García Lorca y la diversidad – 12 de octubre 2018

Hoy es el día del respeto a la diversidad cultural. Y por eso les quiero hablar de un hombre que se llamó Federico y que apenas vivió 38 años, pero no murió nunca.
Hoy les quiero hablar de una leyenda que se llama García Lorca solo porque un día como el de hoy, pero allá lejos y hace tiempo desembarcaba en estas pampas y se quedaba a vivir en el corazón de los argentinos. Esa es una buena excusa para rescatarlo del tiempo que pasó. Para que siga pasando.
Federico nació en un hermoso pueblito granadino llamado Fuente Vaqueros. Y la mejor poesía del siglo escrita en castellano parió a uno de los más grandes entre los grandes.
Federico García Lorca fue todo lo que un enamorado de la vida puede amar. Un poeta inigualable, un dramaturgo celebrado por todos, un disfrutador de los placeres de la vida, un pianista, un fabricante de palabras para poner en boca de la magia inocente de los títeres.
Fue profundamente popular y culto a la vez. Apasionado y fino. Gitano y una especie de anarquista que supo unir la gloria de la literatura al combate de la militancia anti franquista.
Por eso lo fusilaron los falangistas. Porque no podían soportar tanto sol y tanta vida. Por eso la dictadura y el mismísimo Francisco Franco ni se atrevían a nombrarlo. Su solo nombre, su recuerdo en el imaginario popular, era una gigantesca fogata que podía iluminar la noche que vino después de la guerra civil española.
Federico era Federico y sus pasiones. Amigo de Salvador Dalí, Luis Buñuel que le hizo una de las mejores fotos y de Rafael Alberti. En Granada lo supo homenajear Gabriel García Márquez y Darío Fo. No se podía haber elegido una mezcla mejor. En Gabo y Darío Fo seguro que vivió el duende andaluz y la luz de García Lorca.
Le confieso que digo García Lorca y siento que estoy nombrando la cultura de verdad. La cultura que habita en “La Casa de Bernarda Alba” o en “Las Bodas de sangre” que lo trajeron felizmente a la Argentina, invitado por Lola Membrives.
Fue un luminoso 13 de octubre de 1933. Mañana se cumplen 85 años. El diario “La Nación” publicó la información donde además se confirmaba que Victoria Ocampo, a través de su editorial Sur, le iba a publicar “El romancero gitano”.
Se puede decir que Buenos Aires hipnotizó a García Lorca. Y que él se entregó al caudaloso Rio de la Plata y se dejó llevar. Tres veces postergó su regreso a España. Aquí frecuentó al Malevo Muñoz a quien admiraba después de leer “La crencha engrasada”. A Enrique Santos Discépolo, a los hermanos González Tuñón y a Conrado Nalé Roxlo. Algo asi como una selección de talentos. Si hasta da bronca no haber vivido en esa época.
La pequeña habitación número 704 del hotel Castelar donde vivía Federico, siempre era una fiesta. Dicen que allí escribió dos actos de “Yerma”. Por las noches, el placer y la lujuria, explotaba en todas sus aristas. Era recitar poesías, tertulias literarias en cafés como El Tortoni, la peña “Signo” donde conoció a Alfonsina Storni y, nada menos que a Pablo Neruda. ¿Se imagina a García Lorca y a Neruda juntos? Uno podría soñar que solo faltaba Carlos Gardel. Pero ese sueño se cumplió. César Tiempo fue el que los presentó. Al autor del milagro. En el corazón de la calle Corrientes. ¿En qué otra calle podría ser? Fue en hall del teatro que ahora se llama “Blanca Podestá” y que en aquel entonces se llamaba Smart.
Gardel y García Lorca juntos. Toda la madrugada bebiendo la noche, cantando el mudo, recitando el poeta. El tango le había pegado fuerte en su sensibilidad. Como la música negra del Harlem cuando estuvo en Nueva York o las caderas seductoras del son cubano en La Habana.
Federico no se privó de nada. Conoció a Julio de Caro, a Luis Angel Firpo, boxeador mítico si los hay, a Enrique Cadícamo, a Juan Carlos Cobián.
