Telpuk, en ese entonces agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Dicen que esos 800 mil eran solamente una parte de un traslado de 5 millones de dólares.
Lo primero que Antonini hizo fue concurrir a un acto en Balcarce 50. Lo primero que Uberti hizo fue ir a la quinta presidencial de Olivos para contarle la mala nueva al comandante Néstor.
Uberti confesó ante la justicia que en una operación trucha realizada con bonos de la deuda argentina en 2007, Néstor y Chávez se quedaron con 25 millones de dólares cada uno. Y que la parte del presidente argentino llegó al país en billetes verdes en aviones especialmente fletados. Tal vez algún fanático negacionista de la realidad piense que Uberti está mintiendo. Es fácil. Aportó pruebas, lugares y detalles para corroborar lo que dijo. Si es cierto, se beneficiará con una baja de su condena. Pero si es un engaño, se multiplicará su pena.
Para que quede más claro: Uberti no le contó esto en un café a un amigo ni es un trascendido de un periodista. Se trata de su declaración oficial ante el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío y, obviamente, consta en el expediente.
Le recuerdo que Uberti también reveló que el día que murió Néstor entró al departamento de Cristina en Juncal y Uruguay y encontró bolsos con 60 millones de dólares en el dormitorio.
La codicia sin límites, la enfermedad bulímica por el dinero ajeno, consagran al matrimonio Kirchner largamente como los políticos más corruptos de la historia argentina y algunos dicen que están en el podio de los mayores delincuentes del planeta.
Y como si esto fuera poco, entre el chavismo y el kirchnerismo construyeron un puente de plata (en el más amplio sentido de la palabra plata) con Irán.
La prestigiosa revista brasileña “Veja”, en su momento, publicó una nota que respalda con testimonios muy importantes gran parte de la hipótesis del fiscal Alberto Nisman y de las relaciones carnales y de complicidad entre el Irán de Ahmadinejad, la Venezuela de Chávez y la Argentina de los Kirchner. Un militar y ex ministro de Chávez exiliado en Miami, estuvo presente en la charla que mantuvieron el negador del holocausto de Teheran y el líder bolivariano hoy fallecido. Chávez le decía a todo que “si compañero”, como si se tratara de un subordinado. Y Mahmoud Ahmadinejad le pedía que convenciera a la Argentina para que le transmitieran tecnología nuclear imprescindible para culminar su plan y para que los Kirchner dejaran de perseguir a sus funcionarios mediantes las alertas rojas de Interpol. En una parte brutal del diálogo, el iraní le dice al venezolano: “No te preocupes por los costos de esa operación. Disponemos de todo el dinero necesario para convencer a los argentinos”. El comandante Chávez respondió que el se encargaría personalmente de las gestiones, cuando su compañero le dijo: “Es una cuestión de vida o muerte”. En esa época los vuelos entre Caracas y Teheran eran frecuentes. Se los llamaba “aeroterror” y cambiaban cocaína para Hezbollah por el traslado de terroristas con pasaporte venezolano. Dicen que hasta el mismísimo Moshen Rabbani acusado de ser el jefe del atentado a la AMIA utilizó esa documentación falsa. Un gesto de hermandad antimperialista. El mismo Rabbabi que aparece hablando con Yussuf Khalil en las escuchas y que envía dinero a la Argentina, según el mismo reconoció.
Fue tan importante la sociedad delictiva entre el chavismo y los Kirchner que enviaron de embajadora, para reemplazar a Sadous, a la mismísima Nilda Garré quien fue ministra de Defensa y hoy preside esa comisión en diputados.
La historia nefasta de los Kirchner en su paso por el poder en la Argentina tiene un capítulo especial por lo fabulador ideológicamente con el comandante Hugo Chávez Frías. Imágenes del Che Guevara, de Fidel Castro, de Hebe de Bonafini en las banderas, “al carajo con el ALCA”, en Mar del Plata con Maradona de ladero y finalmente se confirmó que todas esas consignas izquierdistas y emancipadoras quedaron sepultadas por la cara de George Washington en los billetes de las coimas y el enriquecimiento ilícito. Algunos dicen que billetera mata galán. En este caso bóveda mata a revolucionario.
San Martin y Bolívar próceres de la Patria Grande seguramente se están revolviendo en la tumba por la tragedia y la farsa que quisieron instalar, el Gordo Valor Chávez y la Garza Sosa Néstor, los estafadores de la Plata Grande.

