Fontanarrosa, un amigo – 19 de julio 2019

Hoy es viernes y me quiero dar el gusto de mixturar dos acontecimientos. Hoy se cumple un nuevo aniversario de la partida de ese genio llamado Roberto Fontanarrosa. Y mañana es el día del amigo. Creo que no me equivoco demasiado al decir que el Negro querido era una máquina de cosechar amigos y que muchos sentíamos que Fontanarrosa era un amigo de todos.
Me pregunto: El Negro ¿Se habrá enterado que la ley 27.100 instituyó su día de nacimiento, el 26 de noviembre como Día Nacional del Humorista?
Yo sé que el Negro se murió, aunque me cuesta procesarlo. Porque sigue siendo el símbolo de la amistad frente a un pocillo de café. Ya pasaron 12 años y todavía no lo puedo creer. Un día como hoy pero de 2007 estábamos despidiendo el cuerpo del Negro Fontanarrosa, artista de la patria. Por los siglos de los siglos debemos repetir: Gracias por tu humor nacional y tu sabiduría popular elevada a la máxima potencia literaria. Gracias por re-inventar el realismo costumbrista argentino. Por conocernos como nadie y por mostrarnos con ternura. Gracias por escribir como los dioses y no calentarse porque las capillas literarias jamás te reconocieron. Los dogmas elitistas nunca encajaron en tu barrio.
Gracias Negro por ser amigo de los negros. De los futbolistas como el Negro Palma, o del Negro Caloi que después fue a visitarte en un desgarro que nos dibujó muchas lágrimas en el alma.
Gracias por ser amigo del Negro Crist, es decir esa magia que dibuja llamada Cristóbal Reynoso o simplemente Mandrú, para los amigos del vino manso y la servilleta garabateada con la creatividad de los talentosos. Me resulta de una hermandad cargada de ternura que Crist haya hecho tus dibujos cuando esa enfermedad maldita te había paralizado la mano santa.
Gracias por comprender enseguida que en el vuelo de la palomita de Aldo Pedro Poy hay más poesía que en mil libros. Botines si, libros también.
Gracias por haberte mezclado con los cordobeses de Hortensia para jugar en primera. Por haberte entreverado con Serrat y Les Luthiers para ganar todos los campeonatos del talento y la ética profesional. Gracias por el coraje de Satiricón y Humor donde había que poner la tinta y los huevos cuando no era fácil. Por ese Inodoro Pereyra con que celebraste el nacimiento de mi hijo Diego y el Mendieta diciendo: “que lo parió”. Lo tengo al lado de la foto que nos sacamos con el Zorro, en tu Rosario siempre estuvo cerca, muy cerca de la Mesa de los Galanes. Estaban el Pitu y el colorado Vázquez que son más enfermos de Central que vos. Gracias por ayudarme a arrancar a mi hijo de la pantalla de la computadora para meterlo de lleno en los libros por tu camino del fútbol hecho arte y escritura. Por haber sacudido toda la formalidad del Congreso de la Lengua y reivindicar ante los académicos más rigurosos y circunspectos el valor de las malas palabras que no son tan malas. Vos consagraste que pelotudo y mierda son términos irremplazables, pura contundencia y melodía.
Gracias Negro Fontanarrosa por ese Boggie tan aceitoso y combativo que sin bajar línea ni levantar el dedito marcaba los límites de la paz y la convivencia frente a la prepotencia de los poderosos y mercenarios armados hasta los dientes y mascando chicle. Nunca te gustaron los sacerdotes del dogma ni las verdades reveladas. Hoy te burlarías del pelo naranja y las ideas negras de Donald Trump. Menos Mc pato que tramposo.
Gracias por ser tan Rosario desde las mesas de El Cairo porque siempre estuviste cerca como ese Rosario que es una colección de tardes preciosas en la voz de Lalo de los Santos. Si supieras que el Monumento Nacional a la Bandera te homenajeó con la enseña flameando a media asta.
Pero hoy más que nunca, tenemos que decirte gracias por elevar a la categoría de mito el valor de la amistad, justo unas horas antes del día del amigo que fue el día en que te despedimos con lágrimas y risas. Gracias por dignificar el cielo que vas a dibujar hasta que vuelvas a la vida. Gracias por edificar un paraíso como un bar para hablar de fútbol y de minas. Gracias por la emoción de ese momento tremendo cuando para agradecer una de las miles de ovaciones que te brindaban dijiste: “Valoro mucho el grito de esta hinchada porque estoy jugando con ocho jugadores”. Era tu forma de decir que estabas en esa maldita silla de ruedas, con tus músculos desflecados y con tu cabeza más lúcida que nunca. Hoy tenés tu lugar eterno en las tribunas del gigante de Arroyito y se siente tu risa, tu aliento y tus puteadas al árbitro. Era tanta tu ironía y la forma de burlarte hasta de tu enfermedad que un día, rodeado de gente que se persignaba ante tu presencia frágil le dijiste a mi compadre Daniel Milicich: “Zorro, por momentos me siento el gauchito Gil”.