Dicen que para el amor no tenía límites ni esquemas. Jugaba en todos los puestos. Hijo de un campesino pudiente y de una madre culta que le enseñaba letras y músicas, el 19 de agosto de 1936 fue llorado por sus familiares y por toda la España republicana, camisa blanca de mi esperanza, diría Víctor Manuel. Lo habían acribillado contra un paredón en el barranco de Viznar para que naciera la leyenda. Lo enterraron en una fosa común y anónima. Cadáver entre cadáveres por el solo pecado de ser republicano. Todos recordamos su frase genial: “Como no me he preocupado por nacer, no me preocupo de morir”.
Hoy los argentinos lo recordáramos con sus últimas palabras sobre Buenos Aires.
Un periodista le preguntó si tenía previsto volver y él contestó:
– Ojalá. Pero yo no quiero ir a estrenar ni a dictar conferencias. Me gustaría ir para estar con mis amigos, para remar en el Tigre, para oír el magnífico alarido de los partidos de fútbol, para escuchar los tristes bandoneones de notas verdes y acongojadas, para beber el vodka ruso en las tabernillas de la calle 25 de mayo con el grupo de poetas más sensible y más simpático que he encontrado en mi vida.
Ese era el sueño de Federico. Sus últimos deseos, sus ganas de vivir, sus ganas de luchar para siempre hasta que las balas negras del franquismo lo condenaron a ser eterno. Lo acribillaron en el futuro de la cultura. Ojalá en paz nos recuerde como nosotros los recordamos a él. Federico García Lorca, emblema de la diversidad cultural. Monumento a la belleza en todas sus formas. Un canto a la libertad que ningún fascista pudo matar. Apenas se fue, Herido de amor…

Cristina no se arrodilla – 11 de octubre 2018

No es mi intención meterme en la vida privada de los ex presidentes Kirchner. Simplemente, creo que muchas veces, las actitudes públicas y las posturas políticas, tienen más que ver con el carácter y la manera de ser que con la ideología. Y ese es el caso de Cristina (y también el de Néstor). Ayer, en el senado de la Nación esto quedó ratificado una vez más. Mientras Miguel Angel Pichetto estaba argumentando, la ex presidenta lo hostigaba con críticas que hacía sin encender su micrófono para que solo la escucharan los que están sentados cerca.
Pichetto, molesto, en un momento frenó y le pidió a la senadora por la minoría que “lo respete, porque yo la escucho siempre con atención”. Pero Cristina insistió. Y le preguntó con soberbia: “¿Qué quiere, que me arrodille?”. Y Pichetto como un caballero, pero cargado de fina ironía, le contestó: “No, quédese tranquila, usted nunca se arrodilló. Su orgullo es infinito”.
Fue un cruce picante que parece pequeño. Pero, para mí es bien gráfico de la altanería de Cristina.
Su costumbre es maltratar a los demás. Pero empieza por su casa y por su tropa.
Pichetto hoy no sigue a Cristina en su vanguardia autoritaria y corrupta pero durante todo su gobierno fue su fiel jefe del bloque de senadores y hoy, es el que paga un alto costo político por protegerla y negarse a quitarle los fueros como le pidió la justicia. Hasta Germán Moldes, el fiscal ante la Cámara Federal, le pidió hoy al senado que la consideren como “la jefa de la banda” y que se avale el desafuero para disponer su detención inmediata.
Por esa actitud mucha gente piensa que Pichetto es el garante de que el senado se convierta en un aguantadero de ex presidentes que cometieron infinidad de delitos como Carlos Menem y la misma Reina Cristina. Pero Cristina no conoce la palabra gracias. Siempre, todos, están en deuda con ella. Lo contaron en la intimidad todos sus colaboradores y ahora, muchos arrepentidos los dijeron con todas las letras.
José López, en el expediente declaró que no dijo la verdad por temor a Cristina que “es una persona muy vengativa”.