Vargas Llosa de la Libertad – 31 de agosto 2018

Si tuviéramos que asociar a Mario Vargas Llosa con una sola palabra, esa palabra sería libertad. No solamente porque es el nombre de su fundación, que en la Argentina preside Gerardo Bongiovanni, sino porque su lucha política siempre ha sido contra todo tipo de dictaduras y autoritarismo. Eso solo, más el genio literario que lo llevó a ser Premio Nobel, lo coloca en un altar de admiración. Pero lo que más me impacta de Vargas Llosa es su insobornable y feroz pelea por su propia libertad individual. No hablo solamente de condenar asesinos jurásicos como Hugo Chávez o Jorge Rafael Videla. Hablo de sus libertades personales. De permitirse a los 82 años ponerse de novio con una estrella del glamour como es la bellísima Isabel Preysler (la ex mujer de Julio Iglesias) y que le importe un comino lo que la gente comente. Dijo que su fórmula para disfrutar es tratar de que la muerte lo encuentre vivo. Que lo sorprenda lleno de proyectos, de ilusiones, de batallas, de amores y esperanzas. Jamás hay que entregarse mansamente a la muerte ni esperar sentado que la parca llegue. Eso habla de su amor a la vida y a la libertad. Pero como es un francotirador que no tiene patrones ni dogmas no tuvo problemas en tener varias definiciones políticamente incorrectas. Planteó que el Papa Francisco hasta ahora había sido pura retórica, con un discurso que busca simpatías pero que, de verdad, no había cambiado nada de la estructura de la iglesia y el Vaticano. Se puede estar de acuerdo o no con su pensamiento. Pero hay que tener coraje para meter los dedos en todas las llagas. Ni siquiera tuvo problemas en decir que mientras vivió en Londres descubrió que los ingleses son muy sensibles con los animales pero no tanto con los seres humanos. O de utilizar calientes escenas de sexo explícito para describir el clima de época del final de Fujimori y en muchos de sus grandes libros.
Esa libertad y ese combate contra todos los prejuicios, fanatismos y las pacaterías de catedrales contrasta como la luz contra la oscuridad de muchos de sus enemigos que no le llegan ni al tobillo.
Recuerdo que en 2011, ocurrió algo que me dio una profunda vergüenza ajena.
Le cuento primero los hechos puros y duros porque… no se pueden creer. Escuche, por favor: una cronista de televisión, le hizo una entrevista a la diputada kirchnerista Diana Conti.
– ¿Leyó algo de Mario Vargas Llosa?, fue una de las preguntas.
– Las venas abiertas de América Latina, contestó la dama, metiendo la pata hasta el caracú. Pero no conforme con semejante papelón avanzó rauda hacia el ridículo: “Y después, como me pareció un traidor, dejé de leerlo”, sentenció con tono revolucionario. Al final, con cierto pudor, Diana Conti, salió rápidamente de la escena, y dijo una primera verdad: “Entonces no leí nada”.
La ex diputada que encima se ha manifestado orgullosa de ser estalinista o de soñar con una Cristina eterna y que elogió a Hugo Chávez en varias oportunidades ni siquiera tuvo en cuenta el regalo que el bolivariano le hizo al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama la primera vez que lo vió en una cumbre americana: el libro “Las venas abiertas de América Latina”, el clásico de Eduardo Galeano.
Pero por aquellos tiempos cólera, un grupo de intelectuales kirchneristas quiso evitar que Mario Vargas Llosa, inaugurara a Feria del Libro con su discurso. El que primero levantó la bandera de la censura fue Horacio González que es sociólogo, docente, integrante de Carta Abierta y en ese momento era director de la Biblioteca Nacional. González les envió un mail a los organizadores donde acusaba Vargas Llosa de ser “un mesiánico autoritario que expresa a la derecha más agresiva y un militante que no deja de atacar a los gobiernos populares” de la región.
Fue otro momento de intensa vergüenza ajena. Era la primera vez que un premio Nobel y encima latinoamericano, iba a abrir nuestra querida Feria del Libro.
El talentoso peruano recordó amargamente aquel trago amargo. “En algún momento soñé con vivir un tiempo en Buenos Aires. Pero tengo un triste recuerdo de las últimas veces que fui. Un grupo de escritores encabezados por el director de la Biblioteca Nacional me quiso prohibir que hablara por mis ideas políticas. ¡Escritores! ¡El director de la biblioteca en donde estuvo Borges!”, dijo con asombro, Vargas Llosa. Parecen salidos de la Inquisición. Insisto con el concepto: fachos de izquierda.