El Menchi Sabat, otro gigante compañero tuyo en Clarín que también fue a tu encuentro en lo alto, escribió como prólogo de la tercera entrega de tus libros: “ Fontanarrosa tuvo la capacidad de generar historias y desarticular lenguajes que parecían cristalizados y destinados a un oscuro lugar en el inodoro de la historia”.
Los argentinos te debemos mucho, Negro Fontanarrosa. Nos llenaste el alma de milagros cotidianos. Nos hiciste muy felices. Por eso seguimos tan golpeados ahora al recordarte. Y eso que inventaste el más grande de los milagros, lograste que un canalla llegue al cielo y haya fiesta, con vuelta olímpica y todo. Gracias Negro Fontanarrosa. Extrañamos tanto al Negro. Hace 12 años que le decimos adiós al amigo al que despedimos un día del amigo. Organizá para mañana un picado entre las nubes. Y después una picada en un bar de morondanga Eso sí, invitá a los amigos. Y no te mueras nunca, negro querido.

AMIA, 25 años impunes – 18 de julio 2019

Una vez más, sentimos un agujero negro en el alma y el frío corrió por la espalda de la República Argentina. Las sirenas de los bomberos, ambulancias y policías a las 9.53 fueron un alarido que exigió justicia para que los muertos de la AMIA descansen en paz. Fernando Bravo y toda su sensibilidad, se quebraron al anunciar la vela y la rosa que se colocó ante el nombre de cada víctima. Las lágrimas fueron interminables cuando subieron Sara y Iara la madre y la hija del fiscal Alberto Nisman.
Sofía Guterman, la madre de Andrea Judith de 28 años, fue la voz que más claro habló. Su hija, maestra jardinera quedó para siempre entre los escombros mientras esperaba su turno en la bolsa de trabajo. Sofía dijo muchas verdades. Contra Irán dijo que los países terroristas protegen terroristas y que por eso los asesinos están libres. Contra Cristina Fernández de Kirchner dijo que “hubo pactos espurios con Venezuela, base del terrorismo en América Latina” y que “el nefasto pacto con Irán no fue una ingenuidad – como Cristina dice en su libro- , fue una traición a los 85 víctimas y a toda la sociedad argentina. Con el terrorismo no se pacta.” Para buscar la verdad apoyó el juicio en ausencia de los criminales y reclamó que se combata el financiamiento de Hezbollah en la Triple Frontera: “Cada dólar que recaudan es un posible muerto más”.
Hace tiempo que vengo diciendo que el 27 de octubre, los argentinos, vamos a elegir mucho más que un presidente. Vamos a optar entre dos modelos de país absolutamente antagónicos. Uno republicano y con todos los aciertos y errores de una democracia que representa Mauricio Macri y otro autoritario, nacional populista y cleptocrático y antidemocrático que encarna Cristina.
En todos los planos aparecen estas dos caras de la moneda. Macri condena la narco dictadura de Nicolás Maduro. Y Cristina calla y por lo tanto otorga, cuando no se pronuncia ante la denuncia de Michelle Bachellet por los más de 6 mil asesinatos cometidos por el chavismo. Si Videla asesina, es terrorismo de estado. Si Maduro asesina, es revolución emancipadora. Hipocresía e ideologitis en estado puro.
Lo mismo ocurre a la hora de analizar el atentado terrorista más grave que sufrió la Argentina con la voladura de la AMIA, que, en un instante, destruyó a 85 personas. Hoy se cumplen 25 años de impunidad y es necesario mostrar lo que piensa y lo que hizo cada uno.
El presidente Mauricio Macri decretó duelo nacional para que las banderas expresen su tristeza a media asta. Y también creó por decreto el Registro Público de personas vinculadas a actos terroristas o a su financiamiento”. Este organismo que dependerá del Ministerio de Justicia será el encargado de recibir las denuncias para caracterizar como grupo terrorista a Hezbollah. La Unidad de Información Financiera ya dio el primer paso.
Es muy sanador comenzar a llamar a las cosas por su nombre y avanzar en el juicio, castigo y condena a los culpables.
