Boudou a la cárcel – 18 de febrero 2019

Finalmente Amado Boudou volvió a la cárcel de Ezeiza de donde nunca debió haber salido. Se lo dije hace un par de días. Los jueces finalmente dispararon un tiro para el lado de la justicia y repararon la decisión anterior. Hablo de la sala IV de la Cámara de Casación Penal integrada por los jueces Gustavo Hornos, Mariano Borinsky y Juan Carlos Gemignani que lo hicieron por unanimidad.
La Oficina Anticorrupción y la Unidad de Información Financiera rechazaron esa libertad acotada apenas por una tobillera electrónica.
Hace dos meses, el 12 de diciembre, yo le confesé que ver a Amado Boudou caminando por la calle, en libertad, me hacía hervir la sangre. Yo no quiero venganza ni persecución para nadie. Pero quiero que los ladrones de estado paguen con la cárcel por lo que hicieron.
Pienso en Boudou tripulando su poderosa moto, con los cabellos al viento y me acuerdo de Nicolás Wiñazki y todo lo que le costó y todo lo que tuvo que aguantar durante su investigación periodística rigurosa e implacable. Nico y todos los colegas que hurgaron en papeles, que buscaron testimonios, se jugaron la vida por la búsqueda de la verdad y una sociedad honesta. Padecieron amenazas y hostilidades de todo tipo. Había que tener mucho huevo para investigar al vicepresidente de la nación mientras era vicepresidente de la nación y gozaba de un poder tan grande que con una declaración decapitó al procurador Esteban Righi que no era un oligarca. Había sido ministro de Héctor Cámpora y se fue calladito a su casa, humillado. En ese momento Boudou comenzó a obstaculizar la justicia. Después fue contra el fiscal Carlos Rívolo que quería ir a fondo, luego el estado nacionalizó Ciccone para encubrir todo y hasta el juez inicial, Daniel Rafecas le daba consejos al abogado de Boudou para que supiera como defender a su cliente. Brutal intento de obstaculizar la justicia.
Pienso en Amado Boudou otra vez en un recital aporreando su guitarra y ovacionado por los jóvenes como si fuera el Che Guevara y me hierve la sangre. Porque pienso en el pueblo pobre de Formosa al que le robaron dos millones de dólares con la complicidad del gobernador feudal Gildo Insfrán y otros funcionarios. Miles de formoseños que pasan hambre y no tienen agua ni cloacas y que hacen milagros para darle de comer a sus hijos van a sufrir el cachetazo de ver en libertad a uno de los que les sacó su dinero del bolsillo.
Pienso en Boudou haciendo campaña por Cristina, levantando su dedito para dar cátedra de política y me hierve la sangre. No creo que Cristina lo lleve como compañero de fórmula. Pero uno nunca sabe. Sería una forma de sacar pecho y en un spot de campaña decirle a los argentinos, “Acá estamos Cristina presidente-Boudou vice, con ellos pasamos al frente de la Victoria”.
Pienso en Boudou, liberado por orden de las juezas María Gabriela López Iñiguez y Adriana Pallioti y pienso en el juez Néstor Costabel que votó en contra. Me hierve la sangre porque con los mismos argumentos, de las magistradas también podrían liberar a Lázaro Báez, Cristóbal López, José López, Ricardo Jaime, Julio de Vido y tanto malandra de estado. Y a estos presos los podrían liberar con más razón todavía. Porque están en prisión preventiva. Boudou estaba condenado. ¿Escuchó bien? No es una suposición de un periodista o una crítica de una diputada. La justicia argentina lo condenó a 5 años y 10 meses de prisión por coimero en el caso Ciccone. Aquel fue un día glorioso porque se hizo justicia. Igual que hoy.
El día que lo liberaron fue un día oprobioso porque la señal que se envió a la sociedad fue de impunidad absoluta para los poderosos. Es como decirles a los ladrones de guantes blancos y dólares negros que no corren peligro, que sigan con sus delitos.
Boudou apenas estuvo cuatro meses preso. Este malandra de estado fue castigado con todas las garantías constitucionales por una de las causas más emblemáticas de la cleptocracia K.
Hablamos del intento de apropiación de Ciccone, la fábrica de billetes. El atorrante que se disfraza de revolucionario dijo en ese momento que esto era “una revancha de clase y una venganza del neoliberalismo”, como si él fuera un dirigente proletario.
