El Papa y Perón – 13 de marzo 2017

Hoy se cumplen exactamente cuatro años del papado de Francisco. Leí por ahí que si Jorge Bergoglio fuera un presidente, estaría cumpliendo su mandato. Es una buena excusa para hacer un balance del impacto universal y nacional que tuvo este hecho que nos conmovió y nos sigue conmoviendo a todos.
Muchas veces cuando doy una charla, la pregunta sobre el Papa es la primera que surge. Leuco, ¿Qué opina del Papa? Se hace un silencio pesado y yo trago saliva. Es una pregunta muy delicada. Porque no es blanco o negro. No es absolutamente condenatoria ni absolutamente elogiosa. Valoro muchas cosas que el Papa hizo y hace y critico otras. Hay mucha gente extraordinaria enojada con el Papa y mucha gente que lo ama profundamente. Es que lo estrictamente religioso se mezcló fuertemente con lo político. Yo digo que si el Papa se presentara como presidente del mundo, yo lo votaría. Pero que si se presentara como presidente de Argentina, no.
Es que a nivel planetario, el Papa hizo en este tiempo una tarea titánica y maravillosa. Es el Papa de los pobres y de la paz. Este Papa celeste y blanco es el que combatió fuertemente a los corruptos de las finanzas vaticanas y a los perversos curas abusadores. Es el Papa que quiere modernizar las normas para contener y proteger a más gente. Por eso es tan combatido por los sectores más elitistas y conservadores de la Iglesia católica. Su trabajo de acercamiento entre las partes para eliminar el odio y la intolerancia y abrir los mejores caminos para la convivencia pacífica y la misericordia y la solidaridad fue extraordinario. Nadie hizo tanto en tan poco tiempo. Hablo de Cuba y Estados Unidos, del fin de la guerra en Colombia, del abrazo frente al muro de los lamentos de las tres religiones monoteístas, los católicos, los judíos y los musulmanes. Fue una señal de fraternidad insuperable.
No se puede olvidar su prédica constante para proteger a los refugiados, a los más excluidos y a los que más sufren en el planeta y su repudio a todas las formas de terrorismo y violencia que utilizan el nombre de Dios para disparar sus misiles.
Por eso lo votaría como el líder mundial que es. Intenta llevar estos tiempos de cólera, xenofobia y desintegración hacia la justicia social, el diálogo y la hermandad. No es poco.
En Argentina las cosas cambian. Su admiración temprana por Juan Domingo Perón lo llevó a la militancia en grupos derechosos como Guardia de Hierro. En esa fragua consolidó su opción por los pobres y los grasitas y su poca preocupación por la falta de republicanismo y de honradez de algunos dirigentes. En su discurso siempre aparece la utopía de la igualdad y la libertad como dos caras de la misma moneda. Pero puesto a elegir si tiene que resignar algo de una de las partes, prefiere minimizar las formas institucionales frente a los padecimientos de la gente. Por eso tuvo y tiene simpatías hacia los gobiernos populistas de la región. Por eso se siente más a gusto con Evo Morales, Rafael Correa o Cristina que con Macri, Juan Manuel Santos o Pedro Kuczynski.
Por eso a muchos fieles argentinos que lo idolatran les resulta frustrante que le haya dado lugares prioritarios a sindicalistas delincuentes como Omar “El Caballo” Suárez, a patoteros como Guillermo Moreno o a corruptas y violentas como Milagro Sala a quien le envió un segundo rosario bendecido por intermedio de Gustavo Vera que está a punto de sumarse a una coalición política junto al kirchnerismo porteño.
La otra gran mano del Papa en la Argentina está puesta con los movimientos sociales que lideran Juan Grabois y Emilio Pérsico, entre otros. Estuvieron a punto de hacer hoy en Plaza de Mayo una misa y asamblea en su homenaje y con distintas protestas contra el gobierno. Todo indica que Francisco les pidió que no mezclaran los tantos. Que no asociaran su figura a una manifestación opositora. Eso se suspendió pero estos grupos tienen previstos cortes y ollas populares en todo el país pese a que ya reglamentaron la ley de emergencia social que los considera casi como sindicatos y les provee de 30 mil millones de pesos en tres años y les cede el rol del estado en la llegada a los compatriotas más necesitados.
Para ser justos hay que decir que el Papa no tiene piel con el presidente Macri pero en los últimos tiempos han conseguido una relación protocolar de mucha armonía. Es más, en varias ocasiones les pidió a sus visitantes que cuidaran a Macri para que pudiera terminar su mandato como corresponde en tiempo y forma. Ve en Macri a un empresario liberal con poca sensibilidad social y por eso siente un gran afecto, respeto y consideración por los rostros “más humanos” del PRO: María Eugenia Vidal, Gabriela Michetti y Carolina Stanley. Las conoce por su trabajo social en la Ciudad de Buenos Aires mientras él era cardenal y eso le permitió construir una relación de mucha proximidad y oración con ellas. El kirchnerismo carapintada, como les llama Jorge Fernández Díaz, quieren derrocar a Macri. Pero el Papa Francisco le pone paños fríos a la situación y pide que reclamen y exijan en favor de los más necesitados pero que no tiren del mantel ni pateen el tablero de las instituciones democráticas. Esa es la principal divergencia que el Papa tiene con el peronismo kirchnerista. Y también es cierto que está profundamente enfrentado con alguno de sus representantes más salvajes como Horacio Verbitsky al que castiga vía Guillermo Moreno cada vez que puede. Es que el jefe informal de la inteligencia cristinista, el señor 12, sigue convencido de que el Papa durante la dictadura entregó a varios sacerdotes a la tortura y a la desaparición de los militares. Y además, Verbitsky es uno de los motores más potentes en el impulso del colectivo “Ni Una Menos” contra lo reaccionario de la iglesia católica y a favor del aborto, cosa en la que ni Cristina está de acuerdo.
También es cierto que el Papa tiene amigos en el peronismo que intenta reconvertirse en republicano y que no está salpicado por acusaciones de corrupción como Cristina y sus cómplices. Hablo de dirigentes como Julián Domínguez o Julio Bárbaro, por dar solo dos ejemplos.
Es insólito que el Sumo Pontífice sienta más cariño por Cristina que por Macri. No por una cuestión de ideología. En ese caso si es coherente. Pero Cristina y Néstor lo persiguieron incluso con el espía preferido de los Kirchner en ese momento, Antonio Stiuso y lo caracterizaron como una suerte de jefe de la oposición y satán con sotanas. De hecho ya se contó varias veces pero vale la pena recordar la verdad histórica. Cristina estaba enojada con la designación de Bergoglio. Su tropa silbó en un acto esa novedad. Después fue comprendiendo que podía utilizarlo políticamente y se dio el gusto de utilizarlo en varias ocasiones, casi sin la queja del Papa que lo hizo muy suavemente un par de veces. Macri fue todo lo contrario. Mientras fue jefe de gobierno de la Ciudad, le dio el lugar que le correspondía y cuidó su investidura.
Tal vez la formación política de la juventud tenga más contundencia a la hora de formatear a las personas que los acontecimientos posteriores. Tal vez el Papa sea populista como lo han calificado varias veces. Tal vez su condición de jesuita y su gran caudal intelectual lo mantengan como ese pastor con olor a ovejas que pudo acercar la fe a los más humildes. Hoy el Papa está en el centro del universo y no vota en la interna del peronismo ni en la de San Lorenzo. Ojalá este Papa del Fin del Mundo pueda salvar al mundo. Ojalá el Techo, la Tierra y el Trabajo le lleguen a todos. Y también la paz, la libertad y la democracia.