Porque hoy se sabe todo o casi todo.
Pero no pasa nada o casi nada.
No hay un solo responsable preso.
Sin embargo la rigurosa y valiente nota de Nicolás Wiñazky de hoy en Clarín, demuestra una vez más, que fue Hezbollah la banda autora material de los crímenes de lesa humanidad de la embajada de Israel y la sede de la AMIA. Incluso hay serias sospechas de que también hayan sido los asesinos del fiscal Alberto Nisman en lo que se considera una suerte de tercer atentado.
Actuaron casi las mismas personas. Utilizaron la misma metodología. Están todos identificados. Nico hizo una revelación impactante :Estos salvajes fanáticos del odio racial enterraron en el Parque Centenario de esta Capital parte del material necesario para construir las terribles bombas que mataron a 29 personas primero y a 85 después, en los atentados más graves que sufrió una institución judía después del holocausto nazi.
Hezbollah es la milicia más irracional y mejor equipada que cuenta con 60 mil soldados dispuesto a todo y según la justicia argentina es la responsable de tanto crimen y tanto terror en nuestro país. Es una organización chiíta cuyo jefe es Hassan Nasrallah y que responde a Irán que es la nación que más promueve el terrorismo en el mundo y que acaba de avanzar hacia la ruptura de su pacto nuclear con occidente. Están enriqueciendo uranio muy por encima de lo acordado y la teocracia que lidera el ayatollah Ali Jamenei no está dispuesta a colaborar con el esclarecimiento de los atentados criminales en la Argentina.
Con esa gente, Cristina Fernández intentó llegar a un pacto tenebroso y cómplice.
Hoy Alberto Fernández sufrió una mueca del destino. Uno de los 85 muertos en la AMIA se llama Alberto Fernández, tenía 54 años y estaba despachando en su panadería. Una casualidad feroz.
Alberto Fernández, candidato a presidente que trata en vano de darle a su jefa Cristina un nuevo relato mentiroso de prudencia democrática, fue tal vez el dirigente que más duro castigó por este tema a su compañera de fórmula.
El 16 de febrero de 2015 escribió una nota en el diario La Nación titulada “Hasta que el silencio aturda a la presidenta”. Fue demoledor y por eso lo citó el juez Claudio Bonadío.
Alberto dijo que Cristina “se indultó a sí misma apropiándose de la verdad, de la Patria y hasta de la alegría y condenó cínicamente a los que quedamos agobiados por lo patético de lo ocurrido”.
Estoy citando textual su opinión sobre el magnicidio del fiscal Alberto Nisman.
Pero eso no fue todo. Escuche por favor: “Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados. Nada hay que probar. Merced a ese pacto, la evaluación de los hechos quedaría en manos de una comisión que funcionaría en la patria de los prófugos y en la que la mayoría de sus miembros debería contar con el acuerdo iraní.”
Es impecable la precisión de la acusación del profesor de la facultad de Derecho y ahora testaferro de Cristina en la boleta presidencial. Se preguntó de inmediato: ¿Para que pactaron ambos gobiernos notificar a Interpol lo acordado, si no era para levantar los pedidos de captura librados?”
Alberto también arremetió contra los legisladores cómplices de Cristina y Héctor Timerman: “Irónicamente, senadores y diputados legitimaron con sus votos el encubrimiento de los presuntos asesinos. No es la primera vez que se actúa de ese modo. También encubrió la corrupción de su vicepresidente expropiando una empresa fabricante de moneda y logrando que los votos de diputados y senadores legitimaran el ocultamiento de pruebas.
Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado.”
¿Escuchó? Le repito: Alberto escribió que “Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado”. Para su mala suerte, encima se refiere a Amado Boudou y el robo de la fábrica de hacer billetes y justo hoy la Cámara Federal de Casación confirmó la condena de ese atorrante de estado a 5 años y 10 meses de prisión por ese delito.
El final de la denuncia de Alberto contra Cristina estremece porque ahora comparten la posibilidad de conducir nuevamente la Argentina. ¿Quién cambió? ¿Los dos o ninguno? Con estos conceptos Fernández Alberto cerró su brutal sentencia de Fernández Cristina: “Para entonces ya no habrá palabras. Sólo hablará el silencio. Como en la música, será el silencio el que erice la conciencia de quien traicionó el reclamo de justicia de los 85 muertos en el atentado contra la AMIA y el que deje al descubierto el encubrimiento intentado. Y será el silencio el que descubra la magnitud de la tragedia vivida. La misma tragedia que Cristina sólo podrá negar hasta que el silencio la aturda.”A confesión de partes, relevo de pruebas.