Con la precisión de un cirujano, Vargas Llosa hizo un análisis de los K: “Era un índice de ceguera ideológica que había cundido en la Argentina y que empobreció el país además de enconarlo. Venezuela es un país en extinción y el kirchnerismo quiso llevar a ese lugar a la Argentina”.
No quiero ni acordarme de su paso por Rosario, cuando un grupo de vándalos auto titulados militantes K atacaron a pedradas la camioneta en la que se desplazaba Vargas Llosa. Daban ganas de escuchar a Jesús diciendo: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen”. Seguramente, leyeron tantos libros como Diana Conti.
Vargas Llosa utiliza una figura genial para definir los últimos 12 años de autoritarismo de estado: “Con los Kirchner el país estaba embotellado. Pero el populismo está en retirada en América Latina y tengo motivos para ser optimista. La Argentina me inspira mucha ilusión. La democracia está empezando a funcionar otra vez”.
Mario Vargas Llosa es un combatiente a favor de todas las libertades en su máxima expresión y está en contra de todas las censuras y dictaduras. Desde las de la izquierda stalinista como la de la dinastía Castro en Cuba hasta las de la derecha fascista como las de Pinochet en Chile.
No me gustan las posturas sectarias, militantistas, enfermas de ideologitis que son capaces de apoyar gobiernos corruptos y patoteros como vimos de sobra durante el kirchnerato. Es verdad que Vargas Llosa fue un duro crítico del matrimonio Kirchner. Eso lo hace más interesante todavía. Si el intelectual no tiene una cuota de provocación a contra corriente suele convertirse en un funcionario del montón que apela a la obsecuencia para mantener sus privilegios. El gran escritor peruano dijo que Trump es “populista, demagogo e inculto”.
Los que desprecian desde el kirchnerismo a Vargas Llosa por ser un neoliberal no deberían olvidar que Carlos Menem que fue el ícono más grande que tuvo este pensamiento en la Argentina a la que gobernó durante una década, fue compañero de boleta electoral del matrimonio Kirchner en siete ocasiones. ¿Escuchó? No en una ocasión… en siete. Néstor lo elogió como el mejor presidente de la historia. ¿Se acuerda?
Para aportar otra mirada vale la pena escuchar lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa: “Me alegré mucho con su Nobel; es un magnifico escritor. Soy amigo de él, no soy sectario y no les pido carnet a mis amigos. Mis amigos son de izquierda, pero no tienen la obligación de serlo. Me enfado con mis amigos cuando son sectarios y dicen que él es de derechas. Pero los progres deberían leer sus libros”. Alguno, aunque sea uno de sus 59 libros.
Esto es lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa. Y solo un fanático podría acusarlo de derechista.
Vargas Llosa desprecia por igual a los carniceros que industrializaron la muerte tanto en nombre de Hitler como de Stalin. Para que no queden dudas hay que decir que la dictadura de Videla lo censuró y por decreto de un general genocida ignorante llamado Albano Harguindeguy prohibió la circulación de su emblemático libro “La tía Julia y el escribidor”. Vargas Llosa contó que guarda aquel texto oscurantista y medieval y todavía no entiende lo que quiere decir.
Además, Vargas Llosa en el plano de los derechos individuales y la cultura es casi un anarquista. Dinamita todos los dogmas. Abre todas las cabezas. Francotira ideas para provocar e incomodar a los pensadores perezosos. Está a favor del matrimonio igualitario, del aborto, defiende a rajatabla los derechos humanos. Mario Vargas Llosa es un hombre libre en el más amplio sentido de la palabra. Está entre nosotros. Brindo por eso.

Viva la radio – 24 de agosto 2018

El lunes, la radio cumple 98 años. Y esta querida radio Mitre cumplió 93 la semana pasada. ¿Qué me cuenta? Yo estaré de vacaciones y si usted me permite le quiero rendir hoy mi humilde homenaje con esta columna. El tiempo pasa. La radio es esa cultura de la Spica con olorcito a cuero para escuchar los goles en la oreja y monitorear a los relatores de la mano de mi viejo. O la Tonomac Platino Siete Mares que fue la primera internet que tenía dial en lugar de mouse y que nos permitía navegar por un mundo que nos devolvía interferencias y frituras en todos los idiomas. O ese suave calorcito que largaba la válvula por los parlantes de la radio Capilla de la abuela. O el walk man clavado en las orejas en pleno supermercado o el radio despertador que nos acribilla con la temperatura y en su momento con los hectopascales. ¿Se acuerda? O la que viaja en el auto y es compañía en la ruta o en laburo, o la que está en el living como si fuera la tele o en la cocina como si fuera el microondas o en el baño, ¿Por qué no? Mientras nos enjabonamos las noticias.