Fabián Gutiérrez, su secretario de mayor confianza confesó que “nadie quería trabajar con ella” pese a que él se ocupaba de retirar los 6 mil dólares en joyas, carteras y zapatos que compraba por viaje al exterior. Los colaboradores de Cristina, según reveló Gutiérrez ante el juez, le decían “loca, mala, yegua y otra palabra que decidió no repetir porque tiene que ver con cuestiones de género”. Es que Cristina les gritaba hasta cuando iban al baño y ella los necesitaba. Ella le decía “gansito” a Néstor, no decía ni buen día a los empleados de gobierno y les tenían prohibido mirarla a la cara.
Hace varios años que vengo diciendo que el gobierno del matrimonio Kirchner fue el más corrupto de la historia democrática argentina.
Pero en esta ocasión quiero hablarle de ellos como personas. En varias editoriales dije que lo peor del matrimonio K no era su ideología que además es muy difusa y más líquida, incluso que la del peronismo. Fueron menemistas (compartieron 7 veces la boleta electoral con Carlos), fueron duhaldistas y en los 70 simpatizaron con Montoneros. Lo más condenable, además de su condición de delincuentes seriales, es que eran autoritarios y muy malas personas. En este plano, las revelaciones de Uberti son de antología.
Néstor una vez le pegó un cachetazo sin motivo, en un viaje en avión. Se dio vuelta y lo calzó mientras le decía: “Te voy a hacer cagar”. Un signo de maltratador y golpeador que intentaba marcar por miedo y sumisión quien era el que mandaba. Y eso que Uberti le llevaba 150 mil dólares por mes de cada concesionario de peaje. Es decir, casi 11 millones de dólares por año, solo por los peajes.
Otra vez, Rubén Zacarías, jefe de protocolo y complicado en el caso de efedrina, se demoró en entregarle los diarios a Néstor. El ex presidente fue escueto en su orden a Daniel Muñoz: “Pegale tres”. Y el secretario Muñoz que murió con inversiones inmobiliarias en Miami por 65 millones de dólares, le dio tres puñetazos en el estómago a Zacarías que quedó en el suelo retorciéndose de dolor. Néstor lo dejó tirado en la habitación y le dijo: “Esto es para que sepas que hacemos con los traidores”. Por algo Uberti tiene miedo y pidió protección policial.
El día que Uberti no consiguió cambiar los billetes y le llevó la valija llena de pesos en lugar de dólares o euros, Néstor se brotó de furia y a los gritos le pegaba patadas al bolso. Los billetes volaron por el aire en el despacho presidencial de la Casa Rosada y Néstor le robó hasta la valija y la birome a Uberti.
Otra vez le dijo: “Salí a buscar plata blanca que Cristina necesita para seguir construyendo “esa poronga” de “Los Sauces”, el hotel que estaba al lado de su casa en Calafate.
El día de su cumpleaños Uberti estaba en Pinamar festejando con su familia. Néstor le ordenó que lo fuera a ver de inmediato. Uberti viajó 4 horas a la Capital y luego Néstor lo hizo esperar otras 4 horas para decirle una pavada. Sometimiento, humillación.
Uberti declaró algo antológico: “trabajar con Néstor era un suplicio. Pero con Cristina era mucho peor”.
Varias veces Néstor despertaba a Daniel Muñoz en plena madrugada. Se le tiraba encima de la cama para asustarlo y le pedía cualquier tontería.
A Roberto Lavagna lo llamaba “El Pálido”, se burlaba de su honradez y una vez quiso tocarle la cola como hacía con casi todos y el ex ministro le paró el carro y se hizo respetar.
A Julio de Vido, Néstor varias veces le pegó cachetadas delante de todo el mundo y lo mandaba a comprar cigarrillos en Río Gallegos.
Tal vez por eso, De Vido, su cómplice de toda la vida, llamaba a Néstor como “El Malo”, o “El Ruso”. El resto de los colaboradores le decía “Cuervo” y no “Pingüino”, un apodo simpático que el inventó. Ya se sabe que su comportamiento fue más de buitres que de pingüinos. Aves carroñeras insaciables en su codicia colosal.