En ese mismo escenario, estuvo mi hijo Diego como orador y yo cumplí esa misma tarea cuando se cumplieron 10 y 20 años de impunidad.Fue muy emocionante lo que me tocó vivir en ese momento. Diego, apenas tenía 4 años cuando el mundo se cayó encima del edificio de la mutual judía.
Hoy tiene 29 y habló con una convicción que me convocó a las lágrimas. En aquel momento, Diego estaba viendo dibujitos en pijama con sus primas de Córdoba cuando temblaron los vidrios.
“Esa vibración extraña- dijo Diego- Ni ellas de 12 y 15 ni yo de apenas 4 años supimos en ese momento que ese pequeño temblor que frenó por un instante las risas, ese paréntesis mínimo en los juegos habituales entre primos, en realidad sería la semilla del terror. La planta de la impunidad que siguió creciendo robusta y macabra”.
Para mi hijo: “Amia es nuestro dolor como comunidad. Como familia. Como país. Amia para mí también es esa ventana vibrando en el living de mi casa de Caballito, muy lejos de la explosión y al mismo tiempo tan cerca. Pero ahora Amia es, además, una responsabilidad. La responsabilidad que tenemos los más jóvenes de seguir reclamando justicia. De seguir persiguiendo la verdad. De honrar a nuestros muertos y jamás olvidar. De no dejar que nos quiten los sueño de un país justo y libre. Donde la justicia sea un orgullo. Donde no tengamos que enterrar más muertes impunes, donde no mueran fiscales en cumplimiento de sus deberes. Donde no quieran cambiar justicia por petróleo, cereales o vaya a saber qué cosa.Contra toda esa impunidad luchamos hoy y siempre.
Para que llorar no se vuelve una costumbre. Para que las velas alumbren la oscuridad del crimen de lesa humanidad, de los países que fomentan el terrorismo, de la conexión local, del encubrimiento de estado. Para que nunca más.
Para que solo pidamos la muerte de la muerte para toda la vida. Para que no haya que llevar luto otros 25 años.

Mandela de la libertad – 17 de julio 2019

Mañana es el día Internacional de Nelson Mandela. Las Naciones Unidas lo decretaron en homenaje al día de su nacimiento “en reconocimiento al aporte que hizo el ex presidente de Sudáfrica a la cultura de la paz y la libertad”. Junto a la Madre Teresa y el Mahatma Ghandi, entre otros, son los líderes que más admiro del siglo XX.
Precisamente, una de las frases que Mandela solía repetir era de Gandhi: “Has de ser el cambio que buscas”. Y también: “Tienen que saber que los líderes son de carne y hueso. Si piensan que eres un mesías, sólo cabe la decepción”
Otra reflexión: “Si yo tuviese el tiempo en mis manos, haría lo mismo, otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre”.
Esta es una de las herencias conceptuales que dejó un gigante de la historia de la humanidad que murió a los 95 años. Nelson Mandela es un altar ante el que me arrodillo con gusto, respeto y devoción. Porque su cuerpo es un templo para rezar y pelear por los derechos humanos y la dignidad del hombre. Una suerte de santo laico para los olvidados de la tierra y todas las tribus religiosas del mundo. San Nelson Mandela de la Igualdad y la Libertad. Hijo de la negritud y padre de la patria diversa. Mandela ganó una de las grandes batallas de la historia. Venció al odio. Le quebró el espinazo a la discriminación. Expulsó de su tierra al ¨Apartheid¨, un régimen de supremacía blanca, como se autodefinían, superioridad de la raza, nazismo africano en estado puro.
Si tuviera que elegir un epitafio para la tumba de Mandela, me quedaría con Bertolt Brecht:
«Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
Esos son los imprescindibles”.
Estuvo 27 años preso. Muchos en una celda fría y húmeda donde solo podía dar tres pasos. Eso le metió veneno en los pulmones y tuberculosis para siempre. Acostado tocaba con su cabeza una pared y con sus piernas la otra. Había sido confinado a una celda como sus hermanos habían sido confinados a los guettos, unos barrios solo para negros, como si fueran de segunda selección, gente de carne y hueso pero considerada descartable por los salvajes fascistas. Mandela conmueve y se transforma en un imán para todos. Con su cabeza blanca, su piel negra y su corazón multicolor, su arcoiris de dignidad. Vi su cara de Mahatma Ghandi negro pintada en los muros del Harlem en Nueva York. Estaba abrazado a Malcom X, Martin Luther King y Desmond Tutu en la celebración callejera por el triunfo electoral de Barack Obama. Esas catedrales humanas de la fe y la lucha parieron a Obama. Jamás se hubiera consagrado un presidente negro en los Estados Unidos sin ellos. Jamás hubiera salido campeona del mundo la selección de Francia, integrada por tantos jugadores negros.