Hoy la radio es cada vez más un ícono en la red de redes que con un click en el real audio o en el celular te permite saber desde Lieja en Bélgica que calle está cortada y que semáforos no funcionan en el centro de Buenos Aires. La primera vez que llevé a mi hijo a una radio miró medio aburrido para todos lados y con sabiduría infantil dijo: “Pá: esto no es una radio, esto es un edificio”. ¡Cuánta razón tenía Dieguito en aquella época¡¡¡
Hay algunos que confunden la radio con el lugar físico en donde funciona. Con estas paredes llenas de historia. Con estos micrófonos que no perdonan. Con esa luz roja que tanto temo y que tanto quiero, con aquella vidriera que nos muestra operador al Pepo Colodrero y a veces a Dana, Emanuel, Lucas, el gran Bonello, Gaspar, Oscar Ruiz siempre con ganas y Juan Pablo. Ellos nos lanzan luces de advertencia y nos dicen, ojo que venimos. Atrás hay otros compañeros que producen todo lo que va al aire. Allí está Mariana, Juan, Nacho, Andy y sus twiters y la mirada sabia de Marta Lamas. Paula, Lucas e incluso celebramos que Marina, la hija del Chaucha Bianco, uno de los más grandes productores de radio que conocí, hoy juegue en este equipo.
¿Eso es la radio?
Algunas sillas, una mesa, la ceremonia del mate. ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho inmobiliario.
Entonces, ¿Qué es la radio? La posibilidad de transmitir palabras y músicas a través de ondas hertzianas, micrófonos, ecualizadores, una consola de sonido, casseteras, compacteras, mini disc y compus que despachan publicidades grabadas, una antena gigantesca, híbridos y del otro lado un aparato más grande o más chico que recibe todo eso. Dígame la verdad, ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho electrónico.
Y entonces, ¿Qué es la radio? ¿Porque se habla tanto de ella? ¿Por qué algunos tontos la tratan como una hermanita menor si tiene 98 años de vigencia absoluta a pesar de tanto cambio tecnológico, tanto mail, tanto tuit, instagram o Facebook, celulares o cámaras HD? ¿Por qué sigue ocupando un lugar tan destacado, creíble e irremplazable? Ni el cine ni la tele ni la poderosa internet pudieron con la radio. Todo lo contrario, la radio se sirvió de todos ellos para llegar antes y mejor. Para ser más radio.
La radio es como la cigarra de María Elena Wash. Tantas veces la mataron, tantas desapareció, a su propio entierro fue y sin embargo esta aquí, resucitando.
Muchas veces la gente que visita la radio sale un poco desilusionada como mi hijo aquella primera vez. Seguramente espera ver decorados, tarimas, escenografías, telones, noticias viejas, risas nuevas, disfraces, dragones y hasta algún que otro mago. Pero no. No encuentra nada de eso. Solamente unas cuantas personas en el centro de una habitación hablándole con gestos y ademanes a un fierrito que no sabe, no contesta. Los que no hablan en ese momento hacen todo en cámara lenta y se mueven como si la gravedad no existiera. Parecen locos que caminan por la luna. Juegan a dígalo con mímica, escriben grande en los papeles los nombres muy famosos o muy desconocidos de los entrevistados y tratan de leer los portales en la notebook o sin que el papel haga ruido y se escape por el micrófono.
Evidentemente la radio no está allí. El edificio, la tecnología y las personas no alcanzan para hacer una radio. Muchos señores amantes de la razón pura creen que sí. Creen que con todo alcanza y sobra y se equivocan. Ni siquiera es televisión pero sin imagen. La radio se completa con la imaginación de ambos lados. Los que piensan así no tienen una radio. A lo sumo un gigantesco altoparlante, un altavoz que llega lejos. Eso tienen… pero de ninguna manera tienen una radio.