Cristina era igual. Eran tal para cual y se faltaban el respeto mutuamente. Mariana Zuvic en su libro, incluso, habla de violencia de género.
Al matrimonio no se le conocen amigos. Solo tienen intereses. Plata y poder como enfermedad obsesiva.
Todo el mundo escuchó los audios de como Cristina insultaba a su felpudo preferido, Oscar Parrilli. Le decía “pelotudo”. O a José Luis Gioja, presidente del PJ al que mandaba a “suturarse el orto”. Es muy triste e indigno que ambos hoy todavía le sigan chupando las medias a quien los redujo poco menos que a la servidumbre.
La dinastía K fue fundada por una pareja de malas personas, que no demuestran afecto ni por sus hijos ni por sus nietos. Al contrario, los complicaron en la corrupción. Empujaron a Máximo y Florencia a la hoguera de los tribunales. Todo lo que toca Cristina, lo divide. En todos lados genera una fractura producto del odio que inocula. Es que se apropian de todo. Son dueños y señores de las instituciones. Son señores feudales.
Las escuchas, confirman que la verdadera Cristina es la que no tiene amigos, la intolerante y desagradecida que es capaz de insultar con el peor de los insultos, aún a militantes propios como Remo Carlotto. Y decir que Gustavo Menéndez, el jefe del PJ bonaerense es “una porquería”.
Margarita Stolbizer le contestó con ironía en un tuiter: “Feliz cumpleaños, Cristina. De parte mía y de mi santa Madre. Y que Dios te devuelva todo lo que me has deseado y que los jueces te obsequien todo lo que te mereces”.
Es que Cristina Elisabet calificó a Stolbizer como “gorda hija de puta a la que hay que sacudir”. Así nomás. Es en el fragmento en donde le ordena a Parrilli que le salgan a pegar a Sergio Massa porque “habla bien de Macri en TN y mal en C5N”. Es bizarro pero absolutamente real. Son escuchas autorizadas por la justicia que se filtraron al periodismo. ¿Cómo es posible que se dejen humillar así? Hay una dignidad que tiene el hombre que si no la tiene, no puede pelear por la dignidad del pueblo.
Cristina dice en las escuchas que el mejor, el verdadero peronista era Carlos Menem y no Cafiero que había pactado con Alfonsín. Al venerable Antonio Cafiero lo define como “viejo choto”. A Perón como “viejo de mierda”. Es más, confiesa que ella había elegido a Menem y que su marido la obligó a apoyar a Antonio Cafiero. Y pensar que algún nieto de Cafiero hoy milita para ella. ¿Cuántas mentiras? ¿Cuántos engaños? Sincericidios a granel.
La voz de Cristina insultando a la madre de Remo Carlotto no tiene desperdicio. Porque la madre es Estela, jefa de las Abuelas de Plaza de Mayo y ella lo llama “hijo de puta”. Insisto con lo que dije en su momento: no le dice hijo de puta a Videla o a Etchecolatz. Se lo dice a un diputado cristinista porque se pasó al movimiento Evita. ¿Escuchó bien? No es que Remo traicionó y se fue al PRO o al radicalismo. Y ¿qué le contesta Parrilli ante semejante ataque? Levanta la apuesta: Remo es un forro de mierda, le dice. ¿Se da cuenta de la gravedad de todo esto? Si a alguien tan cercano tratan de esa manera, se imaginan lo que piensan, dicen y hacen contra Jorge Lanata o algún otro periodista independiente?
Por eso el pueblo quiere que todo el mundo pague por lo que hizo y que nadie tenga coronita. Ni siquiera la reina Cristina. La mala, la viuda del malo. La que no se arrodilla pero hace arrodillar a los demás.

De Vido condenado a la cárcel – 10 de octubre 2018

Hoy es un día histórico en la lucha contra la impunidad en la Argentina. El ex súper ministro Julio Miguel de Vido fue condenado a 5 años y 8 meses de prisión en el juicio por el siniestro de estación Once. Es la primera condena efectiva que se le aplica a quien, además, se lo inhabilitó a perpetuidad para ejercer cargos públicos.