Si hay igualdad ante la ley, con los mismos argumentos de las doctoras López Iñiguez y Adriana Pallioti se podrían dejar en libertad a miles de presos que desbordan las cárceles y que no tienen condena firme. Dicen que 7 de cada diez presos no tienen condena firme. Dos datos más: la jueza López Iñiguez liberó también a Carlos Zannini y a Luis D’Elía. La jueza Pallioti tiene en sus manos la causa más grave de lavado dinero que tiene detenido a Lázaro Báez. Lázaro, levántate y anda a tu casa.
La Corte Suprema de Justicia, si es que registra la bronca y el rechazo social que hoy producen algunos jueces y fiscales debería tomar cartas en el asunto. Insisto: si es que quieren recuperar la credibilidad de su actividad que es la viga central de la democracia republicana.
Boudou estuvo libre porque no era un peligro para la sociedad, porque no podía entorpecer la justicia y porque no había peligro de fuga. Esos fueron los argumentos. Los estafadores que se llevaron a su casa el dinero de los jubilados, de las rutas, las escuelas y los hospitales que faltan, los abogados expertos en amparos, chicanas y patear la pelota lo más lejos posible y los jueces que no tienen vergüenza ni estómago.
Me siento apenas un observador privilegiado de la sociedad. Creo que en 40 años de periodismo tengo cierto olfato para escuchar lo que dice la comunidad en lo profundo de su alma. La indignación es tan grande que se potencian enfermedades sociales terribles y repudiables como la justicia por mano propia, los linchamientos, la venganza y aparecen presuntos salvadores como los Bolsonaro que prometen sangre y fuego en lugar de paz, pan y trabajo.
Me gustaría decirles a los jueces que no jueguen con fuego. Cuesta mucho esfuerzo, años de sacrificio, para un periodista, un fiscal o un juez honrado juntar todas las pruebas necesarias para condenar a alguien. Lleva mucho tiempo y el que lo hace se expone a todo tipo de agresiones. Pienso en el fiscal Eduardo Taiano al que le secuestraron un hijo hasta que resolvió no apelar la causa por enriquecimiento ilícito de los Kirchner. “Me agarraron del cogote”, dijo Norberto Oyarbide, esa vergüenza que todavía camina por la calle como si fuera un ciudadano de manos limpias y uñas cortas.
Los fallos como el que liberó a Boudou fomentan el delito. Porque el costo por robar es tan bajo que conviene robar mucho y pasar cuatro meses preso. Esa es la nefasta conclusión que muchos jóvenes funcionarios pueden sacar.
Hay muchos políticos, jueces, fiscales y ciudadanos decentes que sientieron una profunda desilusión. Que les hirvió la sangre. Porque si la sociedad no recibe premios y castigos, si no dejamos bien en claro la diferencia entre ser honrado y delincuente estamos en el horno.
Le confieso que desde el día que Boudou salió en libertad me hervía la sangre y pensé en Laura Muñoz, la corajuda ex esposa de Alejandro Vandenbroele que se jugó todo para llegar a la verdad. Laura fue acusada de loca, le quisieron sacar a su hija y pasó por momentos terribles. Todo por ser honesta.
Boudou, en su sobreactuación por ocultar los delitos que cometió pasó de Alsogaray a Perón y de María Julia al Che Guevara. Un ortodoxo neoliberal se convirtió en un defensor de la patria socialista. Un amante de Estados Unidos en un tardío lector de Marx. En eso también aprendió de Néstor. Utilizar los símbolos de la izquierda y los derechos humanos como escudo para ocultar sus estafas y su enriquecimiento ilícito lleno de testaferros y truchadas.
Un violador serial de leyes como Amado Boudou no tiene otro lugar que la prisión.
Ya es hora de extirpar de corruptos la Argentina. Recién hoy me dejó de hervir la sangre. Boudou vuelve a la cárcel. Es su lugar en el mundo. El lugar para los delincuentes de estado.

La ética de Sarmiento – 15 de febrero 2019

Extrañamente, en este país, no recordamos a los argentinos importantes el día de su nacimiento. En general nos ocupamos de ellos el día de su muerte. Me gustaría romper esa incomprensible costumbre y hacerle un humilde homenaje a quien creo es uno de los compatriotas más extraordinarios de todos los tiempos. Y uno de los que más polémica despierta también.
Un día como hoy pero de hace 208 años nació Domingo Faustino Sarmiento.
Hoy el historiador e investigador, Ricardo de Titto lo recuerda con una gran columna en el diario Clarín. Allí plantea que Abraham Lincoln fue el modelo ético de Sarmiento y que ambos comparten el origen humilde y la formación autodidacta. Y recuerda la lucha del gran sanjuanino contra “el clientelismo y la demagogia de las huestes de Facundo y del unicato de Rosas”.