Para definir una radio es condición fundamental haber leído el principito para comprender que lo esencial es invisible a los ojos. Es el único lugar donde no hacer falta ver para creer. Desmiente ese dicho de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Acá es al revés. Si hay una verdadera radio, ojos que no ven, corazón que siente mucho. Por eso quien visita una radio no ve nada importante pero allí hay cosas importantes. Por eso la radio se escucha, pero sobre todo, se siente. La radio es esa carta pidiendo ayuda para una familia inundada que genera una catarata solidaria. Es esa convocatoria a la esperanza que hacemos con la buena noticia. ¿Usted ve la solidaridad y la esperanza? Por supuesto que no, pero la siente. La puede palpar y compartir. Igual que la alegría que desborda cuando nos equivocamos y nos tentamos o alguien nos cuenta que recibió esa ayuda y esa hermandad que pedimos al aire. Ese nudo en la garganta que se siente acá, ese cosquilleo en el pecho que mezcla las risas y el llanto, ¿Cómo se llama ese clima intangible? Radio, eso se llama radio.
La radio es esa señora que pide un bolero de aquella época porque es su aniversario de casamiento y quiere homenajear al hombre que la acompaña desde hace tantos años y le cocina un guisito de ternura, compra un vino especial y la mujer que al amor no se entrega no merece llamarse mujer. ¿Cómo se llama ese clima romántico? Radio, ese clima se llama radio.
Sin estas cosas usted tendrá muy buena información, o el coraje de una opinión jugada pero no tendrá radio. La radio es la que siempre llega primero, es la primera versión del periodismo que a su vez es la primera versión de la historia. Por eso la radio hace historia todos los días.
Sin esos climas, sin esos temblores, sin esas fantasías, usted tendrá algo honorable y muy útil tal vez, pero que no se llamará radio.
La radio es Cacho Fontana o Antonio Carrizo, Bravito o Badía. La radio es Mareco y el negro Víctor Brizuela y Fioravanti o el Gordo Muñoz. La radio es Pepe Eliaschev y Magdaena Ruiz Guiñazú o Marcelo Bonelli. La radio es Longobardi y Lanata. Nico Wiñasky y su viejo. Mi hijo Diego y María Isabel con Rolo, y Tato con Guido y las recetas de sabiduría del doctor Lopez Rosetti o Cormillot. La radio es Mitre informa primero y las gargantas de oro de Trichi y Marcelito Elorza. Las risas, los PNT y las campanitas de Natalia López, Andres Estévez Mirson, Marcela Labarca o Mariel Di Lenarda. Eso es la radio. Un equipo de radio, un verdadero dream team que me acompaña con Marcela Giorgi, Federico Andahazi y Sergio Gendler. La radio es mi amigo Jorge Fernández Díaz sembrando literatura y coraje por las noches. La radio sube desde el pié y baja la escalera con Corda, Porta y Valeri.
La radio es el aire libre que todos respiramos. La radio es estar en el ring side de la vida como dice Magdalena Ruiz Guiñazú. Es un lugar de riesgo y audacia para caminar por el alambre. La radio es el teatro de la mente o el teatro sin imagen como me dijo ese genio del Negro Hugo Guerrero Martinheitz.
El lunes se cumplen 98 años del nacimiento de la radio en el teatro Coliseo de Buenos Aires con la música de Parsifal y los locos de la azotea.
A esta hora exactamente hay millones de aparatos encendidos buscando una radio, sintonizando un síntoma, un aroma, un color en las ondas. Cuando esos aparatos encuentran una radio difícilmente se vayan. La consideran un miembro más de su familia. La quieren y la insultan. Discuten con ella, la abrazan, piden temas musicales, piden que le pasen sus mensajes, protestan, elogian, piden soluciones que no tenemos, aportan ideas. La gente interactúa con la radio como con ningún otro medio. Van y vuelven. Pasan de receptores a emisores. De oyentes a auditores. Miran la radio conmovidos como quien mira la vida.
Fernando Bravo, uno de sus reinventores dijo que la radio es en vivo y en directo, va a domicilio, es gratis, no se suspende por mal tiempo y está atendida por sus propios dueños.
Cuando uno encuentra una radio se da cuenta de inmediato. Porque lo siente acá. En el pecho y sabe que es un lugar en el corazón y en el cerebro donde se cruzan la emoción, la imaginación y la solidaridad.
Eso es la radio. O por lo menos creo que en esa radio creo. En ese milagro cotidiano llamado radio.