De Vido escuchó la sentencia desde la cárcel. Está detenido pero con prisión preventiva. La de hoy es una condena.
Esta mañana, el reo Julio de Vido, sin vergüenza y con la cara más dura que una caja fuerte, se comparó con Jesucristo, citó a Perón y Néstor Kirchner, pero no a Cristina y acusó al presidente Macri de haber ordenado que lo metieran preso por la ventana.
En su delirio mentiroso, el gerente general del cártel de la corrupción K aseguró que sufre “una perversa persecución política, mediática y judicial”.
Caracterizó al delincuente de Amado Boudou como preso político y dijo que Macri “alienta a la policía a disparar por la espalda”. También le puso sus cañones a Laura Alonso, la titular de la Oficina Anticorrupción y la definió como “inepta, miserable, designada por un decreto ilegal y ahora investigada por corrupción”. Dos veces citó como sus maestros a Néstor y a Perón y tres veces apeló a su fe religiosa y argumentó con la historia de Judas entregando a Cristo y con Poncio Pilatos lavándose las manos. Tal vez en este caso se refería a los diputados del peronismo que accedieron al desafuero y por eso pudo ir al calabozo. O, en una de esas, también fue un mensaje por elevación a su ex jefa, Cristina, a la que odiaba, según confesó José López y que no dijo una palabra de solidaridad con el preso.El jefe del Cártel de los Pinguinos Millonarios está entre rejas, por desviar sumas millonarias de dinero en el caso turbio de la Mina de carbón de Rio Turbio.
En el momento de su defensa, con un estómago a prueba de balas, don Julio le tiró toda la responsabilidad al conductor de la locomotora, Marcos Córdoba porque “omitió apretar los frenos y solo eso llevó a generar el accidente”. Una vez más, el cajero y el ministro de mayor confianza de la familia Kirchner, se mostró como un provocador y humilló a los familiares de las víctimas. Creer que son solo apretar el freno se hubiera evitado el siniestro más siniestro es una mentira grande como la Patagonia. Es mirar para otro lado en la corrupción, la falta de mantenimiento y control que generaron el triángulo de las Bermudas conformado por sindicalistas delincuentes, empresarios ladrones y funcionarios cómplices. No se puede llamar accidente a lo que ocurrió. Yo ni siquiera le llamo tragedia. El accidente es algo imprevisible, evitable. La tragedia algo que cayó del cielo. Pero esto fue obra y responsabilidad de los hombres, un verdadero siniestro criminal en todo el sentido de la palabra siniestro.
De Vido no se privó de tirar debajo del tren, también a sus dos colaboradores en el tema ferroviario: Ricardo Jaime, corrupto confeso y Juan Pablo Schiavi. Ambos están presos igual que él.
Julio de Vido tuvo durante 9 años bajo su órbita el tema ferroviario y no podía desconocer lo que pasaba. Entre otras cosas porque con su firma fue el responsable de pagar los millonarios subsidios que en lugar de ser destinados al mantenimiento o a mejorar el servicio fueron a parar a los bolsillos de los corruptos. El juez federal Claudio Bonadio elevó a juicio oral esta causa en la que estaba acusado, insisto, no de un tema menor: estrago culposo agravado por la muerte de 51 personas más una beba por nacer. Es el mayor siniestro de la historia ferroviaria. Julio de Vido es el nombre y apellido en donde todo termina y donde todo comienza.
Fue el gerente de compra de voluntades y licenciado en sobreprecios, coimas y retornos. Es tan grosero su comportamiento y su falta de escrúpulos que la mismísima María Luján Rey, en su momento, contó que quisieron comprarle su silencio en nombre de De Vido. Una semana después de que hubieran enterrado a su hijo Lucas, atrapado entre vagones en el siniestro de Once, fue uno de los Olazagasti a ofrecerle trabajo, un auto o lo que quisiera para que se sumara a la complicidad del gobierno. María Luján Rey los echó de su casa. Los ladrones creen que todos son de su condición. Hablo de los integrantes de ese triángulo mafioso de la megacorrupción seguida de muerte que instaló el kirchnerismo.