Sarmiento fue un escritor exquisito, un periodista indomable, un militar que se la bancaba, un político con el coraje bien puesto y eso le permitió ser senador, gobernador de San Juan y Presidente de la Nación. Pero Sarmiento, por sobre todas las cosas fue un maestro.
A Cristina y sus fanáticos no le gustaba recordarlo ¿Eran tan omnipotentes, autoritarios y caraduras que querían borrar de la historia a Sarmiento? Lo castigaron hasta con los dibujitos y los dibujados de Paka Paka, ¿Se acuerda? El simplismo frívolamente ideologizado de los K, produce vergüenza ajena. “Sarmiento era de derecha”, dijo en su momento el pensador camporista Juan Cabandié. Menos mal que perdieron las elecciones. De lo contrario en cualquier momento hubieran metido en el Congreso la declaración de interés público y sujeto a expropiación de la calle Sarmiento para rebautizarla Néstor Kirchner. El ex presidente si era de izquierda y no como Sarmiento, diría Cristina o Teresa Parodi.
Por eso le pido que pase y vea esta película. Es apta para todo público y no intenta bajar línea de ningún dogma. Habla de valores universales.
Es que Sarmiento es el gran maestro de la patria. Maestro de los maestros, como se dice cotidianamente. José Clemente, su padre fue peón de campo y arriero y combatió en las guerras por la independencia junto a Belgrano y San Martín.
El talento e inteligencia de Domingo Faustino Sarmiento empujaron la movilidad social ascendente. La prueba es que nació en el Carrascal, un barrio pobre de San Juan, llegó a ser presidente de la Nación y murió a los 77 años tan pobre como había nacido.
Es la gran figura polémica de nuestra historia. Se puede hablar horas de sus grandezas y de sus miserias. No nos alcanzaría todo un año. Solo su obra escrita tiene 52 tomos y más de 15 mil páginas. Se puede decir que fue cascarrabias, mujeriego y que tuvo actitudes francamente discriminadoras sobre todo con los indios y los gauchos.
Pero hoy debo rescatar lo mejor de su luz de educador. Un poema dice que “sembró escuelas como soles a lo largo de la patria”. Su dimensión de estadista lo llevó a fundar 800 escuelas en un país que según el primer censo que él también ordenó padecía un drama: 7 de cada 10 argentinos eran analfabetos. En 1871, la población de nuestro país era de 1.836.000 personas entre las que se encontraban 194 ingenieros y 1.047 curanderos, por ejemplo. En ese país de la injusticia y la oscuridad, Sarmiento fue el motor de la educación como igualador social y como principal instrumento del desarrollo.
Eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca. Fue el mejor combatiente contra la ignorancia y eso solo lo coloca como uno de los principales impulsores de la democracia y de los derechos de los más pobres. Decretó la ley de enseñanza primaria obligatoria. ¿Se imaginan la aceleración del progreso que eso significó? Cuando asumió había 30 mil y cuando dejó la presidencia ya eran 100 mil los chicos que concurrían a la escuela. Es que eran leyes revolucionarias. Cambiaban la estructura de la sociedad y la hacían más justa y progresista.
Le recuerdo solo algunos de los conceptos y valores que Sarmiento instaló para siempre en el inconsciente colectivo de los argentinos:” todos los problemas son problemas de educación.
Las escuelas son la base de la civilización.” Faltaban 30 años para el 1900 y él ya decía que “se puede juzgar el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer”. O que “el buen salario, la comida abundante, el buen vestir y la libertad educan a un adulto como la escuela a un niño”. Fue un verdadero visionario, un genio en su capacidad de enseñanza. Su concepto de educación para el desarrollo se adelantó un siglo. Gran parte de sus construcciones teóricas se siguen utilizando en la actualidad.
No quiso que el saber fuera un privilegio de pocos. Propuso que toda la República fuera una escuela. Apostó al progreso científico, a las comunicaciones. El correo y el ferrocarril en ese entonces eran catalizadores de las mejores ideas y soluciones concretas. Fue un férreo defensor de las libertades civiles y un opositor feroz a los dictadores. “Bárbaros, las ideas no se matan”, dejó grabado por los siglos de los siglos.