Fueron los sembradores del mañana que Obama, cosechó. Incluso llegó a decir que él se había dedicado a la política inspirado en Mandela.
El 11 de febrero de 1990 fue un día luminoso para el planeta. Una marea humana bailó en las calles celebrando la liberación de Mandela. El dijo que no se sentía profeta, solamente un servidor de su pueblo y así fue. Austero, generoso, dialoguista, fomentó la desobediencia civil, la resistencia pacífica y las huelgas pero no la violencia. Superó incluso sus propios resentimientos por haber estado diez mil días tras las rejas. Por eso, recibió el premio Príncipe de Asturias y en el 93, ganó el premio Nobel de la Paz junto a Frederik De Klerk. Al año siguiente, ganó las elecciones con el 62% de los votos y no aceptó postularse para la reelección que hubiera ganado con facilidad. Sonó un tiro para el lado de la justicia universal porque se convirtió en el primer presidente negro de su patria e instaló un gobierno de unidad nacional y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Lo castigaron mucho desde los extremos radicalizados pero el pueblo sencillo se lo agradeció eternamente. Logró un estado multirracial e igualitario. No solucionó todos los problemas pero extirpó el cáncer moral del cuerpo social de Sudáfrica. Repasando su vida por los portales de la red vi sus fotos con todos los líderes políticos y figuras del mundo de la cultura y el deporte. Todos soñaron con conocerlo y pudieron lograrlo. Pero la imagen que más enternece y conmueve es la que está abrazado con su bisnieta Zenani, sangre de su sangre, etnia de su etnia, la negrita hermosa llena de trenzas que también pertenece al clan Madiba de la etnia Xhosa. Era la continuidad de Mandela. Porque a hombres como él no se los llora. Se los estudia, se los imita y se los reemplaza. Es especialmente impactante la camiseta con el número 46664 que Mandela se puso para ahuyentar los fantasmas que lo acechaban por las noches. Las pesadillas de aquel hueco donde lo encerraron con el número de interno capicúa del horror, 46664.
Hoy seguramente estará en el cielo de los buenos descansando en paz por toda la eternidad. Los más humillados y perseguidos se sienten un poco huérfanos.
El 18 de julio de 1918 en Mvezo, El Cabo, Unión Sudafricana, nacía como Rolihlahla “el que sacude los árboles”, en xhosa, el idioma de su pueblo. A los 7 años, una profesora del colegio metodista al que lo enviaron sus padres, – nadie en la familia había ido a la escuela antes- , la señorita Mdingane, siguiendo una costumbre de aquellos tiempos, resabio de la influencia británica en la educación del país, le daría su nombre inglés, Nelson. Para su gente sería Madiba, la denominación de su clan. Con el tiempo, los años y la lucha, en su patria y en el mundo, alcanzaría simplemente con su apellido, Mandela, para honrar a uno de los gigantes de todos los tiempos.
En su legado conceptual hay que apuntar lo siguiente: “No creo que sea saludable que la gente piense que eres un mesías. Si lo hacen, sólo cabe la decepción. Tienen que saber que los líderes son de carne y hueso, que son humanos. Eso es lo que quiero que piensen de mí. Si te creen un salvador, sus expectativas son demasiado altas. Que piensen que eres un héroe, vale, pero una leyenda, no… Las leyendas son escasas; pero en la actualidad hay miles de héroes en Sudáfrica. Un héroe es un hombre que cree en algo, que es valeroso, que arriesga la vida por el bien de la comunidad”, fue la respuesta que dio al periodista Richard Stengel, con quien trabajó codo a codo a lo largo de casi tres años en su autobiografía, “El largo camino hacia la libertad”, autor también de “El legado de Mandela”.
“He batallado contra la dominación blanca y también contra la dominación negra. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. Ese texto conmovedor fue parte del discurso que pronunció en el Proceso de Rivonia en 1964, pero su alegato no le evitó la condena a prisión perpetua con trabajos forzados por traidor a la patria.
En el homenaje a la leyenda de Mandela podemos recordarlo con palabras de nuestros negros castigados: Mandela no murió. Apenas está dormido soñando con su pueblo. Duerme, duerme, negrito. Que si el negro no se duerme viene el diablo blanco y zas, le come la patita.