Por eso todos los organismos de derechos humanos cristinistas jamás dijeron una palabra. Por eso los artistas militantes del camporismo extremo no fueron capaces de actuar nunca en forma solidaria y miraron para otro lado ante semejante muerte multiplicada.
Castigaron dos veces a las víctimas para ser cómplices y proteger al estado que no protegió a los muertos ni a los heridos.
Paolo Menghini, hace un rato, emocionado, dijo que la condena a De Vido es “absolutamente ejemplar e histórica por haber administrado en forma fraudulenta los bienes del estado”.
Como diría Cristina: no fue magia. Fue un crimen de lesa corrupción cometido desde un estado encabezado por la presidenta de la Nación. Cristina la pasó muy mal durante una misa por Santiago Maldonado. Monica Bottega se acercó y alcanzó a decirle en la cara “soy la mama de Tatiana Pontiroli y usted es una asesina”. Después, los guardaespaldas se encargaron de sacarla de la iglesia de Merlo.
En las condiciones en las que estaba el chapa 16 del Ferrocarril Sarmiento solo un milagro podía salvar a los pasajeros de ese cementerio sobre rieles.
Siento vergüenza ajena por el silencio del gobierno que se fue. Apenas unas palabras sueltas y de compromiso frente a semejante masacre. Me cuesta comprender esa actitud negadora de ni siquiera mencionar el tema durante tanto tiempo. Fue una tozudez y una crueldad que lastimó más a los familiares. Al ningunear el tema, pretendieron ocultar el horror de un siniestro que conmovió a la Argentina. Como dijeron los familiares:” para el gobierno, la tragedia no existió”.
Siento vergüenza ajena por los empresarios, empezando por Cirigliano, que tenían que devolver como retorno coimero gran parte de los millones y millones en subsidios que les daba el gobierno y privilegiaban su rentabilidad en lugar de invertir para que los trenes funcionaran como tenían que funcionar y no se convirtieran en un cementerio que transita por las vías.
Siento vergüenza ajena por muchos para-periodistas oficiales que callaron por miedo a las sanciones del gobierno nacional. Temieron que los echaran de sus trabajos o que les quitaran el único combustible que los mantenía en pie: la pauta oficial. ¿O es producto de la casualidad que los diarios y los cronistas militantes casi no hablaron del tema durante tantos años?
El más repugnante fue Víctor Hugo Morales que no conforme con defender a malandras de la calaña de Amado Boudou o Lázaro Báez, atacó a los familiares de las víctimas. María Lujan Rey, la madre coraje de Lucas Menghini, le respondió algo demoledor: “Cuando por obsecuencia se justifican muertes inocentes se convierte en un ser despreciable. De ese lugar no se vuelve”.
Siento vergüenza ajena por muchos dirigentes de los derechos humanos como Hebe Bonafini y Estela Carlotto que se taparon la cara con la camiseta kirchnerista para no ver lo que pasó y justificar su indiferencia.
Siento vergüenza ajena por todo lo que hace a las víctimas más víctimas y las vuelve a matar con el silencio y la insensibilidad.
Finalmente siento orgullo por los familiares.
Siento orgullo por esos padres y madres valientes, por esos esposos, por esos hijos y hermanos que tienen una entereza y una dignidad que emociona. Y por los que se animaron a acompañarlos solidariamente.
Los muertos eran estudiantes, trabajadores, soñadores, novios, amigos, una vida por nacer en una panza floreciente, tímidos, audaces, solitarios, familieros, eran como cualquiera de nosotros, porque cualquiera de nosotros podría haber estado en su lugar. Son muertos que llevamos adentro. Que laten en nuestro corazón. Aunque el poder quiso hacerlos desaparecer del recuerdo popular.
Son “madera noble, roble su corazón”, como dice la canción de Lucas, porque siguen peleando por memoria, verdad, juicio y castigo a los culpables para que Nunca más haya crónicas de siniestros anunciadas. Para que Nunca Más, haya viajes hacia la muerte. Para que nunca más haya ministros como Julio de Vido.