En primer discurso presidencial dijo algo que todavía hoy tiene una vigencia impresionante y que es la síntesis más perfecta de lo que debería ser la política: “el gobierno está para distribuir la mayor porción posible de felicidad sobre el mayor número posible de ciudadanos”. ¿Qué me cuenta? Ojalá fuera el objetivo que guíe a todos nuestros gobernantes. Paula Albarracín, su madre, le quiso poner Domingo pero no pudo. Por eso en su partida de nacimiento figura como Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. A los 4 años ya leía de corrido y a los 15 ya era maestro, su principal condición que no abandonó jamás. Hasta en la cárcel mientras fue preso político se dedicó a enseñar a sus compañeros de celda.
Y luego se convirtió en un monumento vivo a los docentes y no paró nunca de construir bibliotecas populares. Un discurso en el Congreso de la Nación lo mostró apasionado, casi gritando: “Traigo los puños llenos de verdades y los voy a desparramar a todos los vientos”.
El filósofo Tomas Abraham lo definió como el hombre más grande que dio esta tierra. Su himno que es el himno que nos ilumina, reclama honor y gratitud para él y lo bautiza como corresponde: Domingo Faustino Sarmiento, Padre del Aula. Maestro inmortal y está todo dicho. Nació un día como hoy. Vale la pena recordarlo.

El amor es más fuerte – 14 de febrero 2019

Es muy bueno que haya un día del amor de pareja. Hoy, los enamorados debemos celebrar con todo el corazón, las neuronas y el cuerpo. Es cierto que todos los días hay que regar esa plantita maravillosa que es el amor, pero no es malo que un día nos dediquemos por entero al otro. Hay cientos de definiciones de amor. Y uno va cambiando con la edad y con el paso del tiempo. Yo creo que el amor es esa pasión que uno siente por el otro o la otra que hace que lo extrañe mucho y que quiera compartir muchas cosas con él o con ella. Pero eso no alcanza. La piel es fundamental pero no alcanza. El fuego encendido de los cuerpos y el aliento feliz y agotado de la cama debe tener otros dos componentes, según mi humilde criterio. Uno debe ser el admirar al otro. Tenerle un gran respeto por lo que es como persona o como profesional. Por su capacidad intelectual por su actitud solidaria y generosa, por su apuesta al progreso y al esfuerzo de la pareja. Y le agrego algo más. Para mantener vivo ese amor, creo que hay que hacerse el bien uno al otro. Es bueno pensar en uno, en lo que le gusta en su propia satisfacción. Nadie puede hacer feliz al otro si primero no es feliz. Pero hay que ver siempre como podemos expresarle al otro o la otra que estamos pensando en el o en ella. Que la tenemos presente y que vamos siempre a tratar de hacer algo que la haga más feliz, que le genere más placer, que la haga sentir mejor como mujer o como hombre. Esa ida y vuelta es el secreto de la duración de una pareja. Los mimos, los besos, el sexo, el compañerismo, el compartir esfuerzos, llantos y alegrías siempre fortalece la pareja.
De todos modos no hay una fórmula científica y por eso es tan apasionante e inquietante. Hay siempre un toque mágico, inexplicable. Hay algo que enamora que te hace temblar las piernas cuando la vez. Que te sacude el alma cuando te mira con ganas. Que podes pasarte horas hablando de algún tema y horas callados, mirando el futuro o un paisaje conmovedor.
Todavía recuerdo a mi primera novia. Estaba en quinto grado de la escuela Ortiz de Ocampo de la calle Salta. Hicimos un asalto. Susana tenía el pelo rubio y largo hasta la cintura. En el Wincofon sonó la ternura de Salvatore Adamo cantando “mis manos en tu cintura” y yo cerré mis ojos y me sentí volar. Jamás me atreví a decirle nada. Yo había llevado bebidas y las chicas, comida. Era un asalto de aquella época y yo la recuerdo como el día de mi primer amor aunque ella no lo supo nunca. Baile todo el tema con las manos transpiradas y colorado como un tomate.
Después vino el tiempo del caradura que se animaba a todo. Jamás olvidaré la piel cetrina de Alicia y sus ojos de miel que parecían convertirla en siciliana. Con ella cantamos y bailamos a un Leonardo Favio que decía “ding, dong, son las cosas del amor, yo subía y ella bajaba/ la miré y me miró”.
O Laura, la hermosura de su mirada de cielo con la que me quise casar. Fui capaz de viajar todos los fines de semana a Buenos Aires donde se había mudado. Iba en tren barato de bolsillos flacos de estudiante y sufrí como un loco cuando ella se casó con alguien menos soñador pero con una mejor posición económica que le dio muchas seguridades y tres hijos. Nuestro tema era Mamy Blue en la penumbra de los boliches. O Sandro, hablando de penumbras.
