Mandela x 100 – 19 de julio 2018

Mañana es el día del amigo. Y ayer, un amigo de la humanidad y de los mejores valores universales como el abogado Nelson Mandela hubiera cumplido 100 años. Una de las frases que solía repetir era de Gandhi: “Has de ser el cambio que buscas”. Y también: “Tienen que saber que los líderes son de carne y hueso. Si piensan que eres un mesías, sólo cabe la decepción”
Otra reflexión: “Si yo tuviese el tiempo en mis manos, haría lo mismo, otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre”.
Esta es una de las herencias conceptuales que dejó un gigante de la historia de la humanidad que murió a los 95 años. Nelson Mandela es un altar ante el que me arrodillo con gusto, respeto y devoción. Porque su cuerpo es un templo para rezar y pelear por los derechos humanos y la dignidad del hombre. Una suerte de santo laico para los olvidados de la tierra y todas las tribus religiosas del mundo. San Nelson Mandela de la Igualdad. Hijo de la negritud y padre de la patria diversa. Mandela ganó una de las grandes batallas de la historia. Venció al odio. Le quebró el espinazo a la discriminación. Expulsó de su tierra al ¨Apartheid¨, un régimen de supremacía blanca, como se autodefinían, superioridad de la raza, nazismo africano en estado puro.
Si tuviera que elegir un epitafio para la tumba de Mandela, me quedaría con Bertolt Brecht:
«Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
Esos son los imprescindibles”.
Estuvo 27 años preso. Muchos en una celda fría y húmeda donde solo podía dar tres pasos. Eso le metió veneno en los pulmones y tuberculosis para siempre. Acostado tocaba con su cabeza una pared y con sus piernas la otra. Había sido confinado a una celda como sus hermanos habían sido confinados a los guettos, unos barrios solo para negros, como si fueran de segunda selección, gente de carne y hueso pero considerada descartable por los salvajes fascistas. Mandela conmueve y se transforma en un imán para todos. Con su cabeza blanca, su piel negra y su corazón multicolor, su arcoiris de libertad. Vi su cara de Mahatma Ghandi negro pintada en los muros del Harlem en Nueva York. Estaba abrazado a Malcom X, Martin Luther King y Desmond Tutu en la celebración callejera por el triunfo electoral de Barack Obama. Esas catedrales humanas de la fe y la lucha parieron a Obama. Jamás se hubiera consagrado un presidente negro en los Estados Unidos sin ellos. Jamás hubiera salido campeona del mundo la selección de Francia, integrada por por tantos jugadores negros.
Fueron los sembradores del mañana que Obama, cosechó. Incluso llegó a decir que él se había dedicado a la política inspirado en Mandela.
El 11 de febrero de 1990 fue un día luminoso para el planeta. Una marea humana bailó en las calles celebrando la liberación de Mandela. El dijo que no se sentía profeta, solamente un servidor de su pueblo y así fue. Austero, generoso, dialoguista, fomentó la desobediencia civil, la resistencia pacífica y las huelgas pero no la violencia. Superó incluso sus propios resentimientos por haber estado diez mil días tras las rejas. Por eso, recibió el premio Príncipe de Asturias y en el 93, ganó el premio Nobel de la Paz junto a Frederik De Klerk. Al año siguiente, ganó las elecciones, sonó un tiro para el lado de la justicia universal porque se convirtió en el primer presidente negro de su patria e instaló un gobierno de unidad nacional y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Lo castigaron mucho desde los extremos radicalizados pero el pueblo sencillo se lo agradeció eternamente. Logró un estado multirracial e igualitario. No solucionó todos los problemas pero extirpó el cáncer moral del cuerpo social de Sudáfrica. Repasando su vida por los portales de la red vi sus fotos con todos los líderes políticos y figuras del mundo de la cultura y el deporte. Todos soñaron con conocerlo y pudieron lograrlo. Pero la imagen que más enternece y conmueve es la que está abrazado con su bisnieta Zenani, sangre de su sangre, etnia de su etnia, la negrita hermosa llena de trenzas que también pertenece al clan Madiba de la etnia Xhosa. Era la continuidad de Mandela. Porque a hombres como él no se los llora. Se los estudia, se los imita y se los reemplaza. Es especialmente impactante la camiseta con el número 46664 que Mandela se puso para ahuyentar los fantasmas que lo acechaban por las noches. Las pesadillas de aquel hueco donde lo encerraron con el número de interno capicúa del horror, 46664.
Hoy seguramente estará en el cielo de los buenos descansando en paz por toda la eternidad. Los más humillados y perseguidos se sienten un poco huérfanos.
El 18 de julio de 1918 en Mvezo, El Cabo, Unión Sudafricana, nacía como Rolihlahla “el que sacude los árboles”, en xhosa, el idioma de su pueblo. A los 7 años, una profesora del colegio metodista al que lo enviaron sus padres, – nadie en la familia había ido a la escuela antes- , la señorita Mdingane, siguiendo una costumbre de aquellos tiempos, resabio de la influencia británica en la educación del país, le daría su nombre inglés, Nelson. Para su gente sería Madiba, la denominación de su clan. Con el tiempo, los años y la lucha, en su patria y en el mundo alcanzaría simplemente con su apellido, Mandela, para honrar a uno de los grandes líderes del siglo XX.
En su memoria, Silvia Fesquet citó la siguiente frase: “No creo que sea saludable que la gente piense que eres un mesías. Si lo hacen, sólo cabe la decepción. Tienen que saber que los líderes son de carne y hueso, que son humanos. Eso es lo que quiero que piensen de mí. Si te creen un salvador, sus expectativas son demasiado altas. Que piensen que eres un héroe, vale, pero una leyenda, no… Las leyendas son escasas; pero en la actualidad hay miles de héroes en Sudáfrica. Un héroe es un hombre que cree en algo, que es valeroso, que arriesga la vida por el bien de la comunidad”, fue la respuesta que dio al periodista Richard Stengel, con quien trabajó codo a codo a lo largo de casi tres años en su autobiografía, “El largo camino hacia la libertad”, autor también de “El legado de Mandela”.
“He batallado contra la dominación blanca y también contra la dominación negra. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. Parte del discurso que pronunció en el Proceso de Rivonia en 1964, pero su alegato no le evitó la condena a prisión.
En el adiós a la leyenda de Mandela podemos despedirlo con palabras de nuestros negros castigados: Adiós Mandela. Duerme, duerme, negrito. Que si el negro no se duerme viene el diablo blanco y zas, le come la patita.

Amia x 24 – 18 de julio 2018

La sirena como alarido nos estruja el corazón. Es como un llanto interminable. La consigna, a 24 años del atentado terrorista contra la AMIA, es contundente: “En tiempos de impunidad, hacer memoria es exigir justicia”. Todos nos conmovimos especialmente con las palabras de Mario Averbuch. Es el padre de Yanina, la estudiante de 20 años que estaba trabajando en la obra social y murió aquel día en un abrir y cerrar de ojos.
Mario habló como hablaría cualquier padre. Desde el agujero negro que tiene en el cuerpo puso el dedo en la llaga. Fue al hueso
“Los que conocen la historia diplomática de nuestro país dicen que hubo dos momentos vergonzosos en esa historia: el día que Argentina le declaró la guerra a Alemania cuando ya no había guerra, y el día que se firmó el memorándum con Irán”.
“Los que dejaron a la Argentina como un país absurdo frente al mundo, si todavía les da la cara, le tendrán que explicar a la Justicia lo que hicieron y por qué lo hicieron, si pueden hacerlo”. Expuso en sus delirios al ex canciller Héctor Timerman y luego a Cristina Kirchner: “Señora ex Presidente: usted había prometido públicamente que no iba a tomar decisiones cruciales que afectaran a la investigación sin consultarlas antes con los familiares. También dijo que el memorándum era lo mejor que se podía hacer para destrabar las investigaciones”.
“Si era tan bueno, ¿por qué lo negoció en secreto y sin consultar con los familiares?””¿Qué había atrás de toda esta negociación? Eso también se lo tendrá que explicar a la justicia”.
En ese mismo escenario, el año pasado estuvo mi hijo Diego como orador y yo cumplí esa misma tarea cuando se cumplieron 10 y 20 años de impunidad.
Fue muy emocionante lo que me tocó vivir en ese momento. Diego, apenas tenía 4 años cuando el mundo se cayó encima del edificio de la mutual judía.
Hoy tiene 28 y hablaba con una convicción que me convocó a las lágrimas. A su lado flameaban las llamas de las velas que reclaman justicia para las 85 víctimas del terrorismo de estado extranjero con complicidad de los fachistas argentinos.
En aquel momento, Diego estaba viendo dibujitos en pijama con sus primas de Córdoba cuando temblaron los vidrios.
“Esa vibración extraña- dijo Diego- Ni ellas de 12 y 15 ni yo de apenas 4 años supimos en ese momento que ese pequeño temblor que frenó por un instante las risas, ese paréntesis mínimo en los juegos habituales entre primos, en realidad sería la semilla del terror. La planta de la impunidad que siguió creciendo robusta y macabra durante estos 24 años”.
Para mi hijo: “Amia es nuestro dolor como comunidad. Como familia. Como país. Amia para mí también es esa ventana vibrando en el living de mi casa de Caballito, muy lejos de la explosión y al mismo tiempo tan cerca. Pero ahora Amia es, además, una responsabilidad. La responsabilidad que tenemos los más jóvenes de seguir reclamando justicia. De seguir persiguiendo la verdad. De honrar a nuestros muertos y jamás olvidar. De no dejar que nos quiten los sueño de un país justo y libre. Donde la justicia sea un orgullo. Donde no tengamos que enterrar más muertes impunes, donde no mueran fiscales en cumplimiento de sus deberes. Donde no quieran cambiar justicia por petróleo, cereales o vaya a saber qué cosa. Donde no nos escondan los pactos espurios que firman con los asesinos.
Cada 18 de julio los familiares piden justicia, con la convicción de que algún día llegará. Cada 18 de julio tiene que ser para nosotros, los de veintipico, la fuerza que nos empuje a salir también. A acompañar a nuestros abuelos, a nuestros padres y continuar el legado. El reclamo. La lucha. El grito. La paciencia. Le entrega. La entereza”. Y después siguió: “Es muy difícil para mí estar acá parado. Este escenario te cambia, te interpela, te obliga, te pregunta qué hiciste por la verdad. Cómo peleas contra la impunidad. Este escenario es muchos escenarios, son tragedias que todavía sangran, gritos que siguen sin oírse”.
Una vez más pensé que es una bendición ser padre de Diego. O que algo bueno debo haber hecho en la vida para que me premie con un hijo con esa ética de la responsabilidad y esos huevos.
Recordó una historia que yo le conté y conté por la radio muchas veces.
La de Sebastián Barreiros que fue el más chico de los 85 muertos y la de Faivl-Pablo, que se llamaba Faivl Dyjament y fue el más grande de los 85 muertos. La muerte no los discriminó, la bomba tampoco.
Un chico y un viejo, unidos por la muerte. Un no judío y un judío, unidos por la muerte. Uno caminaba por la vereda y el otro estaba en el corazón del edificio.
Sebastián y Faivl son dos argentinos que nos explotaron en la cara y que nos clavaron en la memoria esquirlas que todavía duran. Para recordar el dolor que no cesa. Sebastián y Faivl son las dos puntas de la vida y se encontraron en la muerte. Son mucho más que dos velas encendidas por la memoria. Son dos vidas inmoladas. Son dos almas en pena por la impunidad.
La muerte no los discriminó. Ojalá la vida tampoco los discrimine.
La impunidad no es producto de una tormenta o un fenómeno natural. Es la construcción más nefasta que hizo el estado argentino con todos sus pilares. En la justicia, en el parlamento y entre 8 presidentes que pasaron y pasaron. El atentado terrorista más grave de la historia argentina y el crimen antisemita más grave ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial nos hizo pedazos el alma. Es como si 85 hermanos siguieran muriendo todos los días porque sus tumbas siguen abiertas porque no pueden descansar en paz.
En su momento, la bronca se multiplicó por ese pacto nefasto, tenebroso e incomprensible que el canciller Héctor Timerman firmó con Irán y que apenas asumió, el presidente Mauricio Macri dejó caer. Marcos Peña ratificó que ese terrorismo es un acto de odio contra la humanidad. Y que están trabajando en el senado para lograr la ley del juicio en ausencia y mantener firmes las alertas rojas de Interpol.
No olvidaré jamás que Héctor Timerman es el mismo canciller que se sentaba en primera fila a aplaudir lo mismo que aplaudía Luis D Elía, vocero iraní, fanático antisemita y violento promotor del fusilamiento de disidentes.
Irán es un país que se enorgullece del uso bélico de la energía nuclear y que quiere borrar al estado de Israel de la faz de la tierra porque niega la existencia del holocausto, la Shoa, la degradación más grande que tuvo la humanidad que fue el nazismo y el genocidio de 6 millones de personas en los campos de concentración y las cámaras de gas.
Héctor Timerman quedará grabado en la historia como el responsable de haber sido el ejecutor, el autor material de este crimen de lesa impunidad. De esta “alta traición al pueblo hebreo y al pueblo argentino”, según las palabras de su ex amiga y ex jefa política, Elisa Carrió. Un canciller no judío no se hubiera atrevido a tanto.
Y como si esto fuera poco. Ahora hay que sumar la víctima número 86, el fiscal Alberto Nisman que denunció a Cristina, Timerman y otros cómplices por encubrimiento de ese acto terrorista. Nisman está muerto. La justicia dice que fue asesinado y una rigurosa pericia de Gendarmería, también. Todo eso recordamos hoy. Contra toda esa impunidad luchamos hoy y siempre.
Para que llorar no se vuelve una costumbre. Para que las velas alumbren la oscuridad del crimen de lesa humanidad, de los países que fomentan el terrorismo, de la conexión local, del encubrimiento de estado. Para que nunca más.
Para que solo pidamos la muerte de la muerte para toda la vida. Para que no haya que llevar luto otros 24 años.
Hasta que cierren las heridas que todavía están abiertas. Hasta que se cierren las tumbas. Hasta que se abra la verdad.

Voto no positivo x 10 – 17 de julio 2018

Julio César Cleto Cobos hoy dice que con su legendario voto no positivo le hizo un favor a todos: al gobierno kirchnerista que integraba como vicepresidente, a la oposición, al campo y a la paz social. Sus nervios que dejaron helada a la sociedad le parieron esa expresión que por lo negativa y por lo positiva ingresó en la historia: “Mi voto no es positivo. Mi voto es en contra”. Eran las 4 y 25 minutos de la madrugada. El empate en 36 votos voló por los aires. Cobos pensó mucho en sus hijas y en su abuelo inmigrante y campesino de Chacabuco.
Hubo una Mesa de Enlace que fue parida por tantos ataques. Hubo detenidos como el actual senador por Entre Ríos Alfredo de Angeli.
Ya pasaron diez años. De inmediato se fue en viaje a Mendoza sin saber bien qué lugar le iban a reservar los tiempos y Cristina. La presidenta le hizo la cruz y no le dirigió nunca más la palabra. La fortaleza espiritual para hacer lo correcto fue más del maratonista de 42 kilómetros y el karateca que del ingeniero formado en el radicalismo alfonsinista. Argentina contuvo la respiración. No olvidaremos aquel momento dramático cuando merodeamos una batalla feroz entre hermanos.
Hoy podemos decir que hay un campo de diferencia entre Macri y Cristina. Hablo de la actitud ante el mundo de la producción agropecuaria.
El actual presidente ama a los chacareros, entre otras cosas, porque de ese universo nacieron muchos de los votos que le permitieron ganar las elecciones. Y la ex presidenta, los odia porque a diez años de la lucha por la resolución 125, ahora podemos ver que este sector fue el primero que le propinó una triple paliza que la fue llevando a su decadencia política.
Tierra fértil. Así se podría definir la relación entre el presidente Mauricio Macri y el campo. En su momento el jefe de estado recordó que este gobierno le sacó la pata de encima al campo y le tendió la mano. Es que el interior profundo y productivo cambió mucho como para derribar los prejuicios de otra época.
Ya no son más oligarcas concentrados, rentísticos e individualistas que desprecian la democracia. Es cierto que en el pasado, parte de su dirigencia institucional tuvo comportamientos golpistas y anti republicanos como cuando silbaron al presidente Raúl Alfonsín o apoyaron el golpe de 1976. Pero hoy cambió muchísimo eso. El campo es uno de cada tres trabajos, es innovación tecnológica de punta, es el sector más competitivo de la economía nacional. Es la industria más descentralizada y federal. En todos los pueblos del país hay trabajo por hacer. En cada campo hay posibilidades laborales. En todos lados hay esperanza y riqueza que producir. Eso es arraigo. Raíces. Identidad.
El federalismo en serio es el que permite que no haya desarraigo y que cada hermano argentino trabaje en su tierra, con su familia y sus raíces y que no tenga que venir a las espaldas y los conurbanos de las grandes ciudades.
Hoy lo oligarcas son los jerarcas peronistas y gremialistas enriquecidos y blindados. Hoy Cristina y sus cómplices tienen más tierras y dólares que la gran mayoría de los productores del campo y encima exhiben su ignorancia cuando tratan de “yuyito” a la soja. No hay nadie más terrateniente que Lázaro Báez.
Esa tierra fértil deberá multiplicarse a lo largo y a lo ancho de la patria. Que estos valores de trabajo e innovación, de fraternidad entre todos y de apuesta al crecimiento con inclusión y en libertad se multiplique por todo el territorio. Que los sectarios, los corruptos y los golpistas tengan que mirar el partido desde afuera. Que hayamos aprendido de nuestros errores y apostemos a la convivencia pacífica y al debate constructivo y pluralista. Ojalá esa tierra fértil sea el anticipo del país que viene. Ojalá el odio y el resentimiento del cristinismo sea el país que se va. Ojalá.
Porque Cristina es todo lo contrario. Ella nunca pudo superar aquella triple paliza que recibió su gobierno por la 125.
Ella fue la responsable política de esa medida y de humillaciones como calificarlos de golpistas agrocargas y grupos de tareas o piquetes de la abundancia que utilizaron tanto Néstor como Cristina.
Los periodistas militantes, alimentados a pauta publicitaria oficial, bautizaron a los que protestaban como “gauchiturros o barras bravas de 4x4” y Ricardo Forster, el profesor líder de Carta Abierta, los caracterizó de “golpistas de cuarta y conspiradores pre democráticos”. Ider Peretti un amigo de Guillermo Moreno que actuaba como dirigente agropecuario K y que conmovió a Cristina con su llanto sin fin frente al féretro de Néstor, hoy fue devorado por la historia, pero en aquel momento dijo que la Mesa de Enlace: “hacía terrorismo por el terrorismo mismo”. Y Finalmente Cristina, jefa de la familia que más se enriqueció ilícitamente y sin límite los acusó de “avaros “y de cometer el pecado capital de la codicia”. Justo Cristina acusando de avaro y codicioso a otros. La viga en el ojo ajeno.
El gobierno sufrió una triple derrota por su infantilismo y desconocimiento de la nueva revolución tecnológica. Primero en las calles, con aquellas multitudinarias manifestaciones en el monumento a la Bandera en Rosario y a Los Españoles en Palermo. Después con el duro revés electoral que sufrieron en las elecciones cuando la lista encabezada por Néstor, Scioli y Massa perdió a manos de Francisco de Narváez. Y finalmente, ni que hablar, de aquella madrugada de la que se cumple una década, con el país en vilo cuando Julio Cobos pronunció ese voto no positivo que cambió todo. Fue un terremoto parlamentario para el gobierno. Los productores quieren bautizar este día como el del gobierno no positivo. ¿Se acuerdan que Cristina se enojó tanto que quiso tirarle el gobierno por la cabeza a los argentinos? Tuvo que intervenir telefónicamente Lula para que ella no presentara su renuncia porque “este pueblo no nos merece, Nestor”, como dijo en ese momento. Cristina no se olvida más. Por eso su actitud revanchista. Porque tomó medidas de gobierno que perjudicaron al campo y no beneficiaron a nadie. Fueron solamente caprichos o la puesta en acto de aquella vieja consigna setentista y autoritaria de “Ni olvido ni perdón”.
Entre otras cosas, por eso el campesino quedó destruido. En muchos lugares, la política oficial parecía de tierra arrasada. Hicieron todo al revés de lo que indicaba el sentido común.
¿Eso fue progresismo o masoquismo? Eso fue dilapidar los mejores vientos de progreso en un siglo.
¿Quién podía aguantar sequías, inundaciones, maltrato, inflación, atraso del tipo de cambio y una asfixia impositiva que encima es regresiva, es decir que genera mayor desigualdad social? Y eso que somos el país que más granos producimos por habitantes en el planeta.
Una cosa es el campo afuera. Y otra es afuera el campo. Una cosa es tierra adentro y otra muy distinta es tierra arrasada. Así se podría definir la política de Cristina con el mundo de la producción agropecuaria: tierra arrasada.
Cristina volvió al llano y dejó nuestro país con menos carne, con menos leche, con menos trigo y menos maíz. Que dios y la patria se lo demanden.