A todas les escribí poemas. O textos cargados de sentimientos. Está claro que las palabras, siempre fueron mi forma preferida de comunicarme, de expresar lo que siento y pienso.
Me volvió loco la Mirta que cantaba a Vinicius y con su afrolook y pantalones naranjas superajustados me cantaba al oído que “tus brazos precisan los míos y los míos, precisan los tuyos”. No pudo ser.
En los 70, la universidad combativa y las marchas callejeras me empujaron a los brazos de Celina. Era una partisana de apellido italiano y orgullo cordobés. Hincha de Agustín Tosco y los camperones verdes de la militancia. La dictadura acechaba, había que tomar decisiones para sobrevivir y huimos hacia Buenos Aires. Previamente nos casamos. Seguramente demasiado rápido. Éramos muy duros para la política pero demasiado blandos para la convivencia. Hoy miro a aquel Alfredo y lo veo con una inocencia y una falta de experiencia terrible. Pero empecé a ganarme la vida muy de abajo, en la revista Goles, mientras dormíamos con un colchón en el piso en un departamento de Floresta que casi no tenía muebles. Pero había letra y música de Tejada Gómez y Silvio Rodríguez.
Después viví tiempos de separado más zarpado y fui picoteando por distintas flores. La calle Corrientes me deslumbraba y tuve mucho de ese amor fugaz del toco y me voy que es amor pero no tanto. Esos son amores de madrugadas y calenturas pero no un amor de todo el día. Son esos ásperos entreveros de sábanas a los que suele cantarle Joaquín Sabina.
Con Silvana, la psicoanalista de Lugano, me casé y viví durante 24 años. Entramos a la fiesta con Sting que cantaba “Si la amas, déjala ir”. Apenas la ví en un recital, supe que iba a ser mi futura segunda ex esposa. Es una gran madre de Diego y nadie vive tanto tiempo con alguien si no lo respeta y valora.
Mi corazón ahora está creciendo abrazado a Adriana. Yo me hago el valiente Dorón, pero es para disimular mis debilidades. Ella es la Shirele que está siempre y nos movemos entre algodones para no lastimarnos nunca.
Estamos en la etapa de la siembra pero ya estamos disfrutando de la cosecha como si nos hubiéramos conocido de toda la vida.
A esta altura creo que cada amor tuvo su identidad. Cada amor fue un espejo de mis momentos, mis sueños, mis fracasos y mis éxitos. Yo ya no soy el mismo que fue feliz con aquellas otras mujeres. Ni el que dejó de serlo y se fue en busca de otros susurros. Tal vez no cambié el fondo de mi mirada ni mi ADN de la vida. Pero fui modificando las formas de aproximarse a la vida y al amor. Uno cree que sabe pero no sabe bien que es el amor. Sospecha. Siente cosas en el cuerpo y aproximaciones en las ganas. Y siente envidia y admiración por el amor de pareja de sus amigos. De Jorge y Verónica, del Turco y la China, de Santiago y Patricia, del Doctor y Ana, Del Feno y la Raquel, de Mayor y Esther, mis viejos. Llevan años juntos y se aman como el primer día. Eso prueba que se puede.
Hoy creo que lo que más se parece a lo que siento lo escribió, cuando no, Daniel Salzano para Jairo.
Se llama “Los enamorados” y dice que se miran de frente,
caminan despacio, se besan de lado,
se tocan el pelo,
se cuentan los dedos,
se besan las manos.
Los enamorados…
Inventan proezas,
desatan pasiones,
murmuran promesas,
adoran la vida,
comparten helados.
Los enamorados…

Los enamorados,
son cuerpos sagrados,
oigamos el himno que cantan callados,
no me dejes nunca, no me dejes solo,
no me dejes, teneme apretado
decime amor mio, decilo de nuevo,
te quiero te quiero, que el mundo se acabe y empiece de nuevo.
Los enamorados, se miran de frente,
caminan despacio, se besan de lado,
ocupan el mundo, se prestan el alma,
los enamorados…
evitan las luces, dominan la noche,
abarcan estrellas, señalan planetas,
estiran las manos …. y
al final estallan, se apuntan,
se juegan, se afloran,
se abejan, se abren,
se cierran se bailan,
se juran, se viaban de lengua ,
de ojos de lado, se acunan,
se miman, se doblan, se triplan,
se llaman, se citan,
se loban, se lunan,
se celan se adoran,
los enamorados…
Brindo por todos los enamorados y les deseo que ese amor no se termine nunca. No hay nada más fuerte que eso. Brinde por eso hoy. Es el